LA DISCIPLINA DE LA IGLESIA
  

Parte 1 - Por Qué Descartamos la Disciplina

¿Por qué tanta negligencia?

Modelos inadecuados

Falta de comunión sincera

Un mal entendimiento del papel pastoral de los ancianos

La falla en amar como Dios ama

Falta motivación

Parte 2 - Como la Disciplina Puede Ayudar la Iglesia

Las ventajas de la disciplina

Tres Categorías de Personas que Hacen Daño a la Iglesia

Cómo ejercer la disciplina con amor y consistencia

 

Parte I

¿Por qué tanta negligencia?

La disciplina es una parte fundamental del cristianismo del Nuevo Testamento. Si vamos a decir que en verdad somos bíblicos, la disciplina es un tema que debemos de tomar en serio.

La disciplina de la iglesia es un don de Dios, y puede contribuir para que las iglesias sean saludables. Sin embargo esa no es la manera en que la mayoría de la gente piensa. Para ver la importancia que la disciplina debe tener en la iglesia, primero tenemos que considerar la gran cantidad de enseñanza bíblica que hay acerca del tema. Para este estudio se tomarán solamente los textos que estén relacionados con la disciplina correctiva, que incluyen todo lo que tiene que ver desde la amonestación hasta la excomunión.

El punto de partida, desde luego, son las palabras de Jesús de Mateo 18.15-17, donde él nos enseña que debemos ir privadamente al hermano que ha pecado e involucrar a otros sólo si es necesario, para llevar el infractor al arrepentimiento. Y si eso falla, "tenle por gentil y publicano", es decir aléjense de él.

Las cartas de Pablo contienen numerosas instrucciones concernientes a la disciplina. Por ejemplo Gálatas 6.1 solicita que aquellos que son "espirituales" (que todavía andan en el Espíritu) restauren al que sea sorprendido en una falta.

Un ejemplo, en Corinto había un hombre que no andaba en el Espíritu porque cohabitaba con la esposa de su padre. En 1 Corintios 5.1-8 Pablo instruye a la iglesia que "el tal sea entregado a Satanás", lo que nosotros llamaríamos excomunión. Luego en 2 Corintios 2.5-11 Pablo insta a la iglesia a extender perdón y aliento a uno que había pecado y que parecía que se había arrepentido. Hay debate en cuanto a que si se trata de la misma persona de 1 Corintios 5 o no, pero el que esto escribe cree que se trata de la misma persona.

Un texto interesante que habla de disciplina es 2 Tesalonicenses 3.6-15, donde Pablo instruye a la iglesia a que amonesten a los que viven desordenadamente y que no coman si no trabajan. En una carta escrita a una iglesia que él nunca había visitado (Romanos 16.17-18), el apóstol pide que se aparten de los que causan divisiones en cuanto a la enseñanza que habían recibido.

En la misma línea, Tito 3.10-11 enseña que: "Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo". Ambos cartas escritas a Timoteo contienen instrucciones dadas al joven evangelista de "mandar" a unos a no enseñar doctrinas diferentes y "corregir" a los oponentes con gentileza (1 Timoteo 1.3-4; 2 Timoteo 2.24-26).

En 1 Timoteo 1.18-20, Pablo menciona el caso en que tuvo que "entregar a Satanás" personalmente (la misma terminología como en 1 Corintios 5.5) a dos que tenían que aprender a no blasfemar.

Pero Jesús y Pablo no son los únicos que tienen una enseñanza respecto a este tema. En la tercera carta de Juan "el anciano" dice que cuando él llegue confrontará al engreído Diótrefes en cuanto a su conducta y su actitud (3 Juan 5-11).

Más textos podrían ser incluidos, pero éstos son suficientes para mostrar que la disciplina es parte fundamental del cristianismo del Nuevo Testamento, y que si vamos a ser bíblicos, entonces no podremos ser negligentes en cuanto a este tema.

