AUTORIDAD DIVINA

 

¿Por qué las iglesias de Cristo no incluyen instrumentos mecánicos de música en el culto?

Respuesta: No hay autoridad divina para su uso. Pedro comprometió a la iglesia para dar respuesta a aquéllos "sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Pedro 3.15).

La dirección divina es imperativa

Ninguna persona es suficientemente inteligente para ser guía religiosa de otros. El pensamiento es tan claro como exclamó el profeta cuando escribió, "Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos" (Jeremías 10.23).

Un ejemplo es suficiente para demostrar que ser "auto dirigido" es fatal como lo era en el período de los jueces. "En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía" (Jueces 21.25). Con esta falta de dirección divina, el libro Jueces describe cómo el pueblo de Dios entró a uno de los períodos más oscuros en el Antiguo Testamento.

Es esencial tener la autoridad para cada cosa enseñada y practicada. Pablo afirma esto cuando escribe, "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él" (Colosenses 3.17).

El devoto religioso popular ofrece una variedad de tipos de autoridad. Un columnista afirmó, "Las iglesias populares pelean interminablemente sobre quién tiene la mayor autoridad: la Escritura, la tradición o la razón".

Sin embargo, algunos religiosos son como aquéllos que cuestionaron a Jesús cuando él estaba enseñando. Ellos preguntaron, "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?" (Mateo 21.23). Incluso los falsos maestros comprenden que debe haber autoridad para lo que se enseña.

La fuente divina de la autoridad

La fuente exclusiva para la autoridad es la revelación divina. El Soberano Dios reveló la Biblia. La autoridad en religión no viene de la iglesia.

Dios, nuestro Soberano, es digno del amor completo y de la rendición de los hombres. "Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mateo 22.37). Dios ha revelado su autoridad - a través del Espíritu (1 Corintios 2.10). El Padre envió el Espíritu, el Consolador, a los apóstoles para guiarlos "a toda la verdad" (Juan 16.13).

Cristo tiene toda la autoridad

Jesús declaró su autoridad al presentar las condiciones de la salvación. El dijo, "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mateo 28.28). Su autoridad es universal, en el cielo y en la tierra. El Padre reconoció dos veces la condición de Cristo - una en su bautismo (Mateo 3.17) y la otra en su transfiguración (Mateo 17.5).

El que rechaza a Cristo corre peligro en el juicio. "El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero" (Juan 12.48).

Cristo cumplió la profecía mosaica mostrando la importancia de aceptar su autoridad en "todas las cosas". "Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo" (Hechos 3.22-23).

Jesús es descrito como "Señor de señores y Rey de reyes" (Apoc. 17.14). De esta manera, él tiene autoridad suprema.

Dos títulos de Cristo que describen su autoridad son "Cabeza" de la iglesia y el "Pastor Principal".

La cabeza controla y dirige el cuerpo entero, y esto es verdad para el cuerpo, la iglesia. "Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo" (Efesios 1.22-23).

Como pastor principal, él dirige a los demás pastores y al rebaño entero. "Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria" (1 Pedro 5.4).

El Nuevo Testamento es el credo divino

Una serie de pasajes claramente enseña que el Nuevo Testamento debe ser nuestra única regla para la fe y la práctica. Pedro, Pablo y Judas están claros que la palabra de Dios debe guiarnos.

"Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén" (1 Pedro 4.11).

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Timoteo 3.16-17).

"Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina" (2 Timoteo 4.2).

"Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Judas 3).

Jesús enseñó que "la Escritura no puede ser quebrantada" (Juan 10.35).

La Biblia manda "Teme a Dios, y guarda sus mandamientos" (Eclesiastés 12.13).

Esto es similar a lo que Dios dijo a Josué: "Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a goda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas" (Josué 1.7).

Actitudes correctas hacia la autoridad

Cuando el primer sermón del evangelio fue predicado por Pedro en el Día de Pentecostés, las personas sinceras que "recibieron su palabra fueron bautizados" (Hechos 2.41).

Los de Berea "recibieron la palabra con toda solicitud" (Hechos 17.11).

Los de Tesalónica "recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios" (1 Tesalonicenses 2.13).

La actitud apropiada debe ser lo que Elí dijo al joven Samuel cuando Dios lo llamó. El dijo para responder, "Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar" (1 Samuel 3.9).

Debemos saber ciertamente que a la Biblia no se le debe "agregar" ni "quitar". Solemnes advertencias fueron dadas en el Antiguo Testamento contra cambiar la revelación divina. Moisés escribió, "No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno" (Deuteronomio 4.2).

El también declaró: "Cuidarás de hacer todo lo que yo de mando; no añadirás a ello, ni el ello quitarás" (Deuteronomio 12.32).

Salomón dio la misma advertencia. "No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso" (Proverbios 30.6).

En el Nuevo Testamento la misma advertencia es dada a cualquiera que quiera cambiar la enseñanza de inspiración: "Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecia de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro" (Apocalipsis 22.18-19).

Juan escribió que era serio ir más allá de la enseñanza apostólica. El dijo, "Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo" (2 Juan 9).

