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Usted Puede Hacer la Obra Personal
LOS METODOS DE ENSEÑANZA
Proclamamos ser buenos creyentes de la Palabra de Dios. Decimos: "Hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla". Esto es verdad en muchos aspectos, más que todo en relación al bautismo y la Cena del Señor. Porque si encontráremos una congregación que no estuviera enseñando el bautismo y observando la Cena del Señor, la calificaríamos como errada. Pero ¿cuántos pasajes enseñan estos asuntos? Cerca de veintidós muestran la necesidad de tomar la Cena del Señor, y aproximadamente ciento veinte enseñan acerca del bautismo. Y el Señor, con más de mil veces, nos ha exhortado a enseñar su palabra.

Hoy los miembros de la iglesia de Cristo confrontan las mismas palabras de despedida del Señor: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16.15). ¿Podremos decir dentro de treinta años como lo hicieron los apóstoles que el evangelio ha sido predicado a toda criatura?

¿Estamos nosotros predicando a toda criatura? ¿Puede decirse de cualquier ciudad grande, donde la iglesia es tan fuerte, que hay cientos de personas enteradas de que hay una iglesia de Cristo? En alguna manera les ha llamado la atención pero no saben la verdad realmente. El Señor dijo "enseñen". No dijo solamente, "Háganles saber que estamos aquí". El dijo, "Id y predicar". Y no dijo, "Invítenlos para que vengan a oírles". ¿Ha guardado usted algún registro por un año para ver cuántos inconversos han sido enseñados parcialmente con sólo "venir a la iglesia" para oír sermones?

Desde luego que no hay duda acerca de que la enseñanza desde el púlpito es uno de los medios más efectivos de predicar el evangelio; y continuará siéndolo así. Cuanto mayor es la audiencia, mayor es la oportunidad y mejor es la manera en que el orador predica. Hay cierta sicología de persuasión en un grupo grande que no está presente cuando se enseña sólo a unos pocos.

Si bien hay algunos que señalan la disminución que está sufriendo en influencia el púlpito, y que deben usarse otros medios de enseñanza, no por eso debe descuidarse la predicación. Hechos 5.42 dice que la iglesia del primer siglo había predicado diariamente en el templo. La causa de la inefectividad del púlpito radica en que dependemos de este completamente. Cuando nuestras enseñanzas y sermones del domingo deberían ser más bien el clímax de todo nuestro trabajo.

El púlpito está limitado porque el predicador tiene que hacerse conjeturas y usar lo mejor de su juicio sobre una lección que pueda ser la necesidad de la mayoría. A veces se predican sermones sobre los fundamentos de la fe cuando sólo los miembros de la iglesia están presentes. El predicador está limitado, por consiguiente a enseñar sólo a aquellos que vienen.

De nuevo estamos fallando, no estamos alcanzando a todas las gentes. Todavía debemos recordar que el Señor dijo, "Id y predicar". El no dijo, "Inviten". Muchas personas están tan cansadas del denominacionalismo que nunca vendrán a la iglesia del Señor porque creen que nosotros somos sólo otra denominación.

La medicina es buena para los niños, pero ellos nunca vienen para pedirla. El evangelio es bueno para los perdidos, y nosotros sabemos que ellos lo necesitan. El Señor también lo supo, por eso nos mandó que se lo lleváramos. Nuestro método está invertido. Esperamos que el mentiroso venga a nosotros y diga, "Enséñeme a decir la verdad". Los pecadores no quieren dejar de pecar fácilmente, tampoco lo quiere el diablo; ¿por qué debieran ellos "venir a la iglesia" para aprender cómo dejar de pecar? Nosotros sabemos del terrible peligro en que ellos están, pero ellos no se dan cuenta.

LOS MAESTROS PARTICULARES
 Cristo fue un gran maestro particular. Es el Maestro de todas las edades. Si queremos ser buenos maestros, de quien mejor podemos aprender es de él. Podríamos pensar que Cristo fue un prominente orador público, pero al revisar el Nuevo Testamento nos encontramos con sólo unos dieciséis discursos. El resto de su enseñanza la realizó personalmente.

Cierto día Cristo iba por el camino rodeado por una gran multitud. El podría haber aprovechado aquella oportunidad para predicarles, pero no lo hizo. Por otra parte vio a un hombre de poca estatura subido en un árbol, y decidió comer en su casa, aunque aquel hombre era despreciado por publicano y pecador. Tan efectivamente enseño e Señor para cambiar la vida de este hombre, que pudo decir antes de salir: "Hoy ha venido la salvación a esta casa" (Lucas 19.9).

"El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Juan 3.5). Es tan grande esta lección que miles de sermones han sido inspirados por ella, sin embargo fue dada sólo a una persona, Nicodemo.

Entendemos que Cristo vino a cambiar el curso del mundo, y la manera en que lo hizo fue dedicando su vida a enseñar individualmente. El Señor estaba más interesado en los problemas personales de cada humano que en grandes audiencias. Hoy tenemos invertido el asunto. Pensamos que si contamos con grandes grupos estamos teniendo éxito; pero Cristo tuvo más éxito enseñando sólo a unos en particular. Por eso vino a ser conocido como el amigo de los publicanos y los pecadores. Hoy le amamos y esperamos en él - no porque creamos que él esté interesado en grandes audiencias, sino porque está interesado en nuestros problemas personales.

Los cristianos del primer siglo imitaron el ejemplo de Cristo, y el éxito es evidente: la iglesia creció tan rápidamente como nunca. Hechos 8.1,4 dice que cuando la iglesia sufrió persecución, "los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio". Todos fueron esparcidos "excepto los apóstoles". Hoy diríamos que la obligación de ir es de los apóstoles, mientras que los cristianos pueden quedarse en casa. Hechos 5.42 dice que los cristianos del primer siglo enseñaban de casa en casa. La expansión inicial de la iglesia procedió del sacrificio individual de cada cristiano.

Por mucho tiempo hemos tenido la idea de que la responsabilidad de predicar el evangelio descansa sobre los hombros de unos cuantos predicadores. Hay que poner atención a lo que las Escrituras dicen acerca de la responsabilidad individual. Mateo 28.19,20 dice, "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado". Cada cristiano debe, a su vez, evangelizar y bautizar a los que crean. 2 Timoteo 2.2 habla del mensaje que debía ser encargado a hombres de confianza, capaces de enseñarlo a otros. No únicamente a predicadores. Los cristianos son también "la luz del mundo" y "la sal de la tierra", y no sólo los predicadores.

1 Pedro 3.15 está dirigido a todos los cristianos, y nosotros debemos estar siempre preparados para dar razón de la esperanza que vive en nosotros. Los miembros de la iglesia corren con los predicadores para que vengan a enseñarle a uno que está interesado en el evangelio. Pero el mandamiento es para cada cristiano: "Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma" (Ezequiel 3.18,19).

Los siguientes versos inspiran este pasaje:

Cuando allá en la tierra gloriosa

Delante del tribunal estemos,

Cuánta angustia tendremos

Si alguno allí perdido se halle

Clamando en dolor muy grande:

No me ayudaste a ver su luz,

Aún cuando me veías con sed,

Día a día en tinieblas sin Jesús;

¡Mas nunca me hablaste de El!

Hoy es, pues, una responsabilidad individual para cada cristiano. No podemos pagarle a alguien para que sea honesto en lugar de nosotros, que se arrepienta o que tome la Cena del Señor en vez de nosotros. Podemos sostener a otros para que hagan la obra de evangelización, pero también debemos ocuparnos de la enseñanza; si es que creemos y practicamos las enseñanzas apostólicas.

Cuando Cristo comenzó a evangelizar al mundo, no comenzó solo. El escogió e instruyó a varios discípulos porque él sabía que muy pronto abandonaría el mundo, mientras que ellos deberían continuar. También sabía que él solo no podría ir a todos los que le necesitaban, por eso encomendó y comisionó a sus apóstoles con la misma obra (Mateo 10). Hoy debiéramos seguir su ejemplo. El predicador vive agobiado con excesivo trabajo, y un solo hombre no puede hacerlo todo. ¿No tuvo acaso la iglesia del primer siglo nombrados a unos como maestros? (1 Corintios 12.28).

En muchas congregaciones persiste el desinterés o descuido, lo cual usualmente termina en chismes y actividades inútiles dentro de la iglesia. Los miembros no leen sus Biblias, no asisten a las reuniones. Esto puede ser remediado si los hermanos tienen algo que hacer, tal como enseñar. Cualquier hermano débil que participe en la evangelización, teniendo la oportunidad de visitar a alguien que necesite aprender, gozará de un pronto avivamiento espiritual. Leerá su Biblia; hará más oración porque necesitará de Dios; vendrá a las reuniones porque él es parte importante de la iglesia; y querrá animar a otros en la enseñanza.

