CURSO BÁSICO DE LA BIBLIA

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GRACIAS, Y QUE DIOS LE BENDIGA SIEMPRE EN SU ESTUDIO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

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Lección 8 Lección 16

Lección 9
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)


CURSO BÁSICO DE LA BIBLIA

LECCIÓN I

UN ESTUDIO DE LA BIBLIA    

"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (Hebreos 4.12,13).

USTED ESTÁ INICIANDO lo que va a resultar el estudio más interesante y más provechoso de su vida. Va a estudiar la Biblia. Nunca ha existido otro libro semejante a la Biblia. Nunca habrá otro tal como la Biblia. Es mucho más fácil declarar que es un libro divino, que explicar que es humano. En el hilo que traspasa las edades existen muchas obras de hombres muy distinguidos. Hay trabajos de ciencia, arte y literatura que alumbran el nebuloso velo de los años. Pero brillando sobre todas estas obras refulge con la brillantez del sol y por encima de la luz de las estrellas, este libro: la Biblia.

LA PALABRA BIBLIA significa "libro". En realidad no necesita ninguna otra descripción ni calificativo. Hay millones de libros en el mundo, pero sólo hay una Biblia. Pertenece a una clase única.

LA BIBLIA ESTÁ formada por 66 libros: 39 de ellos pertenecen al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo Testamento. Estos libros no fueron escritos por un solo autor, sino por cerca de cuarenta hombres que vivieron en distintos países, hablaron diferentes idiomas y existieron a lo largo de un período de cerca de 1,600 años. Muchos de ellos no supieron de la existencia ni del trabajo de los otros autores, y sin embargo al reunirse sus obras, cada uno formó parte de un todo armónico. No hay ninguna contradicción en toda la Biblia. Siempre que dos o más autores tocaron el mismo punto, estuvieron en perfecta armonía. Los escépticos de todos los siglos han tratado de encontrar una simple falla en la Biblia y no lo han logrado. Sus esfuerzos para destruirla han sido suficientes para hacerla más sólida aun. Escrita por reyes y pastores, nos da en su totalidad el relato de los planes perfectos de un Dios perfecto.

NUESTRA BIBLIA NO tuvo siempre la forma en que ahora la conocemos, esto es, impresa en papel fino y empastada en piel. La Biblia es todavía más antigua que el papel, la imprenta y la encuadernación. Cada libro fue escrito separadamente en forma laboriosa, en pieles cuidadosamente curtidas o sobre "papiro¨, planta que crece en el delta del río Nilo. Cada uno de ellos se hizo a mano, y las copias que se hicieron fueron hechas en la misma forma. Por tal razón se consideraban muy sagradas y se guardaban con sumo cuidado.

SE HA LLEGADO a la conclusión generalmente aceptada, de que los cinco primeros libros del Antiguo Testamento fueron escritos por Moisés alrededor de 1,500 años antes de Cristo. Estos cinco libros se llaman el Pentateuco. Otros escritores contribuyeron con el resto de los libros a lo largo de los siguientes mil años. Los libros fueron escritos todos en la lengua hebrea, y se supone que el primero que los reunió fue Esdras (ver Nehemías 8.5) alrededor de 400 años antes de Cristo. En Alejandría, en el año 277 antes de Cristo, el Antiguo Testamento hebreo fue traducido al griego y arameo por setenta sabios, y lo llamaron la "Septuaginta" u obra de los setenta. Parece ser que ésta fue la versión de uso general en los días del Señor Jesús, de la que tanto él como los apóstoles citaban pasajes.

SIENDO EL GRIEGO el lenguaje común de la tierra donde vivió Jesús, fue este mismo lenguaje el que usaron los escritores del Nuevo Testamento para darnos su obra en 27 libros. Los 27 textos referidos fueron escritos en un espacio relativamente corto; el primero se escribió cerca del año 33 de nuestra era, y el último hacia el año 96 de la misma.

ESTOS 27 LIBROS fueron también escritos en casi igual forma que los manuscritos del Antiguo Testamento. Ninguno de ellos ha sido preservado hasta nuestros días en su forma original. Probablemente los arqueólogos lleguen un día a encontrar algún fragmento de las cartas originales en cualquier ciudad antigua, pero hasta ahora, no se sabe que exista original alguno.

SIN EMBARGO, PODEMOS estar seguros de que poseemos las cartas de los apóstoles en la forma exacta en que fueron escritas por vez primera. Aquí damos una parte (y sólo una parte) de la prueba: contamos en la actualidad con los escritos de varios dirigentes religiosos de los siglos primero y segundo de la Era Cristiana que citan libre y abundantemente de las copias de las cartas de los apóstoles. Hay quienes opinan que si se lograra hacer desaparecer la Biblia, podría ser reconstruida totalmente con las citas de aquellos que tuvieron acceso a las cartas originales.

ADEMÁS POSEEMOS EN la actualidad tres escritos famosos que datan de los siglos cuarto y quinto. Son ellos: el Manuscrito Sinaítico, el Manuscrito Alejandrino y el Manuscrito Vaticanus. Estos tres, que con toda probabilidad eran copias directas de las cartas originales, son la prueba indiscutible de que tenemos el Nuevo Testamento actualmente en la misma forma en que lo escribieron los apóstoles.

POR ÚLTIMO: HAY innumerables manuscritos de menor importancia, todos los cuales concuerdan, excepto por errores de los copistas, con las cartas y con las citas de los líderes religiosos de los primeros siglos del cristianismo. Además, cada año se descubren nuevas evidencias, tales como los Rollos del Mar Muerto, que en cada ocasión sirven para comprobar la veracidad de los documentos existentes.

COMO UN ARGUMENTO MÁS, se puede decir que la Vulgata Latina, traducida por Jerónimo en el año 405 de la Era Cristiana, a partir de otras fuentes distintas a los tres famosos manuscritos que ya se han mencionado, está de acuerdo en lo substancial con los manuscritos griegos. Todos los hombres de estudios han estado de acuerdo en que por medio de la comparación de toda la evidencia que tenemos a nuestra disposición, es perfectamente aceptable la conclusión de que poseemos ahora el Nuevo Testamento en la misma forma en que los apóstoles lo escribieron.

NO HAY FORMA de determinar cuantas traducciones de la Biblia se han hecho, y cuantas se han perdido en la noche de los siglos. Sin embargo, sabemos que la primera traducción de importancia fue hecha por Juan Wiclif en Inglaterra, en el año de 1382. Cuarenta años después, la Biblia de Gutenberg hizo su aparición como la primera producción de la prensa que inventó el mismo Gutenberg.

LAS TRADUCCIONES DE la Biblia encontraron siempre la oposición de la Iglesia católico romana, y muchos de los traductores pagaron con su vida los esfuerzos para dar la Biblia al pueblo en su propio idioma. Dicha iglesia alegaba que la Biblia no pertenecía al pueblo, y por ese motivo quemaba Biblias públicamente en muchos lugares. Sin embargo, la Biblia ha logrado sobrevivir a tantos ataques y hoy en día toda persona puede tener su Biblia si así lo desea. Ninguno de nosotros sabrá jamás cuán grande es nuestra deuda de gratitud para con todos aquellos que lucharon denodadamente para dar la Biblia en lenguaje común a todos los hombres.

LA PRIMERA TRADUCCIÓN de la Biblia al español fue hecha por Casiodoro de Reina. La primera impresión de esta Biblia se efectuó en la imprenta de Tomás Guarinos de Basilea, Suiza en 1569. Diez años más tarde, otro español exilado en los Países Bajos, Cipriano de Valera, hizo una revisión completa de la misma obra. Esta versión revisada apareció impresa por primera vez en 1602, en Amsterdam, Holanda.

DESDE QUE APARECIERON las primeras versiones en los idiomas vernáculos, las traducciones han sido innumerables. Algunas han sido buenas, otras malas. Quizá todas y cada una de ellas han dado contribución valiosa para nuestra comprensión de las enseñanzas de Jesús y de los apóstoles. La lectura de diversas versiones de las Escrituras es probablemente el mejor comentario a cualquier pasaje difícil de las mismas.

PODEMOS TENER LA confianza de que tenemos el Nuevo Testamento completo y de que lo tenemos tal y como fue dado originalmente. Es la revelación completa de Dios. "Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1.21). Siendo así guiados, nos dieron la ley perfecta de libertad. "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Timoteo 3.16,17).


PRUEBA DE LA LECCIÓN 1

(PARA ENVIAR SUS RESPUESTAS A LAS 16 LECCIONES A LAWNDALE IGLESIA DE CRISTO, POR FAVOR, LAS ENVÍAN EN ESTA MANERA: LECCIÓN 1: 1. Libro; 2. 66; etc.)


Pregunta Número:

1. ¿Qué significa la palabra Biblia?

2. ¿Cuántos libros hay en la Biblia?

3. ¿Quién escribió los primeros cinco libros del Antiguo Testamento?

4. ¿El Antiguo Testamento fue escrito en qué idioma?

5. ¿Cómo se llama la traducción muy importante de la Biblia al latín?

6. ¿Quién hizo la primera revisión de la Biblia en español en 1602?

7. ¿Cuántos libros hay en el Nuevo Testamento?

8. ¿Cuántos años fue el tiempo que tomó para escribir toda la Biblia?

9. ¿Quién tradujo la Vulgata Latina?

10. La primera Biblia impresa fue hecha por Casidora de Reina. ¿Sí? ¿No?

11. ¿Dónde dice la Biblia: "Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo"?

12. ¿Dónde dice el Nuevo Testamento: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarqüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra"?

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LECCIÓN 2

EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO 

Al tomar la Biblia en sus manos, notará usted que hay una página en blanco cuando se llega aproximadamente a las dos terceras partes de la misma. Esa página en blanco está puesta al final de lo que comúnmente se llama Antiguo Testamento, e inmediatamente antes de lo que se denomina Nuevo Testamento.

Las dos divisiones principales de la Biblia son importantes. Es necesario que comprenda usted totalmente el significado de las dos divisiones, antes de que usted pueda comprender su Biblia.

El Antiguo Testamento contiene la ley de Dios para el pueblo judío. Nunca se destinó para ser guardada por los gentiles, o sea, todos los que no fueran judíos. El Antiguo Testamento da el relato detallado de la forma en que Dios trató al hombre, y después al pueblo judío. El Nuevo Testamento relata la ley de Dios, tanto para los judíos como para los gentiles, a partir de la muerte de Jesús en la cruz. Es de vital importancia comprender que la ley que rige a los gentiles está contenida en el Nuevo Testamento, no en el Antiguo.

A continuación se dan tres razones por las cuales no podemos recurrir al Antiguo Testamento para saber cuál es la ley de Dios para nosotros.

(1) El Antiguo Testamento contiene la ley de Dios para los judíos. Nosotros nunca hemos estado bajo esa ley. (Leer Éxodo, capítulos 19 y 20). No es posible infringir la ley de Moisés, como no nos es posible ir contra la ley de China, por ejemplo. No estamos, ni nunca estuvimos, regidos por ella.

(2) El Antiguo Testamento nunca contuvo un plan de salvación, ni siquiera para los judíos. Cuando mucho, lo que ellos podían lograr con sus sacrificios era retrasar por un tiempo el castigo de sus transgresiones. Los sacrificios de animales por ellos efectuados no podían librarlos del pecado.

(3) No estamos bajo la ley del Antiguo Testamento, porque Jesús le quitó el poder a la ley de Moisés con su muerte. "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (Hebreos 10.10).

El Antiguo Testamento tiene cinco divisiones naturales:

(1) Los libros de la ley: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

(2) Los libros históricos: Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Éster.

(3) Los libros poéticos: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares de Salomón.

(4) Los profetas mayores: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel.

(5) Los profetas menores, o sea los últimos 12 libros: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías. (Los libros de los "profetas menores" no son de menos importancia, solamente son libros más breve que los de los profetas mayores.)

Lucas nos da un arreglo ligeramente distinto, haciendo únicamente tres divisiones: La Ley, los Profetas y los Salmos. Ver Lucas 24.44.

La primera división, el Pentateuco, como se le llama comúnmente, se acepta generalmente como obra de Moisés. En esta división, encontramos la historia de la creación, la caída del hombre, el diluvio, el llamamiento de Abraham, el nacimiento de Isaac y de Jacob, la historia de José, la jornada hasta Egipto, la servidumbre, el éxodo, la institución de la ley y la peregrinación del pueblo de Israel en el desierto.

Durante la primera parte de este período - desde la creación hasta la ley dada en el monte Sinaí - no hubo ley escrita. Cada jefe de familia era también el sacerdote o patriarca de la tribu que dirigía la adoración. Esto dio lugar a la expresión: "Dispensación patriarcal".

Los judíos recibieron una ley especial - registrada en Éxodo 20, la cual fue agregada para controlar la transgresión (Gálatas 3.19). Pero esta ley fue dada para los judíos únicamente. Aparte de los judíos, ninguna otra gente tenía parte alguna en ella. Esta ley escrita se dio para cumplir la promesa de Dios a Abraham de que haría de su simiente una poderosa nación (Génesis 22.17). Mediante la observancia de la ley de Moisés, los israelitas llegaron en verdad a ser una gran nación.

La segunda división, los libros de historia, dan una breve historia de la nación judía. Después de entrar a Canaán, los israelitas habitaron la tierra gobernados por jueces o dirigentes que se levantaron para enfrentarse a cada una de las crisis de la historia de Israel. Más tarde, el pueblo "deseó ser igual a sus vecinos" y pidió un rey. Dios les dio un rey en la persona de Saúl. A este rey lo siguió David, y David fue sucedido en el trono por su hijo Salomón. Luego el reino se dividió en dos partes: El Reino del Norte y el Reino del Sur. El del norte se llamó Israel, y el del sur se llamó Judá. Después de algunos períodos relativamente cortos de historia, Israel fue conquistado por Asiria, y Judá por Babilonia. Los israelitas fueron dispersados entre otras naciones y su identidad parecía perdida para siempre. Los habitantes de Judá fueron llevados a Babilonia, donde estuvieron bajo esclavitud durante 70 años. Al término de ese período, un remanente de la nación, bajo la dirección de Nehemías, regresó para reconstruir las murallas de Jerusalén. Esto ocurrió cerca de 450 años antes de Cristo.

Los libros poéticos son simplemente los himnos de alabanza y devoción y los poemas épicos de los judíos. Debido a la traducción del texto a nuestra lengua se ha perdido mucho de su forma poética original, pero aún conserva para nosotros un tesoro de bellos sentimientos y poderosas expresiones.

Las cuarta y quinta divisiones, los profetas mayores y los profetas menores, dan la predicación, la voz de alerta, y las observaciones de los siervos de Dios que vivían entre su gente, en diferentes períodos de su historia, tan llena de eventos. A través de las obras de los profetas, Dios nos da una completa y perfecta descripción de la venida del Mesías, y de lo que él significaría para el mundo.

El Nuevo Testamento tiene cuatro divisiones naturales. Ellas son:

(1) Los Evangelios: Mateo, Marcos y Lucas (los evangelios sinópticos) y el Evangelio de Juan.

(2) La historia del principio de la iglesia: Los Hechos de los Apóstoles.

(3) Las Epístolas, desde Romanos hasta Judas.

(4): Profecía, el Apocalipsis o revelación.

Los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan principian, en términos generales, con un relato de los eventos que rodearon el nacimiento de Cristo. Constituyen cuatro relatos paralelos escritos por cuatro hombres diferentes, acerca de la vida de Cristo. Estas biografías de nuestro Señor tienen puntos peculiares en cada una de ellas, pero en los puntos en que coinciden, están en perfecta armonía. Los hechos del Evangelio son dados en esta división del Nuevo Testamento. Se presenta suficiente material y pruebas para hacer que cualquier lector honrado crea que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Si una persona no cree en Jesús, ésta es la división del Nuevo Testamento que debe estudiar.

El libro de los Hechos es un libro de historia. Jesús dio la gran comisión a sus apóstoles. Les dijo: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16.15,16). Casi acabando de decirles estas palabras, se separó de ellos. Al abrir el libro de los Hechos, vemos a los apóstoles reunidos en Jerusalén, donde Jesús les había dicho que esperaran hasta que recibieran poder de lo alto. El poder del Espíritu Santo vino el día de Pentecostés. Entonces, los apóstoles salieron, porque el Señor les había dicho que fueran a hacer discípulos a todas las naciones.

Lucas fue con ellos. El escribió un diario de lo que hicieron, y de cómo lo hicieron. Cuando conseguían un nuevo discípulo, él lo apuntaba en su diario, diciendo cómo lo habían convertido.

En la actualidad, cuando alguien quiera hacer discípulos para Cristo, debe acudir al libro de los Hechos y ver exactamente en qué forma se hace. Se nos informa de al menos ocho distintos casos en que se hicieron discípulos por los apóstoles. Estos relatos se encuentran en Hechos 2.38; 8.35-38; 8.12; 10.48; 16.14-15; 16.31-34; 18.8 y 9.18.

Después a continuación de esta historia del principio de la iglesia, tenemos 21 cartas escritas a iglesias e individuos que se habían hechos cristianos. Estas cartas eran escritas para instruirlos en cómo vivir la vida cristiana; cómo adorar en forma aceptable a Dios; y para animarlos a enfrentarse a las luchas del cristianismo en el primer siglo de su historia.

