LA MÚSICA INSTRUMENTAL: UN PUNTO DE CONTROVERSIA
  
El silencio de las Escrituras no permitirá la introducción de cualquier cosa que Jesús no autorizó

Hay tres razones básicas para rechazar la música instrumental en la adoración. La primera es una razón hermenéutica. El silencio de las Escrituras no permitirá la introducción de cualquier cosa que Jesucristo no autorizó. La segunda es una razón práctica: La comunión del cuerpo de Cristo es demasiado preciosa para permitir su destrucción por algo para lo cual sólo hay autoridad humana. La tercera es una razón teológica. La música instrumental no ayuda o cumple los propósitos de adorar a Dios en el canto. No tiene una base teológica válida.

La naturaleza de la adoración

La música instrumental no es la adoración. La adoración viene de la persona misma; no es algo hecho por otros para impresionar a los adoradores. La adoración es una expresión de una devoción interna; no es algo hecho para impresionar. La adoración es una expresión sentida del corazón, interna, espiritual y racional. El uso de la música instrumental en la adoración viene de un mal entendimiento de la pura naturaleza de la adoración del Nuevo Testamento.

Los hombres siempre tienen la tendencia de poner la adoración litúrgica en lugar de la experiencia personal. Esta falta de espiritualidad de la adoración es el trasfondo de la descripción de Pablo en cuanto a la digresión del hombre a la idolatría pagana (Romanos 1.19). Todo empezó con menospreciar la adoración genuina. Hubo un tiempo cuando los hombres conocían a Dios. Dios se reveló él mismo en la naturaleza y en la Escritura. Pero los hombres suprimieron la verdad que Dios reveló por su negligencia y su rebelión.

"Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de la cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Romanos 1.18-20).

Los hombres empezaron a menospreciar la adoración de Dios. "Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido" (Romanos 1.21-22).

Al menospreciar la adoración espiritual personal, ellos perdieron la habilidad de razonar. Sus corazones se oscurecieron. Una adoración vacía se desarrolló en sus almas. Puesto que no eran llenas con lo genuino, fue fácil aceptar lo falso.

"Cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles" (Romanos. 1.23).

La adoración pagana degeneró por la adoración de imágenes físicas, codicia y ritual que sólo servía para practicar el sentido engañado. Esto sucedió porque ellos primero menospreciaron la adoración verdadera, personal, espiritual, racional del verdadero Creador, Dios.

La locura de la adoración pagana es descrita en el sermón de Pablo en el Areópago: "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hechos 17.24,25).

Dios no necesita de sacrificios de animales para comer, incienso para oler, o sonidos hechos por los instrumentos musicales. Dios es Espíritu. Por lo tanto, la adoración espiritual debe venir del corazón, la mente y el espíritu del hombre. La adoración pagana era hecha por los sacerdotes en rituales dedicados a los ídolos hechos con sus manos. Sus dioses eran demasiado pequeños; su adoración era demasiado superficial.

Mucha de la adoración ofrecida por los judíos también estaba en contra de la verdadera naturaleza de la adoración. Algunos pensaron que Dios necesitaba los sacrificios y ofrendas que eran hechas en el templo.

El Salmo 50 refuta este mal concepto: "No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre no te diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud. ¿He de comer yo carne de toros, o de beber sangre de machos cabríos? Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo" (Salmos 50.9-14).

Dios quiere una adoración que viene del hombre interno. Las ceremonias litúrgicas no le impactan aunque sean impresionantes para las gentes que las practican. Dios no necesita la sangre de los machos cabríos, el olor del incienso o los sonidos de los instrumentos musicales. El quiere la adoración del corazón devoto del hombre, de su voluntad sumisa y su espíritu contrito.

Jesús condenó la adoración formal, ritualista que no tenía significado: "Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres" (Mateo 15.8-9).

La adoración agradable a Dios debe ser del corazón, no sólo de los labios del adorador. Dios no está interesado en el sonido como tal. El quiere la adoración personal del corazón del adorador. La adoración es más que los sonidos mecánicos que llenan el aire o una producción artística para estimular las emociones. La adoración es una expresión personal del corazón, entendida por la mente y motivada por la voluntad del adorador individual.

La adoración pagana en el primer siglo era frecuentemente orgiástica. Incluía danzar, tomar vino, producciones dramáticas, ceremonias sensuales, actos simbólicos misteriosos, sacrificios sangrientos, rituales, como también tocar el instrumento musical.

