CRISTIANISMO Y HEDONISMO

EL CHOQUE DE DOS FILOSOFÍAS

(Hedonismo: Doctrina que considera al placer como el fin principal de la vida.)

ÍNDICE

Parte 1: La Filosofía Playboy por Anson Mount

Parte 2: Las Enseñanzas Morales de Cristo por William Banowsky

 

PARTE 1

LA FILOSOFÍA DE LA REVISTA "Playboy"

 

Anson Mount, William Banowsky y Hugh Hefner en 1967

Discusión fue entre Anson Mount, Editor de la sección religiosa de la revista Playboy de gran circulación de los Estados Unidos de Norteamérica, y el Dr. William S. Banowsky, ministro de la iglesia de Cristo en Broadway, Lubbock, Texas, E.U.A en 1967.

 

ANSON MOUNT:

No me explicó es posible que tantos de ustedes se hayan levantando tan temprano el domingo en la mañana. Yo casi no pude hacerlo. La noche última, mientras estaba a solas en mi cuarto del motel donde me alojo tratando de ponerme al corriente con parte de mi correspondencia me encontré con una nota enviada por el Capellán de la Universidad Hiram del estado de Ohio. Este Capellán es un pastor presbiteriano bastante conocido, autor de varios libros. En su breve nota, decía algo que me pareció muy significativo en relación con esto que vamos a tratar ahora aquí.

Dice: "Nos parezca bien o no, hay un nuevo código del sexo, en proceso de formación. Resulte lo que sea, no creo que pueda ser más promiscuo, irresponsable o subhumano que el código anterior que se está abandonando ahora.

"Creo que ese nuevo código estará basado más en la razón que en el temor; más en la ciencia que en la religión, y más en las relaciones que en la ley."

Es necesario hacer una presentación realista y objetiva de los hechos, lo más libre de prejuicios y predisposiciones personales que sea posible. ¿Cuáles son las verdaderas amenazas del trato sexual pre-marital en términos de bienestar psicológico, sociológico y moral? ¿Cuáles son las promesas reales sobre el desarrollo personal, las relaciones interpersonales y la obtención de un sentido del mérito propio? O, para presentar el otro aspecto de la cuestión, ¿cuáles podrían ser algunos de los peligros verdaderos de la abstinencia y algunas de las ventajas de la castidad?

Creo que lo más que podemos hacer en términos de la educación, es presentar los Hechos - en pro y en contra - y luego dejar que cada individuo decida por sí mismo, a la luz de la mejor información de que disponga, cuál haya de ser su propia escala de valores.

El Rev. Sr. Sawyers expuso admirablemente en pocas palabras lo que nosotros opinamos sobre el mismo particular. No creemos que ninguna persona esté calificada para asesorar a otra sobre su vida sexual - o sobre cualquier otra clase de relaciones personales - solamente porque sea ministro ordenado, o porque pertenezca a cualquier secta religiosa en particular.

Juzgamos que este es un problema mucho más racional. Un problema que requiere poseer una forma clara de pensar y de examinar los hechos. Y debemos darnos cuenta de que los hechos que actualmente tenemos a nuestra disposición son considerablemente diferentes - y es más, esperamos que también dignos de mayor confianza - que los hechos de que disponíamos en el pasado acerca de la sexualidad humana.

Ha habido muchas ideas erróneas acerca de la filosofía que sustenta la revista para la que trabajo. Creo que es buena idea tratar de rectificarlas desde el principio. Cada vez que participo en una discusión como esta, siempre me veo envuelto en largas y tediosas explicaciones sobre lo que realmente creemos y lo que el tema debiera ser en realidad. Para cuando nuestra semántica ha quedado debidamente establecida y nuestra posición aclarada, vemos que el tiempo se acabó.

Creo que esto se debe a que muchas personas que realmente no están seguras de lo que la frase "filosofía de la revista Playboy" (el nombre de la revista) significa. No es completamente apropiada, y la formuló un teólogo de la denominación bautista llamado Harvey Cox, que escribió un artículo para una revisa teológica, titulado "El Cristianismo y la Crisis". El fue quien en 1996, por primera vez mencionó la "filosofía de la revista Playboy". Ese artículo, publicado en prestigiada revista teológica, nos sorprendió aún a los que publicamos la revista en cuestión, ya que en realidad no pensábamos tener filosofía alguna en particular.

Cuando mi revista se empezó a publicar en 1953, tenía en la portada (y aún la conserva) la siguiente indicación: "Entretenimiento para hombres". Tal fue primordialmente el objetivo de la revista - el de entretener o divertir - .

Harvey Cox, que mientras tanto se ha convertido en uno de los escritores religiosos mejor conocidos de este país, e incidentalmente, también es uno de nuestros más destacados autores, escribió aquel artículo que nos abrumó, debido a lo que él asumió que era nuestra actitud acerca de la vida.

Hizo lo que un antropólogo habría hecho. Vio los artefactos, y trató de crear un sistema completo de pensamiento, o de vida, derivándolos de dichos artefactos. Se consiguió todos los números de nuestra revista publicados durante tres años y se dio a leerlos, cosa que yo no estaría dispuesto a hacer.

Esto sucedió en 1960 y después de leer los chistes, las caricaturas y los cuentos cortos, sacó su conclusión de lo que creemos los que formamos parte del personal editorial de la revista, cosas acerca de las cuales jamás habíamos formulado una declaración.

El fue quien formuló la frase la frase: "Filosofía de la Revista Playboy", y el Sr. Hefner (Editor de esa revista) pensó que sería mucho mejor que se le condenara por lo que realmente cree, que por lo que no cree, y por lo tanto se puso a escribir una serie de artículos editoriales que se han prolongado ya en 25 números y que quién sabe cuándo terminarán. Para ello, se apropió de la frase de Cox, y cuando usamos el término "Filosofía de la Revista Playboy" estamos diciendo lo que creemos y lo que hemos dicho que creemos en nuestros muy serios editoriales.

Hay mucha gente que al usar la expresión de "joven aficionada los placeres" y al referirse a su filosofía, quiere con sólo examinarla, determinar lo que nuestra revista quiere decir.

Yo, por mi parte, creo que mi revista es una gigantesca prueba psicológica. Es sorprendente lo que diferentes personas creen que ella significa. Como una prueba de Roscharch (prueba psicológica) es posible aprender más acerca de una persona por la interpretación que dé al contenido de la revista, que a través de la misma.

Es sorprendente, pero nuestro país esta ya tan harto del tema del sexo, que resulta imposible bromear ni publicar una caricatura sobre él. Incontables personas creen que lo que mi revista trata de hacer es promover el hedonismo solamente por el hedonismo (irresponsable, solamente por el humorismo que ella contiene y por el valor que tenemos sus editores de hacer comentarios jocosos sobre temas como el adulterio y las relaciones sexuales pre-maritales. ¡Con decir que nos permitimos hasta hacer bromas acerca del problema racial, cosa que muchas personas también creen que es algo terrible!