Finalmente, el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, hace una descripción del cielo, y el cristiano puede mirar las puertas de perlas que están abiertas en la ciudad celestial, y los redimidos de todas las edades, acercándose a su hogar final.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 2

Pregunta Número:

1. Hay dos divisiones principales en la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento. ¿Sí? ¿No?

2. El Antiguo Testamento tiene cinco divisiones principales. ¿Sí? ¿No?

3. El Nuevo Testamento tiene tres divisiones principales. ¿Si? ¿No?

4. El Antiguo Testamento contiene la ley de Dios para los judíos. ¿Sí? ¿No?

5. La nación de Judá fue capturada por Asiria. ¿Sí? ¿No?

6. A continuación del reinado de Salomón el reino se dividió en dos reinos: el del Norte (Israel) y el del Sur (Judá). ¿Sí? ¿No?

7. Los Evangelios sirven para llegar a tener fe en que Jesucristo es el Hijo de Dios. ¿Sí? ¿No?

8. Para aprender a hacer discípulos uno puede acudir al libro de Hechos. ¿Sí? ¿No?

9. El principio de la iglesia está relatado en los Hechos. ¿Sí? ¿No?

10. ¿En qué día recibieron poder por lo alto para llevar adelante la Gran Comisión?

11. ¿En qué libro están anotados los ocho casos detallados de conversiones?

12. ¿En qué libro dice la Biblia: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado"?

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LECCIÓN 3

EL ANTIGUO TESTAMENTO

DESDE LA CREACIÓN HASTA LA CONQUISTA DE CANAÁN

Ahora se prepara usted para entrar en el estudio de las narraciones de la Biblia. El Antiguo Testamento se divide en dos grandes períodos, o dispensaciones: el Patriarcal, que abarca desde la creación hasta el tiempo de la liberación de la esclavitud bajo Egipto; y el Mosaico, que va desde que la Ley fue dada por Moisés, hasta el final de la historia del Antiguo Testamento. Esta historia termina alrededor de 400 años antes de la venida de Cristo.

Para los fines de este estudio, se han dividido estas dos dispensaciones en secciones, como sigue:

Dispensación Patriarcal:

1. Período Antes del Diluvio

2. Período Después del Diluvio

3. Los Patriarcas

4. Cautividad en Egipto

Dispensación Mosaica

1. Peregrinación por el Desierto

2. Conquista de Canaán

3. Jueces de Israel

4. Reino Unido

5. Reino Dividido

6. Reino de Judá

7. Cautividad Babilónica

8. Restauración de los Judíos

En la presente lección, se presentan las cuatro secciones del Período Patriarcal y dos secciones del Período Mosaico o de Moisés. Esto significa que la historia del Antiguo Testamento se estudiará en dos lecciones. Obviamente, el estudiante no tendrá tiempo de leer todo el Antiguo Testamento durante este curso y por ese motivo, le recomendamos estudiar con todo detenimiento las secciones de las páginas interiores de esta lección, fijándose especialmente en los diferentes períodos. Si fija usted firmemente en su mente los períodos de la historia del Antiguo Testamento y algún conocimiento general de todo lo que ocurrió, el estudio que haga usted en el futuro de los dos testamentos será de más provecho.

El Antiguo Testamento es la palabra inspirada de Dios y ha sido preservada con el fin de que podamos conocer la información que el mismo contiene. Es necesario tener conocimiento del Antiguo Testamento para poder comprender las enseñanzas del Nuevo Testamento. Alguien ha dicho que "El Antiguo Testamento es el Nuevo Testamento ocultado; y el Nuevo Testamento es el Antiguo Testamento revelado". Sin embargo, no estamos viviendo bajo las ordenanzas del Antiguo Testamento y por lo tanto, en este curso vamos a hacer un énfasis mayor sobre el Nuevo Testamento. En una lección venidera discutiremos los dos pactos, y demostraremos que Dios ha ordenado que la gente que viva en la Era Cristiana sea regida por el Nuevo Testamento.

Las tablas que se presentan en esta lección, y las siguientes, serán de gran valor para los que se sientan interesados en desarrollar un estudio más detallado de la palabra de Dios en el futuro. Este curso no incluirá estudios sobre los Profetas del Antiguo Testamento. Sin embargo, en la lección IV enseñaremos cuándo vivió cada profeta, y las condiciones que prevalecían cuando hicieron sus profecías. Al estudiar los Profetas del Antiguo Testamento debe tomarse en cuenta las condiciones bajo las que cada profeta vivió y escribió; de otro modo, sus palabras pueden parecer ininteligibles y sus profecías vagas. El estudiante bíblico debe tener un conocimiento general del contenido del "Libro" a fin de que sus estudios sean fructíferos. Este curso está planeado para obtener ese conocimiento general, poniendo al estudiante en capacidad de leer la palabra de Dios con mayor provecho.

EDAD PATRIARCAL

ANTES DEL DILUVIO

Desde la creación hasta el diluvio

Génesis 1 a 5

De 4004 A.C. a 2348 A.C. - 1656 años (Estas fechas aproximadas son proporcionadas por el Obispo Ussher. Algunos de los actuales eruditos no están de acuerdo con esta cronología.)

Personajes: DIOS, ADÁN, EVA, SATANÁS

Sucesos Sobresalientes:

Génesis es el primer libro de la Biblia. Génesis significa "principio". La primera parte de Génesis narra la creación:

1o día - La Luz

2o día - Aire y Agua

3o día - Tierra y Plantas

4o día - Sol, Luna y Estrellas

5o día - Aves y Peces

6o día - Bestias y el Hombre

7o día - Dios Reposó

Luego, vemos aparecer el pecado. Dios mandó a Adán y Eva que no comieran del árbol del bien y el mal. Eva fue tentada por el diablo y comió. Adán también. Dios castigó su rebelión echándolos del Edén. Principio de Sacrificio. Caín mató a su hermano Abel.

DESPUÉS DEL DILUVIO

Desde el Diluvio hasta el llamamiento a Abraham

Génesis 6 a 11

De 2348 A.C. a 1921 A.C. - 427 años

Personaje: NOÉ

Sucesos Sobresalientes

El hombre se hizo malo y pecador, Dios se arrepintió de haberlo creado y resolvió destruirlo con un diluvio. Pero Noé era justo y Dios lo salvó con su familia. Dios mandó a Noé preparar un arca, en la que se salvó de la muerte.

El segundo principio. La torre de Babel fue el intento del hombre de llegar hasta el cielo buscando un lugar seguro. Se hizo sin la aprobación de Dios. Como castigo, él confundió las lenguas a la gente naciendo así diferentes idiomas. Dios también esparció a aquellas gentes por toda la faz de la tierra.

LOS PATRIARCAS

Desde Abraham hasta la esclavitud egipcia

Génesis 12 a 45

De 1921 A.C. a 1706 A.C. - 215 años

Personajes: ABRAHAM, ISAAC, JACOB, JOSÉ

Sucesos Sobresalientes

Dios llamó a Abraham para que dejara su tierra y fuera a Canaán (Palestina), prometiéndole derivar de su simiente una gran nación. También dijo que en su simiente todas las naciones de la tierra serían benditas. Abraham tuvo dos hijos: Ismael e Isaac. Isaac fue el hijo de la promesa y heredero de la promesa de Dios. Ismael fue padre de los árabes, tuvo que salir de la casa de su padre.

Isaac tuvo dos hijos gemelos: Jacob y Esaú. Jacob heredó la promesa. Dios cambió su nombre a Israel y sus descendientes fueron conocidos como israelitas. Fue padre de doce hijos, cada uno cabeza de tribu. José, uno de los hijos de Israel fue vendido por sus hermanos y llevado como esclavo a Egipto. Sus hermanos estaban celosos de él.

Con el correr del tiempo, todos los hijos de Israel fueron esclavos en Egipto.

ESCLAVITUD EN EGIPTO

Desde la esclavitud en Egipto al éxodo

Génesis 46 a Éxodo 11

De 1706 A.C. a 1491 A.C. - 215 años

Personajes: MOISÉS y FARAÓN

Sucesos Sobresalientes

Después de ser vendido José como esclavo, llegó a ser prominente por deseo del rey de Egipto (Faraón). Interpretó su sueño, y porque Dios estaba con él, llegó a ser gobernador de Egipto. Pronto, su familia fue a Egipto.

Después de que el Faraón que conocía a José murió, el siguiente rey sometió a la más vil esclavitud a todos los israelitas. Cuando ya no pudieron resistir más, clamaron a Dios para que los ayudara.

Dios levantó a Moisés como libertador.

El Faraón dejó salir al pueblo de Israel, debido a que Dios mandó plagas (por medio de Moisés y Aarón) a Egipto. La última fue la muerte de los primogénitos en todo hogar egipcio. Dios mandó a los israelitas que rociaran la sangre de un cordero en los dinteles de sus puertas, y cuando Dios veía esa señal, no mataba a los primogénitos allí.

Este fue el principio de la fiesta de la Pascua.

El Faraón dejo ir a los israelitas. Cruzaron el Mar Rojo como si fuera tierra seca, y entraron en el desierto.

EDAD MOSAICA

PEREGRINACIONES EN EL DESIERTO

Desde el éxodo hasta la entrada a Canaán

Éxodo 13 a Deuteronomio 34

De 1491 A.C. a 1451 A. C. - 40 años

Personaje: MOISÉS

Sucesos Sobresalientes

Los israelitas fueron dirigidos por Moisés hasta el Monte Sinaí. Allí se quedaron como un año, mientras Dios le dio la ley a Moisés, llamada entonces ley Mosaica.

Moisés puso la ley al conocimiento del pueblo, y ellos aceptaron regirse por ella. La ley es muy complicada; puede leerse en los libros de Levítico y Números.

La nación marchó luego al río Jordán, frontera natural de Canaán. Moisés mandó 12 espías a esa tierra. Regresaron con un informe desfavorable, y la gente se rebeló contra Moisés.

Por este pecado y porque persistían en murmurar y quejarse contra Dios, él condenó esa generación a morir en el desierto. Moisés murió antes de que el pueblo entrara en Canaán.

CONQUISTA DE CANAÁN

Desde la entrada en Canaán hasta los jueces

Josué 1 a 24

De 1451 A.C. a 1400 A.C. - 51 años

Personaje: JOSUÉ

Sucesos Sobresalientes

Después de la muerte del gran patriarca Moisés, Dios puso a otro dirigente del pueblo: a Josué. Josué hizo que el pueblo pasara el Jordán entrando en la tierra prometida, Canaán. Bajo la dirección de Josué, la gente peleó victoriosamente, conquistando a Canaán. La primera ciudad atacada fue Jericó. Dios derrumbó las murallas luego que el pueblo mostró obediencia a su mandato. Por eso se escribió: "Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días" (Hebreos 11.30).

Después de la victoria de Jericó, la nación perdió en Hai, por el pecado de Acán, al que mataron. La nación conquistó todo Canaán, tierra que Dios le había prometido. Josué dividió la tierra entre el pueblo de acuerdo con las instrucciones de Dios a Moisés. Josué exhortó al pueblo a guardar la Ley de Moisés y murió a los 110 años de edad.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 3

Pregunta Número:

1. Las dos grandes divisiones o períodos del Antiguo Testamento son el Patriarcal y el Mosaico. ¿Sí? ¿No?

2.¿ Ismael fue hijo de quién?

3. Ismael fue padre de los árabes. ¿Sí? ¿No?

4. De los hijos de Abraham, ¿quién fue el hijo de promesa?

5. En la torre de Babel, Dios confundió la lengua de la gente. ¿Sí? ¿No?

6. La gente que vive en la Era Cristiana es gobernada por el Nuevo Testamento. ¿Sí? ¿No?

7. ¿La ley de Moisés fue dada al principio de qué dispensación?

8. ¿La última plaga mandada a Egipto fue la plaga de qué?

9. ¿Es necesario tener conocimiento del Antiguo Testamento para poder comprender las enseñanzas del Nuevo Testamento? ¿Sí? ¿No?

10. Las cuatro secciones del Período Patriarcal son: (1) Antes del Diluvio; (2) Después del Diluvio; (3) Los Profetas; (4) Esclavitud en Egipto. ¿Sí? ¿No?

11, ¿Cuál repuesta es correcta? (1)Las murallas de Jericó cayeron solamente por fe. (2) Las murallas de Jericó cayeron solamente por las obras. (3) Las murallas de Jericó cayeron por el poder de Dios, después de que la gente había demostrado su fe por medio de la obediencia.

12. Todos estos hombres fueron hijos de Jacob: Rubén, Esaú , Simeón, Leví, Mateo, Isacar, Benjamín, Sem, Gad y Aser. ¿Sí? ¿No?

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LECCIÓN 4

DESDE LOS JUECES DE ISRAEL

HASTA LA RESTAURACIÓN DE LOS JUDÍOS

En esta lección estudiaremos las últimas seis secciones de la Edad Mosaica. Consultando las tablas que aparecen en la parte interior de la presente lección, es fácil ver en que periodo de la historia de Israel vivieron y profetizaron y los diferentes profetas. También los autores de los libros de poesía son identificados en dichas tablas, y los escritos arreglados en su lugar debido, en la historia del Antiguo Testamento. El libro de los Salmos contiene cantos de alabanza que son entonados frecuentemente en las reuniones religiosas. Los libros Eclesiastés, Cantar de los Cantares de Salomón y Proverbios, contienen dichos de sabiduría. Es muy importante para el estudiante, repetimos, comprender las condiciones que existían en los tiempos en que los profetas vivieron y escribieron.

A Isaías se le llama el profeta Mesiánico, porque en su libro habla más de la primera venida de Cristo que ningún otro libro del Antiguo Testamento. El capítulo 53 del libro de Isaías es uno de los más bellos e impresionantes, conteniendo profecías acerca del advenimiento de Cristo. Isaías es también el profeta que anunció el nacimiento virginal de Jesús.

Jeremías es llamado el profeta "lamentador", porque fue su deber profetizar sobre la cautividad de la nación, También él fue el autor del libro de Lamentaciones. 

Ezequiel profetizó durante el período de la cautividad babilónica, al igual que lo hizo Daniel.

El libro de Daniel contiene información interesante sobre el tiempo en que se establecería el reinado del Mesías. Daniel interpretó un sueño del rey Nabucodonosor, en el cual profetizó acerca de cuatro reinos de la tierra que se levantarían. El último de estos reinos sería el Imperio romano. Daniel profetizó que durante los días de este reino, el Dios del cielo levantaría un reino que nunca sería destruido. Tres de estos reinos terrenales habían aparecido y desaparecido, y el cuarto reino estaba en vigencia entonces. La gente por lo tanto, estaba esperando la aparición del Mesías.

Jonás fue enviado para reprender a la gente de Nínive, exhortándolos al arrepentimiento.

Nahum vivió 150 años después de Jonás, y también tuvo una misión semejante para los de Nínive.

Abdías profetizó la destrucción de la nación de Edom.

Oseas y Amós profetizaron a la nación de Israel. Los otros siete profetas menores fueron enviados al reino de Judá.

Joel profetizó poco antes de acaecer la cautividad asiria.

Hageo animó a la gente que reparaba el templo, después de la cautividad.

Sofonías profetizó que un remanente del pueblo iba a ser salvado.

Miqueas anunció que el Cristo nacería en Belén de Judea.

Zacarías profetizó ciertos eventos de la vida de Cristo, incluyendo el hecho de que sería vendido por treinta piezas de plata.

Habacuc aseguró a la gente que, al final, los propósitos de Dios se cumplirían.

Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento. Este profeta reprochó a la gente su apatía para servir a Dios. Su queja principal contra la nación de Israel era que ellos no hacían más que alabar de labios solamente a Jehová.

 

JUECES DE ISRAEL

Desde los jueces hasta el Reino

Jueces 1 a 1 Samuel 10

De 1400 A.C. a 1095 A.C. - 305 años

Personajes: Otoniel, Aod, Samgar, Débora, Gedeón, Abimelec, Tola, Jair, Jefté, 1bzán, Elón, Abdón, Sansón, Elí, Samuel

Sucesos Sobresalientes

Esta parte marca el principio de una línea ininterrumpida de profecías acerca de Cristo.

Durante este período Israel fue regido por una sucesión de jueces. Son los que se nombran arriba.

El pueblo de Israel se corrompió y en varios períodos de su historia adoraron ídolos. Olvidaron todo lo que Dios había hecho por ellos, rebelándose contra la Ley Mosaica. Por su actitud pecaminosa, Dios permitió que las .naciones vecinas invadieran y atacaran al pueblo elegido. Esto lo hizo Dios para que Israel se diera cuenta de su locura por no obedecer sus mandamientos.

Sin embargo, la nación parecía no querer aprender, y cayó más y más en el pecado.

El libro de Rut fue escrito durante este periodo.

 

EL REINO UNIDO

Desde el Reino hasta la División

1 Samuel 9 a 1 Reyes 11. 1 Crónicas 10 a 11 Crónicas 9.

De 1095 A.C. a 975 A.C. - 120 años

Personajes: Saúl, David y Salomón

Sucesos Sobresalientes

Después que el pueblo de Israel fue gobernado por jueces durante 305 años, empezó a querer un rey humano, para parecerse a las naciones que los rodeaban. Aun cuando esto le disgustó a Dios, ya que constituía un repudio de Jehová como su Rey, él permitió a los israelitas tener un rey humano.

El primer rey que reinó fue Saúl. Cumplió bien por un poco de tiempo, pero pronto desobedeció a Dios y fue rechazado como rey. Murió en una guerra contra los filisteos.

Fue sucedido en el trono por un hombre llamado David. Este fue un hombre bueno y sirvió bien a la nación. Durante su reinado, Israel se convirtió en una potencia mundial. Murió ya muy anciano, muy querido del pueblo.

