HAY CAMINO QUE AL HOMBRE LE PARECE DERECHO...
  

Habiendo nacido y sido criado en un hogar Católico Romano, y habiendo tenido 11 años de instrucción religiosa, entre ellos tres años de estudios para el sacerdocio, conocía la bendición de ser Católico.

Sin embargo, en mi edad adulta fracasé en mi responsabilidad de practicar mi fe e instruir a mi familia en el conocimiento de la verdadera iglesia. Mi remordimiento aumentaba cada vez que mis hijos hacían preguntas acerca de Dios o de las creencias de nuestra familia.

Para fortalecer nuevamente mi fe y conocimientos acerca de la Iglesia Primitiva (Católica), me entregué a la lectura y el estudio del Nuevo Testamento. Esta experiencia ha venido a transformar mi vida.

Si usted también busca la iglesia que Cristo fundó, dése unos minutos para leer este librito. ¡Transformará su relación con Dios para siempre!

La Búsqueda

La culpa que sentía, por no practicar mi fe católica, se intensificó cuando mis hijos comenzaron a hacerme preguntas acerca de Dios y de lo que creía nuestra familia. Los amigos de mis hijos, como a mayor parte de niños, provenían de una variedad de antecedentes religiosos; unos eran católicos, otros eran protestantes, mientras que el resto parecía no tener ninguna afiliación religiosa. Así que no era para extrañarse que mis hijos estuvieran confundidos con respecto a Dios y la religión.

Indudablemente yo había fallado en enseñar a mis hijos la fe de mis padres. Hasta donde puedo recordarlo, el catolicismo jugaba un papel muy importante en mi vida. Mis padres fueron siempre muy fieles a la doctrina católica e hicieron sacrificios económicos para que mis hermanos y yo pudiéramos asistir a escuelas católicas. El hogar de mi niñez era un modelo de vida católica. Sin embargo, mientras mis padres eran fieles en su hogar, yo no lo estaba siendo en el mío.

Tan influyente era la vida religiosa de mis padres en mí que, al terminar el octavo año de la escuela, opté por el sacerdocio e ingresé a un seminario, el cual pertenecía a una orden misionera. Después de tres años de rigurosa preparación religiosa y académica, abandoné el seminario porque creí que no tenía verdadera vocación para el sacerdocio. Terminé el último año del colegio en una escuela católica de la localidad.

Como puede verse, yo había recibido muchos años de instrucción católica dentro y fuera del hogar. En mi infancia me sentía afortunado de poseer la fe católica. Sin embargo, ya en mi vida adulta dejé de ser un fiel católico. La fe de mi infancia, como un músculo al que no se le da uso, se había debilitado. Pero me di cuenta que si iba a inculcar una fe verdadera y significativa en mis hijos, yo mismo debía de poseer una fe firme.

Por varios años, con cierta inconstancia, llevé mis hijos a misa. Mi esposa, aunque sus antecedentes religiosos eran fundamentalistas, me acompañaba a misa para fortalecer y unir la familia. Durante este periodo, nuestro fervor católico casi se había extinguido. A ninguno de los dos nos motivaba espiritualmente la misa. Fue durante este mismo período de mi vida, cuando asistí varias veces a los servicios religiosos (no católicos) de la iglesia a la cual asistía la familia de mi esposa. A diferencia de la misa, estas asambleas eran inspiradoras y en realidad yo las disfrutaba; sentía que me acercaban más a Dios. Pero con toda su buena apariencia, yo sabía que estas reuniones no eran correctas.

Después de todo, la Iglesia Católica era la que había fundado Jesucristo, sus doctrinas estaban basadas en las enseñanzas apostólicas y, por supuesto, en la Biblia. Además se me advertía que otras religiones citaban las Santas Escrituras fuera de contexto y que torcían su significado para apoyar doctrinas falsas. Por eso, siempre me acerqué a las religiones no católicas con sospecha. Aunque las asambleas protestantes llamaban mi atención, encontraba peligroso su emocionalismo. Con todo esto, yo también creía que la doctrina católica debía ser un asunto que Dios enseñaba y deseaba, no lo que a mí me pareciera conveniente. Esta manera de pensar sin embargo, me causó un estado de conflicto interno.

Decidí que la mejor manera para salir de ese conflicto era estudiar la Biblia para reafirmar la exactitud del catolicismo. Decidí leer varias veces el Nuevo Testamento para captar la imagen completa de la iglesia (católica) del primer siglo. Nunca había leído la Biblia, pero sabía que leerla era algo que había de favorecer mi fe católica. (Sin embargo, no recuerdo haber visto una Biblia durante mi instrucción católica, incluyendo los once años en el seminario conciliar.)

Como la mayoría de los católicos, también yo estaba familiarizado con la vida de Cristo narrada en los Evangelios. Sin embargo, el resto del Nuevo Testamento era, en su mayor parte, un misterio para mí. Me llevé una agradable sorpresa cuando descubrí que el libro de los Hechos, juntamente con las epístolas de Pablo, Pedro, Santiago y los otros escritos del Nuevo Testamento describían con mucho detalle los primeros cuarenta o cincuenta años de la iglesia del primer siglo. Esto era exactamente lo que yo buscaba: la comprobación bíblica de la doctrina católica.

Tan pronto como comencé a leer, me sumergí en la Palabra de Dios. Entonces comprendí las palabras de Jesucristo cuando dijo: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4.4).

Al escudriñar las Escrituras, me concentré también en las doctrinas y en las prácticas católicas que eran diferentes a las de la mayor parte de las sectas protestantes: la misa, el sacerdocio, la eucaristía, María, las oraciones a los santos, el papado, la confesión, el bautismo, el estudio de la Biblia y la tradición.

