EL CANON DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS
  

 ¿Cuáles libros pertenecen en realidad a la Biblia?

¿Cómo podemos saber con certeza los que deben ser incluidos en ella?

¿Fue la Iglesia católica romana la que nos dio las Escrituras?

La palabra "canon" se deriva del vocablo griego que significa "regla" o "modelo". El estudio del canon de las Santas Escrituras es el examen del proceso mediante el cual se determinó que los libros actualmente contenidos en ellas son de verdadera inspiración divina, expresando la voluntad de Dios para todos los hombres.

Muchos cristianos dan por sentado que la Biblia con sus sesenta y seis libros ha existido siempre en su estado actual, o cuando menos, que su autenticidad es y ha sido incuestionable, al igual que lo es en su perfección. Esto no está apegado a la verdad, y citaremos algunas de las excepciones existentes respecto a esta suposición. En primer lugar, mencionamos a la Iglesia católica romana, que desde la Edad Media ha creído que los llamados "Libros Apócrifos" caben dentro del canon de la Biblia. Estos libros son catorce en número, que se pensó haber sido escritos en fecha posterior a Malaquías y antes de que el Evangelio según Mateo se escribiera.

En segundo lugar, hay movimientos religiosos de fecha reciente que no aceptan la Biblia como la revelación completa de Dios. Algunos de estos movimientos son conocidos como el de los mormones (o Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días); los de la Ciencia Cristiana, y en la práctica si no en la teoría, también el de los llamados "Testigos de Jehová". Todos ellos han invalidado muchas doctrinas cristianas mediante escritos que difieren de los hechos bíblicos escritos por revelación.

Por ultimo, los incrédulos que conociendo muy poco acerca del cristianismo o su origen, afirman que la Biblia fue el producto de la ignorancia y superstición de los antiguos. Colocamos en este mismo grupo a los modernistas (incrédulos) y que a menudo son hasta predicadores, o maestros de Biblia, o miembros de algunas iglesias, que han estudiado las Sagradas Escrituras; pero que en lugar de hallar la salvación en ellas se parecen a aquellos del siglo primero de nuestra era, de quienes dijo Pedro en su segunda epístola, capítulo 3, versículo 16: "las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición". Estos modernistas dudan y a veces niegan categóricamente la inspiración divina directa de la Biblia; y en consecuencia tratan lo que ella enseña o los temas que en ella se discuten con un sentimiento de incredulidad. Este punto de vista los lleva a muchas conclusiones injustificadas.

El canon del Antiguo Testamento

Aparentemente no existieron libros de la Biblia escritos antes de Moisés. Dios hablaba directamente con los patriarcas y profetas. Estos a su vez hablaban a los hombres en nombre de Dios, tal como lo hizo Abraham (Génesis 20.7).

La primera parte del Antiguo Testamento es llamada por los judíos "la Tora" (Ley), y muy a menudo se le menciona en el Nuevo Testamento como "la ley de Moisés". Nosotros llamamos a estos cinco libros el Pentateuco, palabra griega que significaba al principio "cinco vasijas" o "instrumentos", y que luego a interpretarse como "libro", o sea "el libro en cinco tomos".

El hecho que Moisés haya sido autor del Pentateuco se ha atacado duramente por los modernistas, especialmente por un alemán de apellido Wellhausen, que fabricó una teoría, producto de su imaginación, que afirma que se trataba de una composición de varios documentos unidos mil años después de la muerte de Moisés. Lo ridículo de esta teoría ha quedado de manifiesto tanto por recientes descubrimientos arqueológicos como por manuscritos antiquísimos, descartándosee el rechazo que Wellhausen hizo del testamonio del mismo Cristo, que aceptaba a Moisés como autor del Pentateuco (Juan 5.46,47; Lucas 16.31;24.44).

Ahora bien, muchos contemporáneos del mismo Moisés efectuaron lo que podríamos considerar el rechazo de sus libros como canónicos. Su propia hermana María en una ocasión no quiso reconocer la inspiración de Dios en Moisés, siendo castigada con el padecimiento de la lepra durante siete días. Dios dio muchas señales sobrenaturales para confirmar el oficio profético de Moisés, demostrando así que él hablaba como un maestro designado por Dios mismo. Debemos recordar a Coré, Datán y Abiram que también se opusieron a Moisés, como se puede ver leyendo los capítulos 12 al 16 del libro de Números.