A David lo sucedió su hijo Salomón, que recibió sabiduría como don de Dios. Generalmente se le llama "el sabio". Durante su reino se construyó el templo de Jerusalén. Fue dado a los placeres de joven, pero se fue volviendo más espiritual con la edad,

Los libros de Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares pertenecen a este periodo.

 

EL REINO DIVIDIDO

Desde la División hasta la Caída de Israel

1 Reyes 12 a 2 Reyes 20.20, 2 Crónicas 10 a 32.

De 975 a 722 A.C. - 253 años

Personajes: Reyes de Judá: Roboam, Abías, Asa, Josafat, Joram, OcozÍas, Atalía, Joás, AmasÍas, UzÍas, Jotam, Acaz, Ezequías.

Reyes de Israel: Jeroboam, Nadab,

Baasa, Ela, Zimri, Omri. Acab, Ocozias, Joram, Jehú, Joacaz, Joás, Jeroboam II, Zacarías, Salum, Pekaía, Peka, Oseas.

Profetas: Elías, Elíseo, Isaías.

Sucesos Sobresalientes 

Después de la muerte de Salomón, su hijo trató de tomar su lugar como rey de Israel. Sin embargo, por una decisión violenta e injusta, el pueblo lo rechazó como rey y vino entonces la división del reino. La mitad del norte fue llamada reino de Israel. La mitad del sur, Judá. El reino de Judá hizo un simulacro, esforzándose en guardar la Ley Mosaica, mientras el reino de Israel se volvió a la idolatría y fue muy pecaminoso. Durante el reinado de Josías, el reino de Israel fue llevado en cautividad a Asiria.

Los profetas Joel, Amós, Miqueas, Nahum, Isaías, Jonás y Oseas, pertenecen a este periodo.

EL REINO DE JUDÁ

De la Caída de Israel hasta la Caída de Judá

2 Reyes 21 a 25

2 Crónicas 33 a 36

De 722 A.C. a 587 A.C. - 135 años

Personajes: Reyes de Judá: Manasés

Amón, Josías, Joacaz II, Joacim,

Joaquín, Sedequías

Sucesos Sobresalientes

Después de la caída y cautividad de Israel, Judá continuó sola por 135 años, Hubo un avivamiento religioso bajo el reinado de Josías y el profeta Jeremías. Sin embargo, pronto volvió a caer el pueblo en la idolatría y se volvió muy malo.

Dios se disgustó con Judá y permitió tres invasiones en su tierra. En la tercera y última invasión, Jerusalén y el templo fueron destruidos y el pueblo llevado como esclavo a Babilonia.

Babilonia era ya un poder mundial, y había vencido a la nación asiria.

Los libros de Sofonías, Habacuc, Abdías, Jeremías y Lamentaciones pertenecen a este periodo. 

LA CAUTIVIDAD DE BABILONIA

Desde la Cautividad hasta el Retorno

2 Reyes 25.8-21: Daniel

De 587 A.C. a 537 AC - 50 años

Personajes: Daniel

Sucesos Sobresalientes

En esta parte de la Biblia es donde leemos sobre el sueño de Nabucodonosor (Daniel 2); el horno ardiente (Daniel 3); la fiesta de Belzasar (Daniel 5); Daniel en el foso de los leones (Daniel 6); la visión de la restauración de Israel por Daniel (Daniel 7); y la carta de Jeremías (Jeremías 29).

Las profecías de Ezequiel y Daniel pertenecen a este periodo.

 

RESTAURACIÓN DE LOS JUDÍOS

Regreso a Canaán hasta el Final de la Historia del Antiguo Testamento.

Esdras, Nehemías, Ester

De 537 A. C. a aprox. 445 A. C. - 92 años aproximadamente

Personajes: Esdras, Nehemías, Éster

Sucesos Sobresalientes

Aun cuando los hijos de Israel fueron llevados en cautividad a Babilonia, por las acciones de Ester y otros sucesos semejantes, pronto gozaron de cierta libertad. Por esta razón, muchos de los judíos estaban felices en Babilonia y no deseaban retornar a Canaán. Sin embargo, unos cuantos israelitas devotos, ansiaban regresar a su tierra, reconstruir el templo y adorar a Dios.

Para lograr esta restauración, Dios levantó a ciertos hombres fuertes para guiar a la nación. Babilonia cayó ante Persia y Ciro, rey de ese país, permitió a los judíos volver a Jerusalén. Hubo tres peregrinaciones a Canaán. La primera fue dirigida por Zorobabel. La segunda, por Esdras, y la tercera por Nehemías. Este último dirigió a un grupo a Jerusalén en el año 445 A.C. El templo fue reconstruido y la nación de Israel volvió a existir como tal. Sin embargo, nunca volvieron a obtener la preeminencia que gozaron bajo los reinados de David y Salomón.

Los libros de Hageo, Zacarías y Malaquías pertenecen a este periodo.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 4

Pregunta Número:

1. Jeremías es llamado el profeta Mesiánico. ¿Sí? ¿No?

2. ¿Cuántos libros escribió el profeta Elías?

3. Salomón es generalmente designado como "el sabio". ¿Sí? ¿No?

4 El primer rey que reinó sobre el Reino Unido fue David. ¿Sí? ¿No?

5. Daniel profetizó que el reino del Mesías sería establecido en los días del Imperio romano. ¿Sí? ¿No?

6. Después de la división de Israel, ¿qué fue llamada la parte norte del reino?

7. ¿Quién fue el personaje más distinguido durante la cautividad de Babilonia?

8. Sansón fue uno de los jueces de Israel. ¿Sí? ¿No?

9. En Babilonia los judíos llegaron a gozar de libertad. ¿Sí? ¿No?

10. Después de la caída y cautividad de Israel, Judá continuó solamente por 253 años. ¿Sí? ¿No?

11. ¿La historia del Antiguo Testamento termina aproximadamente en qué año?

12. Isaías 53.3 dice, "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto..." ¿De quién está hablando a Isaías?

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LECCIÓN 5

COMPRENSIÓN DEL NUEVO TESTAMENTO

Muchos de nosotros tomamos nuestra Biblia, y leemos al azar un capitulo aquí y otro allá, y luego la dejamos a un lado. Con ciertos intervalos repetimos el procedimiento por años; y luego nos preguntamos: ¿por qué sabemos tan poco de la Biblia? Nos sentimos inclinados entonces a decir que la Biblia es un misterio inexplicable. En la presente lección deseamos dar algunas reglas que ayudarán al estudiante a comprender su Nuevo Testamento.

Sabemos que vivimos ahora regidos por el Nuevo Pacto, según se revela en el Nuevo Testamento. El Antiguo Pacto, contenido en la ley de Moisés, ha sido anulado. En realidad, esta ley fue dada por la mano de Jehová y contenía mandamientos divinos. Se dio para que fuera guardada por el pueblo israelita; nunca estuvo destinada para los gentiles. En segundo lugar, ese Antiguo Pacto no contuvo nunca un plan de salvación, ni siquiera para los mismos judíos, mucho menos para los que no lo son. Los sacrificios que se hacían según el Antiguo Pacto, no podían borrar los pecados de los hombres. Este pacto, dado a los judíos, era más bien una especie de "maestro para dirigirnos hacia Cristo". Jesús lo anuló con su sacrificio en la cruz.

Vivimos ahora bajo el Nuevo Pacto. En Hebreos 10.10, el autor dice: "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre".

Es muy cierto que Dios en muchas ocasiones y de diversas maneras habló a nuestros padres por medio de los profetas. Asimismo, es cierto que nos ha hablado a nosotros por medio de su Hijo, Jesucristo.

Está bien leer el Antiguo Testamento. Debe estudiarse para recibir el beneficio de las experiencias de las miles de personas que vivieron bajo la ley del Antiguo Pacto, sirviendo a Dios bajo tal sistema. Sin embargo, ninguno de nosotros debe acudir al Antiguo Testamento para justificar prácticas religiosas antiguas que no aplican a nosotros.

Nuestro Nuevo Testamento principia con el libro de Mateo. Termina con el libro de Apocalipsis o Revelación. Estos 27 libros se dividen en cuatro divisiones antes de que podamos comprender lo que leemos en el Nuevo Testamento. Las cuales divisiones a que nos referimos son las siguientes:

la división: Está formada por los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

2a. división: Es el libro de los Hechos o Actos.

3a. división: Las cartas o epístolas escritas a los cristianos.

4a. división: El libro de Apocalipsis o Revelación. 

Estudiemos estas divisiones separadamente. Los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan son descripciones de la vida de Jesús. En términos generales, puede decirse que principian con su nacimiento y terminan con su muerte y su resurrección. A estos cuatro libros se les llama a veces los Evangelios paralelos, porque registran los mismos eventos y el mismo periodo de tiempo, desde cuatro distintos puntos de vista. Estos cuatro libros cubren los últimos treinta y tres años de vigencia de la ley de Moisés. Esta ley terminó en la cruz. Jesús vivió toda su vida antes de la cruz, por lo tanto, nació y murió como un judío, bajo la ley de Moisés. El mismo dijo: "No he venido para abrogar, sino cumplir (la ley)" (Mateo 5.17).

Muy a menudo, al estudiar el Nuevo Testamento, cometemos el error de aplicar los libros de los Evangelios a la iglesia cristiana del Nuevo Testamento. Estos cuatro libros describen un periodo de tiempo anterior al principio de la iglesia cristiana. La iglesia no podía principiar sino hasta después de la muerte de Cristo. Empezó en el día de Pentecostés.

Jesús adoraba en día sábado. Hacia esto porque como hombre, estaba sujeto al Antiguo Pacto, pues vivió cuando esa ley estaba en vigencia, y era una prescripción de esa ley que se adorara en sábado. Muy a menudo solemos confundir lo que pertenecía a la Antigua Ley con lo que corresponde a la Nueva Ley, precisamente porque pasamos por alto que Mateo, Marcos, Lucas y Juan describen un período de tiempo que era anterior a la cruz.

Estos cuatro libros deben ser tomados como lo que son: relatos de hechos que ocurrieron. Son el relato de hechos acerca de Dios y del Señor Jesucristo; son hechos sobre el amor, la misericordia y la gracia de Dios; relatan acontecimientos que se refieren a la vida de Jesús, sus enseñanzas, su muerte y su resurrección. El propósito de estos libros es el establecimiento de la fe. Son sucesos dignos de crédito. El estudiante debe tener siempre muy presente que la primera división del Nuevo Testamento, compuesta por los libros ya enumerados de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, está destinada para el establecimiento de la fe.

Llegamos a la segunda división del Nuevo Testamento: el libro de los Hechos de los Apóstoles. Jesús había dado a los apóstoles la comisión de ir por todo el mundo y hacer discípulos en todas las naciones. En el libro de Hechos de los Apóstoles, encontramos la descripción de la acción tomada por los mismos apóstoles cuando salieron bajo esa gran comisión encomendada por Cristo. El libro de los Hechos constituye una división por si solo. Contiene los mandamientos del Señor, mediante los cuales podemos obtener el acceso a la gracia de Dios. Este libro de los Hechos es la descripción del establecimiento de la iglesia. Puede decirse que contiene el procedimiento para la conversión cristiana. En el capítulo segundo; en el octavo; en el noveno; en el décimosexto y el décimoctavo, podemos encontrar las descripciones detalladas que fueron dadas para convertir a una persona. Todos los mandamientos de Dios acerca de la obediencia principal al Evangelio están contenidos totalmente en este libro de los Hechos.

Es necesario enfatizar que los hechos son narrados para ser obedecidos. No tiene ningún caso dar una orden, si no se espera que ésta sea obedecida. En la misma forma en que la primera división del Nuevo Testamento (los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan) está destinada a producir la fe, esta segunda división (los Hechos) está destinada a producir la obediencia de los cristianos. Por lo tanto, una persona se hace cristiana mediante la base de fe producida por los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y la obediencia a los mandamientos contenidos en el libro de los Hechos.

Llegamos ahora a la tercera división del Nuevo Testamento. Se compone de las cartas o epístolas escritas a personas que ya eran salvas, principiando con los Romanos y terminando con Judas. En esta división, destinada especialmente a los cristianos, encontramos las instrucciones para vivir una vida cristiana. En la misma forma que las dos primeras divisiones están destinadas a convertir a los individuos en cristianos, esta tercera división tiene el propósito de enseñar a los cristianos cómo deben vivir. Si alguien desea saber lo que se requiere de él como cristiano, que lea las cartas escritas a los cristianos, en las cuales se establecen las enseñanzas básicas del cristianismo. Si se desea saber cómo hay que adorar en forma correcta a Dios, se debe leer las instrucciones dadas a los cristianos acerca de la forma aceptable de adoración a Dios.

Por último, llegamos a la cuarta división del Nuevo Testamento. Es el libro de Apocalipsis o Revelación, que en sí mismo es una división también. En ella, el anciano apóstol Juan, desterrado en la isla de Patmos, vio los cielos abiertos y pudo mirar las cosas que los redimidos podrán experimentar algún día, cuando lleguen a estar con Dios.

Cuando estas cuatro divisiones se toman en conjunto, constituyen la ley perfecta de libertad. Pablo reconoció esta división ordenada, mando escribió a Timoteo; "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar (para producir fe), para redargüir, para corregir (para producir obediencia), para instruir en justicia (tercera división), a fin de que el hombre de Dios sea perfecto (cuarta división), enteramente preparado para toda buena obra" (2 Timoteo 3.16 y 17).

Jesús tuvo el mismo pensamiento, cuando dijo: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones (producir fe), bautizándolos (segunda división) en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (tercera división); y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:19-20).


PRUEBA DE LA LECCIÓN 5

Pregunta Número:

1. ¿Cuántas divisiones naturales hay en el Nuevo Testamento?

2. ¿Vivimos regidos por cuál pacto?

3. ¿Cuándo terminó el Antiguo Pacto?

4. ¿Cuáles libros forman la primera división del Nuevo Testamento?

5. La segunda división, Hechos, contiene los mandamientos del Señor. ¿Sí? ¿No?

6. La instrucción para la vida del cristiano viene en la segunda división. ¿Sí? ¿No?

7. ¿En qué división vio el Apóstol Juan los cielos abiertos?

8. ¿Encontramos ejemplos detallados de conversiones en qué libro?

9. Jesús vivió sujeto a la ley de los profetas. ¿Sí? ¿No?

10. El ladrón que murió en la cruz vivió bajo la ley de Moisés. ¿Sí? ¿No?

11. ¿Dónde dice la Biblia: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarqüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra"?

12. ¿Dónde dice la Biblia: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"?

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LECCIÓN 6

LA VIDA DE CRISTO

El nacimiento de Cristo ha causado más impresión en el mundo que cualquier otro evento de la historia de la humanidad. Contamos los años de nuestra era a partir de la fecha del nacimiento de Cristo. Esto indica que hace aproximadamente 20 siglos ocurrió algo que fue infinitamente superior a cualquier otro suceso, incluyendo el mismo de la creación. Este suceso fue el nacimiento de Jesús.

Lo que sabemos de la vida de Jesús está registrado en cuatro libros del Nuevo Testamento, llamados: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Aun cuando a veces estos autores repiten los mismos acontecimientos, cada uno de ellos nos da información que no contiene ninguno de los libros de los otros autores. Comparando los escritos de estos cuatro autores tenemos todos los hechos esenciales de la vida de Cristo.

Los evangelios empiezan hablando de un anuncio hecho por el ángel Gabriel a Zacarías acerca del nacimiento de su hijo, Juan el Bautista. Poco después, un anuncio semejante fue hecho por el mensajero angélico a María, acerca del inminente nacimiento de un hijo, que iba a llamarse Jesús. Debido a una ley dada por el gobierno romano, toda la gente de Palestina recibió la orden de registrarse con fines de pagar impuestos. José, el esposo de María, llevó a su esposa a Belén de Judea para ser empadronados allí. Mientras se encontraban en ese lugar, nació el Mesías. Anteriormente el ángel había explicado a María que el Espíritu Santo vendría a ella, y que ella, por el poder de lo alto, concebiría y daría a luz un hijo, aun cuando era virgen.

Conocemos poco de los primeros años de la vida de Cristo, con la excepción del relato del cruel edicto de Herodes, ordenando matar a todos los niños en la región de Ramá que fueran de dos años de edad o menores y de la huida de José, María y el niño Jesús, hacia la tierra de Egipto. Después de que Herodes el Grande murió, la familia de José regresó a su tierra, yendo a radicarse en la ciudad de Nazaret, en Galilea, donde Jesús fue criado. La cortina espesa de la revelación se levantó solamente una vez, para darnos un ligero atisbo del adolescente que iba creciendo cuando a la edad de doce años fue llevado a Jerusalén por sus padres.

Cuando Jesús tenía aproximadamente treinta años de edad, su ministerio personal dio principio cuando se presentó a Juan el Bautista, hijo de Zacarías y Elisabet, pidiendo ser bautizado. De aquí en adelante, la popularidad de Juan el Bautista decreció, a medida que aumentaba la de Jesús. Juan el Bautista (llamado así sólo porque bautizaba) había provocado la ira de la familia reinante, fue apresado y finalmente muerto. Jesús hizo un elogio muy grande de Juan el Bautista, cuando dijo: "De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista" (Mateo 11.11).

Durante la primera parte del ministerio personal de Cristo, que duró aproximadamente tres años, él escogió a doce hombres que se convirtieron en sus apóstoles (o enviados). Estos doce, fueron: Simón Pedro, Andrés, Jacobo, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananita y Judas Iscariote.

