CORINTO: LA IGLESIA CON PROBLEMAS
  

Corinto era la ciudad más grande de Grecia. (Se estima que tenía 650,000 habitantes.) También era una de las ciudades más famosas de la antigüedad. Era un puerto, un centro de comercio y la capital de la provincia de Acaya. Aunque era poderosa en cuanto a su riqueza material, era también notable por su inmoralidad. De hecho, su nombre se volvió sinónimo de corrupción (korinthiazesthai equivalía a "practicar la prostitución"). Aunque parezca extraño, fue en esta corrupta ciudad donde Dios le dijo al misionero Pablo "...yo tengo mucho pueblo en esta ciudad" (Hechos 18.10). Durante un año y medio, Pablo convirtió a esa gente, y la iglesia de Corinto fue establecida (Hechos 18.1-18).

La iglesia de Corinto tuvo un comienzo inverosímil. Sus primeros conversos incluían idólatras, adúlteros, homosexuales, ladrones y borrachos (1 Corintios 6.9-11). Con todo había algunos de alto prestigio dentro de la comunidad, por ejemplo, Crispo y Sóstenes (Hechos 18.8,17); pero no muchos de ellos eran sabios o poderosos (1 Corintios 1.26). Era algo digno de encomio el hecho que ellos habían respondido a la gracia de Dios y que querían vivir en santidad en una ciudad como Corinto.

Cosas negativas de Corinto

Sin embargo también hay una serie de aspectos negativos. Un análisis de la primera epístola a los Corintios revela la existencia de problemas internos, tales como la disensión (caps. 1-4); incesto (cap. 5); litigios delante los incrédulos (6.1-11); fornicación (6.12-20); conflictos matrimoniales (cap. 7); idolatría con viandas prohibidas (cap. 8) y confusión en el culto de adoración (caps. 11-14). Algunos incluso estaban en peligro de negar la resurrección (cap. 15). No se exagera cuando se dice que Corinto era una iglesia con problemas. La iglesia de Corinto adolecía de muchos males, de los cuales veremos unos a continuación.

Esnobismo

Los corintios tenían problema con el esnobismo. Hay varias cosas que señalaban una seudo-mundanería desagradable. Despreciaban a Pablo, porque él carecía de la excelencia de un orador (véase 1 Corintios 2.1-5; 13.1), y algunos consideraban que el énfasis que Pablo daba a la cruz era una ofensa para la mentalidad griega (1 Corintios 1.26-31; véase también 3.1-10). Exhibían un orgullo intelectual perverso que los hacía ser arrogantes (1 Corintios 8.1s), y promovía el conflicto y la rivalidad interna (caps. 3-4). Algunos parecían estar más interesados en credenciales y prestigio que en el buen carácter de la persona (véase 1 Corintios 9; 2 Corintios 10-12).

La triste verdad es que el esnobismo intelectual todavía existe en nuestros tiempos. Esto ocurre cuando no aceptamos a un predicador sino hasta que vemos sus credenciales académicas; cuando no aceptamos a predicadores cuya capacidad de elocuencia no se ajusta a nuestro estilo; cuando aceptamos o condenamos a alguien mediante un juicio superficial. Así es como traemos el esnobismo de Corinto a nuestras iglesias.

Sectarismo

También había sectarismo en la iglesia de Corinto. Su esnobismo salía a flote en su parcialidad y su tendencia a ensalzar ciertas personalidades (caps. 3-4). Los favoritos eran más importantes que la unidad del cuerpo de Cristo. El cristianismo había sido quebrantado a causa de rivalidades (1.10-18). Hoy podemos caer en la misma cosa, cuando formamos partidos sobre "métodos misioneros", "programas para el crecimiento de la iglesia" y sus promotores y detractores.

Ademas, la práctica de poner "etiquetas" es tan dañina hoy como lo fue en el Corinto de la antigüedad. Y cuando hacemos distinciones divisionistas, y hacemos tráfico de nombres, somos tan inmaduros como lo eran los corintios. La tendencia a llamarnos "liberales" o "conservadores", escudándonos tras ciertas personalidades es tan reprochable hoy como lo fue en aquellos días. Se supone que debiéramos haber ya aprendido de los errores de ellos. No necesitamos más sectarismo hoy. Además, en la unidad, no la división, lo que caracteriza a la iglesia ideal del Nuevo Testamento (1 Corintios 1.10).

