INTERPRETACIÓN DE MATEO 24 y 25

 

Uno de los pasajes bíblicos que ha caracterizado la particular interpretación premilenialista es el contenido en los capítulos 24 y 25 del Evangelio de Mateo y paralelos de Marcos 13 y de Lucas 21.

Mateo 24 ha sido interpretado principalmente por el premilenialismo bajo la argumentación de que la profecía que contiene es de exclusiva aplicación y cumplimiento para el tiempo general de la segunda venida de Cristo, y que, por consiguiente, las señales e indicaciones proféticas que presenta son los indicadores precisos de los tiempos previos e inmediatos para el establecimiento del reino de Dios en la tierra, suceso que ocurrirá precisamente después de esta segunda venida.

Entre las señales que los seguidores de esta escuela creen ver como más sobresalientes en el texto del capítulo 24 del Evangelio de Mateo, se encuentra la restauración de la nación literal de Israel a Palestina, que, según ellos, se ha cumplido ya en el establecimiento político oficial del moderno Estado de Israel. Según esto, las profecías contenidas en este pasaje del Nuevo Testamento son todavía futuras y sucederán en el ámbito exclusivo del que es actualmente Estado de Israel establecido en Palestina en el año de 1,948, por consiguiente, nada tienen que ver con el pueblo israelita que vivió los acontecimientos históricos del año 70 d.C. Pero el actual Estado de Israel asentado en Palestina no puede ser entendido bíblicamente como participante de los propósitos divinos correspondientes a la salvación de la humanidad. Ni la restauración del antiguo pueblo y nación de Israel, ni la también pretendida y entendida futura reconstrucción del templo de Jerusalén con propósitos rituales levíticos se contemplan en este pasaje de Mateo 24, así como tampoco en sus paralelos de Marcos 13 y de Lucas 21.

Asegurar que la nación original hebrea de Israel habría de ser restaurada en Palestina con el propósito de que de igual forma fuera restablecido el culto y ritual levítico como previa señal del regreso de Cristo, es como asegurar que para que Cristo regrese en su segunda venida se necesita restaurar el culto del Antiguo Testamento y lo que ello supone, esto es, rescatar la Ley de Moisés y creer que esto sería posible como objetivo y propósito dentro del plan de Dios para la nación judía.

Existe entonces en esta teoría e interpretación una indudable contradicción con la evidencia que es la destrucción del templo de Jerusalén acaecida en el año 70 d.C., que contempla realmente una principal y gran enseñanza histórica, profética y teológica de estos pasajes en estudio contenidos en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, o lo que es lo mismo, que con dicho evento histórico y providencial se cerraba definitivamente el culto ritual del Antiguo Testamento, cuyo centro se encontraba precisamente en el templo de Jerusalén, con el propósito de dar paso definitivo al evangelio de Jesucristo.

El tema principal del contenido profético de Mateo 24 es la destrucción de Jerusalén y del templo, tal como ocurrió fidedignamente en el año 70 d.C. Una cosa bien distinta es la profecía contenida a partir del versículo 35 de este mismo capítulo, en donde comienza a mostrarse la segunda venida de Cristo en el día final y los eventos del juicio.

La clave para poder diferenciar ambas profecías está en el versículo 34, donde se indica que las profecías y predicciones correspondientes a los versículos anteriores se corresponderían y cumplirían en aquella misma generación que conoció personalmente a Cristo, y esto aunque la profecía del día final vaya seguida prácticamente sin interrupción textual.

Los símbolos cósmicos que aparecen antes del versículo 34, concretamente en el versículo 29, aunque se refieren a la destrucción de Jerusalén, precisamente por eso no pueden ser nunca interpretados literalmente. Son sólo símbolos usados para indicar el juicio divino providencial sobre la tierra, en este caso particular sobre Jerusalén, como manifestación del final del mundo judío religioso en Palestina y alrededor del templo como epicentro. Son símbolos tomados por Jesús de Isaías 13.10 que no pueden nunca tener un cumplimiento literal como tampoco lo tuvo este texto cuando fue cumplido sobre Babilonia. Véase Isaías 13.17, donde el cumplimiento estaría en la llegada de los medo-persas a la capital imperial caldea y en la consiguiente pérdida del poder y hegemonía mundial por parte del imperio neobabilónico. También véase Isaías 24.21-23.

Con esta explicación, Jesús les está profetizando, y avisando, a sus discípulos que Jerusalén y el templo caerían poco después de su muerte y consiguiente resurrección, mediante la acción y juicio providencial de Dios, el juicio de unos acontecimientos que sucederían inevitablemente sobre el mundo judío religioso como indicativo histórico de que el Pacto de la Ley de Moisés ya había sido cumplido y que, por consiguiente, ya no tenía sentido ni aprobación divina seguir ofreciendo sacrificios en el templo de Jerusalén, así como tampoco seguir creyendo que Jerusalén era la santa ciudad de Dios. Ahora el pueblo de Cristo era la Nueva Jerusalén, la iglesia, y también el templo, como Cuerpo Santo donde mora Dios mismo.

