Nicodemo, tienes que nacer de nuevo
  

Nicodemo fue el personaje que hizo una histórica visita a Jesús (Juan 3.1-15). Nicodemo tenía preguntas para el Mesías. Jesucristo aprovechó esta oportunidad para enseñarle los principios del nuevo nacimiento. Jesús señaló un punto fundamental: para entrar al reino de Dios es necesario entender el proceso del nuevo nacimiento.

Por ser fariseo, Nicodemo tenía como fundamento de su fe lo siguiente: (1) Uno debe conocer la ley mosaica; (2) Uno debe aplicar el significado de la ley; (3) Uno debe practicar las leyes de pureza y el culto apropiado de Dios. Como miembro del sanedrín, Nicodemo era parte del concilio más prestigioso de Israel, que estaba compuesto de 70 líderes prominentes reconocidos como expertos en la ley mosaica. Se encargaba de proteger a Israel de los falsos maestros y la herejía.

Nicodemo se acercó a Jesús con sinceridad y honestidad. El creía verdaderamente que Jesús era un maestro enviado por Dios. Como observador perspicaz supo reconocer lo obvio: nadie podía realizar semejantes milagros a menos que Dios estuviera con él.

Con estos antecedentes, posición, liderazgo religioso y conocimiento de la Escritura, Nicodemo debió haber comprendido el nuevo nacimiento. Sin embargo, lo increíble era que él no podía entender esa enseñanza.

Todo israelita devoto y preparado sostenía dos conceptos: (1) Todo aquel que naciera de padres judíos y que fuera circuncidado al octavo día entraba en una relación de convenio don Dios (Génesis 17.10-14; Exodo 12.48; Levítico 12.1-4); (2) Para mantener ese convenio con Dios era necesario obedecer fielmente a la ley mosaica (Deuteronomio 4.1-8). La circuncisión servía para sellar el convenio con Dios; la obediencia a la ley servía para preservar la relación con Dios.

Los fariseos devotos definían todos los aspectos de la fidelidad en términos de la obediencia a la ley. Estos legalistas aplicaban la ley a toda área de la vida. En su cuidadosa entrega a la aplicación de la ley, habían creado aplicaciones basadas en sus interpretaciones de la ley.

Las leyes de la purificación eran prominentes dentro de las costumbres farisaicas. La pureza era el resultado de la purificación ceremonial. La purificación ocurría cuando el cuerpo era lavado según los ritos ceremoniales. Cuando una mujer daba a luz, era impura por cierto tiempo (Levítico 12). No podía tocar nada que fuera sagrado, ni ir al templo. Cuando su tiempo terminaba, ofrecía un sacrificio de animal en el templo para efectuar su purificación.

Un hombre que tocaba un cuerpo (muerto), un hueso humano, o una tumba, era inmundo por siete días (Números 19.11-22). Una persona limpia podía ofrecer sacrificio por la persona impura. Tomaba las cenizas, y en un mismo recipiente, las mezclaba con agua tomada de un arroyo. La persona limpia rociaba a la persona impura con esa agua el tercer día y el séptimo. Después del último rociamiento, la persona impura lavaba sus ropas, se daba un baño y era limpia al atardecer. En el mismo proceso, si la persona limpia tocaba el agua de la impureza, quedaba inmunda por siete días.

Uno tiene que entender estas enseñanzas y convicciones si se quiere comprender la manera en que Nicodemo pensaba. Nicodemo dijo: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (Juan 3.2). Probablemente Nicodemo estaba tratando de iniciar una conversación sobre la identidad de Cristo. Sin embargo Jesús no tenía intenciones de comentar sobre su identidad.

Jesús respondió: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (v.3). Para Nicodemo esto era una nueva y diferente condición para entrar al anticipado reino. Sus conocimientos le hacían ver que cualquier israelita circuncidado que guardaba la ley tenía asegurado un lugar en ese reino. Además, su preparación le hacía considerar cualquier verdad religiosa como algo literal y físico. Volver a nacer físicamente para hacerse parte de un reino literal era algo imposible.

Nicodemo preguntó: "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" (v.4). Su preparación legalista en el literalismo controlaba su manera de pensar. No podía reflexionar en algo más allá de lo literal, lo físico. No era una manera de pensar frívola o absurda. Estaba respondiendo de acuerdo a la única manera en que él podía pensar.

Jesús respondió: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo" (v.5-7).

(¿Te perturba lo que te he dicho? ¿Es algo más allá de tu comprensión? No puedes explicar el fenómeno del viento; no lo puedes ver; pero sabes que existe porque puedes sentir su efecto. Tratar de explicar el nuevo nacimiento o ver directamente al Espíritu obrando en el nuevo nacimiento es algo innecesario. Lo que se puede ver de la obra del Espíritu es el efecto.)

