JONAS
  
PARTE I: EL PROFETA DE LOS GENTILES

Es común hablar de Jonás como el profeta renuente. Se le denomina renuente por su actitud inicial de no querer acatar el mandato de Dios de ir a la ciudad asiria de Nínive. La gran ciudad había sido pasada por juicio, y Dios había determinado destruirla a menos que los habitantes se arrepintieran de sus pecados. La historia de Jonás nos dice que el profeta finalmente acepta ir a Nínive; la ciudad responde al mensaje de Dios, se arrepiente, y entonces se salva.

Aparte de lo común de la historia de Jonás, encontramos otros detalles interesantes que valen la pena considerar. Podemos iniciar haciendo una pregunta: ¿Qué había en la mente de Jonás cuando rehusó obedecer al mandato de ir a Nínive a predicar? Hay por lo menos dos posibles respuestas que Jonás podría haber dado para justificar su actitud rebelde.

En primer lugar Jonás se consideraba (y lo era) un profeta exclusivo para Israel, el pueblo escogido de Dios. Por lo tanto le era aborrecible aquella misión de ir a una nación enemiga y predicarle la salvación. Para Jonás su responsabilidad era, pues, Israel, la única nación que podía ser salva en el mundo. En segundo lugar el profeta consideraba a Jehová como el Dios de Israel, y no Dios de las naciones infieles. Por eso era completamente inaceptable para Jonás que Jehová fuera misericordioso y clemente para con gente pagana (Jonás 4.2).

Luego viene otra pregunta. Una vez que Jonás acepta la misión bajo la presión divina, ¿qué pretendía el profeta demostrarle a Dios con ir a Nínive a predicar? Jonás quería demostrar que Dios estaba equivocado, que esa misión de predicar la salvación a los gentiles era inútil, que los paganos eran incapaces de responder a un mensaje que sólo los escogidos podían entender.

Por supuesto que Jonás no creía en lo que él mismo había estado predicando, pues se quedó en las afuera de Nínive, bajo una enramada, para ver qué le acontecería a la gran ciudad. Al profeta le parecía que lo más lógico es que una ciudad pervertida debía ser destruida, no importa que se arrepintiera o no. A Jonás le parecía mejor morir que ver salva a la ciudad.

Por otro lado tenemos la posición de Dios. Jehová Dios va a instruir a Jonás (y a nosotros) sobre este asunto. En primer lugar, Jonás era el equivocado. Nínive sí había respondido al mensaje del profeta, y había cumplido con las condiciones que Dios mismo había establecido para que la ciudad no fuera destruida. Dios había establecido las condiciones, no Jonás.

En segundo lugar, Dios es Señor de la historia. Jehová no es Dios sólo de Israel, sino que es Dios de todas las naciones de la tierra. Todos los pueblos de la tierra están bajo su control, y él emite juicio contra cualquiera de ellos, incluyendo Israel. Dios tiene plena autoridad para determinar la salvación o la condenación de cualquier nación del mundo.

Jonás creía que su propia nación de Israel era tan especial que no se podía comparar con ninguna otra. Sin embargo, siglos más tarde Jesucristo demostró que Jonás estaba equivocado. El Señor hizo una declaración sorprendente: "Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar" (Mateo 12.41).

"Esta generación", o sea la nación judía del tiempo de Jesús, recibiría más condenación en el día del juicio por el testimonio de Nínive, porque uno mayor que Jonás les estaba predicando y no se arrepintieron. Jonás no comprendía que Israel como nación estaba también sometida a juicio, y que incluso recibiría más condenación que otras.

En fin, podemos ver la paradoja de la historia de Jonás. Dios fundó la nación de Israel para ser luz de los gentiles. El pueblo de Israel no era un fin en sí mismo, sino un medio para llevar el mensaje de Dios a las demás naciones. Es cierto que Israel era el siervo de Jehová que había sido puesto para restaurar el remanente de Jacob. Pero la Escritura dice: "También te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra" (Isaías 49.6).

La actitud exclusivista de Jonás muestra la falta de misericordia para con los "paganos", a los que consideraba enemigos de Dios, destinados a la perdición. La iglesia de Cristo es hoy la "sal de la tierra", la "luz del mundo" (Mateo 5.13,14), y ojalá que como pueblo de Dios no exista como un fin en sí mismo sino como el medio de llevar el evangelio del reino de Cristo a todas las naciones (Mateo 28.18,19).