Otra revista de este país, durante los últimos cuarto o cinco años ha estado publicando una serie de caricaturas cuyo personaje es un asaltante, y además, siempre pueden encontrarse en la misma dibujos humorísticos ridiculizando al esposo que le pega a mujer, o a los que manejan con peligroso descuido, o a las guerras, o a los robos… y nadie piensa que esa revista esté fomentando todos estos males sociales. Sin embargo, cuando mi revista llega a publicar una caricatura sobre el adulterio, todos los tradicionalistas que objetan los temas sexuales se declaran unánimemente contra ella.

Lo anterior no significa que sea un desconsiderado, ni que esté pisoteando los derechos de los demás. Tampoco quiere decir que sea un descuidado o un borracho empedernido. Significa que está viviendo la época de su vida en que puede gozar mejor de las comodidades: es joven, vital, la vida de sonríe.

Nada de todo lo anterior es malo. Nosotros no abogamos por el hedonismo irresponsable. No creemos que nadie esté autorizado para vivir sin considerar a los demás y sin consideración al bienestar de sí mismo. Ni afirmamos que las relaciones sexuales premaritales sean lo mejor, como muchos piensan. De ninguna manera. Tampoco decimos que las relaciones sexuales de tipo casual sean forzosamente malas. Quizás lo sean en la mayor parte de los casos, y especialmente en el tipo particular de sociedad retrasada en que vivimos, lo son casi invariablemente. Sin embargo, por definición, no lo son.

Por supuesto creemos que la relación sexual es preferible cuando está sostenida por el amor. Esto es exacto en relación con casi todas las demás actividades humanas. Pero esas relaciones sexuales ocasionales no son ni siquiera aproximadamente lo peligroso que los conservadores tratan de nacernos creer. Para algunas personas, en algunos casos, este tipo de relación es preferible a la ausencia total de relaciones sexuales.

El Rabino Rubinstein, amigo mío y uno de los rabinos judíos mejor conocidos en este país, me dijo el otro día: "Yo soy hedonista. Casi todo lo que hago, es en bien de mi propia satisfacción. Me produce placer preocuparme por mis prójimos. Me casé porque soy hedonista, ya que la vida de casado es la que yo deseo llevar, y así es como me siento más feliz".

Ahora presentaré un esquema de lo que creemos. Principalmente, creemos que todos los hombres son básicamente buenos. No creemos en la sombría doctrina calvinista que enseña que el hombre es malo, que es una bestia y que siendo básicamente malo, necesita ser redimido de su maldad… Que el cielo fijó unas leyes sobre la humanidad hace cerca de dos mil años y que tenemos que obedecerlas, ya que de otra manera seremos unos salvajes.

Hay innumerables personas que son morales y civilizadas en el mundo, y que sin embargo no pertenecen a nuestra misma religión. Hay culturas en las cuales los pueblos son civilizados y morales, cuya religión no está relacionada en forma alguna con la nuestra. Si las personas son malas, es el medio que las rodea lo que las ha hecho así.

Sí, el hombre tiene capacidad para la maldad, pero creemos que es básicamente bueno. Somos optimistas. Con Dietrich Bonhoeffer pensamos que la raza humana se está volviendo adulta, que la humanidad ya no es un grupo de campesinos que debe ser dominado por una élite de burócratas para indicarles lo que deben y lo que no deben hacer.

No creemos que la gran masa humana sea esencialmente infantil, con la necesidad de una nobleza que les haga sus leyes y les sirva de árbitro en sus problemas. Creemos que la humanidad está alcanzando la edad adulta y que debe permitírsele que tome sus propias decisiones, a fi de que sea totalmente adulta y humana. Creemos que el placer del hombre es, en principio, bueno. No nos convence la teoría calvinista de que el mundo es un lugar sombrío, un valle de lágrimas… o que debiera serlo.

No comulgamos con algunas de las perversiones del pasado que sostienen que el placer del hombre es malo o, cuando menos, peligroso. Aún los liberales de esta forma de pensamiento creen que el placer no causa ni bien ni mal. No creemos que sea malo gozar de la vida. En realidad, pensamos que todos debieran hacerlo. Sin embargo, lo que sí opinamos, es que nadie debe gozar de la vida a costa de los demás. Esto sería solamente anarquía social. Creemos que el bienestar del hombre y su felicidad es su bien mayor. Somos partidarios de todo lo que fomente ese bienestar.

Los cristianos también reconocen y creen que el bienestar y la felicidad del hombre son deseables. Esto es bueno. Los humanistas creen asimismo en el bienestar y la felicidad del hombre, pero por razones diferentes. El humanista cree que ese bienestar y felicidad es un fin en sí mismo. Los cristianos, por su parte, creen que porque amamos a Dios debemos amar a nuestro prójimo, y porque amamos a nuestro prójimo debemos procurar su bienestar y felicidad. Todo viene a ser lo mismo; pero esta es la diferencia entre humanismo y cristianismo: El cristianismo es sobrenatural, está basado en Dios - un Dios personal, un Dios arbitrario, un Dios que vive allá arriba en el cielo y, presumiblemente, maneja las vidas de los hombres con cuerdas como de marionetas. El humanismo no considera necesario creer eso.

Hace dos noches estuve con el Obispo Pike. Alguien le pidió que definiera la diferencia entre humanismo y cristianismo. El dijo lo siguiente: "El cristianismo tiene la creencia de otra vida después de la muerte. El humanismo cree en la vida después del nacimiento". Nosotros, entonces, somos humanista s y también moralistas de situación (si vale usar la expresión). No es necesario ser cristiano para creer en una moral de situación. Jesús se rebeló contra el legalismo. La moralidad de situación sencillamente reconoce el hecho de que la ética debe ser un asunto de responsabilidad personal. La moralidad abarca decisiones y el concepto mismo de lo que es ética, implica una libertad de elección.

¿Cómo es posible ser una buena persona, si se está en una situación en la cual es imposible obrar mal? ¿Cómo pecar si se encuentra en una isla desierta donde no hay oportunidad de pecar - ni aún bajo el concepto estricto que de pecado tienen los metodistas? ¿Merece muchos elogios quien lleva una vida limpia y recta, cuando no tiene oportunidad de portarse en otra forma?

Vivimos en una sociedad llena de prejuicios que nos sobrecarga con una lista interminable de cosas que "hacer y no hacer" - un código moral que abarca toda posible situación y al que obedecemos ciegamente, porque tememos ir al infierno si no lo hacemos así, o esperamos ir al cielo si lo obedecemos. O, cuando menos, estamos temerosos del estigma social que caerá sobre nosotros, impuesto por nuestros semejantes, si nos salimos de los limites impuestos, y esta es la causa de nuestra obediencia ciega. ¿Es esta una moralidad genuina? Por supuesto que no lo es.

Una persona moral es aquella que examina las alternativas con sus respectivos valores y luego hace su decisión. Esta es la moral de situación, la que nos indica que el legalismo distorsiona y diluye a toda clase de moral. ¿Qué caso tiene obedecer una ley, solamente porque es ley? Jesús mismo dijo que el hombre no había sido hecho para el sábado, sino el sábado para el hombre. Se estaba rebelando contra el legalismo judío de su tiempo. La ley se hace para servir al hombre, no el hombre para servir a la ley.

