ESPÍRITU, AGUA Y FUEGO
  

"Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará" (Mateo 3.11,12).

Introducción

La buena nueva es que estamos en el año agradable del Señor - me refiero a la presente edad que comenzó con Jesucristo y concluirá con su segunda venida. Esto significa, pues, que es tiempo de amistad, hacer amigos, para compartir con ellos el amor, el gozo y la esperanza que Dios y su palabra siguen llevando a todas partes. ¡Cuánta felicidad ha traído el día agradable del Señor, desde que Jesucristo mismo lo inauguró en la antigua Nazaret (Lucas 4.19).

En este breve trabajo, aunque encontremos algunas anotaciones sobre el desastre final del mundo, usted podrá descubrir que el Dios Eterno nos ha dado prueba de que él, como dijo el profeta en Isaías 61.3: "Ama más la gloria que la ceniza; el óleo de gozo, que el luto; el manto de alegría, que el espíritu angustiado".

Debemos, pues gozarnos en este año agradable del Señor, en el cual Dios nos enseña por su palabra, qué antes que el juicio, está su gracia, su perdón, su Espíritu y la esperanza de vida eterna y celestial.

Lo invito, pues, de la manera más respetuosa, a estudiar sobre el Espíritu, el agua y el fuego.

Proposición

Son tres los bautismos que anuncia Juan en esta Escritura: El bautismo en agua; el bautismo en el Espíritu Santo; el bautismo en fuego.

Desarrollo

El bautismo en agua.

Este bautismo o inmersión en agua, que Juan suministró, fue sólo para judíos; y tenía como propósito el perdón de sus pecados (Marcos 1.4; Lucas 3.3) a fin de preparar al pueblo (residuo fiel) que habría de recibir al Mesías de Israel, Señor y Salvador del mundo. Por eso, Juan bautizaba sólo a los judíos que mostraban estar arrepentidos. Después de su resurrección, Jesucristo mandó cuando dio su gran comisión, que toda criatura de cualquier nación - no sólo judíos - que aceptara el evangelio, fuera bautizado para salvación (Marcos 16.15,16; Mateo 28.19,20). Y tal mandamiento fue obedecido desde el momento mismo que el reino quedó establecido (Hechos 2.38,41).

El bautismo en el Espíritu Santo

El bautismo en el Espíritu Santo mencionado aquí por primera vez en la era del Mesías, fue el que acompañado de señales milagrosas (Hechos 2.1-4), recibieron los apóstoles el día de Pentecostés en el año 30 d. de Cristo en Jerusalén; Cornelio y otros gentiles, trece años después, en Cesarea (Hechos 10.44-48;11.15-18). Este bautismo vino a ser la inauguración de la era en la que el Espíritu Santo estaría derramándose sobre toda carne, y la apertura de la predicación del evangelio en todas las naciones (Lucas 24.47-49).

El bautismo en fuego

El bautismo en fuego será el acto inaugural de la eternidad, lo cual no será otra cosa sino el juicio de eterno castigo que sufrirán los injustos a partir del segundo advenimiento de nuestro Señor. En esta parte hay que interpretar el fuego de Mateo 3.11 a la luz de todo su conjunto que incluye al versículo que le antecede sobre el hacha del juicio (versículo 10, y el que le procede sobre el aventador de la separación (versículo 12). El bautismo en fuego está separado del bautismo en el Espíritu Santo por un largo período en el que Jesús y los suyos se mantienen ocupados, llevando el evangelio a todas las naciones para salvación de los que crean y sean bautizados o inmersos en agua (Marcos 16.15,16; Mateo 28.19,20). Esto significa, pues, que el único bautismo que sigue vigente hasta el fin del mundo es el de inmersión en agua. Ya en los días de Pablo había sólo un bautismo (Efesios 4.5).

Conclusión

Juan el Bautista suministró exclusivamente a judíos sólo el bautismo en agua para perdón de pecados (Marcos 1.4; Lucas 3.3), pero anunció que el Mesías suministraría dos más (bautismo en el Espíritu Santo y bautismo en fuego).

Jesucristo suministró como hizo Juan, el bautismo en agua y prometió a los apóstoles que en Jerusalén los bautizaría en el Espíritu Santo (Lucas 2.49; Hechos 1.4,5; 1.26; 2.1;4.33); la promesa se cumplió (Hechos 2.1-4). También hizo ver que el bautismo en fuego quedaría reservado para los infieles en su segunda venida (Mateo 13.24-43).

El bautismo en agua que nos es suministrado al convertirnos a Cristo nos podrá salvar (1 Pedro 3.21) del bautismo en fuego que viene a ser el juicio de eterna condenación (Mateo 25.41,46; Apocalipsis 20.7-10,15).

La enseñanza será doctrina de Cristo (2 Juan 9) sí además de ser presentada con exactitud y amor, produce en quien la recibe fe, gozo y esperanza en Cristo. Si usted estimara que este es el caso en este trabajo, entonces dé gloria d Dios porque la doctrina de Cristo ha llegado a usted.

- Efraín Valverde A.

La Voz Eterna, Mayo-Junio 2003

"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades (1 Pedro 3.21,22).

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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