¿NOS RECONOCEREMOS EN EL CIELO? 
 

Una de las preguntas que se nos hace con más frecuencia es la que nos sirve de título para el presente artículo: "¿Nos reconoceremos en el cielo?" Siguiendo nuestra costumbre, con la ayuda de Dios, daremos respuesta, con la Biblia en la mano.

En el Antiguo Testamento nos dice la palabra de Dios que los patriarcas del pueblo escogido, cuando murieron se reunieron con sus padres o con su pueblo. De Abraham leemos en Génesis 25.7-8 que a los ciento setenta y cinco años, exhaló el espíritu y fue unido a su pueblo. De Isaac dice lo mismo (Génesis 35.29) y Jacob es el mismo quien al anunciar su muerte dice que va a reunirse con su pueblo (Génesis 49.29). Al anunciarle Dios a Moisés la muerte de Aarón, le dijo que sería reunido a su pueblo (Números 20.24) y nosotros, por todos esos pasajes, entendemos que aquellos siervos del Señor fueron a reunirse con sus antepasados en el paraíso donde, lógicamente, los reconocerían.

El pasaje más notorio que hallamos en la Escritura y que nos dice claramente que en el cielo sí nos reconoceremos, lo encontramos en 2 Samuel 12.1-23 donde nos relata la Escritura la historia del rey David que habiendo sido amonestado por el profeta Natán a causa de su pecado al haber tomado a la esposa de Urías heteo, Betsabé; y habiendo hecho matar a éste en un plan astutamente urdido, Dios, muy enojado por ello dispone castigarlo, hiriendo al niño nacido del adulterio. David rogó a Dios por el niño y ayunó y se tendió en tierra mientras el pequeño empeoraba cada vez más hasta morir el el séptimo día. Los criados tenían temor de comunicárselo al rey pues pensaban que no lo soportaría. Sin embargo sucedió todo lo contrario; David se levantó, se ungió y cambió de ropas. Al ser preguntado por este cambio tan inesperado y fuera de lo normal, David dijo que cuando el niño estaba enfermo ayunaba, lloraba y rogaba al Señor que no se lo quitara pero, ahora que ya había muerto, seguir en esa actitud no tendría razón de ser y ahora sólo le quedaba la esperanza de que cuando él muriera volvería a ver a su niño. Esto lo dijo, naturalmente, inspirado por el Espíritu Santo, y nos dice a nosotros que también nos reconoceremos los unos a los otros.

En el relato que nos hace el Señor en Lucas 16.19-31 vemos claramente que tanto Lázaro en el paraíso, como el rico en el lugar de tormento reconocen a Abraham. En Mateo 8.11-12 el Señor también dice que los salvados reconocerían a los patriarcas; y ciertamente en el monte de la transfiguración los tres discípulos, en una escena anticipada de la gloria del Señor, reconocieron a Moisés y Elías, aunque antes jamás los habían visto (Mateo 17.1-8). Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, Dios afirma categóricamente que El es Dios de vivos y no de muertos. Sí, vivos, reconocibles, lógicamente.

Un día vamos a estar en el cielo, el monte Sión, la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, donde habitan los ángeles y que también es llamada la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y donde está Dios, el Juez de todos nosotros, los espíritus que El ha hecho perfectos (Hebreos 12.18-23).

Después de leer los textos citados en este corto artículo, no nos cabe la menor duda de que sí nos reconoceremos en el cielo y que tenemos suficientes respaldo bíblica para poder afirmarlo.

- Conrado Urrutia

La Voz Eterna, Julio-Agosto 1992

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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