Quisiera compartir con usted lo que descubrí en la Biblia acerca de estas doctrinas básicas de la Iglesia Católica.

Mientras usted lo lee, le participaré algo que está garantizado a determinar su posición con Dios en el día del juicio final.

La Misa

La piedra angular del culto católico es la misa. La misa es la repetición incruenta del sacrificio de Jesucristo en la cruz. Cristo, por medio del misterio de la eucaristía, está físicamente presente sobre el altar, y en cada misa es ofrecido de nuevo para expiar nuestros pecados. Recuerdo aun cuando las monjas de la clase de religión en el seminario nos confortaban diciendo que cada minuto se ofrecía una misa en alguna parte del mundo.

En la Biblia se registran las actividades de adoración de la iglesia del primer siglo. Leyendo en el libro de los Hechos, me sorprendió que no se mencionara la reunión de los primeros cristianos para participar en una misa parecida a la de los católicos de hoy.

La ausencia de cualquier alusión a una ceremonia de sacrificio era, ya en sí, perturbadora para mí. Sin embargo, al estudiar la epístola a los Hebreos, encontré una enseñanza explícita que pone en claro lo innecesario de una repetición continua del sacrificio de Cristo. El tema fundamental de los capítulos siete al diez de Hebreos es la finalidad del acto de Jesucristo en el Calvario. Es decir, que la obra redentora de Cristo ha sido consumada. Esta misma enseñanza puede encontrarse en muchos otros pasajes del Nuevo Testamento. La epístola a los Hebreos muestra más claramente esta doctrina.

Considere usted los siguientes pasajes de Hebreos:

Hebreos 7.27: "... que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo".

Hebreos 10.10: "En esta voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre".

Hebreos 10.12: "... pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios".

Hebreos 10.14: "... porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados".

Hebreos 9.25-28: "... y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos..."

Hebreos 10.17, 18: "... Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, ya no hay más ofrenda por el pecado".

Hebreos 9.12: "... y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre, en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención".

Hebreos 9.22: "... y sin derramamiento de sangre no hay hace remisión".

Al leerlos, se hizo más evidente para mí, que los fundamentos de la misa (sacrificio incruento y repetitivo de Cristo por nuestros pecados) no solamente carecían de base en las Escrituras, sino que estaban en completa contradicción con las Escrituras, pues representaban erróneamente el acto redentor de Cristo en el Calvario.

El Sacerdocio

Apenas había arribado a la enseñanza bíblica de la misa, cuando confronté otro dilema. Sin la misa, ¿qué sería del sacerdote católico? El propósito primordial del sacerdote es ofrecer el sacrificio de la misa. Un sacerdote, por definición, ha de ofrecer algo. Así lo dice Hebreos 8.3: "Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer". Si lo acaecido en el Calvario fue el sacrificio sumo y final, ¿por qué habría de establecer Jesucristo el sacerdocio? ¿O, en realidad lo estableció?

En mi búsqueda a través del Nuevo Testamento, descubrí que el asunto del sacerdocio se trata en tres maneras diferentes.

Primero, se le considera en relación a la religión judía. Sí usted es católico, probablemente está familiarizado con los sumos sacerdotes judíos mencionados en los Evangelios. La segunda alusión tiene que ver con el sacerdocio de Jesucristo.

Hebreos 2.17: "por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo".

Hebreos 3.1: "... considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús".

Hebreos 4.14: "Por tanto, teniendo un gran suma sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios..."

Evidentemente, Jesucristo es nuestro sacerdote. Hebreos 7.23-24 afirma que "otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste (Cristo), por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable". Así, Cristo puso fin al antiguo requisito de un linaje sacerdotal especial. Una vez consumada la misión redentora de Cristo en el Calvario, cesó la necesidad de un sacerdocio humano inferior, y con él, la necesidad de ofrecer sacrificios.

La tercera alusión al sacerdocio es hecha por Pedro en su primera epístola. Como es evidente por su introducción, ésta es dirigida a todos los cristianos:

1 Pedro 1.1: "Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia..."

En su epístola, Pedro llama a todos los cristianos un "sacerdocio santo" (1 Pedro 2.5) y un "sacerdocio real" (1 Pedro 2.9). Si todos somos sacerdotes, ¿cuál es entonces nuestro sacrificio? Ya hemos visto que es preciso que un sacerdote ofrezca sacrificios, pero también hemos dicho que la obra de Cristo ha sido suficiente y perfecta.

En el capítulo 12 de Romanos, Pablo explica:

Romanos 12.1: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional".

Siendo cristianos, nuestras mismas vidas son nuestro sacrificio y nuestra adoración ante Dios. En el Nuevo Testamento no se menciona un linaje especial de sacerdotes aparte de los laicos. El sacerdocio y el sacrificio de la misa, como son practicados en la Iglesia Católica, contradicen las enseñanzas de la Biblia.

La Eucaristía

Un elemento importante de la misa es el milagro de la transubstanciación. Esta es la creencia en que, al momento de la consagración, el pan y el vino se convierten efectivamente en el cuerpo y la sangre de Cristo, aunque todavía conserven la apariencia de pan y de vino. Obviamente esto presenta otro dilema. Si no hay sacerdote, ¿quién realiza este milagro? Y si no hay misa, ¿cuándo se efectúa la transubstanciación?

No hay nada en las Escrituras que apoye la doctrina de la transubstanciación. El Nuevo Testamento cubre los primeros cuarenta a cincuenta años de la historia de la iglesia. Seguramente, Pablo habría mencionado, o por lo menos habría aludido a tal doctrina en alguna parte de sus epístolas. El libro de los Hechos registra los viajes misioneros y encarcelamientos de Pablo, al igual que sus prédicas, pero no menciona nada de tal milagro.