Si hacemos algo porque estamos sirviendo a la ley, porque la ley dice que debemos hacerlo, hemos perdido de vista la razón por la cual existe la ley. Las leyes existen por un motivo. Cuando ese motive deja de ser válido y cuando se presenta el caso de que por obedecer uno de los diez mandamientos hay que hacer algo que no es cristiano, ¿por qué obedecer los diez mandamientos? ¿No creen que tal cosa pueda suceder? Pues sucede todo el tiempo, y ustedes lo saben.

La iglesia ha reconocido esto siempre. Ha reconocido siempre que, realmente, las leyes no pueden ser jamás infalibles o finales, que la moralidad no puede ser codificada. El cristianismo ha ido siempre de acuerdo con las situaciones. Siempre ha usado éticas de situación. La iglesia ha dicho que afirmaba que había un arsenal completo en los sótanos de cada iglesia católica y que ellos estaban listos para levantarse y adueñarse del poder.

Esta misma clase de mentalidad es la que considera a la sexualidad humana como demoníaca, y está segura de que todo joven que vea el retrato de una muchacha desnuda, saldrá de inmediato a la calle a tratar de violar a una niña de doce años. Creen que la sexualidad es una bestia que tiene que ser reprimida bajo límites muy estrictos y que no debemos dejarla salir a flote, porque si lo hacemos, todos caeremos bajo su dominio en incontrolable frenesí.

Ustedes saben cuan falto de cordura es este punto de vista. Los que creen eso también piensan que ya que el sexo es tan demoniaco, es altamente peligroso gozar de él. Creo que todo componente de nuestra sociedad que sea mayor de 35 años de edad, está tan neurótico en lo relativo a este asunto, que es incapaz de considerarlo en forma racional.

Si no me creen, consideren únicamente los encabezados de los periódicos. Si tomamos uno, veremos de inmediato algo como lo siguiente: "La inmoralidad avanza sin restricciones en Saigón." Y ¿qué pensamos antes de leer el artículo? ¿Qué se trata de incendiar a los enemigos con bombas "napalm"? No, claro que no. Creemos que está abundando la prostitución. O si el encabezado se refiere a que han arrestado a un ciudadano prominente por faltas a la moral, pensamos que se trata de un sujeto que padece de desviaciones sexuales… y nunca que lo hayan sorprendido en un negocio poco honrado.

Sin embargo, la generación joven es mucho más saludable mentalmente en este aspecto. Creo que cuando ustedes los jóvenes se apoderen de la situación dentro de unas dos décadas, o tal vez de una, el mundo estará mucho mejor de lo que está ahora. Ustedes no comulgan con esa idea extraña, esquizofrénica, de que el espíritu y la mente del hombre son buenos, y su cuerpo malo. Ustedes tienen demasiado respeto por ustedes mismos.

Algunas veces creo que lo que realmente fastidia a la generación vieja, que está tan retrasada en los aspectos negativos del problema sexual, y que devora las publicaciones donde se trata de la inmoralidad que avanza sin restricciones en los colegios y universidades, y que lee con interés jadeante todo lo que se dice sobre los jóvenes de hoy en día que marcha rumbo al infierno como en una resbaladilla; creo, repito, que lo que les molesta es que piensan que los jóvenes se están divirtiendo ahora más de lo que ellos lo hicieron.

Al leer algunos de estos artículos en publicaciones con temporáneas - las respetables revistas para señoras - se pensaría que la explosión sexual en los recintos universitarios es tan tremenda, que es en milagro que los estudiantes dispongan de tiempo para estudiar.

Algunas veces creo que los prejuicios tradicionales sobre el sexo florecen en mejor en los campos áridos de la impotencia y la debilidad. Los ancianos temblorosos que claman que el mundo se está dirigiendo al colapso porque alguien hizo el amor, me temo que en realidad se están quejando por no poder hacer lo mismo.

Me recuerda un pequeño epigrama de James Ball Naylor que más o menos dice así: "Los reyes David y Salomón llevaron vidas muy alegres con sus incontables amigas y esposas; pero cuando la vejez con sus remordimientos llegó a ellos, Salomón escribió los Proverbios y David los Salmos".

El punto de vista tradicionalista sobre el sexo es irracional y lo es verdaderamente. ¿Saben ustedes lo que ellos querrían? Nos dicen que el hombre debe vivir asexualmente hasta los 25 años, cuando debe casarse. Vivimos en una época en que es imposible contraer matrimonio a los 16, 17, ó 18 años, y no puede hacerse si se quiere participar en las oportunidades que brinda el mundo en que vivimos. Ya es casi obligatorio ir a universidad y graduarse de alguna profesión. ¿Quién está preparado económicamente para hacerlo? ¿Qué miembro brillante de nuestra sociedad (una persona que contribuirá a su progreso) puede contraer matrimonio con todo lo que ello implica de compromisos emocionales y económicos, hasta que ha llegado por lo menos a los 20 años? Y sin embargo, los tradicionalistas afirman que un joven puede llegar desde el día en que nace hasta que cumple 23, 24 ó 25 años, ¡sin haber tenido una experiencia sexual!

Nada de placeres solitarios que derretirían el cerebro y podrían causar hepatitis. Nada de experiencias sexuales premaritales, ni de expresiones sin recato acerca del sexo; pero, de repente, al cumplir los 25 años, se casa el joven, y de allí en adelante lleva una vida completa, feliz y bien ajustada.

Yo digo que es una tontería. Sabemos demasiado sobre el organismo humano para comprender que lo es. Puede pasar, quizás haya unos cuantos que hayan marchado por se extraño sendero de la castidad; pero yo no he conocido muchos. No es así como se vive y ustedes lo saben. Somos demasiado humanos para hacerlo.

El punto de vista tradicional y legalista con respecto al sexo es muy a menudo inhumano, demasiado inhumano. Lo que convierte a la relación sexual en algo moral, no es que un clérigo se pare enfrente de una pareja y le diga algunas palabras. Es completamente posible encontrar muchas vilezas sexuales dentro del matrimonio, que puede resultar rudo, envilecedor y deshumanizante. Por esta misma razón, el sexo puede ser moral, aún fuera del matrimonio.

Tengo la idea de que la práctica casual de las relaciones sexuales llega a producir buenos y sanos matrimonios en una proporción mayor de la que los tradicionalistas quisieran aceptar. Les daré un ejemplo: En el estado de Illinois, E.U.A., es ilegal divorciarse del compañero o compañera que haya sido declarado loco. Entonces, ¿qué será de aquel que habiendo contraído matrimonio (y esto debe haber sucedido muchas veces) tiene que internar a su esposa cuando son todavía jóvenes? Allí está ella en el manicomio para el resto de su vida y el esposo (o la esposa en el caso contrario) no puede divorciare… ¿Se espera que el que no perdió la razón lleve una vida asexual de entonces en adelante? No creo que ustedes piensen que esto sea posible. Pero es legalismo, es la clase de cositas sucias que resultan de un legalismo ciego.