¿Por qué hay negligencia respecto a este tema? Pocos son los que negarían que hay negligencia. Pero, entonces ¿por qué descuidamos esta enseñanza y práctica que viene de Dios? Permítanme ofrecerles unas sugerencias respecto a esta negligencia:

Modelos inadecuados

Cada vez que enseño acerca de este tema, me gusta pedir al grupo que levante la mano quien haya presenciado personalmente un caso de excomunión. Nunca ha habido más que unas pocas manos, no importa el tamaño de la audiencia. El problema es que los miembros de la mayoría de las iglesias de Cristo nunca han tenido alguna experiencia con la disciplina correctiva, o han tenido experiencias negativas que han terminado en el desastre.

Un domingo por la tarde, después de que una carta de excomunión había sido entregada al final del servicio de la mañana, un hermano que había sido miembro de la iglesia por 10 años (en otra congregación) preguntó: ¿Qué fue lo que hicimos esta mañana? Por 10 años nunca había oído de disciplina. Por otro lado, otros han sido testigos de disciplina correctiva tan mal ejecutada y con resultados tan desastrosos, que no han querido saber más del asunto.

Falta de comunión sincera

En Mateo 18.15, Jesús dijo: "si tu hermano peca contra ti..." La disciplina surge de la comunión, y uno de sus propósitos es preservar la comunión ("has ganado a tu hermano"). Sin una verdadera comunión la disciplina es imposible, o por lo menos es un acto pernicioso.

La disciplina puede ser efectiva sólo cuando las personas se conocen y se preocupan unas por las otras. Esta es la motivación que hay detrás de los actos de disciplina que se presentan en las Escrituras. Por ejemplo, los tesalonicenses estaban tan estrechamente relacionados unos a otros, que el grupo podía impedir que uno de ellos comiera si surgía la necesidad de tomar tal medida. Nótese que el texto no presenta un caso de benevolencia sino de disciplina.

Sin embargo tal comunión no siempre ocurre en las congregaciones, y cuando ésta no existe, tampoco existe la disciplina. Por eso mismo es que los casos de disciplina son muy escasos en las congregaciones de más de 300 miembros, porque los miembros tienen menos oportunidad de conocerse unos a los otros.

Este es un punto importante: Usted no puede iniciar un programa de disciplina así por así. Usted primero debe contar con un alto grado de comunión, y entonces la disciplina surgirá naturalmente.

Un mal entendimiento del papel pastoral de los ancianos

Tradicionalmente en las iglesias de Cristo hemos enfatizado que los predicadores no son pastores. Sin embargo en realidad a menudo se ven casos en que ni los mismos ancianos hacen su trabajo de pastores. Por experiencia propia he encontrado que la mayoría de los ancianos no creen que la disciplina sea parte de sus responsabilidades. Sin embargo, ¿qué puede ser más importante que el rescate de las ovejas extraviadas par un pastor (o anciano)? Léase Hebreos 13.17.

Debo poner en claro que los ancianos, desde luego, no son los únicos responsables de ejercer la disciplina. No, Jesús dijo: "si tu hermano peca..." Cuando Pablo escribió dando instrucciones disciplinarias a las iglesias, las dirigió a toda la iglesia, sin señalar a individuos o grupos como los únicos responsables de cumplirlas.

Sin embargo es poco probable que las iglesias van a poner en práctica la disciplina a menos que sean dirigidas por sus ancianos. En la realidad, alguien tiene que tomar la batuta, principalmente cuando la disciplina es a nivel congregacional. ¿Y quienes pueden ser más idóneos para eso que los ancianos de la iglesia?

La falla en amar como Dios ama

Hebreos 12.4-10 nos enseña que Dios disciplina a los que él ama, y a los de la iglesia de Laodicea, Jesús les dijo: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo" (Apocalipsis 3.19). En otras palabras, la necesidad de disciplina en la iglesia es un producto del amor disciplinario para con nosotros y nuestra necesidad de reflejar el amor de Dios por amarnos unos a los otros.