La Biblia dice: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia" (Mateo 5.6). A veces nos preocupamos porque los hermanos ya no tienen apetito por el evangelio; pero todo se debe a que ellos nunca hacen ejercicio. Si queremos crecer, tenemos que hacer ejercicio, y no sólo comer; los líderes de la iglesia deberían velar por los recién nacidos en Cristo, que hagan el ejercicio apropiado. La congregación donde no se practique la obra personal será aquella donde un predicador se encuentre con cristianos soñolientos que protestan porque los sermones son muy largos. Pero en alguna congregación donde los hermanos estén activos en la enseñanza, estarán escuchando cada palabra, y tomando notas para tener material con qué enseñar a otros. Hay inspiración tanto en el predicador como en los miembros de la familia de Dios cuando se animan unos a otros en la obra de evangelización.

En la obra personal el obrero tiene la ventaja de saber qué es lo que hay en la mente de la persona interesada en ser enseñada. El obrero puede examinar el problema e impartir una enseñanza específica sobre el punto respectivo. Y durante el estudio, la persona que escucha puede también expresarse manifestando aquello que contribuya a aumentar su interés personal. Puede hablársele a una persona en particular de algo que nunca se podría decir desde el púlpito sin ofender a alguien.

En todo negocio y vida social es reconocida la efectividad del trabajo personal. Cuando usted entra a una tienda recibe atención personal. Los hombres de negocios tratan de conocer cuales son sus gustos antes de vender. Hasta de un vendedor de periódicos recibimos atención personal. Pero en la iglesia no es así. Esperamos que aquellos que asisten a las reuniones se interesen y obedezcan el evangelio sin recibir ninguna atención personal. Afecto y consideración personal de los problemas del individuo tendrán mucha más efectividad y persuasión que sólo comprobar que decimos la verdad. Consideremos a Cristo, él realmente expresó esto como verdad cuando sanaba y manifestaba tantos actos de bondad hacia aquellos que deseaban aprender. Pensemos de los inconversos como aquellos que no únicamente buscan la verdad del evangelio, pero también la fraternidad dentro de la iglesia del Señor.

Podemos aprender unas buenas lecciones del mismo diablo aquí mismo. El tiene más seguidores que Cristo. Convierte a muchas más personas y las mantiene bajo su poder. No es porque lo que él ofrezca sea bueno, pero es la manera en que presenta la tentación - la hace atractiva. Si el pecado fuera presentado en su forma verdadera, nunca tendría seguidores. Satanás tiene efectividad porque él adapta la tentación a cada quien que quiere ganar. Si el diablo puede hacer el pecado tan atractivo por medio de su trabajo personal, nosotros podemos hacer el mensaje del evangelio aún más atractivo; por cuanto es la verdad y la luz, y de promesas sempiternas para cada creyente.

¿Qué es necesario para ser obrero personal? Principalmente, si usted quiere salvar un alma, ¡pero que es un fuerte deseo!, usted encontrará el modo. Tal vez usted no sabe cuál es la mejor manera de hablarle a la gente acerca del evangelio; pero si anhela con tal vehemencia hacerlo que no puede abandonar la idea, ya habrá ganado una dura batalla.

RAZONES POR LAS CUALES LA OBRA PERSONAL

SUFRE LIMITACIONES

Es muy común encontrarnos con que los hermanos siempre están muy ocupados para hacer la obra personal. Trabajando para el gobierno, haciendo negocio, recreándose, cuidando del hogar. Sabemos que esto es importante, pero ¿será menos importante salvar almas? Es fácil convencernos de que nuestras preocupaciones y responsabilidades son tantas como para quitarnos el deseo de trabajar para el Señor. Preguntémonos ¿Tiene usted tiempo para leer el periódico? ¿Ve la televisión? ¿Le queda tiempo para recrearse? ¿Visita a sus amigos o platica con los vecinos? ¿Tiene tiempo para ir de compras al centro? Entonces usted tiene algún tiempo disponible para hablarle a una persona acerca del evangelio.

Los primeros cristianos fueron perseguidos y muchos fueron muertos a causa de su servicio a Dios. ¿No podremos nosotros privarnos de alguna comida o perder unas pocas horas de sueño para enseñar las buenas nuevas a un alma perdida? Si tenemos amor, seguro que lo haremos. El Señor nos enseñó que para ser sus discípulos era necesario negarnos a nosotros mismos. Por otro lado el egoísmo es condenado definitivamente; y encontramos exhortaciones tales como: "los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación" (Romanos 15.1,2).

¿Ha tratado usted alguna vez de reposar cuando no está cansado? Es imposible. El cielo es descrito como un lugar de reposo, y nosotros jamás lo gozaremos a menos que estemos cansados cuando lleguemos allá. A veces pensamos que hemos cumplido en todo nuestro deber con sólo asistir a las reuniones de la iglesia. Pero ¿no acaso incluye Jesús entre los deberes de los fieles: "estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí" (Mateo 25.36). Hay que reconocer nuestras propias responsabilidades al considerar las siguientes palabras:

Señor, ayúdame a vivir siempre

En olvido tal de mí mismo

Que cuando incline mi frente

Esa oración sea por mi prójimo.

Ayúdame a ser sincero y justo

En todos mis dichos y obras,

Y saber que cuando a ti ore

Ore por otras personas.

Muchos han rehusado hacer la obra personal porque dicen que ninguno está interesado. Piensan que cada quien está satisfecho con lo que cree; pero tal cosa no es verdad. Muchos están cansados de viejos tradicionalismos y sectarismos, y apreciarían las buenas nuevas si alguien se las ofreciera en la forma apropiada. ¿Cómo podemos estar tan seguros de que una persona no tiene interés? Puede ser que haya quienes no tienen interés, pero no sucede así con todos. Y aún si toda la gente estuviera desinteresada, eso tampoco nos da una excusa para que no hagamos al menos un intento. Si un empleado de una firma comercial saliera con que los posibles compradores de un producto no tienen interés, sería despedido de su trabajo inmediatamente.

Nadie puede definir quién pudiera estar o no estar interesado, y es seguro que otros no estarán interesados en el cristianismo si nosotros no lo estamos. Pero sí podemos creer que toda la humanidad desea y necesita el evangelio. Si tenemos una viva convicción religiosa, otros se interesarán en saber por qué creemos tan firmemente lo que enseñamos.

Muchos hermanos pierden interés en la obra personal porque han tratado más de una vez y no han tenido éxito. ¿Será posible admitir el fracaso hasta este punto? No tener éxito unas cuantas veces más no es razón para abandonar la labor de enseñar a otros. Cuando una puerta se cierra, otra está por abrirse. En vez de abandonar este ministerio es mejor examinar la causa del fracaso. Esta obra no es imposible. Otros han tenido éxito, también usted lo tendrá.

Los más grandes hombres de la historia han sido aquellos que fueron firmes en sus propósitos - no sólo por un tiempo, sino que hasta que tuvieron éxito. Grandes inventores tuvieron que vencer largas y decepcionantes horas de labor. Nada tiene más valor que formar y moldear almas para el reino de Dios. La fe es un deber, y es mandamiento específico de las Escrituras. Si decimos que no podemos hacer la obra del Señor, estamos poniendo en duda su habilidad de ayudarnos. Leyendo el capítulo once de los Hebreos se encuentran numerosos casos de hombres, que por medio de la fe, hicieron realidad lo que parecía imposible. Si usted no puede ser un gran orador como Pedro, puede tomar el lugar de Andrés y traer a Pedro a Cristo (Juan 1.40,42). Llevemos a alguien consigo si es necesario. "Sólo fracasa quien no intenta".

Muchos piensan que no saben lo suficiente de la Biblia como para enseñar a otros. Esperan hasta poder saber más. Pero más bien parece que los que dan esta excusa no hacen por aprender más de su Biblia. Alguien que sabe cómo hacerse cristiano debería estar avergonzado de dar esta excusa. Si usted sabe lo suficiente para obedecer el evangelio, usted sabe lo suficiente para enseñar a otra persona. Si usted puede decirle por qué obedeció al evangelio, eso será suficiente; eso fue lo que Pablo hizo (Hechos 22.16), y él era guiado por el Espíritu Santo.

Muchos cristianos es sienten en gran desventaja cuando discuten con un ministro de otro grupo religioso; pero no vacilarían en platicar con alguno que no sabe todas las respuestas acerca de la Biblia. Si usted siente que le falta más conocimiento de las Escrituras, está en mayor ventaja que aquellos que creen saberlo todo. ¿Se ha preguntado alguna vez cuántos cristianos de su comunidad saben explicar el plan de salvación y pueden probar cuál es la iglesia verdadera? Con seguridad que serán pocos los que podrán hacerlo. Lo cual manifiesta que no se está haciendo la obra personal en la iglesia. La manera más eficaz de aprender la Biblia es por instruir a otros.