La Cena del Señor, como se presenta en la Biblia, es una fiesta conmemorativa. Las palabras de Jesús: "esto es mi cuerpo" (Mateo 26.26), ¿han de ser tomadas literalmente? Es obvio que no porque Jesús todavía estaba sentado a la mesa mientras hablaba. El Maestro con frecuencia habló en términos figurados:

Yo soy la luz (Juan 8.12)

Yo soy la puerta (Juan 10.9)

Yo soy la vid (Juan 15.5)

¿Se convirtió nuestro Señor alguna vez en una luz, en una puerta, o en una vid? ¡Claro que no!

La más completa descripción de la Cena del Señor no se registra en los evangelios (como yo lo hubiera esperado), sino en la primera carta de Pablo a los corintios. Pablo relata los eventos de la Ultima Cena, y explica el significado de ésta en el capítulo 11 de su carta:

1 Corintios 11.23-25: "Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí".

En este pasaje Pablo nos dice que la Cena del Señor es un memorial, no un milagro.

Esto es aun más claro en el versículo 26:

1 Corintios 11.26: "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta él venga".

Por un momento, considere usted las palabras "hasta que él venga". Si Cristo estuviera presente, o mejor dicho, si el pan fuera literalmente el cuerpo de Cristo, este versículo carecería de sentido. ¿Por qué diría Pablo "hasta que él venga" si Cristo ya estaba allí? ¿Se habrá equivocado el Espíritu Santo en las Escrituras? O, quizás, ¿será falsa la doctrina de la transubstanciación?

Reconozco que es difícil aceptar lo que aquí digo, o mejor dicho, lo que la Biblia enseña, porque llega al fondo de muchos años de enseñanza católica en la escuela y en el hogar.

María la Madre de Jesús

Una persona importante en la vida de todo católico es María. La Iglesia Católica enseña que María, al igual que Jesús, fue inmaculada y perfecta durante toda su vida. Compare esta enseñanza con las Escrituras que siguen:

Romanos 3.10: "... No hay justo, ni aun uno".

Romanos 3.23: "..por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios..."

Aun Jesús dijo en Mateo 11.11, "... Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista" (María fue nacida de una mujer). Jesús continuó: "pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él". En Lucas 11.27-28, se nos dice que una mujer levantó su voz y dijo a Jesús: "... Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste". Pero Jesús respondió: "... Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan".

Otra enseñanza de la Iglesia Católica respecto a María es la de su virginidad perpetua. La Biblia enfáticamente enseña que Jesús fue nacido de una virgen. Pero, ¿qué habrá sucedido después del nacimiento de Cristo? Lucas registra en su capítulo 2, versículo 7 que Jesús era "el hijo primogénito" de María. ¿No implica esto que María tuvo más hijos? Debe notarse que Lucas escribió este pasaje mucho después de la muerte de Cristo y, por eso, él sabía que Jesús no era el único hijo de María. Además, Mateo 1.25 dice que José no tuvo relación íntima con María hasta que esta "dio a luz a su hijo primogénito". ¿Qué implica la palabra "hasta"? ¿No es obvio su significado? otras Escrituras corroboran esto:

Mateo 12.46: "... su madre y sus hermanos estaban afuera..."

Mateo 13.55,56: "No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?..."

Gálatas 1.19: "... Jacobo el hermano del Señor".

Juan 7.3: "Y le dijeron sus hermanos..."

Juan 7.5: "Porque ni aun sus hermanos creían en él".

En el profético Salmo 69, el salmista dice en el versículo 8: "Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre".

¿Resulta acaso inconcebible que María y José hubieran tenido una relación conyugal normal? ¿No estableció Dios el matrimonio (Génesis 2.24)?

Lo anterior explica por qué también la Biblia guarda silencio respecto a las doctrinas católicas de la Inmaculada Concepción y la Asunción de María. Sin embargo, su ausencia en las Escrituras en ninguna manera reduce la importancia de María, sino que le brinda un lugar apropiado de honor como fiel servidora de Dios.

Las Oraciones a los Santos

Otra práctica del catolicismo es orar a Dios mediante María y los santos. El razonamiento detrás de esta práctica siempre me parecía lógico. Ya que los santos están en los cielos y son amigos de Dios, me sentía más cómodo hablarles a ellos en mis oraciones, que rezar directamente a Dios Todopoderoso. Seguramente Dios escucharía con más atención a los santos si ellos le rezaban a El por mí. Rezarle a María resultaría aun mejor. Jesús ciertamente escucharía a su madre. Rezarle a María y a los santos me parecía el mejor acceso, y el más humilde, al trono de Dios.

Como lo hemos hecho con las otras doctrinas católicas, también ahora escudriñemos la Palabra de Dios para encontrar la verdad. Exodo 34.14 declara: "Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es". El Dios nuestro desea nuestra adoración para sí mismo (Juan 4.23). Considere las siguientes Escrituras en vista de la doctrina de la intercesión de los santos como es enseñada en la Iglesia Católica:

I Timoteo 2.5: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre..."

Hebreos 9.l5: "Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto..."

Juan 14.6: "Yo soy el camino... nadie viene al Padre, sino por mí".

Romanos 5.1,2: "... por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe en esta gracia en la cual estamos firmes..."

Romanos 8.34: "Cristo es el que murió... el que también intercede por nosotros".

Hechos 4.12: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos".

De hecho, el comunicarse con los muertos (lo cual incluye a los santos canonizados) es prohibido por las Escrituras (Deuteronomio 18.9-12; Exodo 22.18; Levítico 20.6). En Isaías 8.19 leemos, "¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por vivos?"

