PARUSÍA

 

 

La palabra traducida "venida" en 1 Tesalonicenses 4.15 viene del griego parousia. Esta palabra tiene un significado muy importante para comprender la segunda venida de Cristo.

La palabra parousia aparece 24 veces en el Nuevo Testamento. En términos generales, la palabra sencillamente significa "venida, llegada, presencia". H. K. McArthur comenta lo siguiente:

"Parousia fue usada en el griego clásico y el koiné en sentido general como 'presencia', pero también como 'llegada' o 'venida'. Ocurre cuatro (¿o cinco?) veces en la versión LXX con este significado (Nehemías 2.6; Judit 10.18; 2 Macabeos 8.12; 15.21; 3 Macabeos 3.17). De sus 24 apariciones en el Nuevo Testamento, seis son de este tipo; por ejemplo 1 Corintios 16.17: 'Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico...' (véase también 2 Corintios 7.6,7; 10.10; Filipenses 1.26; 2.12). Sin embargo, en la literatura helenística, el término fue usado frecuentemente en conexión con la visita oficial de un gobernante o la Epifanía de una deidad; por ejemplo Polib. XVIII.48.4: 'que ellos no pensaran que el estaba... esperando la venida de Antíoco'; Diod. lv. 3.3: 'mientras las matronas... ofrecen sacrificios al dios y celebran sus misterios, y en general, exaltan con himnos la presencia de Dionisio'." ("Parousia" en The Interpreters Dictionary of the Bible, Vol. 3, págs. 658-661).

En los papiros de la literatura helenística, parousia "es un término técnico para la llegada de un emperador, un rey, un gobernante, persona famosa a la ciudad o provincia". A veces parousia es usada para describir la invasión de una provincia por un general. Barclay señala que el término fue usado también para hablar de la invasión de "Asia por Mitradates", y "describe la entrada en escena de un nuevo poder conquistador". Luego también agrega: "Del lado político, la parousia del rey o gobernante o emperador era a menudo una ocasión cuando las peticiones eran presentadas y los errores eran corregidos. La palabra describe una visita de curación y corrección" (William Barclay, New Testament Words, págs. 222-224).

En el Nuevo Testamento la parousia se refiere a "otro rey", es decir, Jesucristo (Hechos 17.7). Este era el rey que los cristianos del primer siglo esperaban. Hay pasajes que enseñan que cuando el rey Jesús venga, él pondrá en orden todas las cosas (2 Tesalonicenses 1.7-9; Mt. 25.31-46; 1 Tesalonicenses 2.16; 5.1-3). Para los cristianos este será un evento de mucho gozo. 1 Tesalonicenses 4.16,17 nos da los detalles: "Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero".

Tres eran las cosas que ocurrirán durante la segunda venida o sea su parousia. Primero, "con voz de mando"; segundo, "con voz de arcángel"; y tercero, "con trompeta de Dios".

La expresión "con voz de mando" se encuentra sólo en el Nuevo Testamento. Enfatiza el poder del mandato, y en el primer siglo es empleaba para designar el poder de una deidad. También tenía el mismo sentido que un "llamado" (Theological Dictionary of the New Testament, Vol. III, págs. 656-659).

La sustancia del llamado no es declarada porque se asume que el que oye el llamado ya se ha dado cuenta del mismo. Sin embargo, la expresión más interesante de nuestro texto es "voz de arcángel".

El concepto de los arcángeles fue una fase especializada de la angelología. A través de toda la literatura del judaísmo, los ángeles tuvieron un lugar muy importante. Durante el tiempo del apóstol Pablo, el estudio de los ángeles ya estaba bien desarrollado. En los escritos judíos, cuando aparecen los nombres de los arcángeles, siempre se incluye el nombre de Miguel. En la literatura contemporánea al apóstol Pablo, Miguel es considerado "el jefe de la jerarquía angélica que toca la trompeta para llamar y congregar a los ángeles para escuchar el juicio que Dios va a pronunciar" (J. W. Bailey, "Exegesis of 1 Thessalonians", The Interpreters Bible, Vol. II, pág. 305). El arcángel Miguel aparece dos veces en el Nuevo Testamento: en Apocalipsis 12.7 como jefe de las huestes de ángeles que derrotan al diablo, y en Judas 9, como el ángel que contiende con el diablo por el cuerpo de Moisés.

El libro de Enoc contiene varias referencias a los arcángeles. Enoc 20.1-7 da una lista de seis ángeles: "Uriel, Rafael, Raguel, Miguel, Zoriel y Gabriel". Sin embargo, una lectura marginal variante agrega un séptimo ángel "Remiel". Lo mismo aparece en Tobías 12.15 donde se lee: "Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles" (C. Thiessen Henry, Lectures in Systematic Theology, pág. 198). Los judíos del primer siglo también creían en "ángeles de la guarda". Lohse dice: "De acuerdo a la concepción popular hay un ángel guardián, no sólo para la nación entera de Israel, sino también para cada individuo. El ángel guardián guía a la persona e intercede por ella delante de Dios (Mateo 18.10). Se parece tanto a la persona que protege que el uno se puede tomar por la otra" (Hechos 12.13-15). (Edward Lohse, The New Testament Environment, pág. 182).

No hay duda que a partir de este antecedente, el libro de Apocalipsis es dirigido a los "ángeles" de las siete iglesias de Asia.

En cuanto a nuestro texto no es seguro qué ángel tenía Pablo en mente. Tampoco es este un evento en que un arcángel esté reuniendo a otros ángeles, sino que será un llamado a los que estén muertos en Cristo. Esta será entonces la "trompeta de Dios".

"Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tesalonicenses 4.17).

El término "arrebatados" es tomado de la palabra arpazein, cuya traducción latina es rapere. El verbo arpazein implica una acción violenta, tal como cuando los soldados romanos arrebataron a Pablo de la turba en Jerusalén (Hechos 23.10), o cuando el niño varón fue arrebatado por Dios para liberarlo del dragón en Apocalipsis 12.5. Hechos 8.39 emplea el mismo término para el arrebatamiento de Felipe por el Espíritu después de haberle predicado al eunuco. 2 Corintios 12.2-3 habla de que Pablo fue arrebatado al tercer cielo. Pero, ¿qué implica un arrebatamiento?

Hay quienes creen que el arrebatamiento (rapto) será un evento secreto, un acto independiente de la segunda venida de Cristo. Otros aseguran que cuando él regrese, él establecerá su reino aquí en la tierra. Sin embargo, nada existe dentro del contexto de primera o segunda de Tesalonicenses que implique que Cristo regresará a la tierra. El texto más bien declara lo contrario. Los creyentes serán "arrebatados... en las nubes para recibir al Señor en el aire..." (1 Tesalonicenses 4.17).

Pablo dijo que de esta manera estaremos "siempre" con el Señor. ¿En qué manera? Encontraremos al Señor en el aire. Así que ningún retorno a la tierra es contemplado aquí. Entonces ¿qué debe hacer el cristiano en cuanto a este conocimiento?

"Por lo tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras" (1 Tesalonicenses 4.18).

"Por lo tanto" es una expresión de consecuencia, es decir que como resultado de las palabras de Pablo, es necesario alentarse unos a otros. El término de "alentarse" está en tiempo presente, activo e imperativo. Para nosotros, estas palabras deben animarnos a estar preparados para la segunda venida del Señor.

- Tom Atkinson

La Voz Eterna, Junio 1990

(Vía Gospel Advocate, December 1988)

   
Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

Copyright © 2009 La Voz Eterna