Una de las razones principales por las cuales los miembros de la iglesia de Cristo no hacen la obra personal es porque no son animados por sus líderes. Si ellos intentan hacer algo sin la influencia de un predicador o maestro, temen sufrir las críticas de aquellos que trabajan menos en la obra. A veces hay miembros ansiosos de trabajar por el Señor pero lo encuentran muy difícil porque el ministro, diácono o anciano, no aprueban el entusiasmo que tienen, y desprecian su iniciativa. Otros hermanos de influencia en las congregaciones que quieren llevar a efecto un sistema de obra personal, temen hacerlo porque pueden ser calificados de no ser ortodoxos, por no seguir los usos tradicionales de la obra en la iglesia.

Otra de las razones principales por las cuales los cristianos no hacen obra personal es porque no saben cómo. Este librito contiene unas sugerencias para ayudarle; pero nunca deberán ser tomadas como guía infalible. Si en su congregación nadie sabe cómo hacer la obra personal, conviene invitar a algún conferencista para que venga y enseñe un curso sobre evangelismo personal. Impartir enseñanzas como ésta es revivir el ánimo de la congregación. Recuerde esto; sería ridículo pensar de unos bomberos que fallaron en apagar un incendio sólo por no haber sabido cuál era la mejor manera de hacerlo. No podemos fracasar en anunciar el evangelio sólo porque no sabemos cuál es el mejor método de hacerlo.

EL ESTUDIO SOBRE COMO HACER LA OBRA PERSONAL 
Para la obra personal debe emplearse el "sentido común" antes bien que sicología y tacto. Cuando el tacto es empleado inapropiadamente resulta desagradable. Tal actitud puede ser sólo fingir cualidades que no se poseen. El obrero personal tendrá que decir tan claras unas cosas que inclusive alguno se sentirá ofendido por ello. Una persona que tuerce las Escrituras, deliberadamente, debe ser amonestada, y con todo ser amable con ella. Conviene tomar en cuenta aquellas reglas de consideración por otras personas, y no ir con todo mundo, sólo porque poseemos la verdad, para decirles que van a ir al infierno si no se arrepienten.

A veces nuestro orgullo de ser más rectos que otros ha hecho que muchos se hayan alejado de la verdad en vez de haberse convertido en cristianos, cuando bastaba haber manifestado sólo un poco de consideración por ellos durante nuestra enseñanza.

"He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas" (Mateo 10.16). Esta fue la primera comisión que Cristo dio a sus apóstoles, y puede verse en definitiva que les dijo "cómo" enseñar tanto como "qué" enseñar. "Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Pedro 3.15). ¿Manifestamos esta mansedumbre y aún reverencia en nuestra enseñanza? Enfatizamos que Cristo tuvo el espíritu como de león, pero olvidamos que también tuvo el espíritu de un cordero. Ambos espíritus deben estar en cada cristiano, pero principalmente el espíritu de un cordero en relación a aquellos que desconocen la verdad. Los perdidos necesitan amor y consideración, instrucción - no denuncias.

Conviene ponerse en el lugar de otra persona. Cuando esté enseñando a alguien, recuerde que las convicciones de él son tan sagradas para él como lo son para usted las suyas. Lo que él crea puede ser tontería para usted, puede ser que usted vea el error fácilmente, pero esto es difícil para él. Le es difícil cambiar de actitud, por eso el Señor nos dice a través de Pablo, que debemos enseñarle con un "espíritu de mansedumbre". Muchos no creen que seamos cristianos porque de otra manera manifestaríamos bondad, simpatía y paciencia en nuestra enseñanza.

Aun tenemos ciertas actitudes incorrectas en nuestras congregaciones. Todo lo que hacen muchos hermanos y hermanas es encontrar faltas en otros y condenarlas. Mientras tanto muchas almas sinceras se pierden; las cuales aceptarían la verdad si viviéramos una religión santa y les enseñáramos con simpatía. Si no podemos amarnos unos a otros; y manifestar un espíritu de bondad aun en nuestras palabras, ¿cómo podremos esperar que el mundo crea que somos la iglesia verdadera? La manera en que enseñamos tiene tanta importancia delante de Dios como lo que enseñamos.

LO QUE NO DEBEMOS HACER 
En la obra personal es tan esencial saber lo que no hay que hacer como saber lo que hay que hacer. Muchos errores son cometidos por descuido. Si podemos aprender qué cosa no debemos hacer o decir, media parte de la batalla ha sido ganada. La idea de que muchas personas se ofenden con la verdad no es del todo cierta. Nuestras declaraciones, faltas de prudencia, y nuestra disposición desconsiderada ofenden más que la verdad. La mayoría de la gente busca la verdad, y la aceptará si esta es presentada correctamente.

Nunca es conveniente comenzar con crítica; tal como el señalar cuáles son todos los puntos errados en la religión de otras personas. No hay que pensar que esta actitud nos hará volvernos muy tolerantes. Cuando Cristo inició su ministerio personal, ¿no acaso se puso de pie en la sinagoga y dijo: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros"? (Lucas 4.21) ¿No presentó acaso también el sermón del monte y otras enseñanzas constructivas al principio de su obra? ¿Y no están la mayoría de sus denuncias y críticas al fin de su vida? (Mateo 23).

La actitud de Cristo y los apóstoles fue siempre de encontrar algo bueno que decir de la gente, aunque había muchas cosas incorrectas entre ellos. Siempre mencionaron las cosas buenas antes. Al hacer visitas en los hogares, por ejemplo, conviene decir, si el asunto es sobre las Escrituras, lo bueno que hay en las Biblias que poseen los que visitemos, antes de mostrarles que nosotros tenemos una Biblia mejor. Cuando una persona menciona primero las buenas características que usted tiene antes de mencionar sus puntos débiles, usted estará en mejor disposición para escucharle y pensará que su juicio es correcto.

En toda religión siempre hay algo bueno y debemos darle crédito a lo bueno; donde quiera que este se encuentre. Puede ser que lo que las denominaciones enseñen sea erróneo, pero ante los ojos de una persona que es parte de uno de esos grupos, no lo es. Esa persona encuentra buenas cosas; y no está mal que nosotros estemos de acuerdo con él en las cosas que son buenas. De esta manera pondrá atención a aquellas cosas que le mostremos que no son creencias correctas. Estará en una disposición distinta para confrontar sus errores. Siempre hay que tener en mente que los miembros de otros grupos religiosos también creen en la honestidad, en la justicia, la bondad hacia las viudas y los huérfanos, y otras buenas cosas. Siempre será posible encontrar algo bueno en el peor alcohólico, y si en alguna manera pudiera ser este alcanzado, sería por apelar a eso bueno que hay en él.

Por supuesto que la Biblia nos manda que reprobemos y reprendamos en nuestra labor de enseñanza; y no estaremos cumpliendo con nuestro deber de enseñar si no sacamos a luz el pecado y las falsas doctrinas. Pero si comenzamos por encontrar faltas en alguien con su religión, él también comenzará a hallar faltas en nosotros y en nuestra religión. ¿No dijo Jesús: "Con la medida con que medís, os será medido" (Mateo 7.2). Santiago dijo: "Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?" (Santiago 4.11,12).

No hay personas más arrogantes sobre la tierra que algunos miembros de la iglesia de Cristo. Pensamos que sabemos más que cualquier otra gente religiosa. Creemos que nosotros estamos en la verdad y que el resto del mundo vive en el error. Tales actitudes han hecho mucho daño y son reprobadas por el Señor. Las Escrituras dicen: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Fil. 2.3). Y en 1 Corintios 8.2: "Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo".

Decimos que sabemos que estamos en la verdad y que cualquier otro está en el error. Pero eso mismo dicen otros grupos religiosos. Conviene darnos cuenta de nuestra propia actitud, no sea que aparentemos ser tan arrogantes y egoístas como nos parecen a nosotros otros dentro de las sectas religiosas. Más bien debiéramos someter nuestros cuerpos a servidumbre no sea que habiendo enseñado el evangelio a algunos, nosotros mismos seamos descartados. La enseñanza que siempre es bien recibida no viene de aquellos que se creen muy inteligentes, sino de aquellos que enseñan con mansedumbre.

Usted puede permanecer todo el tiempo en completa seguridad de que lo que enseña es la verdad, pero si usted es tan radical y dogmático en cuanto a esto, destruye la efectividad de lo que dice. El siguiente pasaje es justamente aplicable aquí: "Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno" (Col. 4.6). A veces puede usted decir algo que no intentaba decir. El tono de la voz y el arreglo de las palabras puede cambiar el sentido de una expresión. En tales casos es mucho mejor volver al principio y aclarar el punto que ser dogmático y tratar de defender lo dicho.