¿Qué diremos de los manejan alocadamente? Creo que el manejar un vehículo con descuido es una de las cosas más inmorales que pueden hacerse. Sin embargo, Jesús no dijo nada acerca de esto. Dijo algo sobre preocuparnos de nuestros prójimos, lo acepto, y esto puede aplicarse a la forma de manejar un automóvil. Sin embargo, tampoco lo obedecemos y no creemos que el manejar con descuido criminal pueda ser una inmoralidad. Sin embargo, lo es. Esto es algo de lo más inmoral que puede hacer el hombre, ya que está arriesgando por igual su vida y la de sus prójimos. Veamos, sin embargo, qué sucede si estamos llevando a un niño gravemente enfermo rumbo al hospital para que se atienda, y apretamos el acelerador, rebasando los límites permitidos de la velocidad. Entonces, sería un caso bien diferente, ¿verdad? Bueno, esto es ética de circunstancias.

Espero que lo anterior les haya dado un bosquejo claro de lo que creemos los editores de la "Revista Playboy".

 

CRISTIANISMO Y HEDONISMO

EL CHOQUE DE DOS FILOSOFIAS

PARTE II

 

LAS ENSEÑANZAS MORALES DE CRISTO

 

WILLIAM S. BANOWSKY:

Uno de los grandes privilegios de este evento ha sido la oportunidad de entablar una genuina amistad personal con Anson Mount, su esposa y pequeños hijos. También le debo a él haber hecho posible mi significativa visita a su jefe, el Sr. Hugh Hefner, y recuerdo con gratitud la cálida hospitalidad de estas dos personas cuando fui su invitado en Chicago hace algunos días.

Como ya han observado, Anson es un hombre de gran personalidad y buena voluntad, y por tanto resulta superfluo decir que no tengo objeción personal alguna hacia él. En realidad, juzgo que es una persona muy agradable.

Por lo tanto, mi oposición a las ideas que él ha expuesto es categórica y definida. Por amor a la justicia, y en un esfuerzo por conservar nuestra atención centrada en las ideas que hemos venido a discutir, creo que es esencial que asentemos muy claramente, en primer lugar, lo que no hemos venido a discutir.

Como Anson lo ha dicho, ninguno de nosotros tiene interés en atacar o defender "hombres de paja". Como en realidad existe una base para un choque dramático entre nosotros sobre el terreno de nuestras respectivas convicciones, no es necesario que ninguno de nosotros sea obligado a ocupar una situación que no tenga en realidad.

Al enumerar algunas de las cosas sobre las que él no tiene convicción, el Sr. Mount ha sugerido que el desacuerdo entre nosotros puede no ser tan profundo como pudiera parecer. De hecho, puede existir hasta que tengamos una base para llegar a un acuerdo. Tiene toda la razón.

Por ejemplo, estamos de acuerdo con él en el cargo que hace a los que se autonombran "cristianos", y de ser demasiado arbitrarios y estrictos en sus listas de lo que "hay que hacer" y lo que "no hay que hacer". Especialmente, han estado demasiado preocupados con el tema del sexo, como si ese fuera el único problema moral existente. No solamente, como él ha señalado, el encabezado periodístico sobe un "Avance incontenible de la inmoralidad en los recintos universitarios" debiera hacernos pensar en la conducta sexual escandalosa, sino extenderse también a suposiciones sobre la negligencia de los profesores, o a los fraudes de estudiantes en los exámenes.

Nuestra sociedad ha identificado tan rígida y exclusivamente el sexo con la moralidad, que las palabras obscenas deben ser terminados crudos sobre el sexo, más bien que - por ejemplo - el vocablo despectivo "nigger" en labios de un diácono de la raza blanca. ("Nigger" es una corrupción de la palabra "negro" en inglés, que se usa en sentido despectivo por algunos blancos de E.U.A. para aplicarla a los negros. Sin embargo, se considera como falta de educación y cortesía su uso.)

Anson y yo estamos de acuerdo básicamente en que cualquier discusión sobre moralidad debiera abarcar correctamente algo mucho más extenso que la ética sexual. Debo decir, sin embargo, que me parece algo cómica la expresión de virtuosa indignación de Anson ante este énfasis mal dirigido de toda discusión contemporánea sobre moralidad, ya que es la revista para la que él trabaja la que ha llevado la voz cantante en la explotación acentuada del tema sexual.

Es muy exacto que un obispo que pesa 150 kilos es inmoral. También es cierto que puede manejarse un automóvil inmoralmente al igual que amar inmoralmente a una mujer. Sin embargo, la imperio comercial de la Revista Playboy, nunca se basó en suplementos ilustrados de modelos de automóviles. Agregaré que tampoco es la llamada "Filosofía de la Revista Playboy" un tratado sobre las técnicas del tránsito. Creo que la razón por la que ellos no han recibido jamás cartas de ningún pastor bautista relacionadas con las recetas de cocina que publica la revista, es porque esta clase de temas no son precisamente su "plato fuerte".

Es precisamente el Sr. Hefner quien, tal vez más que ninguna otra personalidad pública, ha predicado que la vida es una continua sucesión de aventuras carnales, donde camas, sofás o simples alfombras, sirven su propósito principal de dar acomodo a aquellos que se dedican al goce de estor placeres. Por tanto es la tendencia que él nos ha obligado a adoptar, la que nos fuerza a limitar nuestra presente discusión, precisamente a la moralidad sexual. Aún cuando hemos limitado tanto nuestra discusión, todavía el Sr. Mount y yo tenemos un principio fundamental en el que ambos coincidimos: este principio es que el sexo es bueno. No es malo. Es esencial e inherentemente bueno y estoy aquí para sostener este principio, no para ir en contra de él.

He venido a propugnar por un punto de vista sobre el sexo que sea más saludable y operante, y no más estrecho, rígido o restrictivo. Vengo a sostener lo anterior, porque eran gran parte del rechazo que el cristianismo ha presentado ante la nueva tendencia moral sobre el sexo, ha sido en tomo negativo. Precisamente en eso ha constituido su debilidad, especialmente en lo relativo a su influencia sobre los estudiantes universitarios. Tanto el Sr. Mount como yo estamos de acuerdo en estas áreas fundamentales. Los que consideramos las enseñanzas bíblicas con toda seriedad, debemos ya de dejar a un lado el estar presentando disculpas sobre el sexo.

En las páginas iniciales de la Biblia, Dios expreso claramente que una gran parte de las satisfacciones humanas emanaría de la comunión sexual. El Señor Dios dijo: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él" (Gen. 2.18). "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban" (Gen. 2.24,25). Cualquier vergüenza que se haya agregado al asunto sexual, o a parte alguna del cuerpo humana, es únicamente eso: un agregado que no existió al principio.

El Antiguo Testamento nos presenta siempre las relaciones maritales sexuales como algo hermoso y sublime. Uno de sus libros, el Cantar de los Cantares, alaba el amor carnal entre una pareja, en forma elevada y majestuosa. Los únicos juicios negativos sobre el sexo en el Antiguo Testamento son contra sus abusos: el adulterio y el codiciar a la mujer del prójimo.