Estos hombres estaban llamados a hacer una labor especial, por lo tanto fueron preparados en forma especial, recibiendo promesas y poderes de Cristo, que les fueron exclusivos.

Pronto se convirtió Jesús en una de las figuras más populares de Palestina. Sus enseñanzas eran sorprendentemente diferentes de las conocidas hasta entonces; a veces sobresaltando y hasta escandalizando a los que las oían. Realizó muchos milagros de sanidad, restaurando la vista a los ciegos, haciendo que los sordos oyeran, que los paralíticos caminaran y curando a los leprosos. De hecho, no había ninguna incapacidad o defecto físico que él no pudiera sanar. Estas portentosas maravillas llegaron a atraer la atención de la gente, y servían para confirmar sus enseñanzas. Su nombre se convirtió en algo familiar para todos. En todas partes (en las plazas, en las esquinas de las calles, en los mesones y en todos los lugares donde los hombres se reunían a conversar) el nombre de Jesús era mencionado continuamente. Se preguntaban si se trataría de un profeta. ¿No sería aquel Elías que estaba anunciado que tendría que venir? 0, hasta con tonos reverentes y casi faltos de aliento, llegaban a hacerse la pregunta: "¿Y si se tratara del Mesías?"

Ellos esperaban con ansia la venida del Mesías que habría de liberarlos de sus opresores. Debido a esa popularidad, las multitudes empezaron a seguirlo a dondequiera que iba. La gente se amontonó a su alrededor en forma tan compacta en una ocasión, que Jesús juzgó necesario subir a una barca y alejarse un poco de la orilla, mientras desde allí hablaba a la gente. En esta forma aquella barca se convirtió en un púlpito desde donde él dio su mensaje. El mensaje más frecuente que daba Jesús a los que la escuchaban era: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3.2; 4.17).

Los dirigente religiosos del pueblo judío pronto fueron atraídos por los informes que les llegaban acerca de aquel extraordinario profeta, y decidieron mandar enviados para examinar de cerca a Jesús y escuchar sus enseñanzas. Cristo, que conocía a maravilla los corazones de los hombres, inmediatamente reconoció el propósito de esta comisión de reconocimiento, y les dedicó una lección por medio de una parábola, con el fin de quitar la máscara de falsa piedad con que se cubrían los rabinos, escribas y doctores de la ley, poniendo en manifiesto su pequeñez de espíritu y sus arraigados prejuicios. Por lo tanto, el informe que rindieron los que habían ido a juzgar sobre él fue desfavorable. De allí en adelante, los dirigentes religiosos del pueblo judío siguieron con sumo cuidado todos los pasos de Jesús, examinando con toda minuciosidad cada una de sus palabras y acciones, buscando afanosamente cualquier oportunidad para poder acusarlo y lograr desacreditarlo ante el pueblo que con tanto afán lo seguía. Temían atacar abiertamente a Jesús, porque era tan popular que tenían miedo a las reacciones de la gente, a cuando con toda anticipación, habían determinado darle muerte. Entonces, fingían respetarlo y seguirlo, mientras buscaban la mejor oportunidad para acusarlo. Esta corriente oculta de hipocresía fue descubierta por el Señor, quien conocía sus verdaderas intenciones cuando ellos lo rodeaban fingiendo seguirlo y escucharlo. Jesús les reprochaba a estos dirigentes sus faltas y sin cesar las ponía en evidencia ante el pueblo. Con odio creciente hacia el Mesías, a quien ellos consideraban un impostor y engañador del pueblo, los dirigentes religiosos fortalecieron su intención de destruir al hombre que se atrevía a desafiar su autoridad hasta entonces indisputada.

Durante los tres años de su ministerio personal, Jesús hizo tres viajes a la ciudad, fue recibido por las muchedumbres con grandes demostraciones de amor y aprecio. La envidia de sus enemigos se desató, haciendo que ellos se decidieran a tomar medidas definitivas en contra de él. Jesús había llamado antes de este suceso a sus discípulos, para que estuvieran en íntima comunión con él. Los amonestó con el fin de que cuando él muriera, llevaran adelante la gran tarea que él había iniciado. Uno de estos hombres, Judas Iscariote, tesorero del grupo de discípulos, hizo un pacto diabólico con los principales del templo, aceptando entregar a su Maestro por un precio de treinta piezas de plata. Judas entregó a Jesús mientras oraba en el huerto de Getsemaní. Los soldados llegaron a ese lugar, para apresarlo y llevarlo ante el Sanedrín judío (que era como la Suprema Corte de la nación), acusándolo de blasfemar, delito que era castigado con la muerte. Cuando los testigos falsos se contradijeron entre si, lo mandaron ante el gobernador romano, Poncio Pilato, pidiendo que lo condenara a muerte por el supuesto delito de insurrección contra Roma. Los dirigentes judíos había manipulado a la muchedumbre con tanta habilidad para sus fines, que los mismos que tres días antes habían aclamado a Jesús en su entrada a Jerusalén, cantando hosannas en su honor, ahora gritaban, parados frente al palacio de Poncio Pilato, con los corazones llenos de odio, las terribles palabras: "¡Crucifícale! ¡Crucifícale!" (Lucas 23.21), una y otra vez. Pilato se tuvo que rendir a la voluntad de la multitud encolerizada.

Jesús fue colocado en una cruz, entre dos malhechores, y allí murió entre indescriptibles dolores y angustías. La madre naturaleza rehusó contemplar aquella terrible escena: El sol se oculto durante tres horas, mientras Cristo, el poderoso Creador, moría por el hombre, criatura pecadora. Las manos cariñosas de los que lo amaron, lo bajaron de la cruz ya muerto, y fue depositado en una tumba prestada.

Sus amigos y fieles seguidores estaban desconsolados y confusos ante la victoria de los enemigos de Cristo, y sintieron quizá que habían sido engañados al creer que él era el Mesías. Empero, en la mañana del tercer día después de su muerte, María, la madre de Jesús, y algunos de sus más íntimos allegados, se acercaron a la tumba, encontrándose allí con un ángel, que les dijo: "No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea" (Lucas 24.6). En esta forma, de su cruz pasó a su trono. Y lo que parecía una derrota total, fue en realidad un triunfo sin paralelo en toda la historia de la humanidad. Mediante su resurrección quedó confirmada, sin lugar a dudas, su divinidad; que era exactamente lo que él había dicho ser: el Mesías esperado.

Jesús se apareció a muchos testigos, demostrando que estaba vivo nuevamente, por medio de diversas pruebas indudables. Poco antes de ascender al cielo, delante de todos sus discípulos, se apareció a los once apóstoles, diciéndoles: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16.15,16).


PRUEBA DE LA LECCIÓN 6

Pregunta Número:

1. La vida de Cristo es relatada en los cuatro libros de Mateo, Marcos, Pablo y Juan. ¿Sí? ¿No?

2. ¿Qué ángel anunció a Zacarías acerca del nacimiento de su hijo Juan el Bautista?

3. ¿Jesús nació en qué ciudad?

4. Cuando Jesús tenía aproximadamente 20 años de edad, empezó su ministerio personal. ¿Sí? ¿No?

5. El ministerio personal de Jesús duró aproximadamente 5 años. ¿Sí? ¿No?

6. Durante su ministerio personal, Jesús fue popular. ¿Sí? ¿No?

7. Jesús fue traicionado y entregado por el Sanedrín judío. ¿Sí? ¿No?

8. Durante la primera parte del ministerio personal, Jesús escogió a doce apóstoles. ¿Qué nombre faltan en esta lista? Simón Pedro, Andrés, Jacobo, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Santiago hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananita y Judas Iscariote.

9. En Juan 20.30,31 la Biblia dice que Jesús no hizo muchos otras señales, porque todos están escritos en este libro. ¿Sí? ¿No?

10. Lucas 4.41 dice que no salían demonios de muchos, solamente muy pocas personas. ¿Sí? ¿No?

11. Lucas 24.46, ¿quién dice "Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día"?

12. Jesús se apareció a todos sus discípulos cuando dijo: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" en Marcos 16.15,16. ¿Si? ¿No?

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LECCIÓN 7

LOS DOS PACTOS

En el transcurso de la historia del mundo, Dios ha dado dos distintos pactos escritos al hombre. El primero fue la ley de Moisés, dada en el monte Sinaí. El segundo es la ley de Cristo, dada en el primer siglo de la Era Cristiana. Para comprender y apreciar justamente la ley divina que nos gobierna actualmente, es necesario tener un concepto adecuado de los dos pactos. Los dos pactos se denominan generalmente el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, la ley de Moisés y la ley de Cristo. La ley de Moisés era una legislación exclusiva, mientras que la ley de Cristo es universal. El antiguo pacto se refería exclusivamente a los judíos, sin tomar en cuenta a los hombres de otras naciones. Fue dado con el fin de preparar al mundo para recibir al Mesías, y mando aquel pacto cumplió su propósito, fue abrogado. Ningún hombre viviente en la actualidad tiene obligación de obedecer la ley antigua. Los mandamientos que gobiernan al mundo en nuestra era son las leyes del Nuevo Testamento.

En Gálatas 4:21, Pablo da una alegoría de dos mujeres: Agar y Sara, las dos esposas del patriarca Abraham en el Antiguo Testamento. Pablo nos dice que Agar es la representación del Antiguo Testamento o pacto, siendo Sara la representante del Nuevo Testamento. Nos recuerda que Agar la sierva fue echada del lado de Abraham y expresa textualmente en el capítulo 5, versículo 4: "De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído."

Acerca de la ley de Moisés Pablo dice también: "De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe" (Gálatas 3.24). El pacto mosaico con sus rituales, ceremonias, fiestas y ayunos, fue dado como guía hasta el tiempo en que Cristo viniera, y ahora que Cristo ya vino, la redención por medio de él es completa y no se necesita de la ley antigua.

En 2 Corintios 3.1-11, Pablo hace el siguiente razonamiento: "¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿0 tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será la que permanece".

La ley mosaica era la ministración de muerte, escrita y grabada en piedra. Cuando Moisés bajó del monte, habiendo recibido los diez mandamientos de Dios, su rostro brillaba de tal manera, demostrando así la evidencia de que había visto a Dios, que tuvo que cubrirlo con un velo. En este lugar por lo tanto, Pablo se refiere claramente a los dos pactos, y en forma sumamente categórica, afirma que una, la ley antigua, ya ha terminado, y que la otra, la nueva ley, es la que sigue en pie.

Al escribir a la iglesia de Efeso, Pablo se refiere a la distinción entre los gentiles y los judíos. "Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades" (Efesios 2.11-16).

En este pasaje es evidente que Pablo se refiere a que en tiempos pasados había habido algo que se interponía como una barrera infranqueable entre judíos y gentiles. Nos dice que la partición que vino a separarlos era una ley de mandamientos, contenida en ordenanzas - la ley mosaica - y que esta ley quedó abolida en la carne del Señor Jesús, y clavada por él en la cruz. Esto fue hecho con el fin de que judíos y gentiles fueran un hombre nuevo en Cristo, estableciéndose así la paz. En otro lugar, Pablo dice, hablando acerca de la obra de Cristo: ". . anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo. . . . " (Colosenses 2.14-16).

Pablo presenta su argumento, basándose en un muy conocido principio legal, para demostrar que el antiguo pacto está ya abolido. Sabemos que si una persona hace testamento, y después de algún tiempo hace otro testamento, entonces, al morir esa persona, su segundo, o tercero, o último testamento será el que tenga validez legal. Este será el que tome en cuenta su abogado para otorgar la herencia. Pablo dice: "Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive" (Hebreos 9.16-17). Dios hizo dos testamentos. Su Hijo murió después de que el segundo testamento había sido hecho. Por lo tanto, la voluntad de Dios y su segundo testamento (el Nuevo Testamento) es el válido, y que sirve para la dispensación de su gracia. En Hebreos 9.15, Pablo dice: "Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna". Hay un nuevo testamento, y un primer testamento. El Antiguo Testamento es el primer testamento; el Nuevo Testamento es el segundo. En Hebreos 10.9, se lee: "He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último".

El Antiguo Testamento fue inspirado por Dios, y no debemos despreciar lo que en él se encuentra escrito. Debemos estudiar y aprender las lecciones que nos presenta. Pero no es la ley que gobierna a los hijos de Dios en la actualidad. Esa ley antigua ordena guardar el sábado y ofrecer sacrificios de animales a Dios; ordena también la observancia de determinadas fiestas y ayunos. Es por todos reconocido como verdad incontestable que ya no estamos bajo la obligación de guardar esos mandamientos. La ley antigua era carnal, física. La nueva ley es espiritual. La ley antigua fue dada a los hombres para que comprendieran y apreciaran los valores espirituales y para que lucharan por conservar las cosas que son permanentes. Tenía un propósito definido y era necesaria; pero habiéndose cumplido ese propósito, fue abolida con la sangre de Cristo. Jesús dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mateo 5.17,18). El Señor dijo por tanto, que la ley mosaica no sería destruida ni estaría fuera de efecto, hasta que todas las cosas de ella fuesen cumplidas. La palabra "hasta" es un vocablo de limitación. Si por ejemplo, se dice que una persona no podrá votar hasta que tenga veintiún años de edad, quedará sobreentendido naturalmente, que podrá votar cuando los haya cumplido. Entonces, debemos comprender que Jesús dijo que la ley seguiría en vigencia hasta que fuese cumplida. Cuando fue cumplida, lógicamente dejó de tener validez. Vemos ahora cómo también el Señor Jesús dijo que él no había venido a invalidar la ley sino a cumplirla. Cuando murió en la cruz, dijo: "Consumado es" (Juan 19.30). El había completado su obra, completado su misión y cumplido la ley.

El conocimiento y convicción de que estamos bajo el nuevo pacto y que ya no tenemos nada que ver con el antiguo es vital para llegar a alcanzar un conocimiento completo y adecuado de la Biblia. Asimismo, esto servirá para conocer con toda propiedad nuestras responsabilidades y deberes. No podemos recurrir al Antiguo Testamento para sacar de allí autoridad en asuntos religiosos. La ley que nos gobierna actualmente es la del Nuevo Testamento. Dediquémonos con toda diligencia al conocimiento de la ley con la cual tenemos obligaciones y a la que debemos obedecer.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 7

Pregunta Número:

1. El primer pacto escrito que dio Dios fue el Nuevo Testamento. ¿Sí? ¿No?

2. El segundo pacto escrito dado por Dios a nosotros: ¿cuál fue?

3. La antigua ley es abolida, y queda en pie la nueva ley. ¿Sí? ¿No?

4. En Gálatas 4.21, Agar es la representación del Antiguo Testamento o pacto. ¿Quién es la representación del Nuevo Testamento?

5. Un testamento puede ser cambiado después de la muerte del que lo extiende. ¿Sí? ¿No?

6.¿ Cristo vino a cumplir qué?

7. Cuando fue cumplida, la ley antigua continuo teniendo validez. ¿Sí? ¿No?

8. Cristo vivió todavía bajo el antiguo pacto. ¿Sí? ¿No?

9. ¿La antigua ley sirvió como maestro de escuela o ayo para llevar los hombres a quién?

10. Deuteronomio 18.15 dice: "Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis". ¿Sí? ¿No?

11. La antigua ley sirvió de barrera entre el judío y el gentil. ¿Sí? ¿No?

12. ¿Es provechoso estudiar las lecciones que nos da el Antiguo Testamento? ¿Sí? ¿No?

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LECCIÓN 8

EL ESTABLECIMIENTO DE LA IGLESIA

"Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre" (Hechos 20.28). De este pasaje de las Escrituras aprendemos que la iglesia fue comprada con la sangre de Cristo. Por este mismo motivo la iglesia es la institución más importante que existe en el mundo. En esta lección estudiaremos cómo se estableció la iglesia que fue comprada por Cristo.

"Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha" (Efesios 5.23-27). De esta comparación, escrita por Pablo aprendemos que la iglesia es el cuerpo de Cristo, el cual iba a ser salvado por Cristo. Esto no significa que el poder de salvar sea inherente a la iglesia, sino más bien que en el divino arreglo de cosas, sólo aquellos que son parte de la iglesia comprada con sangre tienen la promesa de la salvación eterna. Existen únicamente dos estados posibles: (1) dentro de la iglesia y (2) dentro del mundo. Los que están dentro del mundo sólo tienen promesa de ser desterrados de la presencia de Dios, debido al hecho que permanecen aún en sus pecados, no habiendo obedecido jamás al evangelio. 2 Tesalonicenses 1. 7-9, dice: " Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder". Es, por lo tanto, de extrema importancia el obtener un conocimiento adecuado de lo que es la iglesia, y de su función en el mundo para todos aquellos que desean servir a Dios en forma correcta. Jesús murió a fin de limpiar la iglesia, para santificarla y para presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, sin mancha y sin arruga, santa y aceptable a Dios. 

En lo relativo al establecimiento de la iglesia el estudiante recordará que durante los días de la cautividad en Babilonia, el profeta Daniel anunció que se levantarían cuatro reinos mundiales. El último de estos cuatro reinos sería el romano. Daniel dijo: "Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reno dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre" (Daniel 2.44). De esta profecía aprendernos que este reino sería establecido durante los días del Imperio romano. Por lo tanto, podemos estar persuadidos que la iglesia fue establecida en alguna fecha durante el primer siglo de la Era Cristiana. Jesús cumplió las profecías del Antiguo Testamento y, de acuerdo con esta profecía de Daniel, fundó un reino que jamás sería destruido.