De acuerdo a la investigación de William Green, la música instrumental parecía tener un doble propósito en la religión griega. Al principio ésta tenía una función mágica. Era usada para convocar a un dios o al alma de una persona muerta. En las religiones griegas de misterio posteriores, la música instrumental, especialmente las flautas y los tambores, eran usados para inducir el éxtasis o agitación violenta en el adorador.

William M. Green, profesor por mucho tiempo del griego clásico y de literatura y cultura latina en la Universidad de California, escribió: "Los adoradores del Dionisio Traciano, también conocido como Baco, se involucraban en orgías nocturnas, cuando los miembros de la sociedad eran poseídos por una locura divina al danzar con la música, y luego tomaban un animal o quizá aun a un hombre, que se creía ser la encarnación del dios, desmembraban el cuerpo parte por parte, y lo comían en el mismo lugar sin cocinar. Por medio de esta comunión sagrada ellos esperaban alcanzar la unión con su dios, y ellos mismos llegar a ser Bacos", ("The Church Fathers and Instrumental Music", trabajo inédito, n.d.,págs.3,4). La función de la música instrumental acompañada de otras ceremonias era para estimular la respuesta emocional y no la racional de los oyentes.

Aun en la adoración en el templo de Jerusalén, el énfasis parecía ser la función impresionante de los sacerdotes. Uno puede imaginarse lo que pudo haber ocurrido mientras los sacerdotes ofrecían los sacrificios. El grato aroma del incienso se levantaba del altar. El fuerte olor de la sangre fresca y de la carne quemándose de los animales degollados llenaba el aire en el atrio. Un aroma suave de humo se levantaba de las candelas dentro de las paredes del templo. El sentido del olor sería altamente estimulante.

El templo mismo era un lugar maravilloso. Este se hermoseaba aun más por la gran expectación que los adoradores tenían viniendo de tan lejos para mirar el santo altar de sus padres. La arquitectura era grandiosa. El brillo del oro, la plata y el bronce adornaba los utensilios y el mobiliario. Hermosos tapetes hechos de tela finamente bordada en patrones coloridos colgaban de lugares estratégicos. Los sacerdotes bien entrenados fungían con vestimenta elaborada adornada con joyas y metales preciosos. Lo que el adorador miraba lo dejaba con un sentido de lo majestuoso y misterioso.

Los sonidos del templo eran inolvidables. El balido y el mugido de los animales que estaban siendo sacrificados, el movimiento continuo de los sacerdotes al efectuar sus rituales, el chisporroteo de carne y pelo quemados. Sobre todo esto y cubriendo todo estaba la música de los cantores y los tocadores de instrumentos. Ellos estaban bien entrenados y su ejecución debió haber levantado las emociones de la audiencia. La instrumentación del arpa, la lira, la flauta, los címbalos y otros instrumentos mencionados en Salmos 150 sería una parte de la producción magnificante. La audiencia estaría asombrada, saturada de emociones. La gente saldría pensando que había presenciado una gran función. Y así había sido.

La música instrumental era una parte importante de la adoración en el templo. Su uso en la actualidad es un paso hacia atrás, dejando la adoración espiritual y volviendo a las ceremonias sacramentales del templo.

La adoración judía en la sinagoga era diferente. Eric Werner hizo un contraste entre la adoración en el templo y la sinagoga en The Sacred Bridge: "El principio y el elemento sobresaliente en la adoración en el templo era, sin duda, la ejecución de sacrificios, a cargo de un personal de sacerdotes profesionales altamente entrenados, quienes conservaban sus posiciones privilegiadas por derecho de nacimiento dinástico. La sinagoga, por otro lado, era la casa de oración, de meditación, y lo más importante, de estudio. En el templo el sacerdocio prevalecía en todo su esplendor jerárquico; en la sinagoga, eran el erudito y el laico quienes moldeaban el servicio en la forma que ha permanecido esencialmente, sin cambio, hoy" (Columbia University Press, New York, 1963, pág. 22).

Es la sinagoga y no el templo lo que más se asemeja a la adoración autorizada por Jesús y los apóstoles en el Nuevo Testamento. Su verdadera naturaleza era de un servicio personal, motivado por la voluntad, de corazón y dirigido por la mente. Esta era una expresión espiritual interna, no la recepción de alguna clase de estímulo emocional para producir un sentimiento.