El Nuevo Testamento depura aún más este cuadro positivo acerca del sexo. No existe nada en las enseñanzas de Jesús que pueda tomarse como indicación de que el sexo sea esencialmente indeseable o malo. Los que encuentran en Pablo la simiente de un anti-sexualismo cristiano progresivo (y es allí donde el Sr. Mount ha creído hallar las raíces de ese anti-sexualisimo) debieran leer los escritos completos de Pablo, y hallar los siguientes pasajes: "Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla … El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marico … No os neguéis el uno al otro…" (Heb. 13.4; 1 Cor. 7.3,4,5a). Por desgracia, como Anson lo ha indicado, a través de dos mil años de historia cristiana, no todos los que usan el nombre de Cristo han reflejado con exactitud sus enseñanzas. Y en ningún punto como en el del sexo, lo que realmente enseñó Cristo está más en desacuerdo con lo que sus seguidores han practicado con aflictivos resultados.

Alrededor del Siglo 2 de nuestra era, la predominante iglesia católico-romana, que recibió la influencia del agnosticismo dualista que afirma que la carne es mala y sólo es bueno es espíritu, principió a dogmatizar negativamente, diciendo que el placer sexual era inherentemente malo. De ahí que esta misma iglesia llegara hasta a predicar que el bien supremo estaba en conservar una especie de virginidad perpetua. El celibato absoluto se convirtió entonces en una condición imperativa para todos los que tomaran votos eclesiásticos.

El matrimonio fue, por tanto, una concesión para los débiles; y aún dentro del matrimonio se consideró al sexo como un mal necesario, útil solamente para la propagación de la especie. Aún cuando la iglesia católico-romana de nuestro tiempo no puede ser culpada de tales errores cometidos en la época medieval, sin embargo, se encuentra esa mismo iglesia ahora en una trampa muy desfavorable, debido a esa herencia de su actitud hacia el sexo, trampa que alguien ha calificado como "el trance apurado del Papa en relación con la píldora".

La extensión misma de la idea de que el único uso legítimo del sexo es con fines de procreación, lleva a la implicación de que hay algo inherentemente malo en el acto sexual en sí mismo. Cuando menos, podemos esperar que son los teólogos católico-romanos que están a la vanguardia de la opinión mundial que insiste en que es corrija el uno debido de los anticonceptivos dentro del matrimonio. Aún a los que pertenecen a la Reforma Protestante, que se supone debieran abogar por un retorno a una actitud más positiva o bíblica, han llegado a lograr exactamente lo contrario.

El impacto del puritanismo calvinista, como Anson lo llama, llegó a dominar no solamente a las instituciones religiosas, sino hasta a las legales y educacionales del mundo occidental. En su libro "Una historia del matrimonio", el autor E. S. Taylor ha resumido el impacto del puritanismo en la siguiente forma: "Los instintos sexuales se convirtieron en algo que ninguna señorita decente podía admitir que sentía. Su papel era hacer que el hombre se avergonzara de ellos". Aquellos de nosotros que somos predicadores, Anson, y que tenemos que orientar a los matrimonios que se ven privados de cariño y comprensión mutua debido a las inhibiciones que obstaculizan la total sumisión sexual, sabemos que lo que usted ha descrito (y contra lo que se ha rebelado) es un problema muy real.

La honradez me obliga a ir de acuerdo con el Sr. Anson cuando él denuncia esto a que él designa como "retrasos del puritanismo". Si él observa una actitud semejante, deberá aceptar que estos puntos de vista atrasados no se originan en la Biblia y en lo que ella ha enseñado sobre el cuerpo humano y el acto sexual. Por tanto, no sólo comparto el entusiasmo del Sr. Mount sobre la bondad del sexo, sino que me adhiero a su gratitud porque estos tabús sexuales que han fomentado represiones, frustración y sentimientos de culpa, estén desapareciendo. Entonces, ¿dónde está nuestro desacuerdo? ¿Cuál es la base de nuestro choque? ¿Puedo hablar con toda claridad?

Nuestras diferencias de opinión se enfocan, no en lo que ha estado equivocado anteriormente, sino en lo que se recomienda ahora como debido en términos de moralidad, en nuestra ilustrada sociedad contemporánea. El Sr. Mount ha venido para afirmar que la llamada "Filosofía de la Revista Playboy" está acertada al sostener y propugnar (no solamente permitir, sino fomentar) el comercio sexual extramarital. Yo he venido para refutarlo. Afirmo que los principios morales de Cristo confieren honor al poder, la belleza y majestad del sexo como un don sagrado, ilimitado y exclusivo, del amor en el matrimonio. El Sr. Mount refuta esto.

El Sr. Mount viene como un vocero oficial de su revista y los que la publican. Por más de una década, él ha sido amigo personal y socio del Sr. Hugh Hefner, y ambos han proclamado y cooperado a la propagación del "evangelio" del hedonismo. En un esfuerzo por no malinterpretar a estas personas, he leído la totalidad de 300,000 palabras - 25 artículos consecutivos de la "Filosofía de la Revista Playboy" - que se habrán de publicar próximamente en forma de libro.

No digo de ella que sea mala en su totalidad; por supuesto que no. Sin embargo, entre otras cosas, esta filosofía sí propugna por las relaciones sexuales extramaritales, premaritales y lo que el Sr. Hefner ha dado en llamar "relaciones sexuales de procreación". Todas mis observaciones estarán por tanto basadas no en rumores, sino en lo que ha sido cuidadosamente publicado en esta serie de artículos de la "Filosofía de la Revista Playboy".

Lo esencial del tema a discutir es la relación que existe entre el sexo y el matrimonio. Y no se trata de una cuestión nueva, puesto que creo que todos conocen la anécdota sobre el avión que estaba en peligro de caer, cuyo capitán apeló al honor de los pasajeros, pidiendo que algunos de ellos saltaran para aligerar el peso. Un pasajero francés fue el primero que se puso en pie, y después de gritar: "Viva Francia", se arrojó del avión. El inglés lo siguió, después de lanzar su grito: "Dios salve a la Reina" … pero el americano, tercero en la línea, palideció, titubeó y volvió a sentarse en su asiento todo tembloroso. El capitán se inclinó a su lado y le murmuró algo al oído, y después de escucharlo, el hombre se levantó y sin decir palabra alguna saltó al vació. Otro pasajero le preguntó al capitán: "¿Qué le dijo usted que dio tan buen resultado?" Y el oficial contestó: "Solamente le dije: Haga la prueba, se trata de algo nuevo".

¡Cuan indefensos resultamos para defendernos de todo lo que es nuevo! Pero únicamente los más ingenuos dejarán de darse cuenta de que lo que el Sr. Mount ofrece es sólo aparentemente nuevo, y lo que yo al parecer presento como un sistema gastado y viejo, lo es sólo en apariencia.

Lo que el defiende es tan antiguo como la humanidad misma. En realidad, era la filosofía moral prevaleciente en muchos períodos históricos de la antigüedad, entre otros, la cultura greco-romana. De hecho, fue Cicerón, el gran estadista y filósofo, quien en su maravilloso discurso Pro-Calleo, dijo: "Si hay alguien que crea que debe prohibirse totalmente a los jóvenes el amor de las cortesanas, en realidad es demasiado severo. No puedo contradecir el principio que afirman, pero al mismo tiempo este principio va en desacuerdo no solamente con lo que es permitido en nuestra época, sino que aún es contra las costumbres y concesiones de nuestros antepasados".