Los "libros" de la Biblia jamás debieron ser considerados como libros separados, sino como una historia continua de la relación e instrucciones de Dios para la humanidad, con la intervención de diversas profetas para seguir la relación de esta grandiosa historia. Josué mismo no dice haber escrito un libro, sino más bien: "Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios" (Josué 24.26). O lo que es lo mismo, agregó su sección a los escritos de Moisés ya existentes. Este es un punto de mucha importancia y seguramente no lo comprenden los críticos modernistas actuales, que desprecian la idea de que Moisés haya escrito el Pentateuco, haciendo la siguiente pregunta: ¿Cómo hubiera podido escribir el relato de su propia muerte que se encuentra en Deuteronomio 34? Debido a que la revelación de Dios era continua y no en nuestra equivocada concepcion de muchos libros, los capítulos o secciones adicionales del solo y único libro con un propósito eterno, se iban agregando aun cuando estuvieran escritos por otros autores, siempre bajo la dirección de un Espíritu y Mente infinitos. Es así que las palabras de Josué empiezan en Deuteronomio 34 y terminan en Josué 24.28. La convicción que había en los profetas de que ellos escribían una historia continua, muy a menudo los llevó a agregar un apéndice a la obra de autores anteriores, a fin de correlacionar sus escritos con los que les precedían. Así, Josué agregó el relato de la muerte de Moisés de Deuteronomio 34, en la misma forma que el autor de Jueces añadió el relato de la muerte de Josué en el libro de su mismo nombre (Josué 24.29-33).

Hay muchos casos en que un libro menciona a otro libro de la Biblia como canónico. Algunos de estos ejemplos son 2 Crónicas 36.21, en que se cita a Jeremías 25.11 como autoridad. Daniel 9.2 cita el mismo pasaje de Jeremías diciendo que estaba "en los libros ... de que habló Jehová al profeta Jeremías". Jeremías 26.18 cita a Miqueas 3.12 como una profecía. Las anteriores y muchas otras citas afirman la validez de estos libros como Palabra de Dios en la mente de los profetas.

Todas las conclusiones anteriores son rechazadas por los críticos destructores, que afirman que el Pentateuco fue añadido al canon alrededor del año 400 a. de Cristo; que los libros de los profetas se agregaron aproximadamente 200 a. de Cristo, y que los escritos varios no fueron agregados sino hasta el año 90 a. de Cristo. De hecho, rechazan a todos los libros del Antiguo Testamento como canónicos.

Sin embargo, el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto ha venido a echar por tierra las fechas de canonización fijadas por los críticos destructores. Estos rollos tienen fechas que van desde 225 a. de Cristo a 70 d. de Cristo, y tienen copias de todos los libros del Antiguo Testamento, a excepción de Ester. Este testimonio antiguo relativo a nuestro canon, contenido en los rollos del Mar Muerto, destruye por tanto la teoría que rechazaba los libros del Antiguo Testamento del canon de las Escrituras. Los críticos destructores han sostenido siempre que ninguno de los libros del Antiguo Testamento fue escrito con el propósito de ser canónico, sino que los judíos, primero, amaban ciertos libros; luego, los veneraban y por fin, los canonizaban.

Las Biblias en hebreo de nuestro tiempo tienen tres divisiones: La Ley, con cinco libros; los profetas, con ocho libros, y los escritos varios, con once libros. Esa división de los libros puede rastrearse hasta el Talmud judío, aproximadamente del año 400 de nuestra era; pero no hay ningún escrito anterior que apoye esta división. Los veinticuatro libros, con algunas combinaciones, vienen a ser los mismos que los treinta y nueva que conocemos en el Antiguo Testamento. Muchas de las teorías de los críticos destructores han sido construidas en base al orden en que están los libros del Antiguo Testamento en la actual Biblia Hebrea, orden que ni siquiera fue apoyado por el historiador Josefo, quien escribió durante el año 90 de la era cristiana. Estos críticos han dicho repetidamente que el libro de Daniel no fue escrito sino hasta el año 165 a. de Cristo, pero los rollos del Mar Muerto contenían seis ejemplares del libro de Daniel, el más antiguo de los cuales está fechado en 110 a. de Cristo y ya era reconocido como parte de las Escrituras. Por lo tanto, la teoría crítica antigua de las tres etapas de la canonización no se apega a los hechos, ni en éste, ni en muchos otros casos.

Pruebas en el Nuevo Testamento de la canonicidad del Antiguo Testamento

Lucas 24.44 nos habla de la Ley, los Profetas y los Salmos. El Nuevo Testamento se refiere repetidamente a Moisés y los Profetas, o la Ley y los Profetas. Nuevamente, la literatura del Mar Muerto menciona cuatro veces a los escritos sagrados llamándolos "la Ley y los Profetas". Toda evidencia señala la conclusión de que la Ley fue escrita por Moisés y que los escritos de los Profetas se aceptaban como una autoridad semejante.