Dios es siempre recto: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Isaías 55.8-9).

"De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado" (Romanos 3.4).

Es locura regresar a Dios y preguntar si Él tiene más que decir. Balaam dijo, "Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová" (Números 22.19). Cuando Dios ordena en el momento, eso es suficiente.

¿Qué significa autoridad de Dios para nosotros?

Puesto que las personas no tienen la autoridad final, una iglesia o asociación no puede hacer las leyes religiosas divinamente aprobadas. Además, las personas no pueden cambiar o modificar las leyes de Dios, y ser aceptables a Dios. Ningún credo de hombres puede guiar a la iglesia. La iglesia del Nuevo Testamento no puede ser controlada por una jerarquía o convención. Ninguna persona puede asumir ser el Papa o un Diótrefes (3 Juan 9-10).

Profesores de Biblia y predicadores deben abstenerse de decir, "creo de este modo y así"; sino más bien, siempre declarar, "La Biblia dice de este modo y así". A veces vemos una etiqueta en el parachoques que se lee, "Dios lo dijo; la Biblia lo revela; y yo lo creo"; alguien agregó, "Si yo no lo creo, todavía es verdad".

¿Cómo aprendemos la autoridad de Dios?

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo" (Hebreos 1.1-2).

Dios ha hablado "por su Hijo". Debemos venerar lo que Jesús dijo y lo que él autorizó para ser dicho y escrito. Debemos recibir gustosamente las órdenes de Jesús, fielmente debemos seguir los ejemplos apostólicos aprobados, y debemos aceptar cada inferencia necesaria de revelación.

¿Cómo podemos rechazar la autoridad?

Aquí están varias maneras de rechazar y pecar contra Dios:

Por omisión y abandono. "Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Santiago 4.17). "¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron" (Hebreos 2.3).

Por perpetración. "Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3.4).

Por no permanecer en las enseñanzas de Jesús. "Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo" (2 Juan 9).

Por violar nuestra conciencia. "Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado" (Romanos 14.23).

Por pecados presumidos. "Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí" (Salmos 19.13)."Ordena mis pasos con tu palabra. Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí" (Salmos 119.133). "Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona sea cortada de en medio de su pueblo" (Números 15.30).

Por seguir nuestro propio testamento con respecto al servicio y adoración. "Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne" (Colosenses 2.23).

Ejemplos de quienes rechazaron la autoridad

Hay numerosos ejemplos de aquéllos que hicieron las elecciones equivocadas y entonces sufrieron una sanción:

Adán y Eva: Génesis 3

Moisés: Números 20

Saúl: 1 Samuel 15

Nadab y Abiú: Levítico 10

Uzías: 2 Crónicas 26

¿Qué se deja a nuestro juicio?

Si Jesús nos dice que hagamos algo, pero no nos dice cómo hacerlo, podemos obedecerlo haciendo la cosa ordenada de la forma que no viole un principio de la Biblia.

Si Jesús nos dice que hagamos algo específico y calla con referencia a todas las otras cosas en la misma categoría, entonces estamos limitados a la cosa especificada.

Cristo no podría ser un sacerdote levítico porque él era de la tribu de Judá, no de Leví. "Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio" (Hebreos 7.14).

Desde que la Ley de Moisés requirió sacerdotes de Leví, esto excluyó a Cristo que era de Judá. El es nuestro sumo sacerdote, pero del orden de Melquisedec, no de Leví (Hebreos 7.11-17).

Oramos al Padre a través de Cristo, el Mediador. "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo" (Juan 14.13). "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2.5). Esto excluye orar a la Virgen María como la mediadora o a cualquiera de los muertos santificados.

Una jerarquía eclesiástica para gobernar la iglesia está equivocada porque Cristo es la cabeza suprema y el Pastor Principal de la iglesia.

Autoridad es la razón

Los fieles discípulos de Jesús no usan los instrumentos mecánicos en el culto porque no hay autoridad para esto. Jesús nos dijo que cantáramos. Cantar es una música específica. Desde que Jesús ordenó la música específica (cantando) en el culto a Dios, usar cualquier otro tipo de música en el culto de Dios es pecado.

Un problema de salvación

Algunos dicen que el uso o no-uso de música instrumental en la alabanza a Dios no es un problema de salvación.

El tipo de música usado en el culto de la iglesia se específica en el Nuevo Testamento. Usar cualquier otro tipo de música es ir más allá de lo que está escrito (2 Juan 9), y consecuentemente está sin Dios. Eso suena a un problema de salvación.

Cuando irrespetamos los mandamientos expresos de la sagrada Escritura, esto es un problema de salvación.

Jesús dijo, "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7.21-23).

Aceptar la autoridad de Jesús y obedercerlo cuidadosamente es necesario para salvación.

El que tiene toda la autoridad en el cielo y en la tierra dice, "El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho" (Juan 12.48-50).

Dejémonos gobernar por él quien tiene "toda potestad" (Mateo 28.18).

- E. Claude Gardner

La Voz Eterna, Septiembre-Octubre 2009

(vía Firm Foundation)

 

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

Copyright © 2011 La Voz Eterna