En estos capítulos 24 y 25 de Mateo, Jesús responde a las preguntas de sus discípulos aceptando y respetando la mentalidad de ellos y sus creencias en cuanto al tema del fin del templo de Jerusalén, que la creencia popular y general judía entendía como que ocurriría precisamente en el día último del mundo, esto es lo que ellos pensaban, de ahí la pregunta trifásica del versículo 3, que realmente es una. El Maestro, entonces respetando la mentalidad de aquéllos sus discípulos, les referirá primeramente la destrucción del templo como asociándola y uniéndola con el fin de los tiempos y su segunda venida, aunque esto no ocurriría así porque ciertamente serían dos eventos diferentes en el tiempo. Cristo tampoco afirma en esta declaración que fueran a ocurrir conjuntamente. Para ello, para dejar clara esta desconexión, usa su declaración inequívoca del versículo 34, para indicar que aunque estaba presentando los dos acontecimientos seguidos, sin embargo sucederían en épocas bien distintas.

Hay que entender bien, entonces, que todo lo referido antes del versículo 34 ocurriría durante aquella misma generación, y, por lo tanto, algunos de estos símbolos no se pueden interpretar literalmente como aplicados a la segunda venida de Cristo. El texto comprendido entre los versículos 27 y 31 de Mateo se cumpliría proféticamente en relación a la destrucción del templo de Jerusalén por medio de la llegada del general romano Tito en el año 70 d.C. Fijémonos también con detalle en el versículo 33, donde Jesús les dice a sus discípulos que cuando vieran estas señales referidas anteriormente, entonces podrían saber que el cumplimiento estaba muy próximo en el tiempo. Pero es que lo verían ellos mismos personalmente, en su misma época: "vosotros", "cuando veáis todas estas cosas", "conoced". Cristo les está hablando exclusivamente a quienes verían directamente este cumplimiento, no a quienes en otra época futura no lo podían ver cumplido, porque éstos discípulos fueron exactamente quienes le habían hecho la pregunta de manera tan particular. Eran acontecimientos que se habrían de cumplir dentro de la vida de aquella misma generación. Por lo tanto, a partir del versículo 36 los eventos serán sin previo aviso, como bien se refleja en ese mismo texto, porque se refieren a la segunda venida y al fin del mundo.

En el versículo 27 se refiere la venida providencial de Cristo contra la nación judía para poner fin al judaísmo centrado en el culto en el templo. Ni aquí ni en el versículo 30 se está refiriendo a la segunda venida, son símbolos de autoridad y de poder gubernamental divino sobre la historia y sobre los acontecimientos humanos. En el versículo 28, "el cuerpo muerto", es el judaísmo sin vida espiritual que no creyó a Cristo y que le rechazó, que le seguiría rechazando, mientras que "las águilas" eran los romanos, representados por este preciso estandarte, quienes darían cuenta del judaísmo.

El texto está demostrando que Cristo habría de reinar desde el cielo sobre todas las cosas creadas, también sobre la historia y sobre los acontecimientos de los hombres, porque él tendría todo el poder universal que el Padre exclusivamente le había dado merced a su victoria sobre la muerte y sobre el pecado. Su presencia en las nubes viene a significar su gloria universal y su completo poder, Mateo 26.64, así como los profetas del Antiguo Testamento indicaban por este mismo símbolo el poder, dominio universal y los juicios históricos y providenciales de Dios. Isaías 19.1-4; Salmos 97.1-3; Ezequiel 30.3; 32.7; 34.12.

En Mateo 24 existen, pues, dos eventos proféticos distintos pero ciertamente relacionados: la destrucción de Jerusalén y del templo en el año 70 d.C., y la segunda venida de Cristo al fin del mundo. Se trata entonces de una misma profecía con dos vertientes: una es el fin del mundo judío religioso asociado y centralizado a Jerusalén y al templo como centros del culto mosaico; la otra es el final del mundo y de la era de la gracia. Ciertamente la primera profecía se cumplió proféticamente en su momento histórico, pero al mismo tiempo era la sombra o tipo de la segunda venida, aunque no se refiriera directamente a aquella. Reiterar que ambas profecías las presenta Cristo asociadas por el motivo de que sus discípulos le preguntaron por ambos eventos como unidos en un único cumplimiento. Pero el en fondo la enseñanza espiritual es la misma para los dos acontecimientos: la atención y la vigilancia del creyente, la perseverancia que ha de primar en su vida y en fidelidad a Dios y a su voluntad en todo momento como preparación ante los finales acontecimientos y decisiones divinas para los tiempos. Cualquier otra atención en cosas secundarias distrae al creyente de su primera atención. Esto es lo que exactamente Cristo les decía a sus discípulos cuando le hicieron aquella pregunta: debían olvidar su vigilancia personal del templo como lugar central de culto a Dios, para centrarla en vigilar sus vidas espirituales. Para ilustrarles esta verdad presenta las dos profecías seguidas, lo cual no quería decir que se cumplieran de igual manera.

- Manuel Díaz Nevado

La Voz Eterna, Marzo-Abril 2004

 

Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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