Los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento fueron aceptados por Jesús y sus apóstoles. También eran aceptados por los judíos de sus tiempos. El Nuevo Testamento da citas de prácticamente los treinta y nueve libros, pero no se encuentran en él citas provenientes de los libros apócrifos.

Los catorce libros apócrifos tampoco fueron reconocidos oficialmente por la Iglesia católica, sino hasta el año 1545 de nuestra era. No existe tampoco afirmación alguna en los mismos libros apócrifos de que sean la Palabra de Dios; y Jerónimo, quien hizo la traducción al latín de las Escrituras aceptada por la Iglesia católica, los rechazaba. Pueden ser considerados como libros valiosos de historia, pero ¡no son Sagradas Escrituras!

El canon del Nuevo Testamento

Los liberales de todas clases y de las diferentes divisiones principales de la cristiandad, como la Iglesia católica romana y ortodoxa griega, ponen en duda la inspiración divina de los veintisiete libros del Nuevo Testamento. Estas divisiones principales de la cristiandad sí aceptan los veintisiete libros del Nuevo Testamento como canónicos, pero en realidad los católico romanos desvirtúan su importancia al superponer a ellos sus tradiciones. Por otra parte, los protestantes neo-ortodoxos y liberales niegan su completa veracidad.

Sin embargo, con el Nuevo Testamento no tropezamos con tantas dificultades como las que hallamos en el estudio del Antiguo Testamento. El primero fue escrito en el apogeo de la cultura greco-romana, y tenemos un número considerable de escritos cristianos diferentes del Nuevo Testamento del que son autores hombres que vivieron contemporáneamente o inmediatamente después de la muerte de los apóstoles. La mayoría de estos escritos están comprendidos en el grupo de libros llamado de los "Padres prenicenos" los cuales deben ser leídos por todos los dirigentes religiosos y también por muchos cristianos.

Discutiremos ahora sobre algunos de aquellos antiguos dirigentes cristianos, que actualmente se conocen como los Padres prenicenos. Eran predicadores del evangelio, ancianos de la iglesia; y muchos de ellos se convirtieron en mártires debido a su fe en el Señor Jesucristo. Mencionaremos en primer lugar a Policarpo, quien recibió enseñanza directa de los apóstoles mismos. El conoció bien al apóstol Juan y vivió hasta edad muy avanzada en Efeso, para morir como mártir cerca del año 155 de nuestra era. Policarpo escribió una breve carta a los Filipenses, que es básicamente un comentario sobre muchos escritos del Nuevo Testamento. Sus citas incluyen porciones del libro de los Hechos, de diez epístolas de Pablo, y de la primera de Juan y primera de Pedro. Cita también como Sagradas Escrituras a Efesios 4.26, y menciona a la epístola a los Filipenses como escrita por el "bendito y glorificado" Pablo, quien "con toda exactitud y perseverancia les enseñó la palabra de verdad".

Policarpo conoció a Ireneo y pudo darle información directa acerca de los apóstoles y sus enseñanzas. Ireneo vivió durante el período cercano al año 170 d. de Cristo, cuando muchos escritores estaban discutiendo el tema de la canonicidad del Nuevo Testamento. La opinión al respecto en esta época era casi unánime en favor de la canonicidad.

La copia de un documento escrito en cerca del 170 d. de Cristo da la lista de libros que era permitidos ser leídos públicamente en los servicios de adoración de los cristianos. Este documento se llama el "Canon Muratorio" y aun cuando no se cuenta con copia completa del original, se refiere a Mateo y Marcos, puesto que llama a Lucas "autor del tercer Evangelio" y afirma que Pablo "lo había asociado don él". El Evangelio de Juan está en la lista; y los Hechos, se dice, fueron escritos por Lucas. Las trece epístolas de Pablo, la de Judas y dos de Juan (algunos eruditos creen que la segunda y tercera de Juan se consideraban como un solo libro en el siglo segundo), y finalmente, la Revelación de Juan. El mismo documento advierte contra cartas falsificadas y menciona que "aceptamos el Apocalipsis de Pedro", aun cuando admite que otros no lo aceptan. En el mismo se dice: "no podemos aceptar el Pastor de Hermas", porque fue escrito recientemente, y no puede colocarse "entre los apóstoles hasta el fin del mundo".

Este documento rechaza todas las falsificaciones, salvo el Apocalipsis de Pedro, pero advierte que no era aceptado por todos. Todos nuestros libros canónicos actuales están contenidos en ese documento, salvo Hebreos, Santiago y las dos epístolas de Pedro. Otras fuentes contemporáneas mencionan estos cuatro libros, y si consideramos que el documento a que nos estamos refiriendo no está completo, es muy probable que los libros que se hallan omitidos figuraran en la parte faltante.