Un Nicodemo confundido replica: "¿Cómo puede hacerse esto?" Jesucristo siguió diciendo: "¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?" (v.9-12).

Una lección obvia se estaba pasando por alto. Si una persona se pasa toda su vida pensando en forma legalista mientras estudia las Escrituras, perderá la capacidad para entender a verdad espiritual. La perspectiva espiritual será extraña y confusa para ella.

El pensamiento legalista comprende tres puntos fundamentales: (1) Definiciones: ¿Qué es lo que está ocurriendo exactamente? Los eventos tienen que tener una explicación. (2) Cómo: ¿Cómo puede ocurrir tal cosa? Tiene que existir una relación visible entre causa y efecto. (3) ¿Qué puede ocurrir? Lo que puede ocurrir tiene que ser algo demostrable.

Consideremos el concepto que tenían los fariseos de la pureza. Definición de la pureza: Si el cuerpo físico toca algo que la ley dice que es impuro, el cuerpo se contamina. ¿Cómo ocurre esto? La impureza que reside en lo inmundo se transfiere al cuerpo de uno por medio del contacto físico. ¿Qué es lo que ocurre en la purificación? El agua purificada destruye la contaminación y separa el cuerpo de lo impuro. Paso por paso ocurre un procedimiento visible de limpieza en siete días.

La purificación ocurre porque existe una definición apropiada, una respuesta adecuada en cuanto a qué y cómo, y un procedimiento real y visible. Jesús dijo que la obra de Dios por medio del Espíritu no es tan simple. Aún bajo la dispensación mosaica, el poder no estaba en el sacrificio, el agua, la ceniza, el rociamiento, el lavado de ropas, o el lavado del cuerpo. El poder residía en Dios que otorgaba la purificación por medio de la fe obediente de la persona que confiaba en la promesa divina.

Desafortunadamente los fariseos habían atribuido poder divino a las obras humanas. Ellos creían que el agua y los débiles ritos humanos contenían poder en sí mismos. Creían equivocadamente que el poder se generaba en hacer bien las cosas.

Jesús quería que Nicodemo se diera cuenta que esa manera de pensar era inútil. Nicodemo no sabía que la forma en que el viento se manifiesta no sigue una secuencia lógica. El viento no se podía ver; sin embargo era una explicación analítica en cuanto a la ley de la causa y el efecto. Era un elemento del misterio que no tiene explicación, pero no por eso dejaba de ser real.

En el nuevo nacimiento, Jesucristo hablaba acerca del bautismo. La obra de Dios en el bautismo contiene un gran elemento de misterio. Dios trabaja a través de la sangre de Cristo, el poder de la resurrección y su Santo Espíritu, a medida que purifica al hombre de su pecado.

¿Cuándo es destruido el pecado? ¿Cómo es que Dios da vida espiritual? ¿Cómo participa el creyente de la resurrección de Jesucristo? Estas son cosas que no sabemos.

¡Pero esto ocurre! No podemos explicarlo, no podemos verlo. Ocurre porque Dios está actuando, usando su poder. No hay poder humano que pueda hacerlo ocurrir. El poder no está en el agua o en el lavamiento físico sino en la resurrección de Jesucristo (1 Pedro 3.20,21). Dios utiliza el agua como un medio para participar del proceso de la salvación, pero la salvación no está en el agua. La salvación ocurre cuando un espíritu penitente alcanza a Dios.

Hay quienes rechazan el bautismo. Como la eficacia de la sangre de Jesucristo y el poder de la resurrección no se pueden explicar, tampoco les parece que el bautismo tenga algo que ver con la salvación. Así como el nuevo nacimiento no tenía sentido para Nicodemo, así el bautismo no tiene sentido hoy para ellos.

Otros ponen su fe en el bautismo y no en Dios. Su fe reside en un acto humano y no en el poder de Dios que obra por medio del acto. Por eso es que bautizan a sus niños, aunque éstos no estén perdidos o sean pecadores. Ellos enfatizan el "hecho" sin darle importancia a la enseñanza acerca de Cristo. No comprenden que no es el acto lo que salva sino el poder del evangelio.

Jesús dialogaba con Nicodemo acerca de la salvación. Para Nicodemo ser salvo significaba haber nacido como judío y haberse circuncidado. Para Nicodemo la conversión que planteaba Jesucristo era algo extraño y difícil de comprender. Para aquellos que reducen la salvación a una forma de conducta, a la sujeción a un código de leyes, la conversión (como la planteó Cristo) sigue siendo extraña y difícil de comprender.

- David W. Chadwell

 

La Voz Eterna, Enero-Febrero 1993 (Vía Gospel Advocate, Agosto 1992)
Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

Copyright © 2002 La Voz Eterna

Reservados todos los derechos