Lo mismo es cierto de la adoración cristiana en el siglo XX. Las ceremonias ritualistas de sonido, vista y olor hechas para inducir un sentido de "éxtasis" no deben sustituir a la adoración real, personal y espiritual. La adoración cristiana es diferente en naturaleza de la adoración pagana orgiástica y la adoración en el templo judío efectuada por los sacerdotes. No es el olor del incienso, sino una expresión de oración y alabanza. No es existencialmente observando objetos de arte para obtener un sentido de asombro, sino el entendimiento racional que viene de las Escrituras, siendo leídas en un lenguaje entendible. No es ni escuchar una grabación a capella o un órgano, sino la expresión vocal de palabras y sentimientos espirituales significativos brotando del corazón.

Si Dios deseara funciones sacerdotales, objetos de la vista, el aroma para estimular el sentido del olor, o sonido para estimular el oído, éstos podrían ser provistos mecánicamente. Controladores del tiempo electrónicos, grabadoras y robots mecánicos podrían ser programados para producir movimientos ritualistas, sonidos musicales e incienso quemado en el lugar y tiempo correcto. El adorador podría todavía estar durmiendo en la cama, pensando en un lago, o detrás de una pelota en el campo de golf.

No importa lo grato que sea el olor del incienso o lo bella que sea la música grabada, no sería adoración. Esta sería vacía, un sonido sin significado. Los sonidos serían mecánicos, no significativos.

Los mismo puede decirse de la música instrumental en la adoración cristiana. No importa si es considerada adoración o una ayuda a la adoración. Este es un sonido mecánico. Dios no la necesita; El no la quiere. Salmos 51 tiene una expresión hermosa de la clase de adoración que Dios desea: "Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú,, oh Dios" (Salmos 51.16,17).

Dios quiere la adoración de un corazón lleno de sentimientos devotos que se expresan en palabras entendibles y motivados por un espíritu vivo. Uno la falsifica al sustituir los rituales litúrgicos por la adoración personal individual. La adoración es una expresión personal, no ritual para impresionar. Consiste en alabanza racional que es entendida por ambas el adorador y el que oye. La naturaleza de esta clase de adoración es tal que no puede en ninguna forma ser lograda a través del uso de la música instrumental.

Los propósitos de la adoración

El Nuevo Testamento enseña tres propósitos en la adoración: La adoración es para alabar a Dios, enseñar a otra gente, y expresar sentimientos religiosos profundos (Hebreos 13.15; Colosenses 3.16; Santiago 5.13). El uso de la música instrumental en la adoración cristiana no alcanza ni ayuda en ninguno de estos propósitos.

Dios tiene poca preocupación por la excelencia de la composición musical o la belleza de la armonía con la cual se ejecuta. El quiere la devoción humilde y las simples expresiones del corazón del adorador. La mejor orquesta del mundo no puede contribuir o ensalzar el sacrificio del fruto de labios que brota de un corazón agradecido.

¿Ayuda la música instrumental en enseñar y amonestar a los hermanos? Obviamente no. Un piano, un órgano o una orquesta no pueden ser una ayuda en enseñar un canto. En lugar de hacer que las palabras que son cantadas sean más entendibles, aleja la mente del adorador de las palabras a los sonidos musicales. Añadir otros sonidos a lo cantado estorba para entender las palabras que son expresadas. Tiende a hacer de la adoración un bella experiencia para estimular las emociones en vez de una experiencia espiritual o acto de edificación.

¿Ayuda la música instrumental a expresar los sentimientos religiosos de los miembros de la congregación? Imposible. Aquellos que oyen podrían quedar impresionados por lo bello de una fina presentación musical, pero no pueden expresar sentimientos religiosos sólo por el hecho de escuchar. La música instrumental podría ser de entretenimiento e inspiración para el hombre, pero no logra o ayuda en lograr una alabanza espiritual a Dios.

La adoración a Dios debe ser personal, racional, espiritual y de acuerdo a la voluntad de Dios. La música instrumental en la adoración cristiana no está incluida en ninguno de estos tres requisitos. Esta debe ser rechazada porque es contraria a la mera naturaleza y propósito de adorar a Dios con el canto.

- Jimmy Jividen

La Voz Eterna, Marzo-Abril 1998

(Vía revista Gospel Advocate)

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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