Muchas preguntas pueden hacerse acerca de la Biblia y de religión en general que resultan difíciles de responder. Quien trata de contestar muchas preguntas para mostrar que es muy listo, a menudo da respuestas incorrectas; lo cual más tarde termina en vergüenzas, cuando tiene que admitir que estaba errado. Nadie puede responder todas las preguntas que una persona puede hacer. Por lo tanto no es reprochable que usted diga que no sabe. Hay ventaja en esta actitud. Si usted dice que no sabe algo, las personas sentirán que hay alguna esperanza para ellas. Además, si usted quiere continuar en contacto con una persona, deje alguna pregunta sin contestar. Eso le dará otra oportunidad y razón para hablarle de nuevo.

Nadie se compromete con admitir que alguna persona está en lo cierto. La Biblia nos enseña a dar honor a quien merece honor. Cuando una persona dice algo que es la verdad, debiéramos respetarle y estar de acuerdo con ella. No conviene hacer más grandes las diferencias, y ver qué grande puede hacerse la brecha entre ambos. Es mejor encontrar algo sobre lo cual se pueda estar de acuerdo, y luego proseguir hasta llegar a estar de acuerdo en las cosas en que se difiere.

En ocasiones se discuten varias cosas en general y nada en particular. Muchos debates se pierden a causa de que el debatista no se concentra en algunos argumentos que son esenciales. En la obra personal es mejor sujetarse a unos cuantos puntos que discutir cualquier cosa en general. Muchas preguntas son hechas son el objeto de levantar prejuicios o resentimientos. Es mejor ignorar o rehusar responder tales preguntas. Así lo hizo Cristo.

"Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar..." (Santiago 1.19). No hay palabras tan sabias, y a la vez tan ignoradas como éstas. También dicen las Escrituras: "Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana" (Santiago 1.26). Muchas veces es mejor cavilar y escuchar que hablar. Si usted es el que hace toda la plática en la obra personal, pierde la oportunidad de saber qué puntos de vista tienen las otras personas. Pero si usted permite que la otra persona se exprese, usted puede darse cuenta del problema y resolverlo desde el punto de vista de ella y no del suyo. Después de todo, si usted no está resolviendo con respuestas el problema que molesta a la persona, ya no está cumpliendo con su propósito. Propóngase estudiar cuidadosamente los casos en que es mejor quedarse callado y escuchar.

Hay ciertas personas que les gusta hablar por sí mismas nada más; en tal caso conviene únicamente guiar la conversación. Usted puede encontrar una persona que por sí misma dice algo que usted quería decirle. Si usted hubiera tratado de decirlo, la persona hubiera argüido con usted; pero si puede hacer que ella lo diga antes, ella misma lo defenderá. Puede ayudar a la gente a obedecer el evangelio con sólo guiar sus pensamientos en su conversación.

También, es mucho más fácil escuchar a alguna persona que cree una falsa doctrina y mostrarle dónde está un punto débil, que hacer toda la plática para permitir que la persona se dé cuenta de su error. Si la otra persona habla, por sí misma caerá en el lazo de sus ideas falsas, si usted sólo aguarda prudentemente la oportunidad para mostrarle dónde se ha equivocado.

Es mucho mejor en la obra personal usar unos cuantos pasajes de las Escrituras que puedan ser aprendidos, que usar muchos que no serán recordados después. Principalmente con una persona que no sabe mucho de la Biblia, ponga énfasis sobre unos pasajes, déjeselos escritos en un trozo de papel para que aquella persona los lea y los aprenda más tarde. Si usted emplea muchos pasajes, la persona llegará a la conclusión de que no puede entender ninguno. De todos modos hay que recordar que la mayoría de la gente sabe poco de la Biblia; y puede ser que no estemos tomando cuidado en hacer las cosas claras y comprensibles.

Si usted no puede comprobar con un pasaje lo que tenga en mente, no está en gran desventaja. Es mejor leer directamente de la Biblia. Y es mejor todavía leer de la Biblia de la otra persona. No les lea únicamente, pero permita que las personas lean con usted, esto se hace principalmente con aquellos pasajes que necesitan ser enfatizados.

Muchos miembros de la iglesia no pueden hablar de religión sin enojarse - principalmente cuando se enfatizan ciertos puntos. Pero usted siempre perderá la partida, aunque sea el ganador, si se enoja. Aunque usted esté con una persona que deliberadamente tuerce las Escrituras, debe aún ser calmado y considerado. La Biblia nos enseña que "el amor es sufrido, es benigno" (1 Cor. 13.4). Sufriremos junto con la verdad y seremos aún amables si de veras amamos a Dios, la verdad, y la persona con quien estemos hablando. Y si aún la otra persona se enojara, nosotros no debemos enojarnos. ¿No es acaso el dominio propio una virtud cristiana? Los apóstoles querían mandar hacer caer fuego del cielo sobre cierta gente y Cristo los reprendió. Si alguna vez usted se enoja en una discusión, debe pedir disculpas; pero siempre es mejor no enojarse. Su enojo puede hacer creer a la gente que usted ha sido derrotado, y que su religiosidad no es efectiva o práctica. 

Conviene añadir unas breves recomendaciones más acerca de cosas que no deben hacerse, ya que son tan importantes como las cosas positivas: No hable de usted mismo, de sus problemas o sus pesares. La gente no está preocupada de estos; ellos tienen suficiente con sus propios problemas. Después de todo, usted ha ido a ver una persona para ayudarle a soportar su carga, y no para hacer que ella soporte la de usted. No esté de prisa cuando haga una visita, pero tampoco la haga muy larga. Si se da cuenta que la gente está ocupada o lista para salir, no se quede allí - haga una cita, y vuelva a una hora conveniente. Su sentido común se encargará de resolver la mayoría de sus decisiones en estos casos.

ACTITUDES Y CARACTERISTICAS DE LOS OBREROS PERSONALES
Cristo y los apóstoles nos dejaron excelentes ejemplos de cómo adaptar la enseñanza a las circunstancias. En todas las ocasiones estudiaron las situaciones, las disposiciones de la gente, y las necesidades presentes; entonces presentaron el mensaje que era más propicio. Es tan esencial estudiar al individuo con quien hablamos en cuanto a su disposición, como estudiar nuestras Biblias para aprender cómo enseñar.

Usted debe estar seguro de saber si posee buena actitud. Puede culparse a los que han escuchado el evangelio de haber fallado en su obediencia, pero muchos fracasos son consecuencia de su propia actitud. El motivo que haya tras sus esfuerzos influirá grandemente para el buen éxito de su labor.

Si usted quiere hacer la obra personal, sólo porque es su trabajo, o porque ha sido obligado a hacerlo, lo más seguro es que fracasará. El deber es un motivo, pero no debe ser predominate. Dios no envió a su Hijo al mundo por obligación sino por amor. Le amamos porque él nos amó primero; y si queremos que otros amen a Dios, debemos demostrar este mismo amor.

Es difícil amar y tener confianza en ciertas personas. Es muy humana la inclinación de ver en la gente más el mal que el bien. Muchos hermanos hablan acerca de un mundo que cada día se pone peor. Pero recordemos que Dios nos amó aún siendo pecadores, y también recordemos que Cristo dijo que los enfermos son los que necesitan de médico. A veces estamos listos para voltear la cara a un joven o una señorita que hayan traído desgracia a sus familias; pero nunca debiéramos olvidar que ellos también son criaturas de Dios, por quienes el Salvador también murió.

Si usted ha perdido confianza en la humanidad; si usted piensa que no hay razón para ayudar a otros porque ellos deben ayudarse antes a sí mismos si es que quieren recibir ayuda; si usted ve sólo el lado oscuro de las cosas; si usted sólo piensa en sus pesares y dolores de cabeza, su trabajo personal está destinado al fracaso. Usted necesita ser convertido en vez de tratar de convertir a algún otro. Deténgase y piense: trate de ver si usted está viviendo en tal manera que podrá inspirar a otros para que quieran vivir como el Salvador. Recuerde que usted debe ser honesto en su actitud, porque esta será interpretada tal como la muestre a aquellos a quienes hablará. Piense en las siguientes palabras:

Quisiera ver un sermón más que oír uno cada día;

Quisiera que alguien a mi lado anduviera, en vez de sólo señalarme el camino,

Porque el ojo está más dispuesto que el oído.

El mejor consejo confunde, pero el ejemplo es claro.

Y los maestros mejores hacen vivir sus credos;

Por eso el bien puesto en obra y dando fruto, todos deseamos verlo.

Sonría y deje que el mundo se dé cuenta de que usted es feliz. ¿No dice la Biblia que los primeros cristianos se regocijaban cuando obedecían al evangelio? ¿No dicen las Escrituras: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos!" (Fil. 4.4)? Pablo dice que el fruto del Espíritu es gozo. ¿Por qué no cantamos "Cuenta las riquezas que el Señor te dio" mientras que contamos nuestros males, dolores, tristezas y decepciones? Con razón muchos no quieren ser cristianos. Nos miran y piensan que el cristianismo quita a nuestra existencia todo su gozo de vivir; porque nos quejamos de las muchas cosas de que tenemos que privarnos para ser cristianos - de los grandes sacrificios que estamos sufriendo. 