Irónicamente, la objeción más común a la práctica de disciplina correctiva es ¡que carece de amor! Pero no puede haber amor verdadero sin disciplina, ¡y no es más carente de amor para nosotros que nos disciplinemos unos a los otros si no lo es para Dios cuando él nos disciplina! Lo que es carencia de amor es cuando observamos a los que se hunden en el pecado y no hacemos nada por ellos.

Lo opuesto al amor, hablando bíblicamente, no es el odio sino la indiferencia. En el mismo contexto en que Jesús enseña que vayamos a nuestro hermano cuando él peca, el Señor declara con firmeza: "Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños" (Mateo 18.10). Y la palabra griega para "menospreciar" es "tomarlos como que no valieran nada". ¿Qué es lo que decimos cuando ignoramos a alguien cuya vida está dominada por el pecado? ¿Qué le amamos? O decimos: "No me preocupa mucho, lo que pasa es que es un caso muy difícil". Siempre es más fácil no hacer nada. Pero eso no es amor.

Falta motivación

Aunque todo lo anterior contribuye a que seamos negligentes en cuanto a la disciplina, hay, en mi opinión, una razón dominante. No creemos que la disciplina haga algún bien. Como resultado de esto, no tenemos motivación. A pesar de tantas Escrituras que hay sobre el tema, tenemos que confesar que no estamos convencidos.

En lo que concierne a la disciplina, la hemos reemplazado por el temor. El temor al fracaso. El temor de cometer un error y hacer que las cosas se pongan peores. Temor de ahuyentar a los de afuera y de perder miembros. Todo esto no se resume sino en el temor de confiar en la Palabra; así que preferimos nuestros propios métodos que los de Dios. La disciplina realmente no cabe dentro del pensamiento de nuestra sociedad, que alaba el ideal de "no meterse en los asuntos de otros", "vivir y dejar vivir", "no juzgar", "dejar que cada uno escoja lo que quiera hacer".

Pablo escribió que dos de las funciones de las Escrituras son de redargüir y corregir. Posiblemente no hay otra área de la vida cristiana en que necesitemos tanta amonestación y corrección como lo es nuestra actitud hacia la disciplina.

Parte II

Las ventajas de la disciplina

La disciplina no es solamente un método para poner en orden a gente extraviada; a menudo es la única manera en que se logra algo bueno, y es por eso que la Biblia así lo enseña.

En la primera parte de esta serie señalamos que la razón por la cual descartamos la disciplina es sencillamente porque no creemos que haga algún bien. En esta segunda parte vamos a ver cómo puede la disciplina ayudar en algunos problemas más comunes de la iglesia.

1. En primer lugar, la disciplina ayudará a los creyentes extraviados a volver a Cristo. ¿No es este uno de los problemas más comunes en la iglesia? Sin embargo la mayoría de los líderes de las congregaciones creen que no se puede hacer mucho para resolver este problema. Pero de acuerdo a Mateo 18.15-18; 1 Corintios 5.5 y Gálatas 6.1, este es el objetivo principal de la disciplina. ¡Dios nos ha dado una herramienta que no estamos utilizando!

¿Qué es lo que usualmente ocurre cuando algún miembro de la iglesia peca en alguna manera seria o abierta? (Nota del editor en cuanto al artículo en inglés: Esta terminología no indica que hay pecado que no sea serio. Lo que sencillamente está señalando es que no todo pecado requiere disciplina como la que se está considerando.) Generalmente nada - al menos nada que pueda ayudar a corregir al infractor. Hablar a espaldas de la persona, desarrollar sentimientos rencorosos contra ella o sencillamente borrar su nombre del libro de membresía de la iglesia - la forma más severa de disciplina para muchas congregaciones - no contribuirá mucho a que el infractor sea restaurado.

Lo que debe ocurrir, de acuerdo a Mateo 18.15, es que en un esfuerzo conjunto la persona sea inducida al arrepentimiento. Si la persona responde, Jesús dice que "has ganado a tu hermano". No hay garantía de que cada pecador que sea confrontado con la disciplina se arrepienta. Pero, contrario a lo que comúnmente se cree, hay pecadores que responden a la disciplina. A veces lleva tiempo, pero las personas vuelven al Señor, confesando sus pecados después de la prueba, como lo enseña Mateo 18. No tenemos estadística sobre eso, pero si sólo uno de 100 retorna al Señor, ¿no vale la pena el esfuerzo? ¿Creemos realmente en lo que decimos que vale un alma? Practicar la disciplina es una prevención contra la pérdida innecesaria de almas.