Así es que, Anson, si acaso llegara yo a acusarlo a usted de algo, no sería precisamente de originalidad. Si habláramos de novedades en este caso, sería decir necesidades. La idea de las relaciones sexuales extramaritales no es nueva. Lo que es nuevo, admito que esto es lo que me ha inquietado más, es la campaña pública increíble pero totalmente en serio de la "Revista Playboy" para fomentar las relaciones sexuales extramaritales como un modo cristiano de vida. Escandaloso como pueda parecer, creo que el Sr. Hefner está convencido sobre este punto.

Cuando discutió el punto conmigo, me dijo lo siguiente: "Dado el anti-rigorismo de Cristo y su énfasis acerca de la buena vida, si hubiera de escoger forzosamente en este tiempo entre un empleo en Chicago con la "Revista Playboy", o en el cuerpo eclesiástico de los fundamentalistas de Texas (personas severas enemigas de los goces de la vida) creo que escogería el primer puesto".

Por me parte, lo único que puedo esperar, es que el Señor no tenga que verse ante dilema tan desesperado. Antes que especular acerca de lo que Cristo podría hacer, es más instructivo para el Sr. Hefner dar una ojeada a lo que en realidad hizo Cristo en su mundo del primer siglo de nuestra era. El Sr. Hefner debiera recordar que el mundo al cual vino Cristo, no conocía ninguna de las ideas retrógradas del puritanismo, ni de las doctrinas enemigas del placer de los fundamentalistas. En realidad, aquel mundo era precisamente un mundo con las doctrinas que ahora fomenta la "Revista Playboy", de un total libertina moral.

Sin embargo, Cristo no era conformista. De inmediato se dispuso a proporcionar a la humanidad una envergadura moral, y después de él, el mundo no ha vuelto a ser el mismo. Fue el eminente erudito de cultura romana y griega y de idiomas, Dr. William Barclay, quien escribió que "la virtud más nueva y sobresaliente que Cristo introdujo en el mundo, fue la de la pureza personal".

Jesús inició su más grande sermón diciendo: "Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios". No creo que se haya referido al otro mundo en esa afirmación, tal y como lo sostiene el Sr. Mount. Cristo no tenía el punto de vista de cosas fuera del mundo, que hace que muchos cristianos nos sentemos en las bancas de nuestras iglesias a hojear la Biblia, olvidando los problemas de la vida diaria. El era un hombre al corriente de los problemas de su día, y prometer vida abundante, se refería a la vida que es rica y completa aquí en el mundo. Cuando dijo que si el hombre fuera puro en su vida vería a Dios, se estaba refiriendo a la comunión con Dios aquí en este mundo.

Más adelante, en el mismo sermón que tanto la gusta citar el Sr. Hefner, dijo: "Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón" (Mat. 5.27, 28). En su sucio corazón, porque desea usarla como si fuera un objeto. Y dijo además: "Por tanto, si tu ojo … te es ocasión de caer, sácalo … pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno" (Mat. 5.29).

De lo anterior apreciamos que el abogar por las relaciones sexuales extramaritales es una cosa, y hacerlo en el nombre de Cristo es otra completamente distinta. El puro hecho de que el Sr. Hefner abogue por el sexo fuera del matrimonio ante 18 millones de lectores por mes, nos obliga a replicar no sólo con un sencillo y simple desagrado.

Que parte de tal mensaje esté siendo creído en realidad por los jóvenes, es difícil de discernir; pero que lo están escuchando y muchos de ellos con interés, es innegable. Entonces, hagamos una pregunta muy seria: ¿Sobre que base filosófica se levanta realmente la idea de la conveniencia de las relaciones extramaritales? La premisa filosófica que sustenta esta actitud es únicamente la repetición de la antigua ética particularista que afirma: "Mi moralidad es cosa de mi sola incumbencia". Lo que un hombre hace en su vida moral privada, lo que decide hacer en su vida sexual, según esto, es cosa que sólo a él atañe, y nada le es prohibido, siempre y cuando no perjudique a terceros. Esto es lo que está en el fondo de la filosofía particularista, y es a la vez una posición muy atractiva y sencilla.

Sobre esta consideración de ética particularista, sobre esta roca, el Príncipe de la "Revista Playboy" ha construido sus dominios. Las protestas de beatos, jamás prevalecerán contra ellos. Tenemos que combatir la premisa básica filosófica sobre la cual está construido el edificio, o sea la ética particularista. Si la idea de que la ética es cosa que sólo incumbe a cada individuo y que él y únicamente él debe decidir sobre ella, la filosofía de la "Revista Playboy" resulta irrefutable.

Estamos aquí para tratar de refutarla, llegando hasta la raíz del principio que la sostiene. Afirmamos que la interpretación de la ética particularista del Sr. Hefner (si se le permite que siga adelante) terminará no por ennoblecer al individuo, sino por degenerarlo y que debido a ello, llevará tanto al hogar como a la sociedad a su destrucción final.

Por ironía, la fuerza aparente de cualquier moral o ética particularista, reside en su apelación a la primacía del individuo. El Sr. Hefner escribió lo siguiente: "Nuestro concepto del mundo es que este está supeditado al lugar preferente del individuo y al individualismo inherente a cada persona". Esto me agrada y me convence. Hay mucha necesidad de esta clase de énfasis individualista en una sociedad en la que predomina el conformismo, el impersonalismo, la anonimidad de las masas. Sin embargo, ¿con quién está en deuda el Sr. Hefner por su idea del valor definitivo de la persona? ¿Quién fue el primero que predicó en este mundo la sorprendente verdad de que una persona es más valiosa que todo lo que la rodea?

Cuando Jesús llegó al mundo, la vida humana era de muy bajo precio. Algunos hombres eran tratados como simples bienes muebles. Y aún cuando durante la vida entera de Jesús él estuvo en contacto con una audiencia que no era de la cuantía de la que Hefner alcanza cada día que su revista sale a la venta, la idea de Cristo sobre el valor definitivo del individuo ha llegado a ser la piedra fundamental de la civilización de occidente.

No nos extraña, por tanto, que el atractivo de las ideas de Hefner sobre las personas sea tan poderoso. El tomó prestada una de las grandes verdades eternas del mismo Jesús. Sin embargo, su aplicación de ese principio es totalmente anticristiana. La doctrina de Hefner degrada al individuo y es precisamente ahí donde reside su debilidad. Se desmorona, porque degenera en un egoísmo que sólo se preocupa por su propia satisfacción.

Jesús nunca se declaró contra el placer. El dijo: "He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia". El se refería a la vida abundante en este mundo, y nos hizo la advertencia de que esta vida rica, completa y abundante sólo puede resultar de la falta de egoísmo. Otra de sus enseñanzas fue que: "Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mi, la hallará" (Mat. 16.25).

Por su parte, el Sr. Hefner replica: "Para nosotros, toda doctrina que enseña que la negación de sí mismo es mejor que la autocomplacencia, es mala". El llamamiento de Cristo a los hombres fue: "Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos" (Mar. 9.35).