¿No es este motivo de vergüenza? Debiéramos ser felices, exaltados, encantados de ser cristianos. No es únicamente la mejor vida para el mundo presente, pero también para el que está por venir. Pablo y Silas estaban con sus espaldas doloridas por los azotes en la cárcel; sin embargo estaban tan felices, que cantaban himnos. A consecuencia de esto mismo, tuvieron la oportunidad de convertir y bautizar al carcelero y a toda su casa. Si nosotros sonreímos, otros querrán tener lo que nosotros poseemos para ser felices.

Tenemos el más grande mensaje que este mundo haya conocido. Muchos andan en busca de este mensaje. Como no lo han encontrado, han aceptado el denominacionalismo, catolicismo, o los placeres del mundo. Aceptarían el evangelio puro de Cristo si sólo lo supieran. Esos muchos necesitan primero oír y luego aprender para aceptar el mensaje. Adopte esta idea definitivamente en su mente: "La gente quiere lo bueno que yo poseo".

Uno de los errores que usted puede cometer en la obra personal es pensar que su manera de hablar debe estar llena de argumentos o cargada de verbosidad para convertir a las personas. Es cierto que el evangelio es poder de Dios, pero Pablo también sabía de otro poder: el de la oración. Cuando nos habló de ponernos la armadura de Dios, también dijo: "Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos" (Efesios 6.18). Romanos 10.1-3 nos dice que Pablo oró por los pecadores, y nosotros también debiéramos hacerlo así. Orar por cada una de las almas con las cuales entremos en contacto; aún una breve oración en silencio antes de entrar a un hogar será valiosa ayuda. Pidiendo a Dios que nos ayude a decir la palabra precisa en el momento apropiado. La Biblia dice que si nos acercamos a Dios, él se acercará a nosotros. Y Cristo dijo: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28.20).

El obrero personal tendría razón para desanimarse si no tuviera fe en el poder de la Palabra de Dios. Hebreos 4.12 dice que la Palabra de Dios es viva y poderosa. Jeremías 23.29 dice que su Palabra es como martillo y como fuego. Nuestro trabajo es sembrar la simiente, y la parte de Dios es de dar el crecimiento (1 Cor. 3.6). El Señor nos promete, "Mi palabra... no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo que la envié" (Isaías 55.11).

La Biblia a menudo dice que Cristo tenía compasión por las multitudes (vea Mateo 15.32; Marcos 8.2). Cuando Pedro negó al Señor, Cristo se volvió y le miró. No dijo una palabra, pero la compasión dentro de su corazón hablo y Pedro salió para llorar amargamente. Una madre llora cuando su hijito comete una falta, y moriría si supiera que se encontraba necesitado. Cuando nuestro corazón sea movido por la compasión, estaremos en buena disposición para ganar almas.

COMO ENCONTRAR POSIBLES CONVERSOS 
En cualquier programa de obra personal una de las más grandes dificultades estriba en cómo dar con posibles conversos. Pero aún más importante es saber quién podría ser un posible converso. Muchos programas de obra personal fracasan porque mucho tiempo es perdido con aquellos que no están dispuestos a recibir el mensaje del Señor. Cristo nos enseñó a no tirar nuestras perlas a los puercos, y así sucede cuando dedicamos mucho tiempo a enseñar a alguien que rechaza el mensaje, mientras que hay otros que obedecerían el evangelio con la mitad del mismo esfuerzo.

Aquellos que asisten a los cultos y a las clases bíblicas son los mejor indicados como posibles conversos. Observe a alguno entre los asistentes: averigüe qué es lo que lo induce a venir a las reuniones. Haga amistad con él, invítelo a su casa; vaya también a visitarlo. Hágale saber que usted tiene un interés especial por él. Trate de aprovechar las oportunidades que tenga de hablarle de la Biblia o de las enseñanzas recibidas durante las reuniones.

Mucha gente asiste a las asambleas por años pero nunca obedece al evangelio porque nadie se interesa por ellos. Estamos pecando si ignoramos a esta gente y no les dedicamos ayuda y atención especial. Estamos dejando a un lado nuestras mejores oportunidades de convertir almas para el Señor. Si usted ve a un visitante llegar a la reunión, haga lo posible por hablarle, y tome su dirección. El no lo considerará imprudente. Muchas iglesias mueren porque no hacen cualquier esfuerzo por visitar a aquellos que asisten a las reuniones.

Los que quedan en segundo lugar como posibles conversos son los amigos y familiares de los miembros de la iglesia. Muchas iglesias han descartado este excelente grupo porque creen perdidas las esperanzas con ellos. Pero no hay ninguna razón para que nosotros concluyamos que ninguno puede alcanzarlos. Recordemos que el Señor dijo que no había profeta sin honor excepto en su propia tierra. Usted no podrá convertir a sus familiares, pero otra persona puede hacerlo con más facilidad.

Si usted está visitando al esposo de alguna hermana, puede decir: "He notado que usted nunca ha venido a las reuniones con su esposa. He venido para ver cuál es el problema, y si podemos lograr que usted también asista". El esposo, generalmente, dirá sus razones. Puede ser que su esposa le haya molestado ya mucho con pláticas en tono "regañón". Puede ser que usted necesite decirle a la esposa que lo deje en paz. El cambio súbito le impresionará y quedará agradecido con usted, si no por otra razón. Es mejor recomendar a las esposas cómo deben comportarse ante sus esposos. Un esposo se llenará de curiosidad por saber acerca de la religión que hace que su esposa pueda controlar sus palabras.

Usted nunca debe hablarle a un inconverso en presencia de un familiar o amigo que sea miembro de la iglesia. Es mejor hablarle aparte porque tal vez él quiere decir algo que no quiere que sea oído por su pariente. Usted se quedará sorprendido de saber que alguna persona no viene porque su esposa vive haciendo criticas del predicador o de otros miembros. Puede ser que el inconverso considere a su familiar un hipócrita porque sus acciones en la vida diaria no están de acuerdo con su conducta en el día domingo. Muchos miembros de la iglesia de Cristo critican mucho a otras iglesias; esto conduce, muchas veces, a sus familiares a rechazar la iglesia antes de que ellos tengan la oportunidad de saber cuál es la verdad.

Los nuevos residentes en la comunidad son también posibles conversos. Necesitan hacerse de amistades, y los niños pueden asistir a las clases bíblicas. Una o dos parejas pueden visitar a los nuevos residentes. En la puerta pueden decirles que son miembros de la iglesia y que quieren conocerles y darles la bienvenida a la comunidad. Usted debe comenzar mencionando algo interesante acerca de la ciudad y del lugar a donde se han cambiado. Háblele acerca de usted y su familia. Trate de saber de donde vienen, el nombre de los niños, dónde trabajan, y si son religiosos a dónde asisten. Es bueno dejarles literatura y tratados disponibles. Nunca se quede largo rato a menos que ellos se lo pidan. Ofrézcales venir por ellos y sus niños para el primer día que asistan, así tendrán alguien que les ayude a familiarizarse con las conveniencias en el edificio de la iglesia.

Para unos es más fácil trabajar con extraños que con sus propios amigos. A menudo es casi imposible hablar de religión con amigos y familiares. Si esto sucede con usted, traiga a alguien más para que les enseñe, y usted puede entonces preocuparse por otros. Cristo tuvo que abandonar Nazaret antes de lograr que alguien le escuchara. No pierda tiempo con sus propios familiares o amigos si ellos no están prestos a oírle. Después de todo, también otras almas son tan preciosas delante de Dios como lo son ellos.

Antes de alguna campaña evangelística, no sólo es bueno repartir volantes, pero también conviene visitar personalmente en los hogares para invitar a la gente. Un gran porcentaje de población no asiste a ningún servicio religioso. Estamos despreciando un amplio campo listo para la siega. La obra personal de casa en casa es a veces decepcionante y los resultados no se ven como quisiéramos, pero si contáramos con más personas que se dedicaran a esta obra, podríamos alcanzar gran número de almas.

Puede ser que muchas puertas se cierren estrepitosamente o que se encuentren personas que no muestren ninguna cortesía. Pero para esparcir el evangelio, la manera más efectiva es ir de casa en casa. Si después de un día de trabajo usted puede encontrar sólo una persona interesada, esa sola alma bien vale todo el esfuerzo y desánimos que tuvo que pasar para ganarla. Pero una sola visita no es suficiente; tenemos que volver las veces necesarias para instruirle hasta que comience a asistir a las reuniones.

Al ir de casa en casa, se encontrará con algunos interesados. Algunos serán descorteses. Cuando esto suceda, sea comprensivo como sea posible, y pase a la siguiente casa. Si encuentra a alguien interesado, tome su nombre y dirección y vuelva otra vez para una visita más larga. Antes de salir esté seguro de dejarle alguna literatura. Si muestra mucho interés, es mejor que se detenga tanto tiempo como sea prudente y háblele de la iglesia, porque la próxima vez que vaya puede ser que no le encuentre en tan buena disposición como antes. Nunca esté de mucha prisa en sus visitas. Nunca piense que usted tendrá una mejor oportunidad la próxima vez.