¿Cree usted que Jesús, quien nos amó tanto como para haber muerto en agonía en la cruz, es inaccesible cuando oramos? ¿Será Jesús incapaz de compadecerse de nosotros?

Hebreos 2.17: "Por la cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote..."

Hebreos 4.15: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades..."

Una vez más, la Biblia es clara: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2.5).

El Papa

Por un tiempo yo también creí que el Papa era la cabeza de la iglesia, y que Pedro, el primer papa, había sido nombrado por Jesús mismo. Pedro, supuestamente, era la roca sobre la cual la Iglesia de Cristo había sido fundada. Además, yo creía que Pedro había residido en Roma durante la mayor parte de su ministerio, razón por la que también había llegado a ser el primer obispo de Roma, y que la línea de su obispado se había mantenido integra hasta nuestros días. También creía yo que el Papa era infalible cuando hablaba "ex-cathedra" respecto a la doctrina de la iglesia.

Aun recuerdo muy bien la Escritura donde nuestro Señor, según la enseñanza católica, nombró a Pedro cabeza de la iglesia. Este fue uno de los pocos versos bíblicos que las hermanas del seminario nos hicieron memorizar:

Mateo 16.18: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella".

El nombre de Pedro significa "roca". De manera que Cristo edificó su iglesia sobre la "roca", o sea, Pedro. A mí, esto me parecía suficiente claro. Como ya lo dije al principio, una de las acusaciones que siempre usaba en contra del estudio no católico de la Biblia era que los textos bíblicos eran sacados fuera de su contexto, es decir sin querer explorar ni entender el asunto del cual realmente trataban. Pero ahora estoy convencido de que es todo lo contrario. Pero sea usted quien juzgue.

Justo antes a las palabras de Jesús en el versículo 18 de Mateo 16, encontramos a Jesús preguntando a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" Los discípulos respondieron: "Unos, Juan el Bautista; otras, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas". Jesús volvió a preguntarles, "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Simón Pedro respondió: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Jesús le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia" (Mateo 16.13-18).

Pero, ¿quién es la roca?, ¿Pedro, o su declaración de que Jesús es el Cristo?

Exploremos esta cuestión. El nombre de Pedro en el idioma griego es Petros. El género de esta palabra es masculino, y generalmente significa una roca desprendida, un guijarro, o una piedra que se puede mover o arrojar fácilmente. Petra corresponde al género femenino en griego, cuyo significado conlleva la idea de una plataforma rocosa, o de una roca masiva. Se trata de un fundamento inmovible. Nuestro Señor dijo: "...tú eres Petros, y sobre esta petra, edificaré mi iglesia". ¿Quién es el fundamento de la iglesia, Pedro o Cristo?

En el Antiguo Testamento las Escrituras con frecuencia hacen referencia al Mesías como la "Roca" (Isaías 8.14 y Salmo 18.22). Considere ahora el Nuevo Testamento respecto a la "Roca" como el fundamento de la iglesia de Cristo:

1 Corintios 3.11: "Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo".

1 Corintios 10.4: "... y todos bebieron de la misma bebida espiritual, y la roca (petra) era Cristo". (Los paréntesis son del autor, quien los usó para mostrar la palabra griega usada en el texto.)

Efesios 5.23: "... Así como Cristo es cabeza de la iglesia..."

Colosenses 1.18: "... y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia..."

Efesios 2.20: "... edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo..."

Nótese lo que el mismo Pedro escribió:

1 Pedro 2.4: "Acercándoos a él, piedra viva..."

1 Pedro 2.7,8: "... la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer..."

Además de estos pasajes, tenemos los escritos de Pedro y de Pablo, y el libro de los Hechos, que nos ayudan en nuestra búsqueda de la verdad de Dios.

¿Cómo consideraban a Pedro los hermanos de su tiempo? ¿Lo consideraban consiervo de Dios o cabeza infalible de la iglesia? En Marcos 10.35-43 se registra un relato interesante. El suceso que allí se relata tomó lugar después de que, supuestamente, Pedro había sido nombrado "Papa". En la escena aparece Jesús con los doce. Jacobo y Juan piden a Jesús los dos lugares de más alto honor en su reino. "Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan" (versículo 41). Si Pedro había sido nombrado Papa, la petición de Jacobo y Juan resulta absurda.

Un estudio del concilio de Jerusalén (registrado en el capítulo 15 de Hechos) también nos provee información respecto a la posición de Pedro en la iglesia. El concilio se convocó para resolver el problema doctrinal referente a la circuncisión. Considere las siguientes citas del concilio:

Hechos 15.6,7: "Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Y después de mucha discusión..."

Pedro estaba allí, ¿por qué no preguntaron a él directamente sobre el asunto? Más bien fueron tres los que decidieron en la solución del problema: Pedro, Pablo y Bernabé.

Hechos 15.13: "Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme".

Aparentemente, Jacobo presidía sobre la reunión (uno esperaría que el Papa presidiera).

Hechos 15.19: (quien habla es Jacobo) "Por lo cual yo juzgo..."

Después de la decisión de Jacobo, una carta fue enviada a los gentiles que estaban en Antioquía, la cual comunicaba la decisión del concilio. La carta no fue enviada por el Papa, más bien la enviaban "los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía..." (Hechos 15.23).

Una vez mas, en Hechos 16.3-4 se declara que Pablo y Timoteo al pasar por las ciudades, proclamaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén. Las Escrituras no dicen que eran las decisiones del Papa lo que ellos proclamaban.

Después que Pedro convirtió a Cornelio (el primero cristiano convertido de entre los gentiles, Hechos 10), Pedro recibió mucha crítica de los hermanos en Jerusalén. Se le requirió a Pedro que explicara su acción. ¿Quién se atrevería a criticar al Papa respecto a asuntos espirituales? Los primeros cristianos sí lo criticaron, si es que Pedro era en realidad el "Papa".