2. En segundo lugar, la disciplina contribuirá a minimizar los efectos de una conducta pecaminosa. Cuando Pablo estaba amonestando a los corintios en cuanto al hermano que practicaba el incesto, les advierte del peligro de la levadura que contamina toda la masa (1 Corintios 5.6-11). El apóstol hace alusión a la fiesta de la Pascua, como advertencia contra la mala influencia. Si no se hacía algo en cuanto a esta escandalosa situación, de la cual toda la iglesia estaba sabida, más sería el pecado que sobrevendría.  Esto explica por qué Pablo no instruye a los corintios a seguir los pasos de Mateo 18. Pablo estaba tratando con una situación de emergencia que requería cirugía radical. El objeto principal es salvar el espíritu del pecador. Si eso falla, el objeto secundario consiste en proteger la iglesia de la influencia contaminante.

Nos engañamos si creemos que un poco de levadura no tiene poder para contaminar toda la masa. El mal tiene un poder penetrante, y si un pecado está presente abiertamente en la iglesia, y nada se hace para contrarrestarlo, con toda seguridad habrá más pecado. Sin embargo, cuando la disciplina se ejerce, los efectos del pecado pueden ser minimizados.

3. En tercer lugar, la disciplina puede servir para frenar la mala conducta. Si una congregación practica la disciplina consistentemente, esto servirá de advertencia para que otros no cometan pecados. En 1 Timoteo 5.20, Pablo dice que hay que reprender delante de todos a los que persisten en pecar, "para que los demás también teman". La disciplina en público tiene fuerte efecto sobre un grupo de personas, como se ve en el caso crítico de Hechos 5.1-11.

Aquí tenemos un ejemplo de la actualidad. En cierta iglesia en la cual se practica la disciplina, los ancianos se reunieron varias veces con un joven que persistía en pecar. Sin embargo rehusó corregir su vida. Finalmente el joven percibió que los ancianos pronto tomarían medidas más fuertes, aunque nunca se mencionó una amonestación en público. El siguiente domingo se arrepintió. Más tarde confesó a un amigo: "Me di cuenta que me iban a despedir de la iglesia, y eso no lo podía resistir". Este joven nunca hubiera llegado a esa conclusión y probablemente no hubiera dejado de pecar si no se le hubiera aplicado esta disciplina consistentemente y con mansedumbre.

4. En cuarto lugar, la disciplina ayudará a mostrar al mundo que la iglesia toma en serio el pecado. Hay mucha gente que busca a Dios y quieren encontrar un lugar donde puedan adorarle y servirle en una manera santa. Sin embargo dichas personas se desaniman cuando ven la hipocresía de las iglesias donde sólo hablan pero no hacen nada en cuanto al pecado. No se puede esconder la deficiencia que hay en nuestra espiritualidad y por esto es que Dios nos disciplina; y por esto mismo es necesario que nos disciplinemos unos a otros, "para que participemos de su santidad" (Hebreos 12.10).

Cierta persona me contó acerca de uno de los líderes de una congregación que era bien conocido como adúltero; sin embargo la iglesia nunca hizo nada al respecto, y él continuó en su posición de liderazgo. A consecuencia de eso mucha gente de la comunidad rehusó asistir a esa congregación. Cuando cosas como esas se dejan pasar, no hay que sorprenderse si las personas no nos respetan. ¡Ellas tienen toda la razón!

La disciplina en la iglesia nos dará credibilidad, que de otra manera no se puede obtener, ya que hay asuntos que no se pueden corregir sin la disciplina - y eso aun los incrédulos lo saben. El temor de que la disciplina impide el crecimiento carece de fundamento. El mundo sabe que si una iglesia es tolerante de todo, no tiene mucho que ofrecer. La gente no se acercará, sino buscarán a una iglesia que tome el pecado en serio.