El "evangelio" del Sr. Hefner proclama: "Nos oponemos a la tendencia al egoísmo en nuestra sociedad". Lo que él afirma es hedonismo. Anson dice que él no está por el hedonismo irresponsable; no lo acusaremos de esto, pero sí está por el simple hedonismo, que por definición significa que el placer es el mayor bien de la vida. La complacencia sensual por lo tanto, debe ser la ley moral que rija a aquellos que buscan la satisfacción de los placeres.

Hay un aserto clásico del escritor Hemingway: "Es moral lo que produce satisfacción después de hacerlo; e inmoral lo que hace sentirse mal". Sostenemos que las acciones que hagan sentirse bien al hombre después de efectuadas, son algo bueno; y que las que lo hagan sentirse mal, son inherentemente malas.

El Sr. Hefner trata de fomentar un ciego interés personal progresivo, que al fin termina por ser la forma más baja de egoísmo. La cumbre de este egoísmo es su "sermón" de que la mujer existe por el solo propósito de ser la diversión del hombre, y para su placer personal. El bien principal para Hefner, es el individuo; pero el uso que de él hace, dirige su posición hacia la explotación de la persona en aras de un áspero individualismo.

La filosofía de la "Revista Playboy" ha sido en realidad erigida sobre el culto al conformismo. No son hombres y mujeres reales los que figuran en sus páginas, sino criaturas de la fantasía que tienen hasta sus designaciones características. Todos tienen la misma apariencia, hablan el mismo lenguaje, aman en la misma forma. Todos tienen su llave, que es el signo de su conformismo y demuestra que pertenecen al grupo "aprobado".

Como una garantía adicional para los que han perdido la verdadera personalidad en sus vidas, personalidad enseñada por Jesús, los jóvenes hedonistas pueden estampar los símbolos que los identifican como tales, en sus mancuernillas, sus corbatas, sus billeteras, sus palos de golf, sus camisas y otros innumerables artículos que se venden por millones. El año pasado, Hefner tuvo una ganancia de un total de dos millones y medio de dólares obtenidos con la venta de esos símbolos de posición social, que se hace a los que buscan el sentimiento de pertenecer a dicha posición.

Es particularmente significativa la orientación dada por la columna de consultas "amorosas" de la "Revista Playboy", columna que se llama Foro. Si se lee esa columna, todos los buenos jóvenes hedonistas se alinean a paso de ganso para acatar el dictamen sobre cuáles son los vinos y licores correctos, el queso correcto, la forma correcta de seducir a una muchacha. La imagen que se obtiene del joven hedonista a través de esta columna de consejos, no es la de un individuo alegre, dueño de sí, lleno de aplomo; sino de un citadino nervioso que debe estar siempre pendiente del color adecuado de zapatos, o del nudo de su corbata.

Por lo que respecta a tabús, el joven hedonista lector de la "Revista Playboy" está siempre en espera de que la revista le diga la última palabra sobre lo que se debe y lo que no se debe hacer, paralizado por el temor de que se le pueda acusar de la peor culpa, sentencia que pronuncia ocasionalmente el árbitro de la columna de consejos de la Revista: "LA ERRASTE".

El éxito de la "Revista Playboy" quizás más que cualquier oro fenómeno contemporáneo, es como el comentario definitivo sobre el síndrome de conformismo de nuestra sociedad actual. Esta revista parece infligir a la sociedad una nueva clase de tiranía: Libera de antiguos tabús, y sólo encuentra aceptables otros nuevos; emancipada de prejuicios pasados, sólo llega a hacer la víctima de prejuicios contemporáneos. En la antigüedad, Séneca dijo: "No hay hombre libre, mientras sea esclavo de la carne". Esta revista presenta al sexo como un juguete para la diversión de la carne, un instrumento que existe únicamente para la delicia sensual del hedonista.

La atracción más famosa de esta revista es un retrato que aparece en sus páginas centrales, llamada "la compañera" de juego del mes, que ha dado lugar al comentario irónico de Mort Sahl, quien dice que se trata de "muchachas que se pliegan en dos partes y tienen grapas en el ombligo".

Aún cuando Hefner sostiene de palabra que se opone al sexo puramente egoísta, una imagen equivale a mil palabras, y todos saben que ese retrato de la muchacha publicado por la revista, es el símbolo del "sexo para fines recreativos". No existe compromiso alguno más allá del momento del placer. Al terminar el juego, la función de la mujer cesa de existir.

Cuando visité la mansión del Sr. Hefner, me senté con él a tomar un refresco en la sala que está un piso arriba de la alberca y un piso debajo del salón de las jóvenes que allí atienden a los socios. Se me había dicho que él no bebe más que cierta marca de refresco sin alcohol, pero me preocupé al ver que estaba tomando de una botella chata que no tenía marca alguna. El líquido se veía como el refresco en cuestión, pero el envase jamás lo había yo conocido. Al principio pensé: "Ah, está tomando algo más fuerte; sólo que lo disfraza poniéndolo en una botella que no tiene nombre". Sin embargo, el honrado Hefner me aclaró: "No, de veras es solamente refresco, sólo que viene embotellado en envases que no hay que devolver después de terminar el líquido". Efectivamente, al revisar la botella con cuidado, vi que tenía la marca del refresco sin alcohol.

Mucho me temo que esta sea también la filosofía del sexo del Sr. Hefner: No se hace depósito, no se recibe devolución. El joven hedonista también toma lo que quiere de acuerdo con sus apetitos sensuales; pero sin depósito ni devolución.

Este bajo egoísmo es tan duro, que los primeros que han hecho devastadores ataques contra él no han sido, como pudiera suponerse, los pastores o eclesiásticos. Esos ataques han provenido primordialmente de los teólogos liberales de la tendencia de la ética de situación. Negamos al Sr. Mount su ingreso a esta ética, debido a que los grandes profetas de la misma se lo han negado también. Hay que verdadera diferencia entre la moral de situación y la ética particular de Hefner.

El desearía ganar respetabilidad ante los que aún lo siguen considerando únicamente como el buhonero de una revista de desnudos femeninos, y por eso afirma que su teoría del "sexo casual" es otra forma de la ética de situación. Sin embargo, los verdaderos defensores de la ética de situación no están convencidos, y replican que el "sexo casual" de Hefner va en abierta violación de las reglas cardinales de la ética de situación, tal como fue preconizada por Kant: "Actúa de tal modo que trates a cada ser humano como un fin, y no como un simple medio". Y ¿qué es esto, sino una reafirmación de lo que enseño Cristo: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"?

Hablando específicamente de Hefner, el teólogo William Hamilton del movimiento "Dios ha muerto", ha expresado que "Una cosa es amar a tu prójimo, y otra apuñalar a tu amigo". Y en realidad, Hefner ha escogido esto último. Vivir para otros, el egoísmo - tales cosas pueden predicarse a los ingenuos o a gentes de otros siglos; pero para el sofisticado siglo XX, es necesaria que nueva fe: preocuparse primordialmente por el Número Uno".

Harvey Cox, el destacado erudito de Harvard, autor de "La Ciudad Secular", ha sido igualmente concluyente: "Para el hombre típico de la 'Revista Playboy', los demás, especialmente la mujer, son para su uso. Son accesorios de su ocio, sus juguetes. Para la Biblia, el hombre sólo se hace hombre cuando vive para los demás. Por lo tanto, debemos ver en esta revista el último y más acabado episodio de la continua lucha del hombre que se niega a ser hombre en el más completo sentido del vocablo".