 

PARTE II: EL PROFETA DEL EGOISMO

A pesar de que el hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios, hay una marcada diferencia entre Dios y el hombre. Así como los cielos son tan altos, así son los pensamientos de Dios respecto al hombre. El hombre mantiene una tendencia de buscar lo que le conviene, y a veces a costa de su integridad. Lo paradójico es que aunque parece muchas veces que el hombre se sale con la suya, realmente es Dios quien establece su voluntad sobre todas las cosas, porque lo que Dios hace es bueno.

No hay que pensar que la mayoría de los personajes reconocidos de la Biblia siempre le llevaban la contraria a Dios. Más bien tenemos allí a un Abel, luego Noé, Abraham, José, héroes del Génesis que vivieron muy cerca del corazón de Dios. Por eso mismo Abraham fue denominado el amigo de Dios (Isaías 41.8). En los libros históricos nos encontramos con la obediencia incondicional de Josué, y antes de él Moisés, que al igual que David, aunque tuvieron fallas, fueron muy encomiados por Dios.

Por otro lado tenemos al profeta Jonás, que se caracteriza por su choque constante con la voluntad de Dios, generalmente haciendo lo que a él le parecía y no lo que Jehová quería. Cuando el Señor decide salvar a Nínive, Dios muestra que tiene interés en el bienestar de las naciones gentiles. Dios quiere que Jonás vaya a predicar a la gran ciudad perdida de Asiria, pero a Jonás no le parece bien la idea. Cree que es un pensamiento descabellado de Dios. Por eso, en vez de obedecer, decide salir en dirección contraria, hacia Tarsis.

Dios le muestra a Jonás que nadie puede escapar a su presencia, especialmente cuando se trata de un hombre que él quiere como instrumento para llevar la salvación a los extraviados. Jonás pretende manipular las circunstancias para desaparecer de la vista de Dios. Sin embargo es Dios quien maneja los elementos de la naturaleza y los seres vivos (el mar, la tempestad, los marineros, el gran pez), pero no para propósitos egoístas, sino para propiciar la salvación de los perdidos.

Cuando Jonás finalmente va a predicar a Nínive, en realidad no le interesa la salvación de los pobladores de la gran ciudad. Y si bien hubo una respuesta 100% efectiva al mensaje, el profeta no estaba contento con nada de lo que estaba ocurriendo. Jonás no alcanzaba a comprender por qué había él de compartir la salvación de Jehová con gente que no era el pueblo de Dios. Para Jonás los pueblos gentiles estaban por naturaleza perdidos e incapacitados de recibir cualquier beneficio de Dios. Los recipientes exclusivos de todas las bondades de Jehová eran únicamente los israelitas.

Cuando Jonás termina su predicación, el profeta decide quedarse en las afueras de la ciudad. No por mandato de Dios, sino por su propio interés. Era una intriga que emanaba de él por saber cuál sería el destino de la ciudad. Jonás desconfiaba de los ninivitas. Por eso quería ver su fracaso con sus propios ojos, y su ruina, cuando el juicio del cielo cayera sobre ellos. Pero no fue así. La bondad redentora de Dios prevaleció.

La razón por la cual Jonás no podía comprender el deseo de Dios de salvar a las naciones no judías era su egoísmo. Esto se observa claramente en el último evento que se desarrolla en la historia. Mientras que a Dios le preocupaba la salvación de 120,000 personas y muchos animales (4.11), a Jonás lo único que le da un pesar profundo es que la calabacera de su enramada se secó. Pero no porque el profeta tuviera interés en la vida de las plantas, sino porque aquella calabacera le protegía su cabeza del sol ardiente (4.8,9).

En el Nuevo Testamento nos encontramos con la predicación de Cristo. Es cierto que durante su ministerio terrenal él predicó casi exclusivamente en el territorio palestino, obedeciendo el mandato de ir a las "ovejas perdidas de Israel" (Mateo 15.24). Sin embargo, después de su gloriosa resurrección, hace una majestuosa declaración de su soberanía, y manda a sus discípulos a predicar el evangelio a "todas las naciones" (Mateo 28.18-20). Sabemos que para los mismos discípulos fue difícil poner en práctica este mandato. Dios, al igual que Jonás, tuvo que "forzar" a pedro a ir a los gentiles. Pero después, los que estaban en Jerusalén glorificaron a Dios por los resultados de la predicación del apóstol.