5. En quinto lugar, la disciplina ayudará a proteger la iglesia de la gente mala. Todo líder de una iglesia sabe que de vez en cuando aparecen personas que pueden estrangular a la congregación si no se toman medidas adecuadas. Hay unos que no lo hacen intencionalmente, pero causan daño. En estas situaciones la disciplina sirve como control contra el daño.

Tres Categorías de Personas que Hacen Daño a la Iglesia:

1. Gente divisionista. Tito 3.10,11 dice que "al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo". Una persona que cause división no necesariamente tiene que ser alguien que enseña una doctrina falsa. Por ejemplo, hace unos años comenzó a asistir a nuestra iglesia un hombre que insistía que era erróneo referirse a la Cena del Señor como "comunión". El discutía con todo el que encontraba sobre ese tema y estaba causando considerable confusión. Finalmente uno de los ancianos habló con él y le dijo que él podía creer lo que quisiera acerca de ese punto, pero que no podía causar disensión como lo estaba haciendo. En vez de obedecer las instrucciones, aquel hombre se fue, y la iglesia quedó en paz.

2. Gente dominante. Si usted ha sido miembro por cierto tiempo de la iglesia, no hay duda de que se ha encontrado con algún "Diótrefes". Es el hombre de la 3ra. epístola de Juan, versículo 9, el cual se oponía a la autoridad del apóstol, rehusaba recibir a evangelistas itinerantes, y expulsaba de la iglesia a quienes los hospedaban. ¿Por qué era esto? Porque él quería "tener el primer lugar entre ellos". O sea que él quería que todo se hiciera a su manera, y se oponía a quien lo estorbara.

La primera iglesia para la cual yo prediqué a tiempo completo tenía un Diótrefes. Si alguien hacía algo que no era de su gusto, lo amenazaba con crearle problemas. A los que no estaban de acuerdo con él, los llamaba "liberales". Aun los mismos ancianos se sentían intimidados con este hombre, lo cual daba como resultado que toda la iglesia estuviera bajo su dominio. Cuando finalmente fue confrontado en cuanto a este problema, el hombre se fue; y la iglesia, ya libre de la mala influencia, progresó mucho. Nótese que en 3 Juan 10, el apóstol dice que cuando él llegara, confrontaría a Diótrefes. A veces esto es lo que hay que hacer.

3. Falsos maestros. Romanos 16.17,18; 1 Timoteo 1.3-7 y Tito 1.10,11 hablan de gente que esparce falsas doctrinas. Tito dice: "a los cuales es preciso tapar la boca". La disciplina sirve para callarlos. Mientras un falso maestro cuente con una audiencia, su obra destructiva continuará. Una vez la audiencia desaparece, también desaparece el falso maestro. Por eso las Escrituras enseñan que hay que apartarse de tal hombre.

La disciplina no es sólo una manera de controlar a la gente mala. A menudo es la única manera en que se logra algo bueno, y es por eso que la Biblia así lo enseña. Es erróneo ver que haya gente extraviada que está haciendo daño en la iglesia y no hacer nada al respecto. Pero si actuamos con fe, entonces la iglesia será protegida.

La disciplina es nada menos que la herramienta que Dios nos ha dejado para tratar con ciertos problemas que no pueden ser arreglados de otra manera. No resolverá todos los problemas de la iglesia, pero sí ayudará a corregir muchos de ellos. ¿Por qué no usarla?

Cómo ejercer la disciplina con amor y consistencia

Hay que concentrarse en la comunión y no en la disciplina. Si la comunión mejora, mejoran las condiciones para ejercer la disciplina.