En cierta ocasión Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló came ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mateo 16.13-19). Pongamos atención en particular a la afirmación que hizo Jesús en el versículo 18: "Edificaré mi iglesia". En Marcos 9.1 Jesús dijo: "De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder".

La iglesia, el reino del cielo, el reino de los cielos, y el reino de Dios, son lo mismo. En Marcos 1. 15, Jesús dijo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio". Un versículo similar de la Escritura, dice: "En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 3:1,2). Se ve claramente que tanto Jesús como Juan el Bautista se referían a la misma institución divina. Jesús se refería a este reino que venía como el "reino de Dios", mientras que Juan usó el término de "reino de los cielos". Así pues, la expresión "reino de los cielos" es un sinónimo de "reino de Dios".

Otro paralelismo interesante que demuestra la misma verdad, puede encontrarse en Mateo 13.11 y Lucas 8.10. En ambos pasajes, los autores del evangelio repiten la famosa parábola del sembrador. El primer pasaje se refiere al "reino de los cielos", mientras que en el último de ellos se le llama el "reino de Dios". Además, la palabra "iglesia" resulta sinónimo de los términos: "reino de los cielos" y "reino de Dios". En Mateo 16.18 y 19, el Señor dijo: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos". En conclusión, el Nuevo Testamento nos enseña: (1) que la iglesia, reino de los cielos y reino de Dios, son todos la misma institución divina; y (2) que esta institución debería venir con poder (Marcos 9.1).

Cuando fijemos el tiempo en que el poder vino, entonces podremos saber el tiempo del establecimiento de la iglesia. Después de la muerte de Cristo en la cruz del Calvario, su entierro y su resurrección de la tumba, él se apareció a los discípulos y les dijo: "He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Lucas 24.49). Esto nos da la información adicional de que un poder iba a descender en la ciudad de Jerusalén. Poco antes de su ascensión al cielo, Jesús se apareció en otra ocasión a los apóstoles, y les dijo: " ... pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1.8). Este poder prometido se llama a veces "Espíritu de Verdad", mientras que aquí se le llama "Espíritu Santo". Cuando podemos precisar la fecha en que Jesús cumplió la promesa que había hecho a sus apóstoles, estamos en posición de determinar cuándo fue enviado el poder, y por lo tanto, cuándo fue establecida la Iglesia. En Hechos 2.1-4, Lucas (un médico que es autor del libro de los Hechos, así como del Evangelio de Lucas), escribió lo siguiente: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen". Por estas referencias podemos ver claramente que el Nuevo Testamento simplemente enseña que la iglesia fue establecida en el primer domingo de Pentecostés después de la resurrección de Cristo aproximadamente en el año 33 de nuestra era.

Un dato que debe interesar al estudiante de la Biblia es saber que la iglesia es a veces llamada "cuerpo de Cristo". En Efesios 1.22,23, Pablo escribió: " ... y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo". En Colosenses 1.18, dice Pablo lo siguiente: "Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia".

Estar dentro de la iglesia es estar en Cristo, o en el cuerpo de Cristo. En Efesios 1.3 leemos: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo". Debemos notar que todas las bendiciones espirituales se encuentran en Cristo (en la iglesia). Por lo tanto, si todas las bendiciones espirituales están en Cristo, no podrán ser encontradas jamás en el mundo. Esta verdad única debe ayudamos a apreciar cada vez más y a amar también más y más, al cuerpo de Cristo, que es la iglesia.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 8

Pregunta Número:

1. La iglesia fue comprada con la sangre de Cristo. ¿Sí? ¿No?

2. El profeta Daniel había predicho que la iglesia sería establecida durante los día de el reino de los persas. ¿Sí? ¿No?

3. La expresión "reino de Dios" es sinónimo de "reino de los cielos". ¿Sí? ¿No?

4. En Mateo 3.2, Juan el Bautista dice, "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". ¿Sí? ¿No?

5. ¿Dónde dice Jesús que el reino de Dios vendrá con poder? ¿Apocalipsis 23.1? ¿Marcos 9.1? ¿Romanos 16.16?

6. ¿Este poder prometido vino en qué día?

7. ¿Dice Hechos 8.12: "Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban ninguno"? ¿Sí? ¿No?

8. ¿Dice Gálatas 3.27, "porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos"? ¿Sí? ¿No?

9. En Colosenses 1.18, Pablo dijo, "Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia". ¿De quién está hablando a Pablo?

10. Efesios 1.3 dice, "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo". ¿Cree usted que hay otras fuentes disponibles para recibir bendiciones espirituales? ¿Sí? ¿No?

11. ¿Dice Hebreos 12.28, 29: "Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor"? ¿Sí? ¿No?

12. ¿Dice 1 Corintios 15.24: "Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia"? ¿Sí? ¿No?

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LECCIÓN 9

LOS PRIMEROS CRISTIANOS

En esta lección estudiaremos acerca de los primeros hombres convertidos a la religión de Jesucristo. En el segundo capitulo del libro de Hechos de los Apóstoles tenemos un relato del sermón presentado por el apóstol Pedro, la primera vez en que el evangelio fue predicado. El evangelio (buenas nuevas) había sido predicado antes proféticamente durante la dispensación mosaica por los hombres que habían profetizado la venida del Mesías. Había sido predicado en principio, durante la existencia de Juan el Bautista y durante el ministerio de Jesús. Pero ahora, por vez primera, el Evangelio era predicado como una realidad entre los hombres. Fue ofrecida la oportunidad a todos los que lo oían para convertirse en miembros de la iglesia que Jesús edificó; para recibir la remisión de sus pecados y la paz de Dios que sobrepuja todo entendimiento.

Se recomienda al estudiante leer el segundo capitulo del libro de los Hechos al estudiar esta lección. 

En los primeros cuatro versículos del capitulo dos de Hechos se nos dice cómo Cristo, ejecutando su primer acto administrativo como Rey de reyes y Señor de señores, envió sobre los apóstoles el poder del Espíritu Santo. Durante su vida, Jesús había prometido enviar este poder, algunas veces llamado el "Consolador", a los apóstoles, y había dicho: "Y yo rogaré al Padre y El os dará otro Consolador..." (Juan 14.16-17). En la misma conversación también había dicho: "Pero cuando venga el Consolador..." (Juan 15.26). "Empero cuando venga el Espíritu de verdad..." (Juan 16.13). 

Bajo el influjo de este poder de lo alto, los apóstoles fueron guiados a toda la verdad y autorizados para predicar a los hombres los términos del convenio de Dios con los hombres. Este poder vino con una gran demostración que atrajo la atención de la multitud que se encontraba en Jerusalén, la cual vino al lugar en que se hallaban los apóstoles. Toda la multitud estaba atónita y maravillada debido a que aquellos hombres de Galilea, a quienes ellos consideraban ignorantes y sin ilustración, podían hacer aquella sobresaliente demostración, y porque cuando los apóstoles hablaban cada hombre oía y entendía en su propia lengua, aunque la multitud presente pertenecía a unas diecisiete provincias diferentes.

Algunos hombres insensatos del pueblo, que se juntaron para contemplar señal tan maravillosa, acusaron a los apóstoles de estar borrachos. Pedro se levantó con los once, atrajo la atención de la multitud, y negó aquel cargo infundado.

Entonces predicó un sermón dirigido a concentrar el pensamiento del pueblo, para convencerlo de que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios, el Mesías de la historia del Antiguo Testamento y la única esperanza para el hombre caído y pecador. Pedro empezó su sermón recordando al pueblo una declaración hecha por el profeta Joel, indicando que el advenimiento del Espíritu Santo en esa ocasión era el cumplimiento de lo que había dicho el profeta. Pedro hizo enseguida una referencia a Cristo, recordando a la multitud los milagros, señales y maravillas que Dios hizo por medio de Cristo entre el pueblo, y de cómo había sido entregado en manos impías para ser crucificado. Pedro declaró asimismo, que Dios había levantado a Jesús de entre los muertos, por cuanto era imposible que fuera vencido por la muerte, y recordó como David, hablando del Señor, había dicho: "Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra" (Hechos 2.25). Con esta profecía Pedro probó que esta afirmación se refería a Cristo y no a David, como el pueblo y sus maestros habían creído erróneamente. En efecto, dijo Pedro, David murió; fue sepultado en Jerusalén y su tumba está con nosotros hasta el día de hoy. Por lo mismo, su cuerpo si vio corrupción. No se levantó de los muertos. La profecía, por lo tanto, no podía referirse a David. Pedro dijo tocante a David: "Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono" (Hechos 2.30).

Cuando la lógica del inspirado Pedro los forzó a ver que esta profecía hacia referencia a alguien distinto a David; y cuando Pedro declaró que Dios había levantado a Jesús de los muertos, siendo los apóstoles testigos de su resurrección, como podía probarse por las manifestaciones sobresalientes del advenimiento del Espíritu Santo, el pueblo fue impulsado a creer que Jesús era el Mesías. Lo irrefutable de estas pruebas conducían a la conclusión irrebatible de que Jesús era el Hijo de Dios y que él se había levantado de los muertos. Continuando con este argumento, Pedro hizo una segunda referencia a una profecía de David, diciendo: "Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies" (Hechos 2.34-35). De nuevo, esto no se refería a David porque él no había subido a los cielos. Por lo tanto, debía referirse a otro; ese otro era Cristo.

Pedro ordenó: "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hechos 2.36). Conocer una cosa con seguridad nos lleva a creerla con entera confianza. Por lo tanto, el apóstol Pedro ordenó al pueblo creer completamente que Jesús era Señor y Cristo. El pueblo creyó, como se demuestra por la siguiente expresión: "Se compungieron de corazón". Habiendo rechazado las bendiciones de la misericordia divina al rechazar a Jesús, estando convencidos ahora de que él era todo lo que había proclamado ser, y siendo abrumados por la enormidad de sus culpas, preguntaron: "Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2.37-38).

LOS PENITENTES CREYENTES bautizados continuaron con los apóstoles aprendiendo más de la nueva religión, teniendo comunión los unos con los otros, y observando los actos de adoración. Los apóstoles hicieron muchas maravillas y señales que sirvieron para confirmar el mensaje que predicaban; todos los creyentes estaban juntos y perfectamente unidos por el amor de unos para con otros. La iglesia continuó creciendo y teniendo favor con todo el pueblo. "Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2.47).

NOTARA EL ESTUDIANTE que hay tres cosas que sobresalen en este capitulo:

1. A los que creían se les ordenó lo que debían hacer: arrepentirse y ser bautizados para perdón de los pecados. 

2. Lo que ellos hicieron: los creyentes penitentes fueron bautizados. 

3. Los resultados obtenidos: fueron añadidos a la iglesia por Dios, y por lo tanto estaban en Cristo, donde podían recibir toda clase de bendiciones espirituales.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 9

Pregunta Número:

1. Los primeros convertidos a la religión de Cristo se mencionan en el capítulo 3 del libro de los Hechos. ¿Sí? ¿No?

2. En los primeros cuatro versículos del capítulo 2 de Hechos vemos cómo Jesucristo envió sobre los apóstoles el poder del Espíritu Santo. ¿Sí? ¿No?

3. Bajo el influjo de este poder de lo alto, los apóstoles fueron guiados a toda la verdad y autorizados para predicar a los hombres los términos del convenio de Dios con los hombres. ¿Sí? ¿No?

4. Ninguno de la multitud acusó a los apóstoles de estar borrachos. ¿Sí? ¿No?

5. Pedro predicó entonces un sermón dirigido a concentrar el pensamiento del pueblo, para convencerlo de que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios y el Mesías de la historia del Antiguo Testamento. ¿Sí? ¿No?

6. Para probar esta afirmación Pedro citó la Escritura del profeta Malaquías. ¿Sí? ¿No?

7. David subió a los cielos, como dice Hechos 2.34, 35. ¿Sí? ¿No?

8. Pedro dijo "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de (¿quién?) para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo"?

9 Hechos 2.41 dice "se añadieron aquel día como cien personas". ¿Sí? ¿No?

10. ¿Dice Hechos 2.36 "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo". ¿Sí? ¿No?

11. El evangelio (buenas nuevas) había sido predicado en profecía durante la dispensación mosaica. ¿Sí? ¿No?

12 .Hechos 2.47 dice, "Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos". Y usted, ¿ya es salvo, como Pedro mandó en Hechos 2.37,38? ¿Sí? ¿No?

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LECCIÓN 10

EL CRECIMIENTO DE LA IGLESIA

En esta lección estudiaremos el enorme crecimiento de la iglesia que había sido establecida el día de Pentecostés, y a la que habían sido añadidas más de tres mil personas como resultado de la predicación de los apóstoles. Poco tiempo después de los sucesos de Pentecostés, Pedro y Juan fueron al templo a la hora de la oración. Su atención fue atraída por un hombre que era cojo de nacimiento; Pedro le dijo, "en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda" (Hechos 3.6); el hombre fue curado inmediatamente. Aquel hombre entró al templo alabando a Dios y clamando en alta voz. El pueblo se congregó alrededor de los apóstoles. Pedro aprovechó la ocasión para predicar otro sermón tocante a la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús. Mientras él hablaba al pueblo, ciertos oficiales del templo arrestaron a Pedro y a Juan.

Sin embargo, muchos del pueblo que habían oído el sermón de Pedro y habían creído su mensaje, obedecieron el evangelio, y fueron añadidos a la iglesia. 

Los apóstoles fueron puestos en la cárcel durante la noche por haber predicado que Jesús había resucitado de los muertos. Fueron juzgados por los saduceos, una secta religiosa de los judíos que negaba que hubiera resurrección. Tan notable había sido el milagro efectuado por los apóstoles, cuando el cojo fue sanado, que ninguno lo podía negar por ser las pruebas irrebatibles. En lugar de esto, los saduceos determinaron prohibir a los apóstoles que predicaran. Cuando le fue dada a Pedro la oportunidad de hablar, anunció la gran verdad, "sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel. . ." (Hechos 4.10-12). Los líderes religiosos no podían decir nada en contestación a lo predicado por los apóstoles, puesto que las palabras de éstos eran confirmadas por los milagros que efectuaban. Sin embargo, después de realizar un concilio entre ellos decidieron intimidar a Pedro y a Juan con castigarlos si continuaban predicando y enseñando en el nombre de Jesús. Esto hizo que la nueva religión no pudiera propagarse mucho entre el pueblo.

La verdad, sin embargo, es una fuerza poderosa; y la persecución, la tortura y el abuso no pudieron impedir el desarrollo y crecimiento de la iglesia. Este solo hecho hará que cada persona pueda darse cuenta de la importancia que tiene la verdad. Cuando Pedro y Juan recibieron a aquella orden respondieron a los oficiales: "Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios"(Hechos 4.19).

La sabiduría de las palabras de Pedro, serán apreciadas por todos. Debemos servir a Dios antes que a los hombres. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Debemos seguir la ley de Dios antes que nuestras propias ideas o sentimientos.

Después que los apóstoles fueron liberados buscaron la compañía de los creyentes. El grupo oró a Dios para que les diera valor y decisión de hablar la Palabra. La gran compañía de creyentes era de un corazón y un alma y ninguno decía que sus cosas eran suyas solamente, sino que compartían las cosas unos con otros. Se ha creído que poco tiempo después de Pentecostés la iglesia era de más de treinta mil creyentes.

Las personas ricas de la iglesia compartían con las necesidades de los hermanos pobres, vendían sus posesiones y bienes, traían el dinero y lo ponían a los pies de los apóstoles. El dinero era distribuido según cada uno tenía necesidad. Sin embargo, la elevada armonía espiritual de la iglesia fue pronto quebrantada por la mala acción de Ananías y Safira. Esta pareja vendió una posesión y se puso de acuerdo en privado para retener algo del dinero, trayendo solamente una parte del dinero a los apóstoles. Entonces el apóstol Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?" (Hechos 5.3,4). Ananías, oyendo estas palabras, cayó muerto. Lo mismo le aconteció a su esposa que también trató de engañar a los hermanos.

En el capítulo seis leemos que los discípulos griegos se quejaron porque pensaron que algunos de ellos eran discriminados en la distribución de alimentos que se repartían a los necesitados. Solucionando este problema los apóstoles recomendaron que se escogieran siete hombres para supervisar la distribución diaria a los necesitados. Uno de estos hombres fue Esteban.

En el capítulo siete del libro de los Hechos leemos un sermón que Esteban predicó a los judíos. En él se refirió a la historia de la nación de Israel para mostrarles que ellos habían sido un pueblo rebelde y que su naturaleza era quebrantar y despreciar la ley de Dios. Les recordó su liberación de Egipto y los cuarenta años que peregrinaron en el desierto; cómo miles de los desobedientes habían muerto a causa de su murmuración contra Moisés, el líder escogido por Dios. Esteban entonces recordó al pueblo: "Este es aquel Moisés... " (Hechos 7.38). Este profeta era Cristo. Como el pueblo en el desierto había rechazado la misión divina de Moisés, así el pueblo, que ahora escuchaba a Esteban rechazó a Cristo. Esteban constriñó con urgencia a sus oyentes a no seguir el ejemplo de sus padres, oponiéndose a la sabiduría divina. Al llegar a este punto en su sermón, se refirió a ellos como rebeldes e incircuncisos de corazón y de oídos, haciendo esta pregunta: "¿A cuál de los profetas... ? " (Hechos 7.52). Cuando ellos oyeron estas palabras de Esteban se enfurecieron, de tal manera que rechinaban los dientes. Arrastrando a Esteban fuera de la ciudad lo apedrearon en un lugar en donde antes otros habían sufrido la misma muerte. Las palabras finales de Esteban fueron: "Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió"(Hechos 7.59,60)

En este tiempo se desató una gran persecución contra la iglesia y los cristianos, con excepción de los apóstoles, fueron esparcidos por toda la tierra de Palestina. Sin embargo, los cristianos, por dondequiera que iban predicaban la palabra y establecían iglesias.