Pablo también tuvo un encuentro interesante con Pedro, el cual se escribió en su epístola a los gálatas. Al escribir a la iglesia en Galacia, Pablo le relata su viaje a Jerusalén para asistir al concilio (Hechos 15). Pablo escribió:

Gálatas 2.6: "Pero los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron".

Pablo identifica a los hombres "que tenían reputación de ser algo" en el verso 9: Santiago, Juan y Cefas (Cefas es el otro nombre de Pedro). ¡Cómo es posible que Pedro, el "Papa", no haya podido impartir nada nuevo a Pablo! ¿No le inquieta a usted pensar en la doctrina católica del papado?

Pablo consideró a Pedro como su compañero y consiervo en el trabajo de predicar el evangelio, no como el Papa.

Gálatas 2.7: "... como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión...".

Pablo nunca consideró que Pedro, o alguna otra persona, tuviera superioridad sobre él o sobre los demás hermanos.

2 Corintios 11.5-6: "... y pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes apóstoles. Pues aunque sea tosco en la palabra, no lo soy en el conocimiento...".

2 Corintios 12.11: "... porque en nada he sido menos que aquellos grandes apóstoles, aunque nada soy".

Y de hecho, cuando Pedro vino a Antioquía, Pablo lo confrontó "cara a cara".

Gálatas 2.11: "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara cara, porque era de condenar".

La confrontación fue sobre un asunto de fe. ¿Se opuso Pablo al Vicario de Cristo, la Cabeza de la iglesia, al Papa infalible? No. Pablo se opuso a Pedro, su compañero en el evangelio y consiervo de Dios. Pablo nada supo respecto a tal cosa como un papa, tampoco lo supo la iglesia del primer siglo.

Pero, ¿cómo consideraba Pedro su puesto, si en verdad era el Papa? Después de todo, además de haber pasado tres años con Jesús, fue a él a quien el Señor dijo, "Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia" (Mateo 16.18). El Nuevo Testamento contiene dos cartas que fueron escritas por Pedro. Considere usted si los siguientes pasajes tomados de esas dos cartas sugieren haber sido por un papa:

1 Pedro 1.1 "Pedro, apóstol de Jesucristo..."

2 Pedro 1.1: "Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo..."

2 Pedro 1.12: "Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas..."

2 Pedro 1.13: "Pues tengo por justo, en tanto que estoy en el cuerpo el despertaros con amonestación..."

1 Pedro 5.1: "Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos...".

Pedro en Roma

Aun la doctrina católica que enseña que Pedro fue obispo en Roma está en conflicto con la evidencia bíblica. Según la tradición católica, Pedro estuvo en Roma desde al año 42 hasta su muerte en el año 67, aproximadamente. Pero cuando uno considera la epístola escrita por Pablo a los romanos cerca del año 58, uno puede concluir lo contrario. La epístola a los romanos es un tratado teológico sobre los fundamentos del cristianismo. ¿Por qué habría de escribir Pablo una epístola que explicara las verdades del cristianismo a una iglesia atendida por Pedro, quien, según la tradición católica, había estado allí por 16 años?

Pablo dirige su carta "a todos los que estáis in Roma" (Romanos 1.7). No hace mención de Pedro. En el capítulo 1, versículo 11, Pablo escribe: "Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados...". ¿Acaso no estaba Pedro cumpliendo con su deber en Roma? Al final de la carta (capítulo 16), Pablo envía saludos personales (por nombre) a veintiséis cristianos, miembros de la iglesia en Roma, pero no hace mención de Pedro. ¿Fue pasado por alto el Papa, o no se encontraba Pedro en Roma?

Pablo estuvo prisionero en Roma del año 60 al 62 D. C. Supuestamente, por este tiempo Pedro era obispo allí. Pablo escribió cartas a los efesios. filipenses. colosenses y a Filemón, desde Roma; en ellas jamás menciona a Pedro.

Según la enseñanza católica, Pedro fue el primer papa. De acuerdo a la Biblia, la iglesia que Cristo fundó no tuvo ningún papa. Al igual que a María, tampoco intento yo minimizar a Pedro. Pedro fue un gran y fiel siervo de Dios. Con todo esto, Pedro fue todavía un hombre, y la Biblia nos enseña que debemos fijar nuestra mirada en Jesucristo.

La Confesión

Como ya hemos visto, después de la muerte y resurrección de Cristo, cesó la necesidad de sacerdotes, ya que el sacrificio de Cristo realizado por nuestros pecados fue completo. De manera que cualquier discusión respecto a la doctrina de la confesión al sacerdote de nuestros pecados resulta innecesaria. No obstante, tal doctrina debe ser explorada a la luz de la enseñanza bíblica. De acuerdo a la doctrina católica, el sacerdote tiene el poder y la autoridad en sí mismo para perdonar los pecados del pecador. El no pide a Dios en favor del pecador, sino que él mismo lo absuelve de sus pecados en el nombre de Cristo. Con esto, el pecador católico infiere que no es a Dios a quien él debe acudir para pedir su perdón, sino al sacerdote. En ninguna parte del Nuevo Testamento se enseña tal práctica.

Considere los siguientes pasajes:

1 Juan 1.19: "... y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo".

1 Juan 1.9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados..." (nótese que "él" se refiere a Cristo).

En el capítulo 8 del libro de los Hechos, Pedro confronta a un hombre llamado Simón, quien trató de comprar el poder del Espíritu Santo. Pedro se dio cuenta que esto era un gran pecado. Volviéndose a Simón, Pedro le dijo: "Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero" (Hechos 8.20). Pedro exhortó a Simón a arrepentirse de su pecado. Como primer Papa (y tal vez un sacerdote), Pedro hubiera estado en la mejor posición para escuchar la confesión de Simón y, luego, de perdonarlo en el nombre de Cristo.