Uno de los más grandes temores que hay en cuanto a la disciplina es creer que no la podremos ejercer correctamente, que lo echaremos todo a perder, particularmente si no la comenzaremos bien. Así que dejamos la disciplina por un lado y no la ejercemos del todo. Esto parece raro porque nos salen mal otras cosas, como el evangelismo, la adoración, las misiones. Pero no por eso dejamos de practicarlas. No hay que temer. Toda congregación es capaz de ejercer la disciplina con amor y consistencia. En seguida presentamos unas sugerencias que pueden ser de ayuda:

1. Comience donde usted está. En primer lugar, si en su congregación no se ha ejercido la disciplina, hay que reconocerlo y arrepentirse. Ahora inicie con las personas que están bajo su cuidado. No retroceda y trate de corregir errores que se hayan cometido hace 30 años, haciendo con esto una lista de todos los que hay que echar fuera de la iglesia. Hay que cuidar a las ovejas que están hoy en el redil con amor y consideración. Acérquese a ellas de inmediato cuando observe que pasan por algún problema. No hay una fórmula mágica, ¡sólo hágalo!

2. No se concentre en la disciplina sino en la comunión. Una de las peores cosas que los líderes de una congregación pueden hacer es "comenzar a disciplinar". Si usted no ha comenzado ya, esto quiere decir que hay algo raro en cuanto a la clase de comunión que la iglesia tiene. Así que comience por allí: mejore la comunión, y la disciplina llegará como una consecuencia normal.

La disciplina será significativa y efectiva sólo si surge de una comunión genuina de creyentes que se aman y se preocupan unos por los otros. Si esto no ocurre así en su congregación, es hora de que comience a orar por esta situación. Luego hable con los demás. Haga grupos pequeños en que se pueda discutir cuestiones como las siguientes: "En una escala de uno a diez, ¿cómo evalúa usted la calidad de la comunión que hay en nuestra congregación?" "¿Qué podríamos hacer para mejorar la calidad de nuestra comunión?" "¿Qué podría hacer cada uno de ustedes personalmente?" "¿Cuántos miembros hay en nuestra congregación de los cuales no sabemos lo que hacen?" "¿Por qué?" "¿Qué podemos hacer para corregir esta situación?" Esta actividad puede resultar penosa para la iglesia, pero es necesaria para que los hermanos comiencen a pensar en la comunión. Luego entonces podrán comenzar también a pensar en la disciplina.

3. Eduque a la iglesia. No hay que asumir que la gente está enterada de lo que la Biblia dice en cuanto a la disciplina. Por lo tanto es necesario enseñar acerca de los pasajes bíblicos que tratan de la disciplina. Especialmente, los hermanos deben aprender que la disciplina comienza con ellos mismos. Jesús dijo: "Por tanto, si tu hermano peca... vé..." (Mateo 18.15). ¿Espera usted que "alguien" haga algo respecto a la situación? Es necesario enfatizar que la disciplina es responsabilidad de todos y no únicamente de los líderes. Hay que seguir enseñando estos principios hasta que sean comprendidos por todos.

4. Trate cada situación y cada persona individualmente. Uno de nuestros errores más grandes en cuanto a la disciplina es asumir que todos los problemas deben ser resueltos siguiendo el modelo de Mateo. Es decir que tenemos que seguir exactamente los pasos delineados en Mateo 18.15-17 para cada situación. Pero este enfoque no es práctico.

Las cartas de Pablo nos enseñan que hay varias opciones abiertas para nosotros cuando se trata de aplicar disciplina. En 1 Corintios 5 la iglesia tenía que "entregar a Satanás" a aquel hombre que vivía con la esposa de su padre. Esto era apropiado porque aquella situación era bien conocida y estaba teniendo un fuerte efecto negativo en la iglesia. Sin embargo no tenemos que "entregar a Satanás" a un nuevo miembro de la iglesia sólo porque todavía no asiste regularmente a los cultos de la iglesia.

Gálatas 6.1 nos amonesta a que "restauremos" a uno que es sorprendido en un pecado. Pablo no especifica en qué manera tenemos que hacer esto. Puede requerir un exhortación, una amonestación, una enseñanza o una advertencia que puede terminar en expulsión de la iglesia.