 

Parte III: EL PROFETA INFELIZ

Generalmente las historias se inician con la presentación de algo interesante, sencillo y atractivo. A medida que el tema se desarrolla, las situaciones se van complicando y a veces se presentan graves crisis que entonces se resuelven al final. El fin comúnmente es un dramático triunfo, ya sea del evento en sí, o ya sea que se trate de la victoria del héroe de la historia.

El Jonás de la Biblia presenta una situación diferente. La historia comienza con un profeta infeliz y termina con un profeta infeliz. Al oír Jonás la clase de misión que Dios tiene para él: nada menos que ir a predicar a una nación pagana, enemiga y opresora del pueblo de Israel. El profeta huye de la presencia de Jehová. No está contento con la misión que Dios le da, y cree que la mejor manera de evadir la responsabilidad es huir en dirección contraria de donde se encontraba la gran ciudad de Nínive.

La infelicidad del profeta se incrementa cuando la barca donde se transporta hacia Tarsis es abatida por una terrible tempestad. Jonás es echado de la barca al mar. De ahí es tragado por un gran pez. ¡Que le pase a un hombre algo así es algo sumamente excepcional! El pez se precipita al fondo del mar. Jonás piensa que va al fondo del abismo, a la muerte segura, a la máxima pena por su desobediencia. En su angustia el profeta eleva una profunda plegaria suplicando su liberación (capítulo 2). Solamente los más sublimes de los salmos son comparables a la manera en que se expresan los sentimientos de la oración de Jonás.

Lo triste del caso es que más adelante más infelicidad le espera al profeta. A consecuencia de la disciplina de Dios, Jonás va a Nínive, la gran ciudad, y predica el mensaje del Señor. Más de 120,000 personas se arrepienten, pero no para el gozo del profeta. Jonás más bien está decepcionado y prefiere morir que vivir (4.1-3).

En su decepción, Jonás decide quedarse en las afueras de Nínive. Acampa, hace una enramada y espera "hasta ver qué acontecería en la ciudad" (4.5). Pues nada sucede. Para más disgusto del profeta, nunca desciende fuego del cielo para destruir a los paganos. Las cosas no sucedían como él quería, y esto era la causa de su infelicidad.

Al final de la historia Dios hace crecer una calabacera sobre la cabeza del profeta para que le dé sombra y lo haga sentirse cómodo, y es aquí el único momento de todo el drama en que Jonás "se alegró grandemente por la calabacera" (4.6). Sin embargo la alegría no le duró mucho, porque al día siguiente la calabacera se seca y Jonás sufre de quemadoras en su cabeza.

De nuevo el profeta reacciona con enojo, esta vez por la calabacera que se secó. Dios utiliza esta situación para darle una lección sobre la misericordia. Dios lo confronta con un planteamiento: "Si Jonás sentía lástima por la calabacera que se secó, ¿por qué no sentía compasión por más de 120,000 personas y muchos animales que iban a ser destruidos?"

De principio a fin Jonás es un profeta infeliz. ¿Por cuáles razones? ¿Sería porque sus argumentos teológicos eran prioritarios al bienestar del ser humano, no importa sus creencias, su raza o su cultura? ¿Sería su actitud egoísta o su carácter iracundo? Posiblemente había algo de todo.

El verdadero héroe, victorioso para el caso, es Dios. Jehová Dios es el Salvador, aun de los paganos. Pero para ello el Señor es un Dios optimista desde el principio. Aunque Jonás rehusa ir a predicar a Nínive, Dios maneja los acontecimientos para que Jonás termine cumpliendo sus propósitos. Jehová no es un Dios egoísta y cree en la capacidad de cualquier hombre para responder al mensaje de salvación y arrepentirse para librarse del castigo.

¿Cuáles características de Jonás dominan todavía en los hijos de Dios de la actualidad? Es fácil criticar a Jonás porque podemos ver los efectos de su actitud en los acontecimientos de la historia como un todo. Nosotros podríamos estar actuando en algo que estorba a Dios, y no creer que lo que hacemos tenga trascendencia. Ojalá Dios actúe en nuestras vidas como actuó en la vida de Jonás para el bien. Queremos hacer bien, pero cuando no nos comportamos en una manera correcta, necesitamos que Dios corrija lo malo de nuestras vidas para serle útiles como instrumentos de su Reino.

"¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!" (Hechos 11.18).

- Arnoldo Mejía A.

Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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