En caso de que la congregación local tenga un programa radial, se están perdiendo magníficos contactos si no se visitan aquellos que escriben haciendo preguntas o pidiendo literatura. Los que responden muestran interés; de otra manera no estuvieran escribiendo. Y estarán en buena disposición de recibirlo en sus hogares, porque pocas personas reciben visitas con sólo escribir a una estación de radio. Una vez que les visite, ellos escucharán los próximos programas con más interés. Nunca hay que pensar que una persona puede ser convertida con sólo predicarle por radio. Este es sólo un método de hacer contactos. Y tales contactos deben ser tomados muy en cuenta haciéndoles visitas, si es que usted quiere ganarlos para Cristo.

COMO DESPERTAR INTERES
Hay tres puntos importantes al hacer la obra personal, que no debieran olvidarse: la manera de entrar en contacto con las personas, el modo de enseñarles, y el modo de persuadirles. No hay que dejarse dominar por la ansiedad de llegar pronto al tercer paso, aunque sea el decisivo. Las primeras palabras determinan si los siguientes pasos serán favorables. Así pues el primer paso es el más importante. Pues también puede ser el definitivo para la salvación eterna de un alma.

Hay algunos que siempre estarán listos para oír de la Biblia, otros no. Lo peor que podríamos hacer con aquellos que no están preparados, es comenzar a hablar de la Biblia. Debemos dedicar un tiempo a prepararlos para escuchar. Si queremos cosechar algo en tiempo de siega, debemos preparar el terreno antes; y la preparación de la tierra para sembrar tiene tanta importancia como la siembra y el riego. La Biblia dice que el Señor abrió el corazón de Lidia de Tiatira para entender el mensaje de Pablo.

Cuando Cristo buscaba a sus seguidores, el interés que él mostró impresionó fuertemente al futuro apóstol Pedro (Lucas 5.8,10). Jesús es nuestro Maestro en la enseñanza. Aprendamos de él; si un hombre está interesado en la pesca, háblele de pesca. Si una madre le habla de sus niños, pregunte acerca de ellos. Si una persona tiene una recreación en particular, muestre interés por su afición. Si nosotros no estamos interesados en los intereses de otras personas, ellas tampoco estarán interesadas en lo que queramos decirles.

Muestre interés en todas las cosas, aunque le parezcan pequeñas, son importantes para otros. Jesús atraía a los niños pequeños y los bendecía. Los padres de aquellos niños han de haberse sentido halagados. Hay ciertas personas que no pueden ser alcanzadas con el evangelio excepto por medio del interés que se muestre por sus niños. Algunos padres muestran resentimiento, pero cuando alguien se interesa por sus niños, sus corazones son ablandados. También conviene sugerir que cuando vaya a un hogar donde haya mascotas, se interese por ellas. Hay personas a quienes no les gustaría que un visitante golpeara su perro. Después de todo, ¿acaso no está Dios interesado por cosas pequeñas? Recordemos que ni aún un solo pajarillo cae sin su voluntad (Mat. 10.29).

Jesús alimentaba a los hambrientos. Curaba a los enfermos. Y ¿no dice Mateo capítulo 25 que seremos juzgados de acuerdo a nuestras obras de misericordia? Aún aquel que con un solo vaso de agua fría esté dispuesto a usar de misericordia no se quedará sin recompensa. ¿Por qué no aprovechar las oportunidades que tengamos de ayudar a otros? Pueden ser puertas noblemente abiertas para la entrada del glorioso mensaje de Cristo. Un poco de misericordia en tiempo de enfermedad, tribulación o muerte tenderá un largo sendero de afable bienvenida.

Una de las mejores oportunidades para hacer la obra personal es invitar personas para la hora de comer. Es mucho más fácil hacer uso de algún comentario sobre religión mientras se está en la mesa, o siguiendo la hora de comer, que en cualquiera otra ocasión, ¿no comió Cristo con Zaqueo para hablar a solas con él? ¿Y no cambió acaso su vida? ¿No fue el gran sermón del capítulo 6 de Juan acerca de Cristo como el pan de vida presentado por el Señor después de una comida? ¿No tomaron acaso Priscila y Aquila a Apolos - posiblemente después o durante una comida - y le enseñaron más exactamente el camino de Dios? ¿Y no habían acaso muchos que condenaban al Señor porque comía con publicanos y pecadores?

Siempre nos gozamos de ir de visita a los hogares de nuestras amistades, y también nos sentimos complacidos con tenerlos en nuestras casas. Pero ¿no dijo también el Señor: "Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar..." ? (Lucas 14.12-14) Dice el Señor: "Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas" (Lucas 16.9).

"Porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz" (Lucas 16.8). Una compañía próspera es aquella que entrega cierta cantidad de dinero en manos de sus vendedores para sufragar los gastos que hagan al invitar y halagar con alguna comida a un nuevo cliente. Si es buen método, ¿por qué no adoptarlo? Si cada cristiano se hiciera amigos de entre los pecadores por este medio, no sería difícil traerlos a las reuniones; tampoco habría dificultad en hablarles de nuestra religión. En aquellas iglesias que no crecen es donde los miembros se asocian únicamente entre ellos mismos, "y van a la casa para la cena" sin invitar a algún inconverso para que cene con ellos. Esta práctica se asemeja a la religión de los fariseos, quienes rehusaban comer con los publicanos y pecadores. No así Cristo, quien por actitud hacia las gentes, llegó a ser el Salvador del mundo.

Muchos piensan que cristianismo es rechazar cualquier gozo de la vida. Que para ser religiosos nunca debemos tener momentos de alegría o charlar por pura recreación. Pero la palabra compañerismo o confraternidad en el Nuevo Testamento conlleva la idea de gozarse al asociarse los unos con los otros. Es bueno insistir en que participar en momentos de recreación con otros es buena oportunidad para hacer contactos. Pero desde luego que no para hablar y hablar de nuestra religión únicamente. Usted puede tener gran ventaja si puede mostrar que el cristianismo es práctico en cualquiera actividad. Por ejemplo durante un juego sano, si usted juega limpio, estará siguiendo las instrucciones del Salvador. La gente tomará en cuenta esta manera de actuar.

Los jóvenes de nuestra generación viven perplejos en cuanto a la diversión de nuestro tiempo. El diablo ha empleado muchos recursos para tentar a los jóvenes, y un buen número de predicadores no hacen más que condenarlos. Poco esfuerzo es dedicado a resolver los problemas de ellos. Hay jóvenes que gustan de diversiones insanas, y que se tornan más rebeldes si se llega a ellos solamente para condenar sus prácticas. Sin embargo, si un buen entretenimiento les es ofrecido como sustituto, estarán dispuestos a abandonar sus malas costumbres. Los padres deben abrir las puertas de sus hogares para atraer a los jóvenes con actividades que los entretengan, con diversión sana. La obra personal no consiste sólo en hablar del alma. También consiste en asociarse con los jóvenes y ayudarlos en sus problemas. La enseñanza debe darse, entonces, al tiempo apropiado.

Otras oportunidades para la obra personal son las personas con quienes usted trabaja. Hay quienes han trabajado juntos en el mismo lugar por años sin saber que tienen ideas religiosas afines, porque nunca se han detenido alguna vez para hablar de sus creencias. Es fácil aceptar la idea de que su compañero de trabajo no está interesado en religión; tal cosa es un error. Muchas personas, que tienen buen éxito en sus negocios, aceptarían la oportunidad de que alguien les hablara de su alma. Y algunos pensarán que usted no tiene convicciones firmes si no habla de lo que cree. Si usted dedica cierto tiempo a explicarles más, ellos respetarán sus creencias y prácticas, y tratarán de imitarle. Un buen tiempo de hablar con su compañero de trabajo es a la "hora del café". En su lugar aparte, donde pueden hablar de casi cualquier cosa. Ya han discutido sobre negocios, el estado del tiempo, de sus familias y otras cosas, ¿por qué no hablarle de la cosa más importante del mundo - su alma? Sea positivo en su acercamiento, y háblele de lo que Cristo puede hacer por él.

COMO INICIAR LA CONVERSACION 
Una de las más grandes dificultades en la obra personal es no saber cómo cambiar una conversación de las cosas temporales a lo espiritual. No hay mayores desaciertos que los realizados al tratar de iniciar una conversación sobre religión. Se puede hacer contactos, luego amigos de buena disposición, pero eso es todo lo que muchos cristianos alcanzan a hacer. Posiblemente quieren ir adelante pero no saben cómo; otros tratan de hacer algo, pero se expresan en forma inapropiada, lo cual hace más mal que bien. En estos casos conviene hacer uso de prudencia, de otra manera muchas almas se pueden perder.