En tanto que los que aceptamos la autoridad bíblico vemos los graves peligros de la ética de situación, podemos cuando menos sentirnos agradecidos de que esos respetables exponentes de tal escuela de pensamiento han denunciado a la "Revista Playboy" como un indeseable parásito.

Las relaciones casuales del sexo, vienen a ser otro nombre dado a la inhumanidad del hombre para con el hombre. El pecado real en el "sexo en forma casual" no es el acto en sí que es algo puramente biológico, sino la explotación de la personalidad humana. Por ejemplo, la prostitución es principalmente mala, porque degrada a la que lo practica, haciéndola un objeto para la satisfacción del hombre, en vez de considerarla una persona respetada por su propio valor. Considerada así, la prostitución resulta un pecado contra la persona, en vez de por ella.

El pecado no es menor si aparte del dinero, se logra llevar a una persona mediante presiones o persuasiones, a dejar que otro se aproveche de ella por sus deseos irreprimidos. Hay una anécdota de George Bernard Shaw, el humorista inglés, bastante explícita, acerca de un viejo libertino que le ofreció a una dulce jovencita cien mil dólares para que se dejara seducir, habiendo ella aceptado. Pero luego, cuando él rebajó la oferta a diez dólares, al oír su respuesta: "Pues claro que no. ¿Por quién me toma?", él le dijo: "Por lo que la tomo, ya ha quedado establecido, ahora sólo estamos regateando el precio".

En último análisis, todo queda así: En todo el universo, lo máximo es la persona y esta debe ser amada, nunca utilizada. Solamente las cosas son las que deben usarse. La mayor inmoralidad consiste en amar a las cosas y usar a las personas, y especialmente, usar a las personas como si se tratara de cosas.

Aún cuando el Sr. Mound sostiene que la práctica sexual casual no es necesariamente egoísta, será muy ingenuo si no percibe que el sexo extramarital es la entrega del ser con reservas, la dádiva del cuerpo sin el compromiso legal… la enajenación corporal sin los votos de estar juntos para siempre, en riqueza o pobreza, en salud o enfermedad. La entrega exclusiva del cuerpo sustrayendo la totalidad del ser.

Este es por lo tanto, un fuerte ataque contra la institución del matrimonio, que es en suma el fundamento de toda sociedad. Jesús condenó el abuso contra el matrimonio, atacando los arbitrarios procedimientos del divorcio de los judíos: "Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre" (Mar. 10.5-9).

El milagro divino del matrimonio es convertir a dos cuerpos en uno solo. Dos personas, tan diferentes como pueden serlo, hombre y mujer, desean fundir sus dos personalidades anteriores y volverse uno solo. Como instrumento para realizar esta gran unión personal, Dios les da el don del amor sexual.

Sin embargo, también el Dador puso leyes básicas, siendo la primera de ellas que el goce completo viene solamente cuando el acto sexual es una expresión de un compromiso sin reservas y de la unión de las personas, que sólo el matrimonio puede realizar. Por eso es que el Dr. Peter A. Bertocci, profesor de filosofía en la Universidad de Boston, cambió la regla al negativo, diciendo: "El sexo disminuye en calidad de satisfacción, al grado de que el acto sexual no puede expresar los valores más profundos que la pareja tiene en común".

Si mi trato para orientar a los estudiantes universitarios puede proporcionar una seguridad sobre una verdad general, los estudiantes hedonistas parecen saber mucho sobre el aspecto biológico del sexo. Sin embargo, sospecho que, a pesar de su aire de conocedora sofisticación, saben muy poco, a veces casi nada, sobre la sexualidad genuina.

Muchas veces hacen alarde de haber conseguido satisfacciones que en la realidad jamás han llegado a conocer. Al decidirse a efectuar tratos de "sexo casual" con varias personas, están sacrificando el privilegio de amar sexualmente a una sola persona, tal como es el designio de Dios. Cuando un hombre hace juguete del sexo, está traicionando su real y verdadero sentido. Esta en la naturaleza de este don misterioso, el que, en alguna forma, los que lo separan del matrimonio y lo convierten en un ídolo para su satisfacción sensual, no llegan jamás a conocer su verdadero significado.

Los jóvenes hedonistas se vuelven viejos, y cuando llegan a los 40 años se preguntan cómo es que están jugando más y divirtiéndose menos. Lo que no han llegado a comprender es la verdad de que el sexo no es solamente ver, desear, tomar. Es la rendición de dos personas para formar un solo ser. Si esta dimensión falta, la en realidad asexual sexualidad del hedonista resulta algo sin sentido. Esto puede explicar la afirmación frecuente hecha por observadores de los clubes de hedonistas, en el sentido de que en ellos se advierte una atmósfera curiosamente asexual, casi únicamente de "atisbamiento".

Karl Menninger, gran hombre de ciencia en medicina y en la mente humana, ha tratado definitivamente este punto: "Es un axioma de la psiquiatría que la pluralidad de objetos sexuales indica precisamente lo contrario de lo que generalmente se cree que indica. Al dividir el interés sexual entre varios sujetos disminuye la total satisfacción sexual, y los hombres que necesitan amor, y corren los riesgos y hacen los esfuerzos necesarios para mantener relaciones sexuales con más de una mujer, demuestran una deficiencia antes que un exceso de capacidad masculina".

Entonces, cuan irónico resulta que, en nombre del individualismo, el joven hedonista busca al principio la satisfacción total como individuo, y termina echando a perder la oportunidad de llegar a ser una persona en el sentido real de la palabra. Probablemente esto explique el hecho de que las suscripciones a la "Revista Playboy" desciendan precipitadamente después de que los hombres llegan a la edad de 35 ó 40 años. Ellos saben que el sexo ha sido dado para la glorificación de las personas. Al grado que sea que se use para ir en desacuerdo de la profunda comunión personal de las personas en el matrimonio, a ese grado dejará de ser un acto de genuino amor y llegará a asemejarse al apareamiento de los animales.

O como el Dr. Leslie H. Farber, distinguido psicoanalista de Washington, ha expresado: "La conclusión lógica del hedonismo, el uso del sexo para el simple placer personal privado, y separado del contexto de humanidad, viene a ser únicamente masturbación". Agregando: "No nos debiera sorprender demasiado si tales placeres solitarios se convirtieran finalmente para los que los practican, en el ideal por el cual se mide toda mutua relación sexual".

Es a esta luz que el arrojado joven hedonista que considera a su "compañera del juego" como un objeto para el sexo, uno de los objetos de sus actividades de ocio que forma parte del área de las diversiones - y como tal, siempre a su disposición y expuesto a ser descartado - es a esta luz, repito, que este hedonista debe ser juzgado.

Es muy posible que Harvey Cox, el científico de Harvard, tenga toda la razón, cuando predice que el estudiante universitario sensato, verá en la "Revista Playboy" el "último y más acabado episodio del continuo escape del hombre para ser totalmente humano".

- Dialegomai, Vol. III, Núm. I, 2-1971

- (Una publicación de La Voz Eterna)