Falsa tolerancia

Pero la seudo-mundanería no sólo condujo al esnobismo sino también a una falsa y peligrosa tolerancia del pecado (1 Corintios 5). Aun si, como algunos comentaristas opinan, el incesto que Pablo condena fue del tipo "legal" (o sea que el hijo cohabitaba con su madrastra), de todos modos permanece el hecho que esa relación tolerada por la iglesia de Corinto era algo que ni aun entre los gentiles se nombraba (1 Corintios 1.5). En vez de aplicar la disciplina entre ellos o por lo menos tener un poco de vergüenza, esta iglesia se había llenado de falso orgullo, mostrando una marcada indiferencia ante la vida moral. Por eso Pablo dijo acertadamente que se habían envanecido en vez de estarse lamentando amargamente (versículo 2).

Tal falsa tolerancia puede resurgir en la iglesia de hoy. La tolerancia, naturalmente, es un elemento necesario para la libertad en Cristo (véase Romanos 14.1-4). Sin embargo no es la tolerancia lo que trae la vergüenza al Señor. Es la traición. Cuando la preservación de una imagen de mundanería se torna en algo más vital a la iglesia que una sumisión humilde al señorío de Cristo, compartiendo su odio al pecado, entonces se ha perdido el sentido del verdadero discipulado, y se crea una iglesia mutante.

Faltas por causa de los predicadores

Corinto también sufría de la enfermedad llamada "predicadoritonitis" (1 Corintios 3). Querían que sus predicadores favoritos se tomaran en celebridades. Peor que eso, tenían amargas discusiones sobre cuál de ellos debería ser la mayor celebridad (3.3). Se aferraban a que "yo ciertamente soy de Pablo", "yo soy de Apolos" (3.4). Los predicadores servían para obstaculizar el camino de Cristo en Corinto.

Por otro lado, este rencoroso exclusivismo condujo a estos hermanos de Corinto a despreciar y maltratar a los predicadores que no eran de su agrado. Existía un movimiento anti-Pablo que no podía encontrar límite para decir cosas contra el apóstol (1 Corintios 9; 2 Corintios 10.1-6; 11.1-6). Pablo estaba tan consciente de esa tendencia a la hostilidad que les exigió que trataran bien a Timoteo, no con desprecios ni amenazas (1 Corintios 16.10,11). Pablo nunca hubiera escrito eso a menos que no fuera característica de ellos. Además, las detalladas exhortaciones que les da en cuanto a los predicadores visitantes (1 Corintios 16.15-18) expresan correctamente este rencoroso exclusivismo y favoritismo de Corinto. La verdad no era importante en Corinto; lo importante eran las personalidades.

En realidad fue la inmadurez y la mente carnal lo que produjo estas faltas en cuanto a los predicadores en el antiguo Corinto (1 Corinto 3.1-3), y es la misma mente carnal la que produce esos problemas hoy. No hay predicador tan malo excepto como sus enemigos lo presentan. Tampoco hay predicador tan bueno excepto como lo presentan sus admiradores. Sin embargo, cuando nuestro énfasis cae sobre personalidades, lo único que generamos es ambición, competencia y celos. Más aun cuando convertimos tales personalidades en celebridades. Y una iglesia que estimule tal rivalidad por medio del favoritismo no dejará de ser culpable en el día del juicio.

Todos nosotros necesitamos una buena dosis del realismo práctico de Pablo para que podamos ver esas "celebridades" tal como son - o sea como "siervos" (1 Corintios 3.5), que por sí mismos no son nada (3.7). El éxito y el crecimiento son obra de Dios (3.7). Tales individuos no son "estrellas" dentro de la hermandad. Solamente hay una Estrella de la Mañana, que merece todo crédito, honor y gloria (1 Corintios 1.28-31).

Conclusión

No se exagera cuando se dice que la iglesia de Corinto era el dolor de cabeza crónico para Pablo. Los problemas que tenían eran muchos y eran serios. Sin embargo, a pesar de toda su inmadurez y mente carnal, Pablo consideró que eran hermanos que gozaban de ciertos dones (1 Corintios 1.4-9), a quienes el Señor había llamado para ser santos (1.2), y en quienes el apóstol tenía confianza (2 Corintios 7.16). Pablo no habló sólo de gracia, sino que la practicó con ellos - aunque eran ingratos.

La iglesia de Corinto nos hace recordar de nuestra humanidad, y nos hace ver que los problemas entre la hermandad no son nuevos. Aquellos hermanos adolecían de muchos defectos - al igual que hoy - y nuestra lucha por acabar con el sectarismo, el esnobismo, la falsa tolerancia, es una lucha exactamente igual a la de ellos. Dios todavía obra en medio de la hermandad de los santos, y es a él a quien debemos acudir para crecer espiritualmente (1 Corintios 3.7-9), sabiendo que él nos sostendrá hasta el fin (1 Corintios 1.8-9).

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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