Lea las palabras de Pedro: "Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón" (Hechos 8.22).

¿A quién debía Simón acudir para alcanzar perdón? ¿Al sacerdote o a Dios? Como ya se ha dicho, ya que no había sacerdotes en la iglesia que Cristo edificó, tampoco pudo haber existido la confesión. Y aunque hubiera habido sacerdotes, la práctica de la confesión hubiera sido, como lo es hoy, contraria a las Escrituras.

La Tradición

Muchas de las doctrinas y prácticas católicas están basadas en la así llamada "Sagrada Tradición". De acuerdo a la Iglesia Católica, la Sagrada Tradición está a la par, o es de igual peso que la Palabra de Dios.

Veamos qué es lo que la Biblia dice respecto a la tradición. En primer lugar, Cristo estimó en poco la tradición. El dijo:

Mateo 15.3: "...¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios par vuestra tradición?"

Mateo 15.9: "... Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres".

Pablo atacó también el uso de la tradición en la iglesia del Señor:

Colosenses 2.20,22: ¿... por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos ... en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres...?

Colosenses 2.8: "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías huecas y sutilezas, según las tradiciones de los hombres..."

Ahora, considere las siguientes prácticas de la Iglesia Católica, las cuales están basadas en la tradición, a la luz de los siguientes pasajes bíblicos:

- Días especiales de ayuno y abstinencia: "Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo..." (Colosenses 2.16).

- Días de fiesta, días santos, Semanas Santas: "Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros" (Gálatas 4.10,11).

- Letanías, rosarios, salmodias: "Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos" (Mateo 6.7).

- Castigo corporal (saco de cilicio y ceniza), oraciones a los ángeles, apariciones: "Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal..." (Colosenses 2.18).

- Purgatorio: "... Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades" (Hebreos 8.12). "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio..." (Hebreos 9.27).

Pablo, al escribir a Timoteo, habla de una iglesia falsa que habría de aparecer:

1 Timoteo 4.1-3: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó..."

Autoridad y Estudio de la Biblia

Si las prácticas y doctrinas basadas en la tradición se prohiben y no hay un papa infalible, ¿de dónde proviene entonces nuestra autoridad? Hasta este punto, la Biblia ha sido usada como la única fuente de verdad. ¿Es correcto esto?

Deuteronomio 4.2: "No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella..."

Apocalipsis 22.18-19: "Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida..."

Gálatas 1.9: "Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema".

Pablo, al escribir a Timoteo, nos enseña que el hombre de Dios es completo cuando camina en la Palabra de Dios.

2 Timoteo 3.16: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra".

Dejemos, entonces, que la Palabra de Dios sea nuestro único maestro y guía, y no la Biblia acompañada de tradiciones.

Mientras que yo leía y volvía a leer en el Nuevo Testamento, pude ver más claro que muchas de las prácticas y creencias católicas eran contrarias a la Palabra de Dios. Aunque los pasajes me parecían muy claros, a veces me preguntaba si los estaría mal interpretando, o si aún debería estarlos leyendo o estudiando.

A pesar de todos mis años de preparación católica, nunca había estudiado la Biblia, ni siquiera en el seminario. Aunque la Iglesia Católica aconseja la lectura de la Biblia públicamente, la ausencia de cualquier estudio bíblico durante mis 11 años en el seminario, debe en verdad ser una evidencia en contra de la verdadera posición de la Iglesia Católica.

Me fue dicho, tanto por los sacerdotes como por las monjas, que para entender las Escrituras uno necesita años de entrenamiento teológico. También se me dijo que, aunque las Escrituras contenían secretos y complejos significados, no debía preocuparme. La Iglesia Católica me diría todo lo que yo necesitaba saber. Esto me animaba.

Así que, ¿debe uno estudiar individualmente la Biblia? ¿Podrá uno propiamente entender sus misterios? Jesús reprendió a los judíos por carecer de un conocimiento personal de las Escrituras.

Marcos 12.24: "...¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?"

Pero Pablo alaba a Timoteo por su estudio y conocimiento de la Palabra de Dios.

2 Timoteo 3.15: "...y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús".

Note que uno es instruido en el camino de la salvación por el estudio de la Palabra de Dios. Pablo también alaba a los judíos de Berea por su estudio de las Escrituras.

Hechos 17.11: "Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así".

De hecho, Pablo no sólo alaba a quienes estudian la Palabra de Dios, sino que hace una recomendación:

2 Timoteo 2.15: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad".

Piense en esto por un momento. Las epístolas de Pablo que forman gran parte del Nuevo Testamento, fueron escritas a los cristianos y congregaciones del primer siglo. ¿Le parece lógico que Pablo les haya escrito, sabiendo que no entenderían sus epístolas? Si así fuera, Pablo tampoco hubiera ordenado que sus epístolas fueran leídas a la iglesia y que fueran después compartidas con las otras congregaciones.

Colosenses 4.16: "Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros".

Pablo declara enfáticamente en su segunda carta a los corintios:

2 Corintios 1.13: "Porque no os escribimos otras cosas que las que leéis, o también entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis..."