Uno de los hombres que había sido escogido junto con Esteban, para ministrar las necesidades del pueblo en Jerusalén, fue Felipe. Cuando los discípulos fueron esparcidos, él descendió a una ciudad de Samaria y allí predicó a Jesús. Los samaritanos oyeron a Felipe predicar las buenas nuevas concernientes al reino de Dios y fueron bautizados. Los apóstoles Pedro y Juan descendieron de la ciudad de Jerusalén para confirmar a los nuevos convertidos.

Felipe permaneció en Samaria hasta que un ángel de Dios le ordenó ir a cierto camino que descendía de Jerusalén a Gaza.

Cuando llegó al lugar descrito por el ángel vio a un eunuco de Etiopía en su carruaje. El Espíritu ordenó a Felipe que se acercara a aquel hombre. Felipe corrió hacia él y oyó que leía el profeta Isaías; y le hizo esta pregunta: "¿Entiendes lo que lees? " (Hechos 8.30) Aquel hombre invitó a Felipe a subir a su carruaje y a discutir el asunto con él. Conforme avanzaban, Felipe le predicó a Jesús. Indudablemente en su predicación, Felipe habló del nacimiento, vida, muerte, sepultura y resurrección de Cristo, y cómo poco antes de su ascensión Jesús había dicho a sus discípulos: "Id por todo el mundo..." (Marcos 16.15,16).

Cuando Felipe estaba predicando, llegaron a cierto lugar donde había agua, y el eunuco dijo: "Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro. . . " (Hechos 8.36-40).

Otros discípulos del Señor iban por todas partes predicando las buenas nuevas de salvación en el nombre de Jesús.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 10

Pregunta Número:

1. Pedro y Juan sanaron a un hombre que era cojo de nacimiento. ¿SÍ? ¿No?

2. Todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. ¿Sí? ¿No?

3. Los saduceos eran una secta religiosa de los judíos que negaban la (¿qué?)

4. Pedro dijo al concilio en Hechos 4, "No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser (¿qué?)"

5. Ananías y Safira habiendo vendido una posesión, retuvieron para sí parte del dinero, y afirmaron haberlo dado todo. ¿Sí? ¿No?

6. Cuando Esteban exhortó a los judíos a no imitar a sus antepasados, oponiéndose a la sabiduría divina se enfurecieron contra él, lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedreaban hasta matarlo. ¿Sí? ¿No?

7. Dos de los siete hombres escogidos por la iglesia en Jerusalén para servir a los hermanos supervisando la distribución diaria a los necesitados fueron Esteban y (¿quién?).

8. Una gran persecución se desató contra la iglesia y otros discípulos que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el ley de Moisés. (Hch. 8.4) ¿Sí? ¿Nó?

9. Los samaritanos oyeron a Felipe predicar las buenas nuevas concernientes al reino de Dios y fueron bautizados, hombres y mujeres. ¿Sí? ¿No?

10. Cuando Felipe vio el eunuco de Etiopía en su carruaje, Felipe corrió hacia él. ¿Sí? ¿No?

11. El hombre invitó a Felipe a subir al carruaje, y mientras avanzaban Felipe le predicó de filosofía. ¿Sí? ¿No?

12. El eunuco, habiendo creído en Cristo como el Hijo de Dios, fue bautizado y siguió su camino enojado. ¿Sí? ¿No?

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LECCIÓN 11

LA CONVERSIÓN DE SAULO

En esta lección estudiaremos acerca de la conversión de Saulo, un hombre que había nacido en Tarso. El estudiante debe leer los capítulos 9 y 22 de Hechos. Saulo había sido un acérrimo enemigo de Cristo. Cuando ocurrió la muerte de Esteban, Saulo había consentido en su muerte; mientras guardaba las ropas de los que arrojaban las piedras que arrancaron la vida del primer mártir del cristianismo. El odio de Saulo hacia la nueva religión se intensificó. Maltrató a los cristianos severamente, prometiendo llevar a la muerte a los discípulos del Señor. Saulo era tenido en gran estima por los líderes religiosos de su tiempo. El había sido educado de acuerdo con la más estricta disciplina de la ley de Moisés, como fariseo. Había estudiado a los pies de Gamaliel, notable maestro de su tiempo el cual tenía una escuela en Jerusalén. A causa de la influencia de su familia, la educación, la profundidad de entendimiento y el celo natural de Saulo, hacían entrever que había de llegar a ser un gran líder entre los judíos. Indudablemente había sido probado antes por las autoridades de su pueblo, porque cuando solicitó permiso para ir a Damasco a perseguir a los discípulos que hubiera allí, él consiguió autorización para hacer el viaje. El sumo sacerdote le dio cartas para las sinagoga de Damasco escribiendo que si hallaba algunos cristianos, hombres o mujeres, los tomara prisioneros y los llevara a Jerusalén. 

Cuando Saulo y sus acompañantes hacían la larga y difícil jornada a Damasco, de repente del cielo vino una fuerte y cegadora luz que lo envolvió. Saulo cayó en tierra y oyó una voz que le decía "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" (9.4). Saulo contestó: "¿Quién eres, Señor?" (9.5). La voz del cielo le respondió: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón" (9.5). Estar en presencia de lo divino, debe haber sido una terrible experiencia, llenándolo de un temor inefable e imprevisto. Estaba tembloroso y atónito. Saulo preguntó: "Señor, ¿qué quieres que yo haga? " La respuesta fue: "Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer" (9.6).

Los hombres que iban con él, oyeron, pero no entendieron las palabras de la voz que venía del cielo. Saulo se levantó, abrió los ojos, y grande fue su sorpresa al darse cuenta de que estaba ciego. Estaba indefenso. Los hombres que iban con él lo ayudaron a entrar en Damasco. En los tres días siguientes no comió ni bebió.

Entretanto el Señor apareció a Ananías, un predicador que vivía en Damasco diciéndole "Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora" (9.11). Ananías se rehusaba a realizar esta misión porque había oído cuan cruelmente había perseguido Saulo a la iglesia y las muertes que había causado en Jerusalén. La noticia del propósito por el que Saulo había ido a Damasco había sido conocido antes, y esto ocasionaba la resistencia de Ananías. Pero el Señor se negó a escuchar las objeciones de su siervo Ananías, ordenándole que fuera con Saulo, que era un instrumento escogido para llevar el nombre de Cristo a los gentiles ante los reyes y a los hijos de Israel.

Cuando Ananías entró en casa de Judas, encontró un Saulo penitente que ahora creía que Jesús era el Cristo y que estaba tan profundamente arrepentido de sus culpas anteriores contra Cristo y la iglesia, que había determinado hacer todo lo que pudiera para servir a Dios rectamente. Ananías dijo a Saulo: "El Dios de nuestros padres. . . " (Hechos 22.14-15). "Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su hombre"(Hch. 22.16). Saulo fue bautizado, y habiendo comido fue reanimado. Desde ese día en adelante fue conocido como Pablo, uno de los apóstoles de Cristo.

De este caso de conversión se pueden aprender algunas verdades muy importantes. Podemos aprender por ejemplo, que es posible para una persona hacer un gran esfuerzo consciente y sincero en una idea religiosa que él cree que es correcta, pero que la sinceridad no es necesariamente una garantía de que lo que hace tiene la aprobación de Dios.

Saulo era un hombre tan sincero que pudo decir en una ocasión, "Yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy'' (Hechos 23.1). Saulo era honesto al perseguir la iglesia, pero su honestidad era equivocada. Saulo era consciente al tratar de extender la religión judaica, pero él estaba equivocado. Es posible por lo tanto que una persona sea honesta, conciente, severa y celosa, y sin embargo estar equivocada. Saulo era un hombre religioso, sin embargo, siendo religioso estaba equivocado. Si alguno hace una cosa equivocada, debe sufrir la consecuencia de su error; aunque haya sido sincera. Si alguien pusiera arsénico en la ensalada, creyendo sinceramente que este veneno era aderezo para la ensalada, moriría con toda seguridad, lo mismo que si deliberadamente pusiera ese arsénico en su organismo. Esta verdad es axiomática.

Notemos ahora las cosas que Saulo tuvo que hacer para ser convertido a la fe de Cristo. Nótese en primer lugar que Saulo creyó en Jesús como el Mesías. Su creencia fue resultado de la demostración celestial en el camino a Damasco. Por supuesto la creencia es un requisito de salvación y viene a través de la palabra. Aprendemos de los escritos de Pablo: "Así que la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios" (Romanos 10.17). Esta misma verdad es establecida por Juan con estas palabras: "Hizo además Jesús muchas otras señales. ... " (Juan 20.30-31).

El escritor de la carta a los Corintios dijo: "Pues ya que en la sabiduría de Dios. ... " (1 Corintios 1.21). Por lo tanto, no es extraño que encontremos en la carta a los Romanos esta afirmación: "Porque no me avergüenzo del evangelio. . . " (Romanos 1. 16). Pablo fue impulsado a creer por la revelación de la luz que lo cegó. Fue necesario que viera a Cristo resucitado y glorificado de manera a que él pudiera reunir los requisitos necesarios para ser apóstol. Por lo tanto, como no hay apóstoles en la actualidad, la gente tiene que creer solamente a través de la Biblia.

La segunda cosa que hizo Saulo para ser cristiano fue arrepentirse. Arrepentirse significa cambiar de actitud, determinar una nueva conducta, como se ilustra en la parábola de los dos hijos, en la que se habla de un padre que mandó a su hijo a trabajar en su viña. El hijo respondió "No quiero; pero después, arrepentido, fue" (Mateo 21.29). El sentido claro de este versículo es que él cambió de parecer y fue.

El arrepentimiento es pues un cambio de actitud. La actitud de Saulo cambió. El cambió de conducta, tomando una diferente. Cada persona, al venir a Cristo, debe arrepentirse. Jesús dijo: "Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente" (Lucas 13.3).

Enseguida Saulo fue bautizado con el fin de recibir el perdón de sus pecados, o como dijo Ananías "lavar" sus pecados. El bautismo es esencial, y esta bienaventuranza no debe ser negada a los que conocen y obedecen la Biblia. Jesús, al dar la gran comisión dijo: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16.16). El apóstol Pedro por inspiración del Espíritu escribió: "Los que en otro tiempo desobedecieran. . ." (1 Pedro 3.20, 21). Comparando lo que Pablo hizo para llegar a ser cristiano y lo que hicieron los judíos el día de Pentecostés para llegar a ser cristianos, se puede ver fácilmente que los requisitos del evangelio son siempre los mismos. A Pablo y a los judíos el día de Pentecostés se les mandó: 1) creer, 2) arrepentirse, 3) ser bautizados.

Es obvio que si nosotros hacemos exactamente lo que ellos hicieron, exactamente como ellos lo hicieron, seremos lo que ellos fueron - cristianos, solamente cristianos - nada más.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 11

Pregunta Número:

1. ¿Dónde nació Saulo?

2. Saulo estudió a los pies de ¿quién?

3. Saulo era sincero. ¿Sí? ¿No?

4 Saulo oyó una voz que le decía "¿Por qué me (¿qué?) ?"

5. Los hombres que iban con él, oyeron, pero no entendieron las palabras de la voz que venía del cielo. ¿Sí? ¿No?

6. Era necesario que Pablo viera a Cristo resucitado con objeto de que pudiera ser un apóstol. ¿Sí? ¿No?

7. El arrepentimiento es un cambio de actitud. ¿Sí? ¿No?

8. Saulo fue bautizado para impresionar a Judas. ¿Sí? ¿No?

9. "Ahora, pues ¿por qué de detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando (¿que?)"

10. Si hacemos hoy exactamente lo que hizo la gente del primer siglo al venir a Cristo, seremos ¿qué?

11. En la actualidad la gente debe creer por la palabra de Dios. ¿Sí? ¿No?

12. "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego". Romanos 1, ¿versículo no.?

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LECCIÓN 12

LOS PRIMEROS GENTILES CONVERTIDOS

En el capítulo diez de Hechos leemos acerca de los primeros gentiles convertidos al cristianismo. Esta historia es muy interesante, pues contiene información que es indispensable para los que desean un entendimiento completo de los requisitos fundamentales para ser miembro de la iglesia.

Cornelio era un hombre que vivía en la ciudad de Cesarea. El era un centurión (un oficial de alto rango en el ejército). Cornelio era un hombre que tenía autoridad, que era respetado en la ciudad y que tenía algunas posesiones. En la Escritura se le describe como un hombre devoto que temía a Dios, hacía muchas limosnas y oraba a Dios siempre. Un día Cornelio tuvo una visión en la que vio a un ángel de Dios. Esta visión lo atemorizó, y dijo: "¿Qué es, Señor?" La aparición celestial le respondió: "Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas" (Hechos 10.4-6).

Cuando el ángel se fue, Cornelio envió algunos de sus siervos con un soldado a la ciudad de Jope, con el objeto de invitar a Pedro para que viniera con ellos a Cesarea. "Mientras ellos iban por el camino ... Pedro subió a la azotea para orar"(10.9). Mientras oraba, vio los cielos abiertos y algo que descendía un gran lienzo, "que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo" (Hechos 10.11-16). Pedro fue turbado por esta visión, no entendió el significado de lo que había visto y oído. Mientras él meditaba acerca de esto, los hombres que había enviado Cornelio llegaron a la casa donde moraba Pedro. Pedro llegó a donde estaban los hombres, e instruido por el Espíritu Santo les dijo: "He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido? Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oir tus palabras" (Hechos 10.21-22). 

Al siguiente día Pedro y aquellos mensajeros, con seis cristianos de Jope, fueron a la ciudad donde vivía Cornelio. Este ya los esperaba, habiendo reunido a algunos familiares y amigos. Cuando Pedro entró a la casa donde estaba Cornelio, éste cayó a sus pies y le adoró. "Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo también soy hombre" (Hechos 10.26). Entonces entraron al cuarto donde toda la gente estaba reunida y Pedro les dijo: "Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?" (Hechos 10.28-29). Cornelio contestó a la pregunta de Pedro, diciendo: "Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado" (Hechos 10.30-33).

Entonces, Pedro empezó a predicar a aquella gente. El predicó el mismo mensaje que antes había pronunciado el día de Pentecostés, y cuando había sanado al hombre cojo. El habló a aquella gente de la vida de Cristo; de cómo los judíos lo habían crucificado sin causa; de su sepultura y resurrección al tercer día. Entonces Pedro dijo: "Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre" (Hechos 10.42-43). Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo cayó sobre ellos. Esto dejó atónitos a los hombres de Jope, que no concebían que Dios pudiera derramar sobre los gentiles el Espíritu Santo. Pedro, sin embargo, vio en esto el reconocimiento y la aprobación de los gentiles ante Dios; entonces mandó que Cornelio y sus amigos fueran bautizados.

Para apreciar debidamente la importancia de estos hechos, es necesario recordar que a través de toda la dispensación mosaica el pueblo gentil no tenía parte en los asuntos de Dios, mientras que la nación de Israel fue escogida por Dios para ser la depositaria de los estatutos y mandamientos de la ley de Moisés.

Los judíos recordaban constantemente la existencia de Dios y sus obligaciones para con él por medio de varias fiestas, hechos, ordenanzas y ceremonias. A causa de esto, los judíos pensaban que solamente ellos eran los elegidos. Por lo tanto, veían con disgusto, y a veces con odio, a las naciones gentiles. Todo el pueblo convertido el día de Pentecostés era judío. Ahora, por vez primera, los gentiles eran recibidos en el reino de Dios. Era, por lo tanto, absolutamente necesario que se produjeran algunas señales no usuales del cielo, con el objeto de confirmar el hecho que los gentiles podían ser recibidos en la iglesia, destruyendo así el prejuicio que existía en los judíos. Que esto era el propósito del don del Espíritu Santo en esta ocasión, no se puede negar examinando el siguiente hecho.

Cuando Pedro regresó a Jerusalén, encontró que los otros apóstoles y los hermanos de Judea se hallaban turbados a causa de que él había entrado en casa de un gentil y predicado la palabra. Pedro les explicó lo que había sucedido, hablándolos de la visión que había tenido, la voz que había oído y el Espíritu Santo que le había ordenado ir a Cesarea a predicar.

Les dijo como él había entrado en casa de aquel hombre, y cómo Cornelio le había hablado de la visita del ángel y lo que le había ordenado: "Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú y toda tu casa" (Hechos 11.13-14). Entonces, dijo Pedro: "Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?" (Hechos 11.15-17). Pedro apeló a este hecho extraordinario del Espíritu Santo para justificarse por haberse asociado con gentiles y por haberlos bautizado en el nombre del Señor Jesús. Puesto que Pedro habló por inspiración, podemos concluir positivamente que el propósito del don del Espíritu Santo, en esta ocasión, era quitar todas las dudas de las mentes de los hermanos judíos para aceptar al pueblo gentil. Por lo tanto, el don del Espíritu Santo, en esta manera y en esta ocasión, fue exclusivo para aquella gente: una dispensación especial por una razón especial. 