Pablo instruyó a los tesalonicenses a que se "apartaran" de aquellos que anduvieran desordenadamente, pero también mandó que no los tuvieran como enemigos (2 Tesalonicenses 3.6,15). A veces no es específico. No creo que lo haya intentado. No tenemos que quedar reducidos a un solo procedimiento. Hay que acudir al hermano o hermana, y después se puede determinar qué hay que hacer.

5. Trate los problemas a medida que estos surjan. Nuestro segundo gran problema - después de no hacer nada - es actuar con mucha tardanza. Hacemos esto porque no queremos ser duros ante la situación. Pero eso de ponerse a discutir sobre un problema por un año o dos antes de actuar no tiene nada de duro. Cuando hay mucha tardanza, cualquier medida que se tome posteriormente no garantiza ninguna efectividad. Cuando nuestros niños necesitan disciplina, la ejecutamos de inmediato para que ellos vean la conexión entre su conducta y las consecuencias. Mucha tardanza anula el efecto. La iglesia no es diferente.

Otra razón que hay para no tardarnos es que si dejamos pasar las cosas demasiado, después que el problema se hace evidente, puede empeorarse y tener una influencia perniciosa sobre los demás. La mayoría de los problemas humanos de inter-relación no se mejoran sin alguna medida de acción para corregirlos. Si los problemas se tratan a tiempo, se evitarán lamentos posteriores.

6. Limite el número de personas involucradas. Mateo enseña que hay que comenzar con uno y uno, luego dos o tres, y después, si es necesario, involucrar a toda la iglesia. En otras palabras, es necesario mantener el grupo tan pequeño como sea posible.

Al tratar con los pecados de las personas, queremos ahorrarles toda la vergüenza que sea posible, y así ayudar a que su arrepentimiento no tenga estorbo. Además, por mantener el círculo pequeño, habrá menos personas que se enteren del problema y menos afectadas por el mismo.

7. Discipline con un espíritu adecuado. Cristo dijo: "ve a tu hermano", y no "ve a ese idiota". Gálatas 6.1 instruye que la amonestación debe ser hecha "con espíritu de mansedumbre" y advierte que uno debe considerarse a sí mismo, no sea que también sea tentado.

También hay que tener una buena actitud ante los resultados. No comience el proceso de Mateo 18 asumiendo que el resultado será la excomunión de la persona afectada. Hay que esperar que desde el primero paso ya hay posibilidad de resolver el caso. Si salimos a evangelizar sin la convicción de que vamos a obtener buenos resultados, no vamos a tener mucho éxito. Lo mismo ocurre con la disciplina.

8. Confíe en el Señor y busque su ayuda. "Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados" (Hebreos 12.11). La disciplina nunca es algo fácil, pero hay que confiar en Dios que cumplirá lo que dice su Palabra.

J. Carl Lancy cuenta la historia de un niño que hacía navegar su pequeño barco en un estanque. Pero llegó el momento en que el bote se alejó tanto que no pudo alcanzarlo. Viendo su desconsuelo, un hombre viejo comenzó a tirar piedras un poco más adelante que el barco. Al principio el niño estaba horrorizado, pero luego se dio cuenta de la estrategia. En vez de destruir al velero, las piedras que caían producían ondas que lo empujaban de regreso. Así es la disciplina de Dios. Lo que a primera vista parece destructivo o contraproducente, al final nos hace retornar a la posición en que debemos estar.

Un texto muy importante sobre la disciplina, que rara vez se discute, es Mateo 18.18-20. Justo después de que Jesús enseñaba a sus discípulos a disciplinarse unos a otros cuando fuera necesario, el Señor dijo que mientras estamos trabajando en la restauración de hermanos y hermanas que han pecado, él está presente en medio de nosotros. "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". El contexto no es la oración, sino la disciplina. El Señor ha prometido participar con nosotros en nuestro esfuerzo por ejercer la disciplina. ¿Qué más seguridad necesitamos?

- Tommy South

(Predicador y anciano)

La Voz Eterna, Enero-Febrero, Marzo-Abril y Mayo-Junio 2001 (Via Gospel Advocate)

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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