Ireneo, a quien hemos mencionado ya como perteneciendo al mismo período, escribió una obra muy extensa, y muchos de sus escritos han sido preservados. Su obra principal fue un tratado en cinco volúmenes contra las herejías de su tiempo. La principal herejía a que se refirió fue el "gnosticismo". Los gnósticos trataban de mezclar la doctrina cristiana con la filosofía griega, agregando especulaciones que pintaban a Dios como una fuerza inmóvil y distante, que operaba mediante huestes de deidades menores, como Jesucristo, el Caos, Jehová, etc., etc.

En su refutación a estas herejías, Ireneo enfatizó tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos. Se refiere a ellos como "la Palabra de Dios, la Verdad, los Escritos de los Profetas y los Apóstoles". Cita de todos los libros del Nuevo Testamento, salvo Filemón y 3a. Epístola de Juan. Un examen de sus argumentos nos demuestra que dichas epístolas no contenían material relativo a sus afirmaciones contra el "gnosticismo".

Es interesante notar que Ireneo fija la fecha de la Revelación de Juan en aproximadamente el año 95 de nuestra era, y aparentemente atribuye el libro de Hebreos a Pablo. Clemente de Alejandría también señaló a Pablo como autor del libro de Hebreos.

¿Fue la Iglesia católica romana la que nos dio las Escrituras?

Los nombres de dos miembros de la secta de los gnósticos son importantes, porque citan del canon del Nuevo Testamento, aceptándolos como Escrituras. Estos fueron Basílides (año 125 d. de Cristo) y Valentino (año 140 d. de Cristo). Valentino, de acuerdo a Tertuliano, a diferencia de algunos herejes, sí aceptaba las Escrituras en su totalidad. Escribió un llamado Evangelio de Verdad, que fue combatido por Ireneo. Valentino usó citas de casi todos los libros del Nuevo Testamento en un tratado gnóstico y por ello tenemos prueba irrefutable de que el Nuevo Testamento tal y como lo conocemos ahora se aceptaba aun por los heréticos gnósticos, aparte de los Padres prenicenos en la ciudad de Roma y en todas partes, alrededor del año 140 de nuestra era.

El sínodo de Roma, celebrado en el año 382 de la era cristiana, adoptó oficialmente la lista de los veintisiete libros de nuestro actual Nuevo Testamento, como se había señalado en el año 367 d. de Cristo por Atanasio, obispo de Alejandría. Aun cuando la iglesia había decaído de su énfasis original sobre el sacerdocio de todos los creyentes y su unidad con Cristo y con Dios, no hay historiador honrado - ya sea católico romano o de otra tendencia - que pueda decir con veracidad que se puede identificar a la iglesia de este período con el catolicismo romano de las últimas diez centurias. El oficio del papado, la jerarquía actual católica romana, la adoración aceptada de las reliquias, la doctrina del purgatorio, el sacrificio de la misa, la transubstanciación, el uso de imágenes, la mariolatría, etc., ni siquiera se habían concebido ni aun en los sueños más descabellados de los herejes de la iglesia.

Este Sínodo de Roma - en ninguna forma la Iglesia católica romana de la actualidad - simplemente reafirmó lo que se había recibido y aceptado como el canon de las Escrituras del Nuevo Testamento por un período de más de 240 años anteriores a su reunión. Ni la Iglesia católica romana, ni iglesia de hombre alguno creó el Nuevo Testamento, ni se lo entregó a la posteridad. Los apóstoles, bajo la dirección del Espíritu Santo y por indicación divina, crearon y nos dieron el Nuevo Testamento, que a su vez, por el poder de la Palabra, convirtió en cristianos a todos los que creyeron y recibieron la verdad de Cristo. La iglesia se inició en Pentecostés, después de que Pedro entregó la palabra del mensaje de Dios, que fue recibida por los que la escucharon y se arrepintieron de sus pecados y aceptaron a Cristo como su Salvador, siendo bautizados para la remisión de pecados. Este nuevo pacto (Nuevo Testamento) fue comunicado primeramente en forma oral y más tarde, durante el mismo siglo, dado en forma escrita y aceptado por todos, como las Escrituras por todos los que recibían a Cristo en el bautismo. Todos los sofismas que usa la Iglesia católica romana por medio de sus maestros no pueden cambiar este hecho histórico: que el Nuevo Testamento existía y era aceptado como el canon, siglos antes de que cualquier organización, siquiera semejante a la actual de la Iglesia católica romana, estuviera en existencia.