Una vez más llamamos la atención al hecho que los mandamientos dados por hombres inspirados, a aquellos que desean ser miembros del cuerpo del Señor, o sea la iglesia, son los mismos en todo el Nuevo Testamento. En realidad, parecería extraño si las leyes de Dios fueran un conjunto de mandamientos para un grupo de gentes que estuvieran en una situación determinada, y un conjunto de mandamientos diferentes para otro grupo distinto de personas bajo la misma situación. La verdad, para ser verdad, debe ser consecuente consigo misma. Es eternamente cierto que las cosas que son iguales a otra cosa, son iguales una a otra. La ley de Dios, por ser Verdad infalible, debe concordar siempre consigo misma. Lo que a una persona se le ordena hacer para convertirse en cristiana, debe concordar exactamente con lo que se ordena a otra persona para cumplir el mismo propósito. Nótese, por lo tanto, que estas personas primero oyeron la palabra. Recuérdese que "la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios" (Romanos 10.17).

Prestar atención honesta a la palabra, y pesar cuidadosamente las pruebas que da, conduce a creer. Cornelio y los que estaban con él eran conscientes y honestos; y porque oyeron las palabras de Pedro humildemente y las sopesaron sinceramente, creyeron. También se arrepintieron. En Hechos 11.18 se dice que cuando los apóstoles oyeron estas palabras callaron y glorificaron a Dios diciendo: "¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!" Finalmente se le ordenó bautizarse (Hechos 10.48). No se pueden ignorar los mandamientos de Dios impunemente. Jesús dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14.15).

Por lo tanto, como guardar los mandamientos de Jesús es demostración de que le amamos, y como amar a Jesús es obviamente esencial para la salvación, concluimos con que el bautismo es también esencial para la salvación. Es prerrogativa de Dios ordenar; es facultad del hombre obedecer.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 12

Pregunta Número:

1. Cornelio vivía en a ciudad de Jerusalén. ¿Sí? ¿No?

2. En una visión Cornelio vio un ángel de Satanás. ¿Sí? ¿No?

3. Cornelio y los que estaban con él eran conscientes y honestos. ¿Sí? ¿No?

4. La voz le dijo a Pedro que no fuera con los hombres a Cesarea. ¿Sí? ¿No?

5. Pedro dijo que Dios le había mostrado que era correcto llamar inmundas a las cosas comunes. ¿Sí? ¿No?

6. Pedro mandó que Cornelio y sus amigos fueran bautizados. ¿Sí? ¿No?

7. El Espíritu Santo cayó sobre los gentiles que oían las palabras de Pedro. ¿Sí? ¿No?

8. Pedro fue acompañado a Cesarea por otros hermanos de Jerusalén. ¿Sí? ¿No?

9. Los apóstoles y hermanos en Jerusalén decidieron no aceptar a los nuevos convertidos entre los gentiles. ¿Sí? ¿No?

10. Hch. 11.14: "Él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa". ¿Quién hablará estas palabras de salvación?

11. Guardar los mandamientos de Jesús es demostración de que le amamos. ¿Sí? ¿No?

12. El don del Espíritu Santo, en esta manera y en esta ocasión, fue exclusivo para aquella gente: una dispensación especial por una razón especial. ¿Sí? ¿No?

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LECCIÓN 13

LA JUSTIFICACIÓN POR FE

La Biblia establece que sin fe ningún hombre puede servir a Dios aceptablemente o ser salvo eternamente. "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11.6). En esta lección estudiaremos la fe que salva.

Hay diferentes clases de fe. Hay fe que salva y fe que no salva. En Mateo 15.28 leemos acerca de la "poca fe". Los demonios, por supuesto, no serán salvos, aunque leemos que "los demonios también creen y tiemblan" (Santiago 2.19). Nuevamente, en el evangelio según Juan, se hace esta afirmación: "Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios" (Juan 12.42-43). Jesús dijo: "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 10.32-33). Creencia y fe es lo mismo; vienen de la misma palabra de origen. Creer en Cristo y no confesarlo es tener la clase de fe que no salva. Esto nos obliga a preguntar: "¿Cuál es la fe salvadora?"

La fe comprende la creencia de que la muerte de Cristo fue por nuestra expiación. "A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús" (Romanos 3.25-26). "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3.16). Esta confianza en el mérito de la muerte de Jesucristo debe convertirse en fe segura de su intercesión por nosotros. "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (I Juan 2:1).

La fe incluye el hacer también la voluntad de Dios, pues el Salvador dijo: "Cualquiera, pues, que oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca" (Mateo 7.24). Después de su resurrección, Jesús dijo: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28.18-20). La meditación sincera sobre estos dos pasajes nos impulsará a ver que obedecer las palabras de Cristo es absolutamente necesario. Pero esto no quiere decir que el hombre pueda por si mismo obtener o merecer siempre el favor de Dios en esta vida o en la vida venidera. Esto quiere decir que, a menos que nuestra fe sea lo bastante fuerte, que nos obligue a obedecer los mandamientos de la palabra de Dios, no será lo suficientemente fuerte para salvamos. En Romanos 3.20 y 4.9-11, se afirma que Abraham fue salvo por la fe sin obras. Sin embargo, esta afirmación fue hecha con alusión especial a la ley mosaica, y particularmente al rito de la circuncisión. Abraham halló gracia en los ojos de Dios cuando su fe lo obligó a obedecer los mandamientos de Dios. Esto fue antes de dar los mandamientos a Moisés, y antes que la circuncisión fuera ordenada. Por lo tanto, encontramos gracia en los ojos de Dios por la fe y por medio del amor, sin obedecer la ley mosaica y sin observar el ya abolido rito de la circuncisión.

Uno de los estudios más completos del tema de la fe salvadora se encuentra en el libro de Santiago. "Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras" (Santiago 2.14-18). La última frase no admite que sea posible manifestar separadamente la fe de las obras, sino es más bien una declaración positiva de que ningún hombre puede mostrar su fe sin obras. Si usted cree que Dios es uno, y que Jesucristo es el Hijo de Dios, piense un momento, por favor, si es posible para usted mostrar esto a sus semejantes sin obras de obediencia. Es completamente imposible mostrar fe en ausencia de obras de obediencia. Por lo tanto, es esencial para nosotros, no únicamente oír las palabras de Jesús, sino hacerlas.

Santiago continua su argumento de la fe salvadora diciendo: "Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios" (Santiago 2.19-23). El hecho que Abraham, por fe, hizo lo que Dios le ordenó que hiciera, condujo a que Abraham fuera aprobado delante de los ojos de Dios. Sus obras de obediencia perfeccionaron su fe. Cuando Dios ordenó a Abraham ofrecer a Isaac en sacrificio sobre el altar, no desobedeció el mandamiento divino. Estos hechos de obediencia perfeccionaron la fe del gran patriarca Abraham, y por su fe perfecta fue salvo. Todo esto aconteció antes que la ley mosaica fuera dada, y antes de que el rito de la circuncisión llegara a ser una institución nacional. Por lo tanto, Abraham no fue salvo por las obras de la ley, sino porque obedeció, y su fe fue necesaria para ser aprobado delante de Dios.

Continua Santiago diciendo: "Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerte" (Santiago 2.24-26). Cuando el espíritu se separa del cuerpo físico sobreviene la muerte. El espíritu se eleva a Dios que lo dio, y el cuerpo es convertido en polvo. Cuando las obras están separadas de la fe, la fe está tan muerta como un cuerpo separado de su espíritu. El hombre no es (ni puede ser) salvo con algo que está muerto, sin vida, inactivo. Más bien, el hombre es salvo por una fe fuerte, viviente y activa; una fe que juntamente con las obras de obediencia no ponga en duda los mandamientos de Dios. Nuestra fe nos debe empujar a obedecer los mandamientos de nuestro Creador . En consecuencia, la fe que salva es la fe que obedece. La obediencia de fe es necesaria para nuestra aceptación delante de Dios (Romanos 16.26).

En el libro de los Hechos tenemos un ejemplo sobresaliente de esto en la conversión del carcelero de Filipos. Pablo y Silas estaban en prisión, pero Dios los soltó de sus cadenas por medio de un gran temblor. El carcelero se despertó, y se hubiera matado si Pablo no lo hubiera evitado. Cuando el carcelero se dio cuenta de lo que había pasado, preguntó: "Señores, ¿Qué debo hacer para ser salvo?" Pablo y Silas le respondieron: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa" (Hechos 16.30-31). Si ellos se hubieran detenido sin dar al carcelero más información acerca de Cristo, el hombre podría haber preguntado, como lo hizo el ciego de nacimiento: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?" (Juan 9.36). Fue necesario que Pablo y Silas le hablaran. "Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa" (Hechos 16.32). Indudablemente, ellos le hablaron al carcelero de los mandamientos de Cristo y de la comisión que Jesús había dado a los apóstoles: "Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuera bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16.15,16). Por lo tanto, dice: "Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios" (Hechos 16.33-34). No se dice que el carcelero creyera en Dios sino hasta después que él había perfeccionado su aceptación del mensaje, siendo bautizado en obediencia a los mandamientos de Jesús.

Este caso de conversión demuestra brillantemente la verdad innegable que la fe para salvar debe ser obediencia a la voluntad de Dios. No que ningún hombre no pueda merecer salvación, sino que el hombre debe hacer algo para recibir el don de Dios. Nosotros debemos siempre recordar que las palabras "fe y creencia", son términos comprensibles y que incluyen obediencia a la voluntad de Dios. En Hechos 2.38 Pedro ordenó a los judíos creyentes a arrepentirse y ser bautizados para recibir el perdón de sus pecados. Por fe ellos obedecieron sus palabras. Por lo tanto: el bautismo para la remisión de los pecados significa justificación por la fe.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 13

Pregunta Número:

1. "Sin (¿qué?) es imposible agradar a Dios"

2. Es imposible mostrar fe sin obras de obediencia. ¿Sí? ¿No?

3. El carcelero de Filipos mostró su fe en Dios siendo (¿qué?) en obediencia a los mandamientos de Cristo.

4. El bautismo para la remisión de los pecados es justificación por la (¿qué?).

5. Santiago dice: "La fe sin obras es una fe salvadora". ¿Sí? ¿No?

6 La fe salvadora es obedecer los mandamientos de Dios. ¿Sí? ¿No?

7. La fe de Abraham fue perfecta por ningún obra de obediencia. ¿Sí? ¿No?

8. El hombre es justificado por creer en Cristo y obedecer sus mandamientos. ¿Sí? ¿No?

9. "Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación". Romanos 10, ¿versículo no.?

10. "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor". Gálatas 5, ¿versículo no.?

11. "Para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios". 1 Corintios 2, ¿versículo no.?

12. " Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos". 1 Juan 5, ¿versículo no.?

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LECCIÓN 14

LA SALVACIÓN POR GRACIA

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2.8-9). La salvación es el tema central de la Biblia. Desde antes de la fundación del mundo, Dios formuló el plan de enviar a su Hijo como sacrificio perfecto para la redención del hombre. En el Nuevo Testamento, la salvación es destinada a varias cosas. Cada una de ellas se menciona en el Nuevo Testamento como necesaria para la salvación del hombre, relacionándolas con otras cosas también esenciales. En el versículo que estudiaremos en esta lección, la salvación se destina a dos cosas: gracia y fe. Nuestra primera consideración será aprender la naturaleza de la gracia y la parte que ésta juega en nuestra redención. 

La gracia se ha definido como favor inmerecido; y sin embargo, siendo una buena definición de esta palabra, fracasa al no damos un significado que la abarque en su profundidad. Pero podemos entender mejor la naturaleza y el carácter de la gracia si estudiamos las manifestaciones de ella.

La creación es claramente un acto de gracia. Cuando Dios puso orden en el caos, el hombre no había sido creado todavía. Por lo tanto, el hombre no tenia en qué intervenir en el presente orden de cosas. Dios creó el mundo para la felicidad del hombre, y por lo tanto, como el hombre no merecía este acto de Dios, la creación es resultado de su gracia.

Otro ejemplo del favor no merecido de Dios para el hombre es el don inapreciable de su Hijo. El apóstol Pablo escribió con respecto a Cristo: "El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Filipenses 2.6-8). Nos sentimos conmovidos ante semejante muestra de amor hacia nosotros. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3.16). Con el apóstol Pablo humildemente decimos: "¡Gracias a Dios por su don inefable!" (2 Corintios 9.15). El don del Hijo de Dios, absolutamente necesario para la salvación eterna del hombre, fue el resultado de un favor inmerecido de parte de Dios. Por lo tanto, fue de gracia.

En conexión con el don del Hijo de Dios, debemos notar también el sacrificio que el Hijo hizo por nosotros. Dios es justo, y por lo tanto no podría perdonar al hombre pecador. Con el fin de perdonar al hombre y mantener al mismo tiempo su atributo de justicia, Dios dispuso que el Hijo viniera y sacrificara su vida, derramando su sangre. Este sacrificio perfecto sin pecado, es la causa por la cual Jesús obtuvo el juicio de Dios favorable para nosotros. Sin la sangre de Cristo no podría haber salvación. "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre" (Apocalipsis 1.5). "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1.7). ¿Quién podría decir que merece el sacrificio del Hijo de Dios? La sangre de Cristo, es por lo tanto, otro ejemplo de la gracia de Dios.

Otra prueba de la gracia de Dios se ve en que nos dio una guía infalible e inspirada: la Biblia. La palabra de Dios es esencial para nuestra salvación, Pablo escribió: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego" (Romanos 1.16). Y otra vez: "Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Corintios 1.21). El mensaje que se ha de predicar es, por supuesto, la palabra de Dios. Juan escribió: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20.30-31). Estos versículos se combinan para mostrarnos lo esencial que es la Biblia en el plan de salvación. Debemos tener la palabra para dirigirnos, aconsejamos y guiarnos. Sin embargo, el hombre no lo hizo y no puede hacer nada para merecer tan inapreciable don. Por lo tanto, la palabra es una demostración del favor inmerecido que recibimos de Dios. Esto es producto de la gracia.

Otros versículos podían citarse como parte de la gracia de Dios, pero éstos son suficientes para dar al estudiante una idea clara de lo que significa ser salvo por gracia como dicen las Escrituras. Nosotros podemos ver inmediatamente, que la gracia es innegablemente esencial para nuestra salvación eterna. La salvación del hombre es completamente por gracia de parte de Dios y completamente por fe de parte del hombre. La gracia de Dios ha aparecido trayendo salvación a todos los hombres. Dios ha hecho todo lo necesario para cumplir su parte en la salvación del hombre. El ha hecho todo lo posible, sin comprometer su justicia. Ahora resta que el hombre acepte la gracia y el favor de Dios. Esto se hace a través de la fe. La fe es la aceptación de Dios, de Cristo y del Espíritu Santo, y poner toda la confianza en ellos de manera que podamos obedecer sin objetar cada mandamiento de Dios, dado en la Escritura. La fe que salva, es la fe que obedece, La Biblia nos habla de cómo por fe se acepta la gracia de Dios: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3.9). Como clímax de nuestro retorno inicial a Dios, también se nos dice: "¿0 no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva" (Romanos 6.3-4).

Pablo nos dice que por el bautismo somos sepultados en la muerte de Cristo, y puesto que en su muerte Cristo derramó su sangre, es entonces por el bautismo como nos ponemos en contacto con la sangre de Jesús. La sangre de Cristo es el medio que Dios ha usado en la economía divina para limpiar al hombre de sus pecados y para hacerlo completamente aceptable. Esto no quiere decir que la acción del hombre se halla en la naturaleza de merecer la salvación, porque esta idea es contraria a la enseñanza de las Escrituras. Esto significa simplemente que el hombre debe demostrar su creencia y su confianza en Dios, por medio de los actos de obediencia. Un ejemplo clásico de esta verdad se encuentra en 2 Reyes 5, donde leemos de cierto oficial del ejército sirio llamado Naamán. El había contraído la desagradable enfermedad de la lepra. En su casa estaba una sierva israelita, quien le comentó a la esposa de Naamán que en Israel vivía un profeta que podía curarle. Naamán fue a la tierra de Israel, a la casa de Eliseo el profeta. Cuando Naamán estuvo ante la humilde morada de Eliseo, el profeta supo inmediatamente el objeto de la visita, enviando un mensajero a Naamán que le dijera: "Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio" (2 Reyes 5.10). Esto hizo que Naamán se enojara y se fuera diciendo: "He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?" (2 Reyes 5.11,12). Naamán, como muchos hombres hoy, daba más importancia a lo que él pensaba que a lo que Dios había mandado. Este capitán sirio fue convencido cuando uno de sus siervos le preguntó: "Si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías?" (2 Reyes 5.13). Naamán se dio cuenta de lo torpe que habia sido; fue al río Jordán, sumergiéndose siete veces como le habia sido ordenado. Cuando salió del río estaba curado. ¿Qué fue lo que limpió a Naamán? Ciertamente no fue el agua del río Jordán, porque si ésta hubiera poseído algún poder para limpiar la lepra, seguramente todos los leprosos del país habrían sido limpios. Obviamente, Naamán fue limpio por el poder de Dios; pero el poder no le sirvió a Naamán hasta que creyó al mensajero de Dios y demostró su confianza haciendo lo que le había sido ordenado.