Una de las cosas más importantes es su actitud. ¿Por qué se siente temeroso de hablarle de Cristo a una persona? Diga algo, ¡es mucho mejor que no decir nada! La sinceridad y el amor son sus mejores armas. No es lo que dice lo que juega el papel más importante, sino cómo lo dice. Algunos de los que hagan visitas a los hogares pueden sentir gran temor al tocar una puerta, deseando que nadie venga para abrir. Pero una vez que alguien abre, hay que "decir algo". Usualmente los temores no son más que imaginaciones. Pero al hablar con las personas se desvanecen.

Si a usted se le hace difícil iniciar una conversación sobre cosas espirituales, le conviene examinarse a sí mismo. Si encuentra que las faltas están en usted, debe cambiar de actitud. ¿Es para usted vergonzoso hablar de la Biblia? Entonces, antes de ir a los inconversos trate de hacer discusiones sobre la Biblia con los miembros de la iglesia en cada oportunidad que tenga. Hágalo hasta que las palabras del mensaje de Cristo fluyan de usted con naturalidad aunque haya comenzado a hablar de otras cosas.

Decir algo no significa decir cualquier cosa que venga a su mente. Lo que puede agradar a una persona, puede ofender a otra a tal grado que esta dé la vuelta y se vaya disgustada. La mayoría de las gentes aceptan que alguien les hable de sus almas. Sin embargo hay otros que se mostrarán resentidos si alguien se les acerca para hablarles del evangelio. Cuando se encuentre con alguien así, es mejor tratar de cambiar su actitud antes de hablarle del asunto. La asociación y amistad sincera oportunamente removerán esta barrera.

Antes de que usted comience una conversación sobre cristianismo, piense la manera en que va a ordenar sus palabras, para hacer una pregunta o para hacer una declaración. Después de que haya decidido qué decir, cómo decirlo, el tono de voz que usará, piense sobre lo que la persona puede responder, y cómo debe usted seguir expresándose en la conversación.

No trate de hablar acerca del cristianismo a una sola persona delante de un grupo. Es mejor esperar hasta tener la oportunidad de estar a solas con la persona. Al comenzar, siempre es mejor mencionar algo bueno acerca de la persona. Pablo condenaba las malas prácticas de los corintios, sin embargo comenzó diciendo: "Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia" (1 Corintios 1.4,5). Y estando en el Areópago en medio de excesiva idolatría dijo, "Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos" (Hechos 17.22). Si usted dice algo bueno acerca de la persona, ella apreciará lo que le diga, y estará en mejor disposición para escucharle.

Si usted visita a alguien que no está interesado en el cristianismo, no hable del asunto sino hasta que tenga más confianza con él. Pero si se encuentra con aquellos que sí se interesan por las Escrituras, no se vaya sin sugerir la conveniencia de hacer una lectura bíblica y una oración. Es cierto que algunos resentirán este acto, pero hay ocasiones, por ejemplo cuando hay un enfermo, que las oraciones serán bien recibidas. No haga la lectura ni la oración muy largas. En algún hogar donde sea difícil saber si las personas están interesadas en las Escrituras, únicamente cerciórese, antes de despedirse, si hay algo de la Biblia que ellos quisieran discutir. De inmediato podrá saber en qué disposición se encuentran ellos. 

Cuando Cristo conversaba con la samaritana, no habló acerca de su alma inmediatamente. Habló antes sobre una cosa de común interés para ambos. Jesús también quería beber del agua de aquel pozo. Y Cristo aprovechó esa ocasión. A nosotros también se nos presentan muchas oportunidades que pudiéramos aprovechar en cada conversación de que tomemos parte.

1. El estado del tiempo: Casi cualquier persona comenta cómo está el día. Muchos viven disgustados con casi cualquier estado del tiempo. Pero esas quejas pueden ser buenas oportunidades para iniciar una conversación acerca de las Escrituras. Usted puede expresarse así: "He aprendido desde hace años a no criticar a Dios por lo que él hace. Estoy seguro que él sabe cuál es lo mejor. Cualquiera replicaría, "¿Qué quiere usted decir? ¡El día está bastante caluroso!" Usted puede responder: "Pero el Salmo 118.24 dice, 'Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y nos alegraremos en él'".

2. En una señal de parada: Si va manejando acompañado de alguna persona no cristiana, usted hallará varias sugerencias para la conversación. Si se acerca a alguna señal de alto, puede decir: "Esa señal me hace recordar que nosotros debemos detenernos en nuestra vida para pensar en el destino de nuestra alma". Si hay mucho tráfico puede aludirse a la brevedad de la vida, que corre rápidamente; de la necesidad de estar preparado para lo que nos resta por vivir aún, y también para después, en la eternidad.

3. En la oficina: Si se encuentra con alguien con quien quisiera iniciar una conversación en la oficina, puede decir: "Todos estos papeles me recuerdan un libro en el cual Dios ha escrito todo lo que hemos dicho y lo que hemos hecho durante nuestra vida". O si alguien está borrando sobre un papel: "Qué bueno que tenemos borradores, porque todos cometemos errores. Sin embargo, muchos borran los errores hechos sobre un papel, pero nunca buscan corregir sus faltas delante de Dios. El está dispuesto a borrar nuestras culpas si nos acercamos a él en arrepentimiento".

4. La barata: Muchas personas andan siempre tras aquellas ventas en los comercios que digan "barata". Usted puede decirle a una persona así: "Está dejando pasar la más grande oferta que haya sido ofrecida al mundo - la redención eterna de nuestra alma sin costo alguno, excepto por fe y la obediencia al Salvador, Cristo Jesús".

5. Las bombas nucleares: Las terribles bombas atómicas, de hidrógeno, etc., son el tema del día de hoy. A aquellos que sienten un gran temor por la reacción en cadena podría decirles: "La Biblia dice que la tierra será un día destruida por fuego. Si el poder del hombre es grande, ya podremos vislumbrar con qué potencia se manifestará Dios".

6. De la guerra: Muchos discuten acerca de los modos cómo la guerra debería terminarse. "Pero Cristo dijo que siempre habría guerras y rumores de guerra - no se turben. Nunca tendremos paz en este mundo. Esperamos tener paz en los cielos".

7. Sobre el dinero: Hay personas que dicen: "el dinero se va como agua". A esta expresión puede usted responder: "Sí, eso demuestra la inseguridad que hay en las cosas de este mundo. Cristo nos habló de asegurarnos con aquellos tesoros indestructibles, en los cielos".

Una de las mejores maneras de hablarle a una persona acerca de su alma es utilizar su ocupación como punto de partida para iniciar la conversación. Jesús habló acerca de la siembra para los hombres de campo; de las ovejas a los pastores o ganaderos; de dinero o inversiones para el hombre de negocios.

1. Al carpintero: "Debe ser halagador para un carpintero saber que Jesús también trabajó en una carpintería". Puede decirle también: "El buen constructor no edifica sobre arena sino sobre roca (Mateo 7.24-27). ¿Está usted construyendo su vida sobre la firme Roca de la eternidad?"

2. Al joyero: "Debe ser interesante trabajar en medio de todas estas raras joyas. Pero, ¿sabía usted que su alma es más valiosa que todas ellas?" O si está viendo los relojes puede decir: "Siempre es importante saber la hora exacta, pero es mucho mejor prepararse para la eternidad".

3. Al maestro: "El más grande maestro del mundo es Cristo. No sólo es necesario aprender sus métodos de enseñar, pero también el contenido de sus enseñanzas". "Cristo ha sido el único maestro que no se ha equivocado. Sus enseñanzas son seguras para guiar nuestras vidas".

4. Al policía: "Usted es un ministro de Dios". El quizá dirá: "¡Yo, un ministro de Dios!" - No entiendo qué usted quiere decir. Soy policía". Puede responderle entonces: "La Biblia dice que los representantes de la ley civil son ministros de Dios, puestos para castigar a los malhechores".

5. Al doctor: "El trabajo de usted es similar a la obra de Cristo. Usted es médico del cuerpo humano; Cristo es el gran médico de las almas".

6. Un juez: Puede preguntarle si alguna vez ha cometido algún error en su trabajo. Puede hacerle ver el hecho que sólo hay un juez que jamás se equivoca. También puede observar: "Hoy usted hace juicio sobre varios casos que se le presentan. Pero habrá un juicio general, donde todos seremos juzgados".

7. Al peluquero: "¿Ha sabido usted de algún hombre que haya tenido como tres kilos de pelo en su cabeza? 2 Samuel 14.26 dice que Absalón se cortaba el pelo una vez al año, y que pesaba doscientos ciclos de peso real, que son cerca de tres kilos de peso".