Debemos mencionar otro nombre ilustre entre los escritores cristianos primitivos. Este es Justino Mártir, que nació en el año 100 de la era cristiana habiendo escrito alrededor de los años 145-148, antes de morir como mártir. Su descripción de una de las asambleas de las iglesias resulta de muy especial interés para nuestro estudio. Decía: "El domingo se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades y villas" (en domingo, no en sábado como afirman ahora los adventistas) "y se lee una porción de las memorias de los apóstoles y de los escritos de los profetas. El que preside, en un discurso, da la admonición y exhortación a imitar estas nobles cosas. Después de esto, todos nos levantamos y ofrecemos una oración en común. Al terminarse la oración, como antes hemos descrito, traen pan y vino... y por último viene la ofrenda".

Esta es una buena descripción de un servicio de adoración de aquellos que practican el cristianismo neotestamentario, pero como se verá, está totalmente alejado del lujo y la pompa y el misterio que contiene la adoración de la Iglesia católica romana.

El testimonio del Nuevo Testamento sobre sí mismo

En 2 Pedro 3.15,16 el apóstol recomienda todas las epístolas de Pablo, llamándolas expresamente Escrituras. La iglesia primitiva acepta al Antiguo Testamento como inspirado, verdadero, con autoridad y canónico. Las epístolas de Pablo recibían igual consideración que las Escrituras del Antiguo Testamento.

Pablo cita a Lucas. En 1 Corintios 9.9 Pablo discute los sueldos para los ministros, basando su argumento sobre la Ley de Moisés. Vuelve a tratar el punto otra vez en 1 Timoteo 5.18, apelando nuevamente a la Ley de Moisés y dejando a afirmada la cuestión al citar Lucas 10.7. El tercer caso es Judas 18 que cita 2 Pedro 3.3. Judas lo cita como fuente autorizada declarando que es la verdad de los apóstoles.

Los escritos del Nuevo Testamento no son una colección posterior de cartas de amor de los apóstoles que se hayan guardado. Eran cartas escritas deliberadamente y con autoridad, como se comprueba en 2 Tesalonicenses, cuando Pablo dice: "Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence" (2 Tesalonicenses 3.14).

Colosenses 4.16 indica que esta epístola y la de Laodicea deben ser leídas públicamente en las dos iglesias. Era una señal de que un libro era canónico, en las iglesias judías o sinagogas, el hecho de que fuera leído cada sábado. La lectura pública de los profetas y los apóstoles en el servicio del domingo de la iglesia primitiva, los señalaba por tanto como canónicos.

Para aquellos que se preocupen por la epístola a Laodicea, es muy posible que se trate de la actual epístola a los Efesios. Los más auténticos manuscritos de Efesios 1.1 no incluyen la frase: "que están en Efeso". Por lo tanto, muchos asumen que esta epístola se envió a los efesios y a los laodicenses.

En 1 Corintios 14.37 Pablo declara que sus escritos son "los mandamientos del Señor". Algunos toman 1 Corintios 7.12 diciendo que significa exactamente lo contrario de lo que dice. Afirman que Pablo a veces daba la palabra de Dios, y a veces su propia palabra. Pablo se refiere en este pasaje a citas de Jesucristo durante su ministerio terrenal, cuando habló contra el divorcio; pero el Señor no había hablado directamente acerca del del problema de matrimonios mixtos. Pablo habló de sus propios palabras sobre el tema, que fueron inspiradas y dadas por el Espíritu Santo, como indica con cierta ironía en el versículo 40 del capítulo 7.

Apocalipsis 22.18,19 contiene una terrible maldición para cualquiera que se atreva a cambiar las palabras de este libro de las Escrituras. Estas palabras se aplican, en principio, a todas las Santas Escrituras. Los libros son canónicos, contienen la verdad de Dios, son inspirados por el Espíritu Santo prometido por Cristo en medida especial a los apóstoles (Juan 14.28;16.13;20.22).

Los libros del Nuevo Testamento son apostólicos e inspirados. Todos fueron escritos durante el primer siglo del cristianismo, y aceptados de inmediato por la iglesia de Cristo de ese tiempo, como fuente de autoridad. Dondequiera que exista la iglesia de Cristo ahora, acepta estos mismos libros como la Palabra revelada de Dios y de sus promesas bajo el Nuevo Pacto o Testamento. Dondequiera que las Escrituras son rechazadas, debemos saber que no debemos mezclarnos con los que tal hagan.

- L. Harris

La Voz Eterna, Mayo-Junio 2001

Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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