No estoy sugiriendo aquí que usted ha de recoger toda la verdad y el conocimiento con leer casualmente la Biblia. Hay en ella muchos pasajes que requieren discernimiento, trasfondo educativo, perspectiva histórica y otras Escrituras relacionadas antes de entenderlos. Uno jamás podrá comprender totalmente la verdad y la profundidad y el significado de la Palabra escrita. Sin embargo, los principios básicos del cristianismo y el plan de Dios para la salvación son claros. El estudio de la Biblia implica un viaje que ha de durar toda la vida. Ahora lamento cuantos años perdí de estudio bíblico; pero hoy me gozo en poder acercarme a Dios a través de su Palabra.

Pablo oraba por los colosenses, para que éstos fueran llenos de conocimiento, sabiduría y entendimiento (Colosenses 1.9), y a nosotros nos exhorta para que nos ocupemos en nuestra salvación con temor y temblor (Filipenses 2.12).

Estoy firmemente convencido que quien se acerca a la Palabra de Dios con un corazón abierto y sincero, y en oración, se acercará más a Jesús. Pues Dios nos da esta promesa; "...mi palabra... no volverá a mí vacía..." (Isaías 55.11).

La Iglesia de la Biblia

Si las doctrinas y prácticas de la Iglesia Católica no están fundadas en las Escrituras y, en muchas instancias, entran en conflicto con los mandamientos de Dios, de aquí, ¿a dónde nos hemos de dirigir? Esta era la pregunta que me acechaba. Su respuesta la encontré en la Biblia. Mi propósito ahora no es el de presentar un estudio exhaustivo de la iglesia del Nuevo Testamento, sino que quiero brevemente compartir con usted los fundamentos de la iglesia descrita en la Biblia.

Mi primordial preocupación es la de ser salvo, es decir, escapar a las llamas del infierno y pasar a la eternidad con Dios. La Biblia describe el plan de Dios para nuestra salvación, así como una vida de servicio cristiano y de adoración mientras vivimos en la tierra.

La iglesia del primer siglo (la iglesia que Cristo edificó) se describe detalladamente en las Escrituras. Es en la Biblia donde se nos dan las normas y mandamientos en áreas tales como: organización, liderazgo, adoración, práctica cristiana, etcétera.

La iglesia que se describe en la Biblia es identificada con diferentes nombres:

Iglesia de Dios (1 Corintios 1.2)

Congregación de los primogénitos (Hebreos 12.23)

Iglesias de Cristo (Romanos 16.16)

A los miembros de la iglesia del primer siglo se les llamó simplemente:

Santos (Efesios 1.1)

Hermanos (Colosenses 1.2)

Cristianos (Hechos 11.26)

La iglesia del primer siglo estaba compuesta por congregaciones locales autónomas, mismas que estaban unidas por la fe común en el evangelio de Jesucristo. Cristo era la cabeza, gobernando desde el cielo, y las congregaciones eran gobernadas por una pluralidad de ancianos en la tierra.

"...Cristo es la cabeza de la iglesia..." (Efesios 5.23).

"...y establecieses ancianos en cada ciudad..." (Tito 1.5)

"Y constituyeron ancianos en cada iglesia..." (Hechos 14.23).

Las congregaciones locales se reunían los domingos para adorar. Realizaban su adoración en cinco áreas principales: (1) La Cena del Señor, (2) la oración, (3) el canto, (4) la predicación y (5) la ofrenda. La participación y la asistencia a las reuniones eran mandamientos para los miembros.

"El primer día de la semana (domingo), reunidos los discípulos para partir el pan (la Cena del Señor)..." (Hechos 20.7).

"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2.42).

"...cantando con gracia en vuestros corazones al Señor, con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Colosenses 3.16).

"hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Efesios 5.19).

"El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba ... y alargó el discurso hasta la medianoche" (Hechos 20.7).

"Esto manda y enseña" (1 Timoteo 4.11).

"... que prediques la palabra" (2 Timoteo 4.2).

"Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado..." (1 Corintios 16.2).

"...no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre..." (Hebreos 10.25).

Otra actividad básica de la iglesia del primero siglo era la confraternidad.

"... para que también vosotros tengáis comunión con nosotros..." (1 Juan 1.3).

"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros..." (Hechos 2.42).

El propósito de la confraternidad (comunión) cristiana es el de crecer mutuamente en el amor fraternal y el de ser motivados espiritualmente. Los miembros de la iglesia del primer siglo constituían una familia. Se conocían unos a otros, a la vez que se amaban unos a otros. El que la iglesia realice actividades de confraternidad no la convierte en un club social, como yo llegué a creerlo por algún tiempo. Estas son más bien parte de la iglesia que Cristo edificó. Una vez experimentada la confraternidad cristiana, se convierte un gozo en el corazón.

Como llegar a ser un hijo de Dios

La iglesia del Nuevo Testamento me resulta muy atractiva. Pero, ¿cómo puede uno formar parte de la iglesia apostólica? La Biblia dice que técnicamente nadie se une a la iglesia. Dios le añade a uno a su iglesia.

"Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2.47).

Como puede verse, el Señor es quien nos añade a su iglesia una vez que somos salvos. Para ser miembro de la iglesia de Dios, uno debe primero ser hijo de Dios. Uno debe aceptar y obedecer el evangelio. Los pasos para convertirse en un cristiano del Nuevo Testamento se encuentran establecidos en la Biblia.

La Escritura dice:

1) Que uno debe oír el evangelio y creer (tener fe).

"Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10.17). "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3.16).

2) Que uno debe arrepentirse y abandonar su pecado.

"... Varones hermanos, ¿qué haremos?" Pedro les dijo: "Arrepentíos..." (Hechos 2.36,38)."Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora invita a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan" (Hechos 17.30)."Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados" (Hechos 3.19).

3) Que uno debe confesar que Jesús es el Cristo.

"...que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor ... será salvo " (Romanos 10.9). "Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación" (Romanos 10.10). "A cualquiera, pues, que me confesare delante de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 10.32).