Lo mismo sucede con nosotros: somos salvados por la gracia de Dios, pero para que nos alcance el poder de Dios debemos hacer ciertas cosas. No somos salvos por las cosas que hacemos, pero las cosas que hacemos nos traen hacia la gracia y la misericordia de Dios. Es como si alguna persona benevolente nos ofreciera un regalo valioso por hacer ciertas cosas. Dios ofrece salvación al hombre. No hay nada que el hombre pueda hacer para merecer dicha salvación, pero sí hay algo que nosotros debemos hacer para que la gracia de Dios nos sea aplicada, trayéndonos el beneficio de la salvación. Somos salvos por la gracia de Dios, y por nuestra fe, pero no es por obras, para que el hombre no pueda gloriarse.


 PRUEBA DE LA LECCIÓN 14

Pregunta Número:

1. Salvación es el tema central de la Biblia. ¿Sí? ¿No?

2. Una definición de gracia es favor inmerecido. ¿Sí? ¿No?

3. El medio que Dios ha usado para limpiar al hombre de sus pecados es la sangre de Cristo. ¿Sí? ¿No?

4. Nos ponemos en contacto con la sangre de Cristo por medio de bautismo. ¿Sí? ¿No?

5. Naamán fue limpio por la imposición de las manos de Eliseo sobre la lepra. ¿Sí? ¿No?

6. El hombre acepta la gracia y el favor de Dios a través de la sabiduría del mundo. ¿Sí? ¿No?

7. "Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo". Juan 1, ¿versículo no.?

8. "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre". Apocalipsis 1, ¿versículo no.?

9. "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia". Efesios 1, ¿versículo no.?

10. "Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres". Tito 2, ¿versículo no.?

11. Pablo dice "Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva". Romanos 6, ¿versículo no.?

12. "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento". 2 Pedro 3, ¿versículo no.?

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LECCIÓN 15

LA AUTORIDAD RELIGIOSA

En cualquier consideración religiosa, el asunto más importante es la verdad. La gente por lo general aprecia y desea la verdad. La mayor parte de la gente consciente y sincera busca conocer la verdad. Esta importancia es enfatizada por los escritores del Nuevo Testamento. Jesús dijo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8.32). La libertad es el lema de nuestros países. Jesús hablaba acerca de una libertad en un sentido más alto y más noble: libertad del pecado y de la servidumbre de Satanás. Cristo nos dice que esta suprema libertad puede obtenerse a través de la verdad.

Pedro dijo: "Habiendo purificado vuestras almas por obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1 Pedro 1.22). Dios es puro y no puede recibir lo que no es puro. Si nosotros queremos ver la faz de Dios, debemos tener nuestros corazones purificados. Pedro nos dice que esta purificación se obtiene por medio de la verdad. Jesús dijo: "Santifícalos en tu verdad" (Juan 17.17). Solamente los santos recibirán herencia en las mansiones que Cristo prepara para los fieles. La santificación es consumada a través de la verdad.

El asunto supremo de esta y de cualquier época es lo concerniente a la salvación. Nada es más importante. Este asunto merece nuestra atención constante. Santiago dice: "Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas" (Santiago 1.21). La palabra de Dios es verdad, por lo tanto somos salvos por la verdad. Jesús dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14.6). El hombre se separa de Dios cuando peca. Su principal problema consiste en ser reconciliado con Dios o venir al Padre. El Señor nos dice que esto se realiza a través de la verdad. La Escritura podría ser multiplicada para establecer el punto de que la verdad es lo más importante: Salva, purifica, santifica, liberta, y nos lleva a Dios. Debemos tener la verdad.

La única verdad absoluta, concreta, cierta o infalible conocida por el hombre, es la verdad de la palabra de Dios. Jesús dijo: "Tu palabra es verdad" (Juan 17.17). Debemos respetar la palabra de Dios como la única autoridad en materia religiosa y obedecerla en sus detalles más pequeños. No hay nada superfluo o innecesaria en la palabra de verdad. No hay cosas no esenciales en el Nuevo Testamento. La indiferencia a los mandamientos de la palabra de Dios, que trae como consecuencia la perdición eterna de un alma, es un precio demasiado grande que se paga por negligencia o falsa lealtad. Nuestra actitud debe ser la actitud del profeta del Antiguo Testamento que dijo: "Habla, Jehová, por tu siervo oye" (1 Samuel 3.9). La importancia de obedecer la verdad fue enfatizada por Jesús cuando dijo: "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, lo compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina" (Mateo 7.24-27).

Santiago nos amonesta: "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace" (Santiago 1.22-25). Uno de los versículos más impresionantes de las Escrituras en el Nuevo Testamento dice: "Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10.5). Conocer la enseñanza del Nuevo Testamento, pero negarse a obedecer, es profanar a Cristo y ofender a Dios. Exaltemos el relato infalible del Nuevo Testamento en nuestros pensamientos y en nuestras vidas, dejando toda excusa y toda razón falsa para justificarnos por nuestra desobediencia. Que esta exaltación seriamente nos impulse a hacer lo que Cristo el Señor nos ha mandado, sabiendo que "Y vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder" (2 Tesalonicenses 1.7-9).

Obedecer la palabra de Dios es de tal importancia, que es absolutamente necesario para nosotros tener una actitud conveniente hacia la revelación divina; no permitiéndonos nunca caer en el error de pensar que la palabra de Dios no es perfectamente clara, o que enseña más de una cosa en un tema dado. Si nos acercamos al estudio de estos documentos importantes por encima de todo, con la idea de que no podernos entender lo que leemos, nos condenamos a la confusión y a la congoja. Debemos reconocer que la naturaleza de Dios afirma que él no podría dar al hombre una revelación tan compleja y confusa que el hombre no pudiera entenderla. El hecho real es que si Dios nos ha dado la Biblia, ordenándonos estudiarla y seguirla, es evidente que la podemos entender.

La verdad, para ser verdad, debe ser compatible consigo misma. Esto es indiscutible. Dos más dos son cuatro; por lo tanto, dos más dos nunca pueden ser siete. Si creemos que el Nuevo Testamento es verdadero, entonces debemos creer que éste está de acuerdo consigo mismo. En la naturaleza misma de las cosas, la verdad no puede enseñar dos ideas opuestas. Cuando este principio fundamental e innegable sea reconocido y aceptado por todos nosotros, entonces todos seremos uno, religiosamente hablando. Podemos mal interpretar el Nuevo Testamento y discrepar de cualquiera otra ideología, pero cuando entendamos el Nuevo Testamento, no habrá diferencias entre nosotros. La verdad no es propiedad privada de ningún hombre o grupo de hombres. Ninguno de nosotros puede pretender tener una verdad exclusiva. La verdad es libre y nos pertenece dondequiera que se encuentre. Nosotros debemos, por lo tanto mantener nuestras mentes despiertas para recibir la verdad. El prejuicio es una equivocación que a menudo ha hecho que muchas almas se pierdan. Guardémonos contra los prejuicios en cualquiera de sus formas, y hagámonos el propósito de encontrar la verdad y el beneficio de ésta.

La verdad en la forma en que se encuentra en el Nuevo Testamento es la autoridad suprema en asuntos religiosos. No nos engañemos creyendo que nuestros sentimientos o que el pensamiento humano es un substituto aceptable de la revelación. Si los sentimientos se ponen como autoridad en religión, entonces tenemos tantas autoridades como gente que haya, pues toda la gente tiene sentimientos. Si el pensamiento humano es una autoridad aceptable en religión, entonces tenemos tantas autoridades como gente que haya. Determinémonos a tener la verdad pura. Insistamos en un: "Así dijo el Señor". Exijamos una referencia bíblica para cada creencia y práctica. Volvámonos y hablemos donde la Biblia habla y callemos donde la Biblia calla. Llamemos a las cosas bíblicas con nombres bíblicos y hagamos todas las cosas como la Biblia manda. "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén" (1 Pedro 4.11),

Que una actitud espiritual prevalezca, y que podamos nosotros tener una unidad perfecta y organizada, no teniendo como bases compromisos o sacrificios de convicción, sino únicamente una base bíblica. Estrechemos nuestras manos por medio de la Biblia y permanezcamos firmes en esa roca inalterable, sabiendo que Dios está siempre en su trono mirándonos, y que todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que le aman y caminan de acuerdo a la verdad de su palabra incomparable.


PRUEBA DE LA LECCIÓN 15

Pregunta Número:

1. Sabemos que la verdad nos hará libres. ¿Sí? ¿No?

2. Jesús dijo, "Santifícalos en tu verdad" en Juan 17, ¿versículo no.?

3. El hombre se separa de Dios cuando peca. ¿Sí? ¿No?

4. "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos". Santiago 1¿versículo no.?

5. La verdad en la forma en que se encuentra en el Nuevo Testamento es la autoridad suprema en asuntos religiosos. ¿Sí? ¿No?

6. En materia de religión debemos seguir la Biblia solamente. ¿Sí? ¿No?

7. "Habiendo purificado vuestras almas por obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro". 1 Pedro 1, ¿versículo no.?

8. Al fin del tiempo, Cristo vendrá en fuego flameante tomando venganza de aquellos que no obedecen el evangelio. ¿Sí? ¿No?

9. "Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo". 2 Corintios 10, ¿versículo no.?

10. "Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas". Santiago 1, ¿versículo no.?

11. "Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia". Romanos 2, ¿versículo no.?

12. "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios". 2 Pedro 4, ¿versículo no.?

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LECCIÓN 16

LA RESTAURACIÓN

La iglesia fue establecida en el primer Pentecostés después de la resurrección de Cristo. Durante un tiempo la iglesia tuvo un crecimiento extraordinario. El cristianismo se extendió a todos los rincones del mundo, entonces conocido e influyó sobre el pensamiento de la gente en el primer siglo. Sin embargo, los apóstoles y otros escritores inspirados del Nuevo Testamento hablaron a los discípulos, que la iglesia apostataría y caería de la verdad, llegando a ser tan corrompida que ya no podría ser reconocida como la iglesia que Jesús edificó. El consejo de Dios es inmutable y estas cosas sucedieron así. La historia secular nos habla del desarrollo de una jerarquía eclesiástica que destruyó toda apariencia de espiritualidad en la iglesia. De hecho, la iglesia apóstata llegó a ser tan corrompida, que literalmente vendía el derecho de pecar, con objeto de reunir dinero para reconstruir la catedral de San Pedro.

Esta evidente violación de las enseñanzas del Nuevo Testamento y otros pecados de parte de los dirigentes religiosos, impulsó a Martín Lutero y a sus contemporáneos a pronunciarse en contra de esta acción pecaminosa de la iglesia. La intención de Martín Lutero y sus seguidores fue reformar la iglesia apóstata convirtiéndola en lo que una vez había sido: la verdadera iglesia de Cristo. Pero la iglesia apóstata siguió siendo en el mundo tan corrompida como siempre lo había sido. Con todo su valor, celo, buena disposición, y nobles intenciones, los reformadores no pudieron sino dar vida a las condiciones sectarias y denominacionales que ahora se multiplican por el mundo.

Durante el siglo XIX, un grupo de personas temerosas de Dios, al revisar la historia religiosa del mundo, se espantaron al descubrir la información que ha sido brevemente bosquejada aquí. Estas personas se encontraban afiliadas a instituciones denominacionales de varias clases, sosteniendo ellos mismos sus organizaciones sectarias; sin embargo, ellos decidieron renunciar a todas las ordenanzas humanas y salir del denominacionalismo con el objeto de restaurar para el mundo el cristianismo del Nuevo Testamento, original y apostólico. Con gran valor se impusieron la tremenda tarea de conseguir este objetivo, sabiendo que si tenían éxito en volver el mundo hacia el cristianismo prístino, podrían ofrecer a cada persona sincera una oportunidad para unirse con otras personas sinceras de disposición religiosa con aspiraciones comunes. Resolvieron rechazar y repudiar los credos humanos, manuales, catecismos y disciplinas; liberarse de los dictados de sínodos, conferencias y concilios; y regresar a la Biblia y solamente a la Biblia. Determinaron estudiar sus Biblias con sumo cuidado y hacer exactamente lo que la Biblia ordenaba, exactamente en la misma dirección que marca la Biblia. De esta manera ellos pensaron que podían restaurar para el mundo la iglesia que Jesús edificó.

La base para esta idea de restauración se encuentra en las Escrituras. En su famosa y hermosa parábola del sembrador, Jesús dijo: "Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios" (Lucas 8.11). En la parábola del sembrador, nuestro Maestro habló de cómo su reino, la iglesia, crecería en los corazones buenos y honestos. En esta interpretación inspirada de su parábola, Jesús declara que la simiente del reino es la palabra de Dios. Es una ley irrevocable de la naturaleza que una semilla produzca frutos de su propio género. La palabra de Dios es la simiente del reino de Dios. Cuando la palabra no adulterada se planta en corazones honestos y buenos, el reino de los cielos, o sea la iglesia de Cristo, será el resultado: No más, no menos.

Una simple ilustración de esta profunda verdad la vemos todos los días en las obras de la naturaleza. Si en el año 33 D.C. un hombre hubiera sembrado una semilla de durazno, ésta habría crecido y se habría convertido en un árbol de durazno; si él plantara esta semilla en el campo hoy, y la rodeara de cuidados, la semilla germinaría y no produciría sino un árbol de durazno. No sería necesario para este hombre tener una sucesión de árboles de durazno a través de cada generación. Solamente sería necesario para él tener la semilla del durazno original. Esta misma cosa es verdad en cuanto a la iglesia. Cuando nosotros plantamos la misma semilla que plantaron los apóstoles, solamente brotará la misma institución que había en tiempo de los apóstoles. No es necesario para nosotros probar una sucesión de la iglesia de Cristo original. La única cosa realmente necesaria es estar seguros de que poseemos la semilla original. Este es el argumento de la Restauración. Prestemos atención a la admonición y aviso del apóstol Pedro, que escribió: "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén" (1 Pedro 4.11).

Hablemos donde la Biblia habla y callemos donde la Biblia calla. Llamemos a las cosas bíblicas con sus nombres bíblicos y hagamos todas la cosas de una manera bíblica. No es difícil ver que ningún hombre estaría ansioso de dejar un nombre humano, un credo humano y una organización humana, para aceptar otro nombre humano, otro credo humano y otra organización humana. Pero es en extremo difícil ver cómo cualquier hombre se podría resistir a dejar las cosas de origen humano con el objeto de buscar un nombre divinamente aprobado, ser dirigido por un libro divinamente inspirado e infalible y ser parte de la iglesia por la cual nuestro Maestro murió. Las ideas del modernismo; infidelidad y ateísmo con todas sus sombras se abaten sobre la dividida condición de la cristiandad. Cada persona que no se encuentre decepcionada y es verdaderamente un discípulo de Jesús, querrá ser unida con otros discípulos sinceros de Jesús. De hecho, el Nuevo Testamento nos ordena con un lenguaje inequívoco estar perfectamente unidos.

Pablo escribió: "Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer" (1 Corintios 1.10). Jesús oró: "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mi por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17.20-21). Pablo ordenó: "Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos y en todos" (Efesios 4.1-6).

Podrían multiplicarse las citas para mostrar que éstas son una verdad sin disputa, y que una de las doctrinas más enfáticas del Nuevo Testamento es que los discípulos de Jesús deberían gozar de una unidad perfecta, completa y orgánica. El único camino en que esto puede ser obtenido por nosotros es permanecer firmemente apegados a la palabra inalterable e inmutable de la verdad eterna de Dios. Si nosotros queremos despojarnos de toda práctica que no tenga bases más altas que la autoridad divina; si nosotros queremos dejar nuestros nombres humanos y nuestra organización humana para aceptar el nombre divinamente aprobado, y seguir el camino divinamente aprobado, entonces todos seremos una misma cosa religiosamente hablando. Seamos cristianos y únicamente cristianos: únicamente esto y nada más. Sigamos la Biblia y únicamente la Biblia; seamos miembros de la iglesia por la cual nuestro Maestro murió. "Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo" (Romanos 16.16).


PRUEBA DE LA LECCIÓN 16

Pregunta Número:

1. La iglesia fue establecida el primer Pentecostés después de la resurrección de Cristo. ¿Sí? ¿No?

2. La intención de Martín Lutero y sus seguidores fue reformar la iglesia apóstata convirtiéndola en lo que una vez había sido: la verdadera iglesia de Cristo. ¿Sí? ¿No?

3. En la parábola del sembrador, Jesús dijo "Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios". Lucas 8, ¿versículo no.?

4. Cuando la palabra no adulterada se planta en corazones honestos y buenos, el reino de los cielos, o sea la iglesia de Cristo, será el resultado. ¿Sí? ¿No?

5. "Hablemos donde la Biblia habla y callemos donde la Biblia calla. Llamemos a las cosas bíblicas con sus nombres bíblicos y hagamos todas las cosas de una manera bíblica" es el argumento de la restauración. ¿Sí? ¿No?

6. El Nuevo Testamento nos ordena estar perfectamente unidos en 1 Cor. 1, ¿versículo no.?

7. Jesús oró que todo aquel que en él creyera debería ser unidos. ¿Sí? ¿No?

8. En Efesios 4.1-6, ¿cuántos cuerpos hay, cuántos Señores hay, cuántos bautismos hay y cuántos Espíritus hay?

9. Durante el siglo XIX, un grupo de personas temerosas de Dios, que se encontraban afiliadas a instituciones denominacionales de varias clases, decidieron restaurar el cristianismo del Nuevo Testamento. ¿Sí? ¿No?

10. En cumplimiento de esta restauración es necesario estudiar la Biblia cuidadosamente y hacer exactamente lo que dicen los mandamientos bíblicos. ¿Sí? ¿No?

11. "Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése si tiene al Padre y al Hijo". 2 Juan ¿versículo no.?

12. "Así que la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios". Romanos 10, ¿versículo no.?


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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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