La madre más dura del mundo

 

 

¡Nosotros teníamos la madre más dura del mundo! Mientras que otros niños comían mermelada y dulces en el desayuno, nosotros comíamos cereales. Mientras que otros tenían refrescos embotellados y pastelitos para el almuerzo, nosotros teníamos que comer legumbres y sopas.

Nuestra madre insistía en saber dónde estábamos todo el tiempo. Parecía que nos íbamos a perder. Pero ella tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y qué era lo que hacíamos. Si decíamos que íbamos a salir por una hora, terminando la hora teníamos que regresar.

Lo peor era que nos hacía "trabajar" aunque éramos niños. Teníamos que lavar platos, hacer las camas, limpiar y otra serie de oficios engorrosos. Parecía que a veces ella no dormía por pensar qué más tareas nos iba a poner al día siguiente.

Siempre insistía en que dijéramos la verdad - toda la verdad. Y mientras más crecíamos más dura parecía nuestra vida, especialmente cuando llegamos a ser adolescentes. Nos daba tantas indicaciones de restricciones serias, que no nos dejó practicar el noviazgo sino hasta que tuvimos edad suficiente.

Nuestra madre fue un fracaso como madre. Ninguno de nosotros ha sido jamás detenido por la policía; nunca nos hemos enredado en manifestaciones violentas de protesta ni hemos participado en actos antisociales. No tenemos ningún vicio, de esos que degradan a la gente. La culpa de todo esto la tiene nuestra madre.

Ella nos educó para que fuéramos ciudadanos honorables y temerosos de la ley de Dios. Quizá eso es lo que más falta en este mundo: que haya más de estas madres.

- Autor desconocido

La Voz Eterna, Julio-Agosto 1984

 

 

 

 

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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