4) Que uno debe ser bautizado.

"El que creyere y fuere bautizado, será salvo..." (Marcos 16.16). "...Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bauticese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados..." (Hechos 2.37,38). "El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva..." (1 Pedro 3.21).

5) Que debemos vivir la vida cristiana.

"... pero si andamos en la luz, como él está en la luz ... y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1.7). "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores..." (Santiago 1.22).

Si usted ha crecido en la Iglesia Católica, probablemente no encuentre estos pasos del todo sorprendentes. Sin embargo, considere las cosas siguientes. Primero, la simplicidad del camino de Dios. Compare el plan de Dios y su iglesia a las reglas, leyes, tradiciones y organización de la Iglesia Católica, la cual es el máximo ejemplo de organización humana. Como resultado del Segundo Concilio Vaticano, la Iglesia Católica ahora tiene 1,752 leyes canónicas (una reducción de las 2,414 que tenía antes). Cada ley está edificada sobre su precedente, de modo que, desde una perspectiva puramente humana, el sistema resulta lógico. Pero como ya lo hemos visto, el fundamento del sistema canónico católico no es de Dios.

"Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 14.12).

 

El Bautismo

Un segundo aspecto que debe notarse es que cada paso hacia la salvación requiere de una respuesta consciente y voluntaria de parte del individuo. Cada ejemplo de conversión en el Nuevo Testamento presenta a un adulto respondiendo al evangelio.

Si usted es católico, estoy seguro que siempre ha creído que el bautismo es esencial para la salvación, y tiene usted razón, lo es. Sin embargo, el bautismo del Nuevo Testamento difiere en dos aspectos del bautismo católico. Primero, el bautismo en el primer siglo tomaba lugar después de que el creyente había aprendido del amor de Dios, se había arrepentido de sus pecados y había confesado a Jesús como su Señor. Además el bautismo del Nuevo Testamento era una respuesta de fe, un acto de obediencia al mandato de Cristo. El bautismo tiene significado, y puede salvar, solamente cuando el corazón del creyente está bien con Dios. En sí mismo no tiene poder el bautismo. Ya que un bebé no puede entender la Palabra de Dios, ni puede creer, ni arrepentirse ni confesar al Señor, su bautismo carece de significado.

El segundo aspecto en que el bautismo del Nuevo Testamento difiere del bautismo católico es en su forma o modo. La palabra bautismo es una transliteración de la palabra griega baptizo cuyo significado es simplemente "zambullir" o "sumergir". La práctica del bautismo por aspersión o rociamiento se desconoce en la Biblia. Aun la Iglesia Católica reconoce que la inmersión total era la forma original del bautismo en la iglesia del primer siglo.

Considere lo que dice la Escritura:

Romanos 6.3-5: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva".

Los actos de sepultura y resurrección pueden ser fácilmente percibidos en el pasaje de Romanos. El bautismo por inmersión es el acto que simboliza la unión del creyente con Cristo al ser sepultado (sumergido) y resucitado (levantado de las aguas, Hechos 8.39) en el agua y en el Espíritu. ¿Qué puede representar el rociamiento o el esparcimiento de agua sobre la cabeza de un bebé? Por mi parte, no quise arriesgar el destino eterno de mi alma, por lo que yo también fui sepultado juntamente con Cristo en el bautismo.

El Desafío

En mi búsqueda por la iglesia que Cristo edificó, encontré un grupo de fieles que, al igual que yo, buscan el cristianismo del Nuevo Testamento y desean ser cristianos solamente. Soy miembro de una iglesia de Cristo, y en esta congregación intentamos, con todo empeño, mantener la pureza de la iglesia apostólica.

Es este gozo que he encontrado al pertenecer a una familia llena de amor como lo es la iglesia, tan dedicada al servicio de Dios y al estudio de su palabra, lo que también deseo para ti, estimado lector.

Aún recuerdo a las monjas de la clase de religión decir que toda la enseñanza de la Iglesia Católica era verdadera, ya que provenía de Dios. Dudar el menor punto de la enseñanza católica, decían ellas, equivalía a negarla toda. Sin embargo, la evidencia que contra la enseñanza católica he encontrado es de mucho peso.

Yo espero que usted, en oración y con un corazón abierto, considere lo que acaba de leer. A través de mi vida, siempre me ha instruido alguien acerca de Dios, acerca de lo que la Biblia enseña y acerca de la verdad. Por eso, no tome usted mi palabra como la verdad última. Abra su Biblia, léala; aliméntese con la verdad. Usted también, al igual que los de Berea (Hechos 17.11) escudriñe en las Escrituras para ver si estas cosas son así.

Mi oración es que, de alguna manera, su corazón haya sido tocado y su mente desafiada para inquirir sobre la verdad de Dios. Al principio de este folleto yo le prometí que si usted lo leía completamente, su posición con respecto a Dios estaría garantizada a cambiar. Si usted ha terminado de leerlo, entonces he cumplido mi promesa, porque habiéndolo leído, usted será capaz de hacer lo siguiente:

Usted podrá (1) Leer la Biblia con un corazón dispuesto a buscar la verdad y la salvación.

Usted podrá: (2) Estudiar su Biblia con una mente y un corazón abiertos.

Usted podrá: (3) Ponerse a pensar en lo que ha leído en este folleto, pero jamás preocuparse en buscar la verdad.

Pero en aquel día "todos compareceremos ante el tribunal de Cristo ... De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí..." (Romanos 14.10,12), usted no podrá entonces decir, "Pero, Señor, nadie me dijo jamás nada".

- Tony Dupree

20th Century Christian Foundation

Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

Copyright © 2002 La Voz Eterna

Reservados todos los derechos