8. A un hombre alto: "¿Sabe usted cuál ha sido el hombre más grande y fuerte de la Biblia? Quizá responda - Goliat. Y usted puede decir, "No, el rey Og de Basán ha sido el más grande. Goliat medía solamente seis codos y un palmo - menos de tres metros (1 Samuel 17.4). Pero la cama de Og tenía cuatro metros de largo; y si su cama era de unos cincuenta centímetros más larga que él, Og medía tres metros y medio" (Deut. 3.11).

COMO CAMBIAR A LA GENTE 
Cuando una persona está perdida, va en camino al abismo, necesita cambiar. Si usted quiere que esa persona cambie, puede enseñarle, pero se perderá aún si no cambia, aunque ella sepa la verdad. Puede ver que usted piense que ha cumplido con su responsabilidad al haberle enseñado, pero después de todo usted no se había propuesto sólo enseñarle. También se había propuesto cambiar su destino. Usted no completará su tarea sino hasta que haga cambiar a esa persona.

Diferentes personas pueden tener buen éxito en diversas maneras, y diferentes personas responden en distintas formas, pero es mejor no forzar a una persona, ni hacerle enojar. Es cierto que a veces no puede enseñarse la verdad sin ofender a alguien; pero tampoco es bueno hacer alarde por el número de personas que pueden levantarse y salirse disgustadas durante una hora de predicación. 

Si por un método áspero puede ganarse una persona; mientras que por el mismo método otra diez personas son alejadas de Cristo, que pudieran haber sido ganadas con mejor trato, se hace más daño que bien. Muchas personas no se enojan por la verdad, sino por alguna declaración extremista, que nada tiene que ver con la verdad del evangelio.

También hay que tomar en cuenta el error de aquellos que siendo ásperos y desconsiderados se han ido al otro extremo. Se preocupan tanto en ser agradables, y son tan cuidadosos en guardarse de ofender los sentimientos de alguien, que nunca traen a alguna persona al Señor. No conviene que usemos de tal tolerancia, que aprobemos cualquier cosa con que nos encontremos.

Usted no está tratando de hacer que la persona se sienta complacida con su presencia. Está tratando de hacerle volver del camino donde va, y no podrá hacerlo sino hasta que diga algo lo suficientemente fuerte como para hacerla cambiar. Para convertirla tendrá que desarraigar toda práctica errónea, implantar la verdad en su lugar. Si usted se vuelve suave y dulce, nunca llegará al punto, y aquella persona puede perderse porque nunca se dará cuenta del error que hay en su camino.

Siempre hemos creído que establecemos la verdad completamente cuando le hemos demostrado a la otra persona dónde está el error. Usted puede demoler totalmente las doctrinas erróneas, pero aún no ha predicado completamente el evangelio hasta que usted demuestre por qué la verdad es mejor. En caso de que convenza a un miembro de otro grupo en qué punto está él equivocado, tendrá que ofrecerle algo mejor que lo que él crea. La seguridad de nuestra posición no radica en el factor que otros están errados. La verdad es la verdad, y el cristianismo es uno y verdadero por sus méritos positivos. Si podemos mostrar estos méritos, será más fácil para la otra persona dejar otras creencias. Lo primero que hay que hacer para convertir a una persona es enseñarle la verdad, y si la enseñanza es apropiada, no habrá que preocuparse mucho por el cambio necesario en la persona. Los resultados fluirán naturalmente.

Por esta razón Cristo tuvo tan buen éxito. A él nunca le preocuparon los resultados. Enseñó la verdad y sabía que ella haría lo que él quería. Sabía que esta no retornaría a él vacía. Cuando le dijeron que algunos se habían ofendido con lo que había dicho, él no hizo ninguna alteración ni tampoco modificó lo que dijo para hacerlo más aceptable. Puso tal fundamento con sus enseñanzas que estas han producido frutos por cientos de años después de enseñadas. Esté seguro de que cuando esté enseñando a una persona, ella entienda la verdad. Si la enseñanza es apropiada, estará en disposición de cambiar.

Muchos no tienen éxito en la obra personal porque sólo enfatizan los motivos que causan las diferencias. Es cierto que las diferencias deben ser discutidas, y el verdadero cristiano mostrará la diferencia entre la verdad y el error. La gente de hoy piensa que la iglesia de Cristo es otra denominación. Debe mostrárseles que no es verdad. Otros dicen que una religión es tan buena como cualquier otra. Antes de bautizar a una persona que tenga estas ideas erróneas debe enseñársele la diferencia. Pero hacerla ver sus errores no es mostrarle lo lejos que está de la verdad. Más bien queremos que acepte la verdad.

Pablo nos dejo un buen ejemplo para este respecto. Cuando se levantó en el Areópago de Atenas, capítulo 17 de Hechos, no solamente mostró a la gente que la idolatría es falsa, sino que tomó un pensamiento de entre sus mismos poetas, y razonando les hizo ver que también debían tener la concepción de un Dios que no es como obra hecha de mano de hombre. "Porque en él vivimos, nos movemos, y somos" (Hechos 17.28).

Si una persona le dice a usted que ella cree que las iglesias no deberían estar la una contra la otra, póngase de acuerdo con la misma inmediatamente, y muéstrele que creemos la misma cosa... que todos los cristianos de los primeros siglos eran parte de la misma iglesia. Hablando con un miembro de la Iglesia Cristiana que crea en la música instrumental como parte del culto, pregúntele: "¿Por qué no cree usted en el bautismo por rociamiento?" Posiblemente responderá que el bautismo debe ser impartido por inmersión según el mandamiento y los ejemplos derivados del Nuevo Testamento. Entonces añada usted que el mismo principio se aplica al canto... que el canto es mandado, y por los ejemplos tomados del Nuevo Testamento, los primeros cristianos cantaban en su adoración a Dios. Pero ellos nunca usaron instrumentos.

Hay una de las mejores reglas que se pueden usar para hacer cambiar a la gente, la cual poco se ha aplicado a la obra personal. La regla de oro. Si usted se encuentra con alguien que cree en el bautismo por rociamiento, háblele en la manera que usted quisiera que le hablaran a usted si estuviera en tal error. La regla de oro debe ser aplicada en toda ocasión de enseñar la verdad. Quizá usted hubiera creído la misma cosa si hubiera vivido bajo las mismas circunstancias, y hubiera recibido la misma instrucción. Trate, en todo la posible, de ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona. A menudo tendrá que expresarse así: "Sé que desde su punto de vista usted está en lo cierto, pero ahora veamos la misma cosa de esta otra manera".

Si usted prosigue con la regla de oro, podrá contemplar los resultados. ¿No dice la Biblia que lloremos con aquellos que lloran y que nos regocijemos con los que se regocijan? Usted puede mostrar más lo que es el cristianismo practicando esta regla en la obra personal que lo que haría por pura predicación solamente. Es fácil encontrar faltas y condenar a otros, pero es difícil simpatizar con una persona y tratar de comprender por qué cree de esta u otra manera. Pero esto es lo que necesita el mundo. Un poco de comprensión y simpatía contribuirán a cambiar más a las personas que todas las acusaciones del mundo.

Hay personas que no cambiarían por nada del mundo si sólo supieran que por cambiar tuvieran que dejarle a usted ganar la partida sobre algún argumento. Muchas personas cambiarían rápidamente si pensaran que la idea viene de ellas mismas, pero si piensan que la idea es de usted, nunca cambiarán. Recordemos que Pablo, estando en Atenas, citó a los mismos poetas griegos para hacerles ver lo que ellos mismos habían pensado acerca de la idea de Dios. Cristo también respondía, "¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?" (Lucas 10.26).

Esté seguro de recordar que hay algo mucho más poderoso que cualquiera disposición para hacer cambiar a la gente. El evangelio es poder de Dios para salvación. Cristo dijo: "Todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí" (Juan 6.45). Trate de impartir la enseñanza adecuada, y los resultados serán seguros. Hay poder real en el evangelio, y la Palabra nunca retornará a Dios vacía. Sea sincero de verdad cuando le hable a alguien acerca de su alma. Su alma es la cosa más importante del mundo; y si él ve que usted así lo cree, él también creerá que sí es importante.

- Otis Gatewood

Editorial La Voz Eterna, 1970

 Una aclaración: Este librito es una traducción y adaptación en forma abreviada de la obra You Can Do Personal Work originalmente escrita por Otis Gatewood. Queda expresado nuestra agradecimiento al autor por permitir la presente traducción, cuya forma de presentación tiene como fin contribuir a la evangelización del mundo latinoamericano. El Sr. Gatewood está del todo capacitado para instruirnos y guiarnos en tan noble tarea de ganar almas para Cristo, por medio de su madurez espiritual y su preparación académica. Además de haber servido como presidente de una universidad importante de los Estados Unidos cuenta con muchos años de experiencia en la predicación del evangelio en Japón, Rusia, Alemania y otras naciones europeas, inclusive en los Estados Unidos de América. El continúa en el trabajo universitario de administración y viaja frecuentemente para conducir conferencias cristianas por todo el mundo.- México